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BAYREUTH 2006
Die Walküre

Por María Porras
 
Director musical:
Christian Thielemann

Director de escena: Tankred Dorst
Escenógrafos:
Frank Philipp Schlößmann
y Bernd Ernst Skodzig



Siegmund: Endrik Wottrich (1 acto)
y Robert Dean Smith (2. Acto)
Hunding: Kwangchul Youn
Wotan: Falk Struckmann
Sieglinde: Adrianne Pieczonka
Brünnhilde: Linda Watson
Fricka: Michelle Breedt
Gerhilde: Satu Vihavainen
Ortlinde: Amanda Mace
Waltraute: Martina Dike
Schwertleite: Janet Collins
Helmwige: Iréne Theorin
Siegrune: Wilkete Brummelstroete
Grimgerde: Annette Küttenbaum
Rossweisse: Alexandra Petersamer
 
Acto II. En esta foto podemos ver a todas las Valquirias con sus lanzas (ya no hay cadáveres, se han ido marchando poco a poco) y en el centro (tomadas de la mano) vemos a Brünnhilde y a Sieglinde.
 
Llega el segundo día y ya estamos más tranquilos, después de la función del día anterior y sabiendo que tenemos el mismo lugar en el teatro estamos más confiados, no tendría por qué salir mal, al contrario, las expectativas son muy buenas, seguro que va a salir muy bien.

Esperamos a la tercera llamada y nos disponemos a ocupar nuestras butacas, las chicas que atienden las puertas del teatro (10 a cada lado) cierran todo y ruedan las cortinas. Todo queda a oscuras y en silencio.

Comienza a sonar el preludio al primer acto que nos describe la tormenta que va amainando lentamente en la naturaleza. Ha pasado, con toda su violencia, un temporal. Las cuerdas, en registros graves, agitadas en un principio y de nuevo serenas describen los gemidos, cada vez más atenuados, del bosque y de la cabaña que hay en él bajo las ráfagas de viento de la tormenta. En las tubas resuena varias veces el motivo del trueno, (el último cuadro del Oro del Rhin) atribuido al dios Donner que impera sobre las fuerzas de la Naturaleza.

Acto I
En la cabaña de Hunding aparece Sieglinde sentada en una silla. Siegmundo entra y se desploma en el suelo, ella se cree que es su marido el que acaba de entrar y mira hacia el recién llegado, ve que es un desconocido y que se encuentra mal, le mira y se compadece de él. Intenta socorrerle, el desconocido le pide agua y ella, se dirige a un lado de la cabaña, prepara algo y regresa con una bebida para ofrecerle al recién llegado.

Personalmente, pienso que este primer acto contiene uno de los momentos musicales más sublimes de La Valquiria, aquí se alternan la mayoría de los motivos de la obra: los diferentes tipos de amor, la naturaleza, la compasión, la postración, la tempestad,…
En esta puesta en escena la cabaña de Hunding es una sala grande con paredes de madera y una gran puerta al fondo de la sala, el fresno es sustituido por un palo de los que se utilizaban antiguamente para guiar el tendido eléctrico. Es el palo inclinado que se observa en la foto y que aún conserva parte de los utensilios que fueron necesarios para sostener los cables eléctricos.
Por la puerta trasera entra el marido de Sieglinde, Hunding con sus perros, regresa cansado después de una jornada de caza.

Al entrar ve al intruso, se dispone a contemplarlo y ve que tiene un gran parecido con su esposa, se para y mira a uno y a otro (repetidas veces) para asegurarse del parecido que ve entre ambos. Interroga a Siegmund sobre su historia y este habla. Dice que su padre se llamaba Wolfe y que con él se dedicaba a cazar; un día, al volver a casa, se encontraron con la madre muerta, su cabaña en ruinas y no hallaron ni rastro de su hermana. Él vivió con su padre en el bosque, siempre perseguido por la raza de los Nedingos. Un día su padre también desapareció y al quedar solo trató de buscar compañía pero en todas partes fue incomprendido y rechazado.

Finalmente, por proteger a una muchacha, se ha enfrentado a toda una tribu, sembrando de cadáveres el campo de batalla. Por último, destrozadas sus armas, ha tenido que huir y refugiarse en esta casa.
Hunding, que pertenece a la tribu de los adversarios de Siegmundo, advierte a este de sus intenciones de venganza, pero cumpliendo la ley de la hospitalidad le permite, por esa noche, descansar bajo su techo emplazando el combate hasta el día siguiente.

Sieglinde, que se siente atraída por el desconocido, acompaña a su marido a la alcoba y le da una bebida adormecedora. Siegmund, al quedarse solo recuerda la promesa de su padre, él le había dicho que hallaría una espada en el peligro supremo. Vuelve Siglinde y le explica que el día en que fue desposada con Hunding, en contra de su voluntad, un hombre extraño entró en la choza y dejó clavada en el tronco del fresno una espada asegurando que debería pertenecer a quien fuera capaz de arrancarla, hecho que nadie había podido realizar hasta ahora.

