I. Primeros años:
1813-32
Wilhelm Richard Wagner nació en Leipzig el 22 de mayo de
1813. Era hijo legítimo de un escribano de la policía,
(Carl) Friedrich (Wilhelm) Wagner (n Leipzig, 18 junio 1770; m
Leipzig, 23 nov. 1813), y de su esposa Johanna (Rosine), de soltera
Pätz (n Weissenfels, 19 sept. 1774; m Leipzig, 9 enero 1848),
hija de un panadero. El día en que Goethe cumplía
65 años (28 agosto 1814), nueve meses tras el fallecimiento
de Friedrich Wagner, Johanna se casó con Ludwig (Heinrich
Christian) Geyer (n Eisleben, 21 enero 1779; m Dresden, 30 sept.
1821), pintor retratista, actor y poeta.
La famosa e incontestable cuestión de la paternidad de
Wagner es menos importante que las ideas de Wagner acerca de la
misma. Según el diario de Cósima (26 dic. 1868),
Wagner «no creía» que Ludwig Geyer fuera su
verdadero padre. Al mismo tiempo atribuía un presunto parecido
-observado por Cósima- entre su hijo Siegfried y Geyer
a «afinidades electivas» -(Wahlverwandtschaften)-
sugestiva cita que posiblemente aludía a las cordiales
relaciones de Geyer con Goethe, pero lo suficientemente ambigua
como para nublar toda afirmación categórica
Tampoco estaba Wagner seguro -o menos de lo que probablemente
habría admitido- respecto de su nacimiento y su bautismo.
En su primer diario, el así llamado «Cuaderno rojo
de bolsillo» (die Rote Brieftasche, comenzado a mediados
de agosto de 1835), la fecha de su nacimiento fue cambiada del
«12» al «22» -ligera y acaso insignificante
equivocación que socava la teatral confianza en sí
mismo del comienzo del diario-. (El nombre completo de Wagner,
la fecha y lugar de nacimiento al inicio del diario más
bien se asemejan al arranque de un artículo de un diccionario
musical que a un aide mémoire privado.) Por si fuera poco
su autobiografía Mein Leben da comienzo con la incorrecta
afirmación de que su bautismo en la Thomaskirche de Leipzig
tuvo lugar dos días después de su nacimiento. En
realidad fue bautizado tres meses más tarde, el 16 de agosto
de 1813. Al parecer, la causa del retraso -en torno al cual se
ha alborotado mucho- se debió a un viaje que Johanna emprendiera
a Teplitz (hoy Teplice), Bohemia, el mes anterior, donde el actor
Geyer cumplía un compromiso de actuación. Pese a
que Strobel, Reihlen y Rauschenberger investigaron a fondo los
orígenes de Wagner (no es de extrañar que tal investigación
se llevara a cabo en los años del nazismo), dicho viaje
no hace sino aumentar el misterio, ya que su propósito
sigue sin estar claro.
Así pues, lo único cierto sobre la paternidad de
Wagner es que él mismo no estaba seguro de ella, cosa que
puede explicar el casi cósmico significado que daba a cada
uno de sus cumpleaños en años posteriores. Y ésta
fue, probablemente, la razón de que siguiera la sugerencia
de Nietzsche en lo que respecta al blasón que adorna las
páginas titulares de cada una de las secciones de Mein
Leben en su primera edición, el cual muestra un buitre
(Geier) con escudo en el que figuran blasonadas las siete estrellas
de la Osa Mayor o el Carro (der Wagen). Cabría ver en el
buitre una alusión irónica a los blasones de las
familias aristocráticas alemanas que utilizaban la similar
forma del águila como símbolo de poder. (A diferencia
de Beethoven, Wagner no se hacía vanas ilusiones respecto
a sus orígenes mesocráticos.) No obstante, es más
probable que la combinación de der Wagen con el símbolo
del Geier se refiera a la «doble» paternidad de Wagner,
tal como él seguramente la veía, y quizás
al vacío emocional que dejara la muerte prematura de sus
dos «padres».
Resulta tentador interpretar el curso de la vida de Wagner en
función de su escasamente estable comienzo. Hay, ciertamente,
indicios de lo que Erik Erikson llamaría una «crisis
de identidad» en el joven Wagner, provocada (entre otras
cosas) por la ausencia de una fuerte figura paterna y por el simple
hecho de que se llamó Richard Geyer hasta que el 21 de
enero de 1828 ingresara, a la edad de casi quince años,
en la Nicolaischule de Leipzig. (Manuscritos posteriores en los
que Wagner ha escrito «Wagner» no ya una vez sino
varias, sugieren que incluso estaba inseguro de su nombre.) También
es evidente que las dudas existenciales de Wagner, hondamente
arraigadas (y a menudo confidencialmente declaradas por carta
a sus amigos), tenían mucho que ver con su aplastante egotismo
y la tendenciosa dramaturgia de Mein Leben. Sin embargo, sus escritos
autobiográficos obsequian al biógrafo con un problema
más inmediato. Si la necesidad que Wagner tenía
de registrar, interpretar y reinterpretar su vida al detalle era
un síntoma duradero de su «crisis de identidad»,
lo primero que hay que aclarar es el embrollo que esto ha ocasionado,
más que la crisis en sí misma.
A juzgar por los documentos que se han conservado, los primeros
tiempos de la vida de Wagner fueron, intelectualmente, más
gregarios y traumáticos de lo que sugieren las entretenidas
páginas iniciales de Mein Leben. Wagner adormeció
sus dolores de parto como artista por el procedimiento de convertirlos
en un chiste. Ludwig II «se rió de buena gana»
al oír a Wagner leer en voz alta la primera parte de su
autobiografía, y Nietzsche confesó que a duras penas
pudo reprimir una sonrisa al recordar la interpretación
que Wagner daba en Mein Leben de sus correrías juveniles.
Las primeras composiciones y cartas de Wagner revelan, sin embargo
a un individuo trabajador, vulnerable y, al mismo tiempo, sorprendentemente
práctico, distinto de la imagen autobiográfica de
un genio atolondrado «poco menos que sin instrucción».
La cantidad y variedad de sus primeras composiciones prueban que
sus tempranos gustos musicales y literarios eran más amplios
y cosmopolitas de lo que él más tarde admitiera.
También sus cartas muestran una disposición favorable
a adaptarse a la moda imperante en todos sus matices, lo que brinda
un chocante contraste con el reformismo abiertamente agresivo
del artista maduro.
Los principales hechos de la educación de Wagner son los
siguientes. Una vez que la familia Wagner se hubo trasladado con
Ludwig Geyer a Dresden, Wagner ingresó en la escuela del
Vizehofkantor Carl Friedrich Schmidt en esa ciudad el año
1817. El 2 de diciembre de 1822 se matriculó en la Kreuzschule
de Dresden, donde recibió algunas lecciones de piano. Lo
familia Wagner/Geyer se trasladó a Praga el año
1826, pero Richard se quedó en Dresden; la Grecia Antigua
se convirtió para él en una obsesión cada
vez mayor, hasta el extremo de que tradujo los cantos de la Odisea
y trató, en vano, de escribir un poema épico, Die
Schlacht am Parnassus. Después de trasladarse en 1828 a
la Nicolaischule de Leipzig terminó la primera de sus obras
que se ha conservado, Leubald (una amalgama involuntariamente
surrealista de Shakespeare, Kleist y Goethe), la cual, a fin de
proveerla de música, le impulsó a estudiar la teoría
de la composición de Johann Bernhard Logier y la música
del Egmont beethoviano. (Se ha conservado una copia de puño
y letra de Wagner, correspondiente a parte de la música
de Egmont.) En el otoño de 1828 empezó a tomar clases
secretas de teoría de la armonía con Christian Gottlieb,
Müller, compositor local y director, y el 16 de junio de
1830 ingresó en la Thomasschule de Leipzig, donde por un
breve espacio de tiempo recibió lecciones de violín
a cargo de un miembro de la orquesta de la Gewandhaus, Robert
Sipp. Pronto descubrió a Beethoven, de cuya Novena Sinfonía
hizo una transcripción para piano que terminó para
la Pascua de Resurrección de 1831. El 23 de febrero de
1831 se matriculó en la Universidad de Leipzig a fin de
estudiar música, y en el otoño de ese mismo año
se hizo alumno del Thomaskantor Christian Theodor Weinlig, con
el que (según Mein Leben) estudió contrapunto durante
seis meses.