Siegmundo está conmovido por la mujer y ambos se sienten identificados, la misma sangre de hermanos de raza, que ambos tienen, les obliga a la mutua atracción. Siegmundo invoca a la espada por su nombre “Nothung” y consigue arrancarla del árbol. Después, ambos huirán juntos de la cabaña.
Siegmundo, (Endrik Wottrich) que hizo un papel magnífico durante todo este primer acto, nos abandonó una vez concluido el mismo. Después nos enteramos de que no se encontraba bien y no tuvo la fuerza suficiente como para enfrentarse al segundo acto, tuvo que ser sustituido.
Sieglinde, (Adrianne Pieczonka) esta gran dama nacida en Ontario fue toda una sorpresa, canta como los mismísimos ángeles y actúa como quiere, estuvo sublime durante todo este primer acto y ya que en el segundo acto la vi muy poquito pues prefiero no dejarla para luego, aunque no me olvidaría de ella ni en una hora ni en muchos años, después de oir como canta.


Acto II
Se desarrolla en un paraje abrupto de rocosas Montañas. Wotan ordena a Brünnhilde, su hija preferida entre todas las Valquirias, que ayude a Siegmundo en su próximo combate con Hunding, para darle la victoria. Pero aparece Fricka, la diosa del matrimonio y protectora e las buenas costumbres, exigiendo a Wotan que castigue el amor incestuoso de Siegmundo y Sieglinde.
Pues bien, durante esta escena, Wotan se mantiene subido en esta roca, tal y como lo vemos en la foto, con una iluminación escasa y en esa postura erguida, en ningún momento baja de ahí ni se inclina para mirar a su esposa que se pasea nerviosa de un lado a otro, retorciéndose las manos y mirando a su marido que parece estar en otro mundo, muy lejano a ella y físicamente está en un nivel mucho más alto también.

Llega un momento en que ella debe tener la sensación de no ser escuchada, hace más hincapié en sus palabras, recita (más que canta) y al no recibir ni un gesto de aprobación, por parte de su marido, ve que no logra imponer su voluntad le estira de la parte inferior de la capa para ver si está tomando buena nota de lo que ella le quiere comunicar. Wotan se limita a sacudirse la capa con aire irónico y a ella ni la mira. Al ver su aspecto burlón y poco dialogante con su esposa que parece tan agitada es fácil pensar: ¡Hay que ver lo arrogante que es Wotan! Pero ella no cede en ningún momento, cada vez exige más y cuando Wotan defiende a Siegmund y Sieglinde ella se encoleriza y empieza a subir el tono. Al final, Wotan, se da por vencido y obedece a su esposa. A pesar de haber ordenado a su hija favorita que fuese al lugar de la batalla para asegurar la derrota de Hunding, promete que no ayudará a Siegmundo.
Wotan se siente abatido, él siempre había confiado en Siegmund, de hecho ya había pedido a su hija favorita, Brünnhilde, que fuera al lugar donde iban a combatir Hunding y Siegmundo para concederle la victoria a Siegmundo, pero ahora su esposa le ha pedido que acabe con él, que traicione su confianza, él cree que el destino lo quiere así y se resigna, culpa al anillo, cree que cuando se lo arrebató a Alberich y lo retuvo en su mano le alcanzó la maldición del oro.

Al quedarse a solas con su hija ya no tiene ese aspecto de dios que lo domina todo, ahora parece muy abatido y angustiado, le cuenta a su hija la historia del anillo de oro del Rhin; que hubo de pagar con él la construcción del Walhalla, que fue padre, junto con Erda, de las Valquirias y les encomendó llenar la morada de los dioses con los héroes más valientes para crear un ejército que les protegiese de las huestes de los Nibelungos, que trató de crear un héroe libre de pactos en Siegmundo, el Velsa, que pudiera luchar contra Fafner, el dragón, y arrebatarle el tesoro para devolvérselo a él, que Alberich, el Nivelungo, ha conseguido de una mujer que le de un hijo. La venida del hijo de Alberich supondrá el fin de los dioses.

Fricka ha descubierto sus planes, y ahora, ha de renunciar a ellos. Wotan revoca la orden y manda a la Valquiria a que de la victoria a Hunding, ella se resiste a cumplir esta orden y Wotan se encoleriza y la amenaza. Brünnhilde queda desolada y llena de dolor por Siegmundo a quien había aprendido a amar.
Al retirarse la Valquiria, llegan al lugar Siegmund (Robert Dean Smith, en este caso) y Sieglinde huyendo de Hunding. Ella, agotada por el esfuerzo y avergonzada por la acción termina por caer desvanecida en los brazos de su amante (y su hermano) En ese momento entra Brünnhilde y contempla la escena con ternura.

Este segundo acto de la Valquiria es, en mi opinión, otra de las grandes páginas tanto musicalmente como dramáticamente, son muchas las cosas que acontecen en la obra llegando a este momento: Fricka (la diosa del matrimonio) ha obligado a su esposo y hermano (Wotan) a revocar la orden de concederle la victoria a Siegmundo, con ello se han desvanecido los planes de el dios absoluto, ella se ha retirado definitivamente, ya no la veremos más.

Fricka ((Michelle Breedt) no tiene una línea de canto muy atractiva, bien es verdad que en esta obra su personaje tiene mayor importancia dramática y requiere, también, una mayor potencia vocal que en El “Oro del Rhin” . Ella comienza con una serie de recitativos y así va imponiendo, de forma gradual, su voluntad sobre la de Wotan, para que castigue con la muerte a Siegmundo y a Sieglinde (por haber infringido la ley del matrimonio). Al ver que Wotan los comprende y no los quiere castigar, monta en cólera y comienza con un recitativo (“So ist es denn aus mit den ewigen Göttern, seit du die wilden Wälsungen zeugtest?”) ¿Así se acabó, la estirpe de los dioses eternos puesto que engendraste a los salvaje welsungos?) al que sigue un bonito arioso (“O, was klag' ich um Ehe und Eid,da zuerst du selbst sie versehrt!” ¡Oh, para qué clamo por el matrimonio y el juramento, si tú eres el primero en vulnerarlos!). En mi opinión, este es el momento musical más hermoso de este personaje.

Pues bien, Brünnhilde que acaba de entrar anuncia a Siegmund su próxima muerte al enfrentarse a Hunding pero al ver la escena de amor entre Siegmund y Sieglinde, (que permanece en el suelo inconsciente mientras él la cuida) mantiene un hermoso dialogo con Siegmund y, conmovida por el dolor del héroe y la grandeza de su amor, toma la decisión de ayudar a Siegmund, desobedeciendo, de esta manera, la orden de su padre.

Después de este bonito pasaje empieza a rugir fuertemente la orquesta, se alternan los motivos de la tempestad y se oye más amenazador que nunca el motivo de Hunding, las luces se atenúan el ambiente se torna más denso, en este momento entra en escena Hunding y se inicia el duelo entre los dos enemigos.

Brünnhilde trata de ayudar a Siegmund (aparta la espada de Hunding para que Siegmund le pueda atacar) pero en ese momento llega Wotan y parte (con su lanza) la espada de Siegmundo permitiendo que Hunding le mate. Brünnhilde recoge cuidadosamente (del suelo) los trocitos de la espada y huye con Sieglinde (supuestamente debería huir a caballo, que para eso es una amazona, pero no hay caballo, huye a pie).

Wotan da muerte a Hunding e inicia la persecución de su hija para castigarla por su desobediencia.
En este segundo acto nos hemos despedido, definitivamente, de: Siegmundo (el Velsungo hijo mortal de Wotan, hermano y amante de Sieglinde); de Fricka, (diosa del matrimonio, hermana y esposa de Wotan) y de Hunding (marido de Sieglinde y enemigo de Siegmund).


Acto III
En la escena podemos ver una sala grande cuyas paredes son como bloques de cemento apilados de forma irregular dando la imagen de una nave en construcción, dejando una amplia abertura (a modo de puerta), más o menos a dos metros del suelo, en la pared del fondo.


En este lugar se reúnen las Valquirias con los héroes muertos, en los campos de batalla, antes de regresar al Walhalla. Los muertos están en el suelo vestidos con ropas del mismo color que el suelo, hacen mimetismo y esto logra un efecto muy adecuado para esta escena, aunque las Valquirias van vestidas de rojo, todo lo demás es de tonos grises, hay nubes en el cielo y también las hay muy bajas, realmente parece un cementerio al atardecer y estos héroes se levantan del suelo y se desplazan lentamente, parecen fantasmas, las Valquirias los ayudan con sus lanzas. Los llevan hasta las puertas que hay en los laterales y por allí desaparecen. Van llegando todas las amazonas y la última en aparecer es Brünnhilde, que trae a Sieglinde y reclama la ayuda de sus hermanas, pero ellas no se atreven a desafiar las iras de su padre, Wotan.