No es cierta la afirmación de Wagner en Mein Leben, según
la cual oyó a Wilhelmine Schröder Devrient cantar
Fidelio en Leipzig el año 1829. Tal representación
no está mencionada en su diario, el Cuaderno Rojo de Bolsillo,
y no hay rastro de la misma en los registros del teatro de ese
periodo. (Queda como cuestión abierta el que oyera o no
cantar a Emmy en la primera representación de Der Vampyr
en Leipzig el año 1828.) La evidencia de que disponemos
sugiere que lo que realmente ejerció influencia sobre él
fue el famoso retrato de Romeo que la Schröder-Devrient hizo
en I Capuleti e i Montecchi de Bellini, probablemente durante
las representaciones de marzo de 1834 en Leipzig. Por las trazas,
Wagner puso una fecha anterior a tal experiencia con objeto de
hacer aparecer como inevitable desde un principio su supuesta
herencia del legado de Beethoven, y con ella su destino como creador
de un drama musical específicamente alemán.
Las clases de composición que Wagner recibiera tampoco
fueron tan de pasada como dice Mein Leben. Las anotaciones en
el Cuaderno Rojo de Bolsillo y una carta, recientemente descubierta,
a Müller -su primer profesor- (actualmente en la Pierpont
Morgan Library, Nueva York) muestran que su dependencia de Müller
duró mucho más de lo que se desprende del relato
autobiográfico. Además sólo disponemos de
su palabra para fiarnos de que las clases con Weinlig duraran
sólo medio año. Los ejercicios de contrapunto que
se han conservado no llevan fecha, y la afirmación que
hace en Mein Leben de que renunció a la composición
para concentrarse en el contrapunto no es cierta, puesto que una
serie de manuscritos fechados, entre los que se cuentan la segunda
versión de la obertura en re menor (wwv 20) y la fantasía
en fa sostenido menor (wwv 22), demuestran que trabajó
en obras no contrapuntísticas durante, al menos, parte
de los presuntos seis meses de estudio. La dedicatoria a Weinlig
de la primera obra de Wagner publicada, la sonata para piano en
si bemol (wwv 21) constituye asimismo un indicio de que las lecciones
de Weinlig poseyeron mayor alcance que el sugerido por Wagner
y acaso fueron más allá de la fuga y el canon, llegando
hasta las formas de la sonata clásica.
Los grandes granos de verdad en Mein Leben hacen que sus engaños
sean tanto más sutiles. Es cierto que el joven Wagner estuvo
profundamente influido por Beethoven. Aparte de sus clases de
composición, Wagner se adiestró a sí mismo
mediante la confección de cuidadosas copias de las partituras
completas de la Quinta y la Sexta sinfonías (actualmente
en los archivos de Bayreuth), y muchas de sus primeras obras instrumentales
están bajo la influencia de modelos beethovianos. Sin embargo,
la afirmación -constantemente implícita en Mein
Leben- según la cual el espíritu del drama musical
había comenzado ya a remontar vuelo sobre las alas de la
música sinfónica de Beethoven al comienzo de su
carrera, es una distorsión de la más modesta verdad
de que se inició como compositor con obras de diversos
géneros -predominantemente instrumentales- siguiendo moldes
clásicos. De acuerdo con el Cuaderno Rojo de Bolsillo,
estudió las sinfonías de Mozart tanto como las de
Beethoven. Realizó un arreglo para piano de la sinfonía
n† 103 en mi bemol, de Haydn, y todavía existe una copia
de su puño y letra de la sinfonía n† 104 en re.
(Se conserva en la Huntingdon Library, San Marino, California.)
Pero fue Beethoven quien dominó sus primeras sonatas, oberturas
y música incidental. Resulta irónico el que cuando
finalmente se puso a escribir óperas, la influencia musical
que Beethoven ejercía sobre él perdió rápidamente
su anterior intensidad.
II. Primeras óperas y primer matrimonio: 1832-36
Aparte de una temprana Schäferoper (wwv 6) que nunca fue
terminada, el primer intento que Wagner hizo de componer una ópera
en toda regla data de octubre y noviembre de 1832, durante su
visita al conde Pachta en su casa de Pravonin, cerca de Praga.
(El año 1832 es también digno de mención
por cuanto marca lo que probablemente fue la primera aparición
en público de Wagner como director de orquesta con la sociedad
musical de Leipzig «Euterpe», el mes de marzo, ocasión
en la que dirigió el estreno de su Obertura Concierto en
do.) Al igual que muchos de los hitos significativos en la evolución
de la vida de Wagner, sus comienzos como compositor de óperas
se vieron marcados por un falso arranque. En un principio quiso
adaptar el Ritterzeit und Ritterwesen de Johann Büsching
como una novelette, pero luego se decidió a ampliarlo para
hacer de él un libretto de ópera. Llamó a
esta ópera Die Hochzeit y comenzó a esbozar su música
el 5 de diciembre de 1832. Sin embargo, el texto no le gustó
a su hermana Rosalie. Sin la aprobación de ésta
(la cual era una renombrada actriz bien relacionada con el Teatro
Real de la Corte de Leipzig), probablemente Wagner no vislumbró
ninguna oportunidad de que la obra fuese puesta en escena, y en
una carta fechada el 3 de enero de 1833 anunciaba que había
«roto» el libretto. La música de la primera
escena se ha conservado, posiblemente gracias a que Weinlig había
dado su aprobación a lo poco que su alumno había
compuesto hasta el momento (al menos segun consta en Mein Leben).
Entre tanto, la carrera de Wagner como compositor clásico
tardío de música instrumental llegó a su
punto culminante en noviembre de 1832 con el estreno en Praga
de su sinfonía en do, la cual fue interpretada de nuevo
el 15 de diciembre de 1832 en la Euterpe de Leipzig, y una vez
más en la Gewandhaus el 10 de enero de 1833. Dicha obra
obtuvo una cálida acogida por parte de Heinrich Laube en
el Zeitung für die elegante Welt, pero tras otra ejecución
en Würzburg el 27 de agosto de 1833 bajo la dirección
del compositor no volvió a interpretarse hasta que Wagner
la revivió y revisó para una ejecución privada
en el Teatro Fenice de Venecia el 25 de diciembre de 1882. (Fue
la última obra que dirigió.)
Habiendo destruido la mayor parte de Die Hochzeit, Wagner se puso
a trabajar de inmediato en otra ópera, Die Feen, en la
que conservó algunos nombres de personajes de la obra desechada.
El libretto estaba basado en la pieza teatral de Carlo Gozzi La
donna serpente y quedó terminado hacia finales de febrero
de 1833. Se da la circunstancia de que el comienzo del trabajo
de Wagner en su primera obra completa coincidió con su
primer empleo en un teatro de ópera. Con la ayuda de su
hermano, el cantante Albert Wagner, Richard se convirtió
en «repasador de coros» (Choreinstudierer) del teatro
municipal de Würzburg. En su calidad de bisoño -para
no decir eminentemente práctico- compositor de óperas
dotado de un fuerte instinto de supervivencia, Wagner probablemente
hizo aquella jugada no solamente a fin de familiarizarse con los
mecanismos internos del teatro sino también para escapar
al servicio militar en Sajonia.
Estando en Würzburg, Wagner compuso el texto y la música
para un nuevo allegro final destinado al aria de Aubry (n† 15)
de Der Vampyr (wwv 33) de Marschner. Sin embargo, la impresión
que se da en Mein Leben, en el sentido de que ello fue un regalo
para su hermano Albert y una expiación por una malograda
instrumentación de una cavatina de Il pirata (wwv 34) de
Bellini que anteriormente Albert le había encargado, es
otra superchería autobiográfica sin otro objeto
que el de alabar al compositor alemán a expensas del italiano.
En realidad, Wagner tuvo que haber orquestado la cavatina de Bellini
con considerable posterioridad al 29 de septiembre de 1833, fecha
en que su añadidura a Der Vampyr se interpretó por
vez primera. El programa del teatro de Würzburg muestra que
La straniera de Bellini, para la que estaba pensada la cavatina
de Il pirata como un aria adicional, no fue puesta en escena hasta
el 5 de diciembre de 1833. Cuando, en Mein Leben, Wagner dio a
entender que su imitación de Marschner había borrado
la memoria de la «alicorta» música de Bellini,
olvidó añadir que había invertido el orden
de los acontecimientos.
Wagner escribió la partitura entera de Die Feen en Würzburg,
terminándola el 6 de enero de 1834. Sin embargo, su autobiografía
no menciona el hecho de que tras su regreso a Leipzig el 21 de
enero revisó algunas de sus partes. Las actuaciones de
la Schröder-Devrient como cantante invitada en I Capuleti
e i Montecchi de Bellini durante el mes de marzo, claramente inspiraron
a Wagner la reescritura no sólo de la música sino
también del contenido dramático del aria de Ada
en el acto II. Es más, los documentos que se conservan
demuestran que Wagner introdujo nuevos diálogos hablados
en lugar de muchas escenas, probablemente a fin de aplacar a las
autoridades teatrales de Leipzig, las cuales se quejaron de que
la ópera estaba «musicada de cabo a rabo» (durchkomponiert).
Pese a la intervención de su hermana Rosalie y de su cuñado
Friedrich Brockhaus, la ópera no fue aceptada y no se estrenaría
(póstumamente) hasta el 29 de junio de 1888 en Munich.
En Leipzig, Wagner se vio cada vez más implicado en el
llamado movimiento de la «Joven Alemania» -difuso
conglomerado de intelectuales, entre los que se contaban Heinrich
Laube y Theodor Mundt, cuyos puntos de vista se dirigían
contra la estructura feudal de Alemania, en favor de una clase
media «liberal» en rápido ascenso-. (El entusiasmo
de la Joven Alemania por la Schröder-Devrient como símbolo
artístico de sus ideales sin duda tuvo una influencia sobre
Wagner durante ese período.) El primer ensayo que Wagner
publicó, «Die deutsche Oper», apareció
el 10 de junio de 1834 en el Zeitung für die elegante Welt
de Laube; y en Teplitz, Wagner convirtió Measure for Measure
de Shakespeare en una «gran ópera cómica»
que glorifica la sensualidad italiana a costa de la mezquindad
de espíritu alemana. (Wagner cambió el lugar de
la acción teatral de Viena a Palermo a fin de reforzar
la cuestión.) A finales de julio de 1834 llegó a
ser director musical de la compañía teatral de Heinrich
Bethmann, y el 2 de agosto, quizás en consonancia con su
nueva filosofía, hizo su presentación como director
de Ópera en Lauchstädt (Turingia) con el Don Giovanni
de Mozart.
A lo largo del verano de 1834, Wagner hizo su último intento
de componer una sinfonía clásica. Según Mein
Leben, la sinfonía en mi (wwv 35) estaba basada en la Séptima
y Octava de Beethoven. Bosquejó el primer movimiento, y
parte del segundo, en Lauchstädt y Rudolfstadt, pero súbitamente
anunció a su amigo Theodor Apel, en carta fechada el 13
de septiembre de 1834, qüe «no había manera»
de que pudiera terminarla. Salvo por algún que otro comienzo
comunicado por Wilhelm Tappert, el fragmento (que incluía
una orquestación realizada por Felix Mottl en julio de
1887) actualmente se encuentra perdido.
El menguante interés de Wagner por Beethoven como modelo
de composiciones puramente instrumentales halló su réplica
en un creciente entusiasmo por Francia e Italia. Sus actividades
en Magdeburgo como director -donde fue designado director musical
de la compañía de Bethmann en octubre de 1834- le
puso en contacto con Óperas de Auber, Bellini, Boieldieu,
Cherubini y Paisiello. En noviembre entregó su primera
colaboración -un ensayo titulado «Pasticcio»-
a la Neue Zeitschrift für Musik de Schumann, y un mes más
tarde terminó el libretto de su «gran ópera
cómica». Después de dirigir su ópera
en Magdeburgo el 29 de marzo de 1836, escribió una reseña
anónima para la revista de Schumann en la que decía
de su propia obra: «contiene mucho de lo que a mí
me gusta... En ella hay música y hay melodía, y
esto es algo que en nuestras Óperas alemanas nos resulta
harto difícil de encontrar».
La nueva Ópera se llamaba Das Liebesverbot («La proscripción
del amor»). Antes de dirigir su estreno, Wagner intentó
que fuera aceptada por teatros de Leipzig, Berlín e incluso
por la Opéra-Comique de París. No obstante tener
plena conciencia de que Bethmann se encaminaba hacia la bancarrota,
decidió que se representara mientras la compañía
magdeburguense aún existiera. Su instinto se reveló
acertado: la segunda representación, el 30 de marzo de
1836, hubo de suspenderse a causa de las peleas a puñetazo
limpio entre los miembros del reparto, y, poco después,
la compañía se disolvió. No es cierta, dicho
sea entre paréntesis, la afirmación de Wagner en
Mein Leben, según la cual había tenido que cambiar
el título de la ópera por orden de la policía.
Tal como prueba un documento de los Archivos de Bayreuth, provisto
de sello oficial, las autoridades no opusieron la más mínima
objeción. Wagner tituló públicamente la ópera
Die Novize von Palermo («La novicia de Palermo») y
cambió el género a «gran ópera»
en lugar de «gran ópera cómica», probablemente
por la sencilla razón de que, debido a apremios de tiempo,
se vio forzado a dirigir la obra en la semana de Pascua de Resurrección.
Aparte la composición de Das Liebesverbot, de las oberturas
Columbus (wwv 37) y Polonia (wwv 39) y de esquemas para una ópera,
Die Hohe Braut (wwv 40), el acontecimiento más importante
en la vida de Wagner durante este periodo fue su relación
amorosa con la actriz Christine Wilhelmine («Minna»)
Planer (n Oderan, 5 sept. 1809; m Dresden, 25 enero 1866). La
conoció el verano de 1834 en Lauchstädt, y desde el
principio se sintió atormentado por los celos, tal y como
admite abiertamente en Mein Leben. Sin embargo, la impresión
propiciada por Wagner, según la cual la atracción
sentida hacia ella se basaba simplemente en su lozanía
y en sus instintos maternales, no era sino una verdad a medias,
destinada a los oídos de Cósima, su segunda esposa.
(Cósima escribió el texto de Mein Leben al dictado
de Wagner.) La realidad es que las primeras cartas a Minna revelan
que estaba profundamente enamorado y desesperadamente temeroso
de perderla. La siguió a Magdeburgo y luego, el 7 de julio
de 1836, a Königsberg, donde ella tenía compromisos
de actuación. Posteriormente se casaron en una iglesia
de Königsberg-Tragheim, el 24 de noviembre del mismo año.
III. Königsberg, Riga, París: 1837-42
Desde sus comienzos, el primer matrimonio de Wagner se vio acosado
por la inseguridad. Al principio se encontró sin empleo
en Königsberg, y dos meses después de que fuera nombrado
director musical del teatro municipal (1.† de abril de 1837),
Minna le abandonó: el 31 de mayo se marchó en secreto
a Dresden con un próspero hombre de negocios llamado Dietrich.
Wagner salió tras ella, pero a pesar de una breve reconciliación
ella volvió a abandonarle y no se reunió de nuevo
con él hasta el siguiente mes de octubre. La situación
no se vio aliviada por la decisión de Minna de hacer que
su hija ilegítima Natalie (n 22 feb. 1826) siguiera viviendo
con ella pretendiendo que era su hermana. (Natalie, que negó
a Wagner y a sus herederos algunos importantes documentos en poder
de Minna, más tarde se convirtió en una fuente clave,
si bien muy poco digna de crédito, para la coleccionista
Mary Burrell.) Tampoco las cosas mejoraron con los celos de Wagner
y su tendencia, especialmente observable en sus cartas, a exigir
de su compañera sumisión (su Suada, o «garrulería
persuasiva», como Minna la denominaba acertadamente). Wagner
llegó a tomar seriamente en consideración el divorcio,
pero al parecer fue disuadido de dar semejante paso por su hermana
Ottilie y su marido, el orientalista Hermann Brockhaus.
Los difíciles comienzos del matrimonio de Wagner repercutieron
en su productividad. Aparte de alguna música incidental
para la pieza histórico-romántica de J. Singer Die
letzte Heidenverschw6rung (wwv 41) y de la rimbombante obertura
Rule Britannia (wwv 42), compuso y dirigió poco. En su
autobiografía admite que esta inactividad «hería»
su orgullo, en especial dado que su esposa era, en aquellos momentos,
más conocida que él y había logrado un mayor
éxito. Sin embargo, trató de ocultar este momento
vulnerable de su vida con una falsa impresión de su actividad
creadora. Probablemente no es cierta su pretensión, expresada
en Mein Leben, de que a principios de 1837 escribió un
bosquejo del texto de una «opera cómica», Männerlist
grösser als Frauenlist (wwv 48), en Königsberg. El Cuaderno
Rojo de Bolsillo y sus primeros escritos autobiográficos
dan la fecha del verano de 1838, cuando Wagner estaba en Riga.
Esta última fecha es también más probable
por cuanto la mayor ligereza del texto -el cual tiene carácter
de Singspiel (y cuyo argumento está extraído de
la noche 194 de las Mil y Una Noches)- concordaba con los gustos
del director del teatro de Riga, Karl von Holtei.
En junio de 1837, Wagner fue contratado como director musical
en Riga. Mientras esperaba el momento de hacerse cargo del puesto
leyó la novela de Edward Bulwer Lytton Rienzi, the last
of the Roman Tribunes, en Blasewitz, cerca de Dresden. Según
Mein Leben, en seguida se sintió atraído por la
idea de crear algo grande y utópico a fin de huir de la
sórdida realidad de su vida. Sin embargo es casi seguro
que la idea de hacer una «gran ópera heroica»
de Rienzi surgió al menos un año antes, en 1836,
con su amigo Theodor Apel, como sugieren una carta a Apel con
fecha de 20 de septiembre de 1840 y los «Autobiographiscbe
Skizze» de Wagner (1843).
Wagner debutó en Riga como director al mismo tiempo que
compositor el 1.† de septiembre de 1837, con una representación
de la ópera cómica de Carl Blum Mary, Max und Michel,
para la cual había escrito un aria adicional para bajo
(wwv 43). Compuso un «Himno del Pueblo», Nicolay (wwv
44) en honor del emperador Nicolay Pavlovich, y dirigió
diversas óperas, componiendo música adicional para
algunas de ellas y reorquestando otras en parte (Die Schweizerfamilie
de Weigl, Norma de Bellini y Robert et le diable de Meyerbeer).
Además de hacer arreglos musicales para numerosas piezas
teatrales y vaudevilles, Wagner inició una serie de conciertos
de abono el 15 de noviembre de 1838, en el curso de los cuales
dirigió las oberturas Columbus y Rule Britanflia, su orquestación
de un dúo de Rossini, Les soirées musicales, su
arreglo del coro de cazadores del Euryante de Weber, y obras de
Beethoven (las sinfonías nos. 3-8, la obertura Leonore
n.† 3), de Cherubini, Mendelssohn (la obertura Mar en calma y
Viaje feliz), de Mozart y Weber.
La intensa actividad de Wagner, así como sus planes para
reformar la orquesta y el teatro, malamente podían congraciarle
con el director von Holtei, hombre de talento pero sin gran enjundia.
En consecuencia, su contrato con el teatro para la temporada 1838-39
no le fue renovado. Como quiera que había comenzado a trabajar
seriamente en el libretto y la música de Rienzi en el verano
de 1838, tomó la decisión de aprender francés
y emprender viaje a París, donde confiaba que su ópera
sería aceptada en traducción francesa. (También
pensó ofrecerla a Berlín: es un mito la idea de
que originariamente estuviera destinada a representarse exclusivamente
en Paris.) Así pues, emprendió viaje, en compañía
de Minna, con la intención de cruzar la frontera rusa en
dirección a Prusia oriental. El 19 de julio de 1839 se
embarcaron en la goleta Thetis, en Pillau (actualmente Baltiysk,
URSS [Rusia]) y, tras su agitado viaje bordeando la costa noruega,
llegaron a Londres el 12 de agosto. El 20 de agosto atravesaron
el Canal de la Mancha rumbo a Francia (donde Wagner tuvo un primer
encuentro con Meyerbeer en Boulogne-sur-mer) y el 17 de septiembre
rindieron viaje en París.
El relato que Wagner hace en Mein Leben de su primera estancia
en París -sus «años de hambre», como
sus apiadados wagnerianos acostumbran a llamarla- constituye uno
de sus más sagaces y, desgraciadamente, más tendenciosos
coups de théâtre. Entre otras cosas, reordenó
la cronología de sus obras para que pareciese que era la
víctima y no el beneficiario de la influencia ajena. Un
aria adicional para la Norma de Bellini (wwv 52), por ejemplo,
escrita para el cantante Luigi Lablache, no fue compuesta con
posterioridad a la canción Mignonne (wwv 57) como último
recurso a fin de llamar la atención de la gente con influencias
en Paris, como Wagner da a entender: sabemos por una carta a Gottfried
Engelbert Anders, fechada el 13 de octubre de 1839, que dicha
aria debió de ser una de las primeras cosas que compuso
a su llegada a la ciudad. El coro que escribió para el
vaudeville parisino Descendons gaiment la courtille (wwv 65),
no fue compuesto durante la primera mitad de 1840, como nos dice
Wagner y la mayoría de sus listas de obras, sino un año
después, cuando, según Mein Leben, supuestamente
había abandonado París por considerarlo una causa
perdida, a fin de consagrarse al verdadero arte alemán.
Su trabajo como arreglador de músicas de otros compositores
para editores parisinos fue, asimismo, más amplio y se
prolongó por un espacio de tiempo mayor del que generalmente
se reconoce. La confección de partituras para piano, dúos
y arreglos para cuarteto de cuerda de composiciones de Donizetti,
Herz, Auber y Halévy (véase wwv 62A-F) no le fue
impuesta por el editor judío Maurice Schlesinger, como
sugiere Mein Leben. Trabajó también para otros editores,
y hay pruebas de que fue él mismo quien tomó la
iniciativa.
Wagner hubo también de refechar y reinterpretar una de
sus experiencias artísticas clave: su pretendido redescubrimiento
de la Novena Sinfonía de Beethoven en un ensayo de los
tres primeros movimientos a cargo de la orquesta del Conservatorio
de París bajo la dirección de Habeneck. Según
Mein Leben, esta obra abrió de nuevo sus ojos a las glorias
del arte alemán. El pretendidamente deliberado retraimiento
de influyentes judíos como Meyerbeer y Schlesinger no fue,
sin embargo, óbice para que Wagner se sintiera inspirado
a escribir una obra profundamente «alemana»: la obertura
Faust (wwv 59). No obstante, y por desgracia, no existe evidencia
alguna de que Wagner oyera la Novena de Beethoven cuando según
él la había oído. Por el contrario, las fechas
de los apuntes de Wagner sugieren que lo que verdaderamente influyó
en él fue la sinfonía dramática de Berlioz
Roméo et Juliette, dirigida por Berlioz en el Conservatorio
de París el 24 de diciembre de 1839. Para el 13 de diciembre
Wagner había terminado ya el primer boceto de la obertura
Faust. La partitura de la versión original, la cual fue
terminada el 12 de enero de 1840, contiene instrucciones en francés,
y el empleo de cuatro fagotes (reducidos a tres en la versión
revisada que se publicó) es característico de la
orquestación de Berlioz. Años más tarde Wagner
admitió en privado al crítico londinense Edward
Dannreuther que había realizado un «minucioso estudio»
de la instrumentación de Berlioz, estudio que «se
remontaba al año 1840».
Si, más que Beethoven, fue Berlioz quien abrió a
Wagner nuevas perspectivas musicales, fue Meyerbeer quien, en
un principio, le proporcionó el modelo para su carrera
de compositor de óperas. (Lo que no quiere decir que Wagner
estuviera influenciado técnicamente por Meyerbeer.) Siguiendo
una sugerencia de Meyerbeer, Wagner intentó que su «gran
ópera cómica» Das Liebesverbot fuese aceptada
en una sala como el Théâtre de la Renaissance, de
dimensiones más pequeñas, antes de intentar algo
más ambicioso con la Opéra. Wagner tradujo el libretto
al francés y arregló algunos números a fin
de dar una audición. No hay, sin embargo, pruebas de que
recibiera ningún ofrecimiento en firme, como tampoco las
hay de que desconociera el desastroso estado económico
en que se encontraba el teatro, como afirma en Mein Leben. Probablemente
es incierta la implícita afirmación de que Meyerbeer
le engañó al ocultarle la situación real
del teatro. Se conservan documentos según los cuales -incluidos
los diarios de Meyerbeer- Wagner era, de hecho, el mejor informado
de ambos compositores: en una carta fechada el 3 de mayo de 1840,
el propio Wagner decía a Meyerbeer que el Théâtre
de la Renaissance se encaminaba hacia la bancarrota.
A principios de mayo de 1840 Wagner envió al principal
libretista de Meyerbeer, Eugène Scribe, un bosquejo en
prosa de una nueva ópera titulada Der fliegende Holländer,
rogándole le tomara en consideración el convertirlo
en un libretto. Wagner tenía esperanzas de recibir un encargo
de la Opéra para escribir la música y compuso tres
números a fin de dar una audición, siendo él
mismo quien hizo los versos, en una traducción de Marion
Dumersan (no Emile Deschamps, como dice Wagner en Mein Leben).
Wagner informó a Meyerbeer el 26 de julio de 1840 de que
los tres números -la balada de Senta y las canciones de
los marineros noruegos, así como las de la tripulación
del Holandés- estaban «listos». (Su ulterior
pretensión de que la balada de Senta fue el primer número
de la ópera que compuso no se ve corroborada por un detenido
estudio de las fuentes documentales.) Ni la audición ni
el encargo llegaron a materializarse, empero, y Wagner se resarció
de las pérdidas vendiendo, el 2 de julio de 1841, a Léon
Pillet, director de la Opéra, el bosquejo en francés
de la ópera, por 500 francos. (P. Foucher y B. H. Révoil
convirtieron dicho bosquejo en un libretto al que, bajo el título
de Le Vaisseau-Fantôme, puso música Pierre-Louis-Philippe
Dietsch, futuro director de Tannhäuser en París.)
En el verano de 1840, Wagner desoyó la sugerencia de Meyerbeer
en el sentido de que debería colaborar con otro compositor
a fin de hacer alguna música de ballet para la Opéra.
Pese a ello, Wagner siguió trabajando en Rienzi y se las
arregló para terminar por completo la partitura el 19 de
noviembre de 1840. Con la ayuda de algunos amigos (entre ellos
la Schröder-Devrient) y una fuerte recomendación de
Meyerbeer, consiguió, en junio de 1841, que la obra fuese
aceptada para su representación en el Teatro de la Corte
Real de Dresden. El éxito le espoleó a escribir
lo que le faltaba de Der fliegende Holländer. Comenzó
componiendo las dos canciones que quedaban, de las cinco principales
de la ópera: la Canción del Piloto en el acto I
y el coro de las Hilanderas en el acto II. Para noviembre la partitura
se hallaba terminada en su totalidad y, de nuevo con un fuerte
apoyo por parte de Meyerbeer, en marzo de 1842 fue aceptada para
ponerse en escena en la Hofoper de Berlín.
Cuando, pasado un tiempo, Berlioz recordó en sus memorias
la primera estancia de Wagner en París, comentó
que Wagner no había logrado hacerse un nombre como compositor.
(La interpretación, el 4 de febrero de 1841, de la obertura
Columbus, en presencia de Berlioz, y la audición de Liebesverbot
el mes de mayo del año anterior, habían constituido
dos fracasos.) Pero en cambio Berlioz rememoró el éxito
de Wagner como autor, en especial con algunas piezas frívolas
al estilo de Heine y E.T.A. Hoffmann, escritas para la Revue et
Gazette musicale. Sin embargo, los años 1840-42 fueron
también dignos de mención debido a la publicación
de algunos de los primeros y más serios ensayos de Wagner
(p. ej. Ueber die Ouvertüre, y tres artículos sobre
Halévy y su ópera La reine de Chypre) que tocan
cuestiones históricas y teóricas que habrían
de preocupar al artista maduro. Wagner fue también un hábil
periodista, y las numerosas reseñas que enviara a los periódicos
alemanes acerca de la música en la capital francesa aún
vale la pena leerlas.
IV. Kapellmeister real: 1843-49
El 7 de abril de 1842, Wagner dejó París y se fue
a Alemania, llegando a Dresden, con Minna, el 12 de abril para
ayudar a los ensayos de Rienzi. En junio se tomó unas vacaciones
en Teplitz durante las cuales escribió dos bosquejos en
prosa para su próxima ópera, Tannhäuser (o
Der Venusberg, como aún se titulaba entonces). Regresó
a Dresden y encontró la ciudad rebosante de entusiásticos
rumores acerca del futuro estreno de Rienzi, el cual tuvo lugar
el 20 de octubre de 1842, constituyendo un éxito abrumador
que provocó la inmediata decisión de poner en escena
la próxima ópera de Wagner, Der fliegende Holländer.
El 28 de octubre, pocos días después del estreno
de Rienzi, se anunció la muerte del Kapellmeister real
Francesco Morlacchi, y todas las miradas se dirigieron a Wagner
como su más probable sucesor. Al principio Wagner dudó,
aduciendo que necesitaba más tiempo para trabajar en la
elaboración de Tannhäuser y otros proyectos, posiblemente
Die Sarazenin (wwv 66) y Die Bergwerke zu Falun (wwv 67), para
los que había trazado esquemas en París. Sin embargo,
no tardó en ceder, y el 2 de febrero de 1843 ocupaba el
puesto vitalicio de Kapellmeister real, con un sueldo de 1.500
táleros.
El 7 de febrero de 1843, Wagner dirigió una representación
de Der fliegende Holländer. (El estreno se había efectuado
en Dresden el 2 de enero.) Era su primera aparición como
Kapellmeister real, y el comienzo de una larga y amarga campaña
contra los círculos musicales y políticos establecidos
en la corte de Dresden, que habría de culminar con su exilio
de Alemania. Al principio, lo que ocasionó dificultades
con cantantes y miembros de la orquesta fue el original talento
de Wagner como director. (La originalidad e influencia de Wagner
como ejecutante está pidiendo aún -dicho sea de
paso- una investigación sistemática.) Motivo especial
de controversia eran sus interpretaciones de Mozart, aunque su
reposición de Armide de Gluck el 5 de marzo de 1843 y su
rigurosa revisión y reorquestación de Iphigénie
en Aulide, del mismo autor, que Wagner dirigió por vez
primera el 24 de febrero de 1847, obtuvieron mayor éxito.
El proyecto que tenía Wagner de interpretar la Novena Sinfonía
de Beethoven el 5 de abril de 1846, Domingo de Ramos, topó
con la furiosa oposición de la orquesta y del intendente
del Teatro de la Corte, von Lüttichau. Pero su innovación
constituyó un triunfo (completada con citas del Faust de
Goethe en las notas del programa) y la representación hubo
de repetirse el Domingo de Ramos del siguiente año.
Al día siguiente del debut de Wagner como Kapellmeister
real, Heinrich Laube publicaba la segunda entrega de los «Autobiographische
Skizze» de Wagner, el 8 de febrero de 1843, en el Zeitung
für die elegante Welt. Dicha segunda entrega contiene el
primer relato de su viaje marítimo bordeando las costas
noruegas, rumbo a Londres, el año 1839, y la célebre
y muy influyente sugerencia de que los arrecifes noruegos habían
desempeñado un decisivo papel a la hora de dar a Der fliegende
Holländer una coloración «distintiva».
Lo que Wagner no dijo es que el cambio de lugar de acción
de su ópera lo había efectuado sólo unas
semanas antes del estreno, como lo demuestra la partitura autógrafa
y numerosas modificaciones en las particelas de Dresden. Al igual
que Der Vampyr de Marschner, la versión original de la
ópera está situada en Escocia, con nombres escoceses
para algunos de los personajes. La oportunidad de publicar un
ensayo sobre sí mismo en una destacada publicación
periódica, parece haber tentado a Wagner para suministrar
deliberadamente a la ópera una sugestiva imagen autobiográfica
y, de tal manera, engrandecer su aura. En sus escritos no hizo
jamás referencia alguna a este cambio, como tampoco a las
muchas otras alteraciones introducidas en la obra durante las
décadas de 1840 y 1850. Según los diarios de Cósima,
en fecha tan tardía como el 9 de abril de 1880 Wagner aún
tomaba en consideración la idea de una revisión
a fondo de la ópera.
Wagner escribió en Mein Leben que, durante el viaje de
regreso desde París en 1842, la contemplación de
la histórica Wartburg, en Turingia, le había dado
íntimo calor contra el «viento», el «tiempo
atmosférico» y «los judíos», y
además le había proporcionado una idea escénica
para el acto III de Tannhüuser. Una vez más, Wagner
manipulaba en un abigarrado cajón de sastre de asociaciones
autobiográficas que han tendido a oscurecer sus dificultades
con Tannhäuser y el importante hecho de que la revisó
más a fondo que ninguna de sus otras obras importantes.
El título original, Der Venusberg, pronto fue desechado,
tras la terminación del libretto, el 22 de mayo de 1843
-no al cabo de dos años y a sugerencia del editor Meser,
como dice Wagner en Mein Leben-. (Tampoco existen pruebas en lo
que atañe a la afirmación de Curt von Westernhagen,
según la cual «los temas más importantes»
se hallaban ya esbozados en Teplitz los meses de junio-julio de
1842.) La composición de la música comenzó
el verano de 1843, y la partitura completa fue terminada el 13
de abril de 1845. La tibia respuesta que en un principio obtuvo
el estreno de Tannhäuser el 19 de octubre de 1845, así
como su cada vez mayor popularidad a partir de la tercera representación
varios días más tarde, no se debió tanto
al letargo intelectual del público -como más adelante
dieron a entender Wagner y los wagnerianos- como al hecho de que
tras la primera representación se efectuaron cortes y revisiones
a fin de salvar la discrepancia entre las innovaciones dramáticas
más atrevidas de Wagner, y lo inadecuado de su realización
técnica. (Las alteraciones incluían el acortamiento
de los finales de los actos I y II, y una nueva versión
del preludio del acto III.) Al cabo de casi dos años, Wagner
compuso un nuevo final para la ópera, con la reaparición
de Venus y sin el coro de los Jóvenes Peregrinos; se representó
en Dresden el 1.† de agosto de 1847.
El cargo de Kapellmeister real conllevaba una prominencia y una
sensibilidad política que dio a Wagner una cierta sagacidad
para comprender las instituciones externas y los acontecimientos
relacionados con la Ópera de la Corte. En noviembre de
1844 ayudó a organizar el traslado de los restos de Weber
desde Londres a París -acontecimiento público de
gran magnitud, para el que compuso el coro An Webers Grabe (wwv
72) y la Trauermusik para instrumentos de viento (wwv 73) sobre
temas de Euryanthe-. Con más de un año de anterioridad,
Wagner había desempeñado también un papel
clave en la organización de un magno festival coral para
el que escribió la «escena bíblica»
Das Liebesmahl der Apostel (wwv 69), para coros de voces masculinas
y gran orquesta. Dirigió el estreno el 6 de julio de 1843
en la Frauenkirche de Dresden, con un conjunto de no menos de
1.200 cantantes provenientes de sociedades corales de toda Sajonia,
y una orquesta de 100 ejecutantes. La obra había sido compuesta,
copiada y ensayada en menos de dos meses -hazaña virtuosística
de coordinación administrativa que dejó asombrado
hasta al propio Wagner-. De hecho, un detenido estudio de los
apuntes realizados para la Liebesmahl (las particelas se estaban
copiando y pasaban a los ensayos antes de que Wagner hubiese terminado
de componer la obra) revelarían un ejemplo clásico
in nuce de su capacidad para machihembrar la creatividad y la
gerencia -una de sus numerosas habilidades, a las que debemos
la existencia de Bayreuth.
Entre 1844 y 1849, Wagner conoció a diversas figuras influyentes
y bosquejó o terminó algunas de sus obras más
importantes. En el otoño de 1844, y en nombre del Teatro
de la Corte de Dresden, invitó a Spontini a que dirigiera
una nueva puesta en escena de su famosa ópera La vestale.
(El relato que Wagner hace a este respecto en Mein Leben tiene
más que ver con la caricatura que con los hechos, como
demuestra la correspondencia que se ha conservado entre los dos
compositores.) El 16 de julio de 1845, en Marienbad, terminó
el primer bosquejo en prosa de Die Meistersinger, y luego, el
3 de agosto, un pormenorizado esquema para Lohengrin. El 17 de
diciembre de 1845 (no el 17 de noviembre, como suele afirmarse)
leyó el libretto a algunos colegas en el Engelklub de Dresden,
entre los que se contaban Ferdinand Hiller y Robert Schumann.
No es cierto, como han mantenido algunos eminentes wagnerianos,
que comenzara a componer la música de Lohengrin por el
acto III. Aparte del preludio, el primer boceto completo fue escrito
de principio a fin y terminado en Gross Graupe el 30 de julio
de 1846. No obstante, y debido a revisiones del libretto, Wagner
comenzó, en efecto, por el acto III cuando se puso a trabajar
en detalle sobre el segundo boceto musical completo. Tras un número
de interrupciones, puso fin a la partitura en su totalidad el
28 de abril de 1848 y dirigó el final del acto 1 en un
concierto conmemorativo del 300 aniversario de la Orquesta de
la Corte Real de Dresden, el 22 de septiembre de ese mismo año.
El 1.† de marzo de 1846, Wagner terminó un ensayo sobre
la reforma de la Orquesta de la Corte Real. Al cabo de más
de dos años, el 11 de mayo de 1848, terminó un plan
detallado «Sobre la organización de un Teatro Nacional
Alemán para el Reino de Sajonia». Sus intereses artísticos
estaban fundiéndose rápidamente con una abierta
actividad política: veía el teatro como el espejo
de una sociedad reaccionaria a la que, primero, había que
transformar si él -Wagner- quería llevar a cabo
sus designios artísticos. Cuanto mayor fue el rechazo que
obtuvieron sus planes de reforma teatral (también intentó,
en vano, interesar a Franz Grillparzer y Eduard Hanslick en Viena),
mayor llegó a ser su implicación en la política
subversiva. A través de su amigo August Röckel conoció
al famoso anarquista ruso Miguel Bakunin en el verano de 1848,
y pronto comenzó a publicar artículos anónimos
ensalzando la revolución y la anarquía, aunque abogando
al mismo tiempo por la conservación de la monarquía.
La ambigüedad de su postura le permitió retener su
cargo público, pero cada vez resultaba más evidente
que Wagner, pese a sus inclinaciones monárquicas, estaba
llevando a cabo agitación en favor de la abolición
de la Corte Real. En los primeros meses de 1849 la situación
política empeoró y, a comienzos de mayo, un quebrantamiento
de la constitución por parte del rey de Sajonia condujo
abiertamente a la revolución, lo que supuso el final de
la carrera de Wagner como Kapellmeister real.
V. Exilio, amnistía parcial: 1849-60
Aún no está claro hasta qué punto estuvo
implicado Wagner en la Revolución de 1849 en Dresden. Se
vio envuelto en el encargo de granadas, y es cierto que distribuyó
carteles exhortando a la población a que tomara partido
con los rebeldes contra las tropas prusianas que habían
sido llamadas a fin de detener los combates. El 16 de mayo de
1849 se emitió una orden de arresto contra Wagner, quien,
con la ayuda de Franz Liszt, el 24 de mayo logró huir a
Suiza, adonde llegó cuatro días más tarde,
permaneciendo proscrito de Alemania durante los siguientes once
años.
En los meses que precedieron a la revolución, la influencia
del libro de Jakob Grimm Deutsche Mythologie, que Wagner había
leído por primera vez el verano de 1843, se dejó
sentir de múltiples maneras. Los últimos meses de
1848 se había consagrado a la creación de Siegfrieds
Tod (más tarde titulada Göitterdämmerung), cuyo
libretto fue concluido el 28 de noviembre. Y, en diciembre, Wagner
modificó radicalmente el puño y letra de su escritura
al seguir la sugerencia de Grimm en el sentido de utilizar minúsculas
para los nombres y hacer uso de la cursiva latina en vez de la
alemana. Pero sus intereses no se dirigían por entero hacia
el mito: a medida que se aproximaba la revolución perdió
interés por Siegfrieds Tod en favor de un proyecto más
antiguo, Friedrich I (wwv 76), que desarrolló en un complejo
ensayo, Die Wibelungen. Sin embargo, en su autobiografía
y en el segundo volumen de sus escritos reunidos, Wagner volvió
del revés la cronología de Siegfrieds Tod y Die
Wibelungen para hacer ver que su interés por la historia
no era sino un mero azogue de su preocupación -más
significativa- por el mito. Un detenido examen de las fuentes
documentales y del diario de Eduard Devrient, el actor y empresario
que en aquel tiempo veía a Wagner con frecuencia, sugiere
que su interés por Friedrich I y por otro proyecto -Jesus
von Nazareth (wwv 80)-, acorde con su filosofía de «Vormärz»
(«antemarzo»), era más fuerte de lo que posteriormente
admitió. La composición del Ring fue una decisión
que no tomó de modo definitivo hasta dos años más
tarde, el 1851, tras algunos experimentos estériles con
la música de Siegfrieds Tod y tras someter a consideración
al menos otros dos proyectos: Achilleus (wwv 81) y Wieland der
Schmied (wwv 82). Por consejo de Liszt y con el apoyo de Minna,
quien se había reunido con su marido en Suiza a comienzos
de septiembre de 1849, Wagner decidió probar fortuna una
vez más en París. Partió hacia la capital
francesa el 29 de enero de 1850. Al principio no le fue fácil
decidir cuál de los proyectos operísticos que tenía
entre manos sería el adecuado para el gusto francés,
y finalmente eligió Wieland der Schmied, aunque sin mucho
éxito a la hora de convencer a los demás. Pero su
suerte experimentó de pronto un giro inesperado: se encontró
con Jessie Laussot, a la que había conocido en los lejanos
tiempos de Dresden, y al parecer se enamoró de ella. La
aventura duró de marzo a mayo, cuando sus planes de fuga
a Grecia y el Asia Menor fueron desbaratados por Eugène,
el marido de Jessie, rico comerciante en vinos de Burdeos. El
3 de julio, y tras algunas feas recriminaciones, Wagner se reunió
con Minna en Zurich. Cuatro días después escribió
a su viejo amigo el pintor Ernst Benedikt Kietz, residente en
París, que sus planes de viajar al Este se habían
desmoronado, y añadía con humor que había
regresado a Zurich «sin la cola del caballo y sin el turbante»
-símbolos turcos de la autoridad marital.
Las amargas experiencias de Wagner en París y, muy en particular,
el éxito de Le prophète de Meyerbeer, constituyeron,
probablemente, las motivaciones de su más escandaloso ensayo,
Das Judentum in der Musik. Lo terminó el 24 de agosto de
1850 y poco después se publicó en la Neue Zeitschrift
für Musik, bajo el seudónimo de K. Freigedank. (Se
volvió a publicar en 1869 con su verdadero nombre y un
prefacio explicativo justificando su contenido.) El estreno de
Lohengrin en Weimar el 28 de agosto de 1850, bajo la dirección
de Liszt, constituyó un desengaño y le confirmó
en su falta de fe hacia el teatro convencional. Los comentarios
que sobre la puesta en escena le hicieran algunos amigos fueron
desalentadores, y por primera vez, en carta a E. B. Kietz, fechada
el 14 de septiembre de 1850, Wagner mencionó la idea de
un teatro de festivales construido por él mismo de acuerdo
con su propio diseño, en el cual tendría la seguridad
de lograr representaciones ideales.
El 10 de enero de 1851, Wagner concluyó su obra teórica
capital, Oper und Drama. En mayo y junio de ese mismo año
escribió el bosquejo en prosa y el libretto de Der junge
Siegfried (más tarde titulado Siegfried). La mayor parte
de su tiempo durante los meses de julio y agosto lo dedicó
a escribir un muy influyente prefacio a la edición de los
librettos de sus primeras óperas. Se trata de un ensayo
de virtuoso en el arte de trazar un perfil de sí mismo,
«Eine Mitteilung an meine Freunde» («Comunicación
a mis amigos»), su exposición autobiográfica
más importante previa a Mein Leben. El texto de la parte
que quedaba por escribir del Ring fue redactado dentro de los
dieciocho meses subsiguientes: Wagner escribió los bocetos
en prosa de Das Rheingold y Die Walküre (en este orden) al
año siguiente. Los dos dramas sobre Sigfrido hubieron de
ser revisados a fondo posteriormente y reescritas algunas de sus
partes (Siegfrieds Tod, por ejemplo, fue provisto de un nuevo
final influido por el filósofo Ludwig Feuerbach). Aparte
de las copias en limpio, el texto de todo el Ring fue concluido
el 15 de diciembre de 1852.
En Zurich, Wagner pronto se atrajo a amigos dispuestos a ayudarle
económicamente. El más importante de ellos fue el
negociante en sedas Otto Wesendonck, quien trabó conocimiento
con Wagner en febrero de 1852 y no tardó en completar la
asignación de 800 táleros anuales que le había
sido concedida a Wagner por su amiga de Dresden Julie Ritter.
Al cabo de dos años, Wesendonck ayudaba a Wagner a salir
de graves crisis financieras provocadas por la acumulación
de deudas. Las cosas se tornaron más complejas a causa
de la famosa pasión que Wagner sintiera hacia la esposa
de Wesendonck, Mathilde. Probablemente nunca se sabrá hasta
qué extremo llegaron sus relaciones: aparte de los desesperantemente
escasos documentos que escaparon a las manos de los herederos
de Wagner, los originales de sus cartas a Mathilde que fueron
publicadas han sido destruidos, a excepción de las citas
musicales, las cuales fueron cuidadosamente recortadas y guardadas
en un sobre que se halla todavía en los archivos de Bayreuth.
Las dificultades de Wagner para iniciar la composición
del Ring, tal y como admitió en «Eine Mitteilung
an meine Freunde», tuvieron mucho que ver con el hecho de
que aún no había oído Lohengrin, salvo el
final del acto I, que había dirigido en Dresden. El 18,
20 y 22 de mayo de 1853 organizó una serie de conciertos
en Zurich en los que figuraban (junto con extractos de Rienzi,
Holländer y Tannhäuser) el preludio, trozos corales
del acto II, y la introducción y el coro nupcial del acto
III. Dotó a los extractos de Lohengrin de nuevas transiciones
y finales (la mayoría de los cuales se han perdido) y guió
el juicio del público mediante elaboradas notas en el programa,
las cuales se convirtieron en modelo para muchos futuros conciertos
en los que habría de presentar obras nuevas y raramente
interpretadas con un arreglo suyo de los pasajes más sobresalientes.
Los conciertos de mayo -dicho sea entre paréntesis- no
fueron sino uno de los puntos culminantes de sus actividades como
ejecutante en Zurich. Aparte de interpretar con regularidad las
sinfonías de Beethoven, hubo otros acontecimientos dignos
de mención, como su arreglo del Don Giovanni de Mozart
(wwv 83), el 8 de noviembre de 1850, un nuevo final para la obertura
de Gluck Iphigénie en Aulide (wwv 87), que dirigió
el 7 de marzo de 1854, y el estreno de la versión revisada
de la obertura Faust (wwv 59) el 23 de enero de 1855.
Hay que considerar con cierto escepticismo la célebre descripción
que Wagner hace en Mein Leben de su -como la llamó- «visión»
del preludio de Das Rheingold en La Spezia el 5 de septiembre
de 1853. Las cartas que Wagner escribió inmediatamente
después de esa fecha no hacen mención alguna de
tal experiencia. El primer boceto del preludio que se ha conservado
tiene, por otra parte, fecha de 1.† de noviembre de 1853, y fue
escrito mucho más tarde, además de ser mucho menos
definitivo de lo que sugiere el relato en Mein Leben. (El primer
boceto del preludio en su forma definitiva está en partitura
completa y su fecha es la del 1.† de febrero de 1854.) Es más,
la más antigua referencia a la «visión»
de La Spezia se encuentra en una carta a Emilie Ritter, escrita
más de un año después, el 29 de diciembre
de 1854 (no el 25 de diciembre, como suele afirmarse). Poco antes,
en el otoño de 1854, el poeta Georg Herwegh había
dado a conocer a Wagner dos libros de Schopenhauer, Die Welt als
Wille und Vorstellung («El mundo como voluntad y representación»)
y Parerga und Paralipomena. En este último, Wagner encontró
un capitulo titulado «De la visión de espíritus
y materia relacionada», el cual contenía una explicación
de la clarividencia y el fenómeno de los sueños,
que evidentemente influenció su descripción de la
experiencia de La Spezia. (Sabemos, por una carta cuyo matasellos
era de octubre de 1854, dirigida a Hans von Bülow, que Wagner
leyó los dos libros recomendados por Herwegh.) No cabe
decir con certeza si Wagner sintió «fluir el agua»
y oyó «el acorde perfecto» de mi bemol mayor
en un «estado de somnolencia». Lo que parece más
probable es que -como tienden a sugerir sus apuntes y su correspondencia-
pusiera fecha atrasada a una idea musical y la combinara con una
experiencia de alguna otra índole a fin de realzar el aura
de la obra -de nuevo- mediante una poderosa imagen autobiográfica.
Wagner terminó la partitura completa de Das Rheingold el
26 de septiembre de 1854. La composición de Die Walküre
estaba ya en marcha: había comenzado el primer boceto el
28 de junio y logró dar fin a la partitura en su totalidad
el 23 de marzo de 1856. La única interrupción de
importancia fue su compromiso con la Sociedad Filarmónica
de Londres para dirigir ocho conciertos de marzo a junio de 1855.
Wagner vio en esta oferta una oportunidad de que la estrepitosa
«eterna canción» de su vida, el problema de
sus deudas, dejara de sonar. Los conciertos resultaron menos remuneradores
de lo esperado, pero le dieron la oportunidad de conocer personalmente
a la reina Victoria y de hacer amistad con uno de sus futuros
colegas más valiosos, el pianista Karl Klindworth. Un detenido
estudio de la primera estancia de Wagner en Londres ofrecería
un buen ejemplo de cómo su reputación y sus escritós
(en el Musical World se habían publicado, traducidos, algunos
extractos de Oper und Drama) perjudicaron, llenándola de
prejuicios, la acogida a su música. Muchos críticos
se pusieron en contra suya desde el principio. Pero al menos un
alma más original que las demás hubo de confesar
que los extractos de Lohengrin le parecían decepcionantemente
conservadores.
No está claro cuándo Wagner tuvo la idea de escribir
Tristan und Isolde. La primera mención se encuentra en
una carta a Liszt, fechada el 16 de diciembre de 1854. Sin embargo,
algunos de sus bocetos en prosa sin fechar podrían ser
anteriores. Antes de decidirse de una vez por todas a componer
Tristan, hizo un boceto en prosa, el 16 de mayo de 1856, a partir
de un drama basado en una leyenda budista, Die Sieger (wwv 89).
Y, como una consecuencia más de sus lecturas de literatura
india, bosquejó otro nuevo final para el Ring, bajo la
influencia de la filosofía budista. No es rigurosamente
cierto que cambiara los títulos de Der junge Siegtried
y de Siegfrieds Tod en 1856; si bien en una carta a Franz Müller
con fecha de 22 de junio de 1856 indicaba los títulos -más
familiares- de Siegfried y Götterdämmerung, ello no
significa que los tuviera por definitivos. En su correspondencia
con amigos y editores, Wagner siguió utilizando los títulos
antiguos hasta la aparición de la segunda edición
del poema del Ring en 1863.
No es cierta la afirmación de Wagner en Mein Leben de que
escribió el primer boceto en prosa de Parsifal el Viernes
Santo (10 de abril) de 1857. El propio Wagner se lo confesó
a Cósima, quien pone en su boca la siguiente cita: «De
hecho, todo eso es tan rebuscado como mis aventuras amorosas,
pues no fue en modo alguno un Viernes Santo, sino un placentero
estado de ánimo ante la Naturaleza, lo que me hizo pensar:
“Así es como debería ser un Viernes Santo”»
(22 de abril de 1879). Hasta el 28 de abril de 1857 Wagner no
se trasladó al «Asyl», la casa de campo cercana
a Zurich que le había proporcionado Otto Wesendonck, donde
se suponía que el Parsifal había sido escrito. Allí
fue donde, el 9 de agosto, interrumpió el trabajo en Siegfried
-habiendo finalizado el segundo bosquejo completo del acto II-
para dedicarse a Tristan, cuyo boceto en prosa había comenzado
el 20 de agosto. Aparte de su aventura amorosa con Mathilde Wesendonck
y de la necesidad de «llevarse a sí mismo hasta el
extremo» musicalmente, había dos razones más
mundanas para escribir la obra: sus deudas y la negativa de Breitkopf
y Härtel a publicar el Ring. Breitkopf accedió posteriormente
a editar Tristan, después de que Wagner le asegurara que
sería apto para su representación en la mayoría
de los teatros alemanes. En carta fechada el 4 de enero de 1858
solicitaba una remuneración de 600 luises de oro o 12.000
francos, cantidad que habría de serle pagada en metálico
en tres plazos (4.000 francos a la entrega de cada acto). Por
primera vez en su vida se encontró en una situación
por la que comenzaba a editarse una de sus obras antes de haber
terminado de componerla. (Envió cada uno de los actos al
editor, una vez terminados, antes de seguir componiendo el siguiente.)
Logrando una notable hazaña de exactitud planificadora
-que ofrece un sorprendente contraste con el aura subjetiva de
la obra- Wagner y Breitkopf fueron -entre los dos- capaces de
llevar a cabo la impresión, corrección de pruebas
y, finalmente, la publicación de la enormemente compleja
partitura el 13 de enero de 1860, sólo cinco meses después
de que el manuscrito hubiera sido terminado.
Entre noviembre de 1857 y mayo de 1858, Wagner puso música
a cinco poemas de Mathilde