Sieglinde solo desea la muerte pero Brünnhilde la convence de que ha de vivir para traer al mundo al hijo que lleva en sus entrañas a quien llamará Siegfried, de la raza de los Welsungos, para él ha de guardar los trozos de la espada de su padre (Notung) Sieglinde huye hacia el bosque, junto a la cueva de Fagner. Este es el único lugar donde puede estar a salvo del poder de Wotan puesto que él respeta el lugar del dragón.
Las Valquirias deciden ocultar entre ellas a la hermana perseguida. Llega Wotan e increpa a sus hijas por la debilidad de ánimo al compadecerse de la rebelde. Brünnhilde se presenta ante su padre quien la castiga con la privación de todos sus atributos divinos y además la castiga a permanecer, dormida e indefensa, en el centro de una roca rodeada por un cerco de fuego a la espera de la llegada de un valiente que se atreva a cruzar la línea de fuego y la despierte.

Las valquirias pretenden interceder por su hermana y lo hacen de la forma más bella y musical que se pueda esperar, ellas unen todas sus voces, cantan en un tono bajo, pero las voces son potentes e insistentes, Wotan está en pie frente a ellas con su lanza firme apoyada en el suelo, no se mueve, no dice nada, parece una estatua. Llega un momento (cuando más agitadas están ellas) que da un golpe seco con su lanza en el suelo y ellas dejan de acosarlo, se rinden y se retiran.

Al quedar a solas con su padre, Brünnhilde trata de convencerle justificando su acción no obstante, Wotan, a pesar del amor que siente por su hija, se ve obligado a cumplir sus propias leyes y ha de ser inflexible en su sentencia. Pero ella consigue de su padre la promesa de que hará que un fuego mágico la rodee mientras duerma, para que solo pueda acercarse a ella un héroe que sea más libre que el dios.
Wotan tiende a su hija sobre un plano inclinado de madera, la besa en los ojos para despojarla de su divinidad y la sumerge en un profundo sueño.

Después invoca a Loge (dios del fuego) para que rodee de llamas el lugar
Donde duerme Brünnhilde.

A Brünnhilde la dejamos aquí, dormida, protegida por un círculo de fuego, en espera del valiente que pueda liberarla de su duro castigo.


La orquesta, en esta obra, (al igual que en el oro) estuvo impresionante, muy viva y sonando con mucha fuerza, muy envolvente, narrando paso a paso y motivo a motivo, todas las situaciones. Fue una velada gloriosa, por segunda vez orquesta y cantantes estaban sublimes durante toda esta primera jornada.
Cuando entramos al teatro, después del primer descanso, nos dijeron que Endrick Wottrich estaba enfermo e iba a ser sustituido por Robert Dean-Smith, el respetable acogió la noticia con mucha alegría y con grandes y estruendosos aplausos, hasta algún bravo llegué a oir. Yo no lo entendía pero ellos saben muy bien quien es Robert Dean-Smith, yo lo entendí después, cuando le oí cantar, entonces supe el por qué de los grandes aplausos. Él es Tristán y a juzgar por lo que le quieren allí, su Tristán debe ser de los grandes. A mí me encantó también como Tristan hace unos años, cuando lo debutó en Tenerife. Pero solo dieron el segundo acto y en versión recital.

Como Siegmund hizo un papel de lo más creíble, nos hizo sentir orgullo de su grandeza como héroe y en la escena con su amante en brazos estuvo rebosante de ternura y comprensión.
Hunding (Kwangchul Youn) cantó y actuó magníficamente, no hubo vez en que su presencia no fuera toda una gran amenaza. Este personaje es así; rudo, desagradable, con mal carácter, desalmado e incapaz de ser amable, pertenece a la raza humana antigua. Su carácter es dramático y Kwangchul Youn lo desarrolla magníficamente, tiene una gran potencia vocal además de un timbre muy hermoso y con mucha coloratura.
Si tuviese que nombrar un favorito lo tendría muy pero que muy difícil, todos (unos mejor que otros) me parecieron fantásticos pero me decantaría por Wotan (Falk Struckmann. Una vez más volvió a clavar su papel y a demostrar su maestría en una línea de canto impecable y con una interpretación escénica magnífica. Un verdadero lujo de Wotan.

Tendré que buscar mucho (y tener mucha suerte) si quiero volver a ver una Valquiria tan buena como esta.
Favoritos del público esta noche: Wotan, Sieglinde y Siegmund,… más el favorito de cada día: Christian Thielemann.

Nosotros salimos del Bayreuther Festspiele hartitos de aplaudir y de despedirnos de nuestros vecinos (y amigos, porque después de compartir dos veladas de ese calibre ya da para una buena amistad), cuando ya habían salido a saludar los cantantes y el otro grande de cada noche: Christian Thielemann unas 8 ó 10 veces, dimos la vuelta hacia la zona de aparcamientos y todavía nos marchamos escuchando aplausos y bravos, daban ganas de volver a entrar allí otro ratito.
Pero tendremos que esperar hasta el día 25 para volver a ocupar nuestras butacas junto a nuestros amables vecinos del festival, pero de eso hablaré más adelante, cuando hable de la segunda jornada, Siegfried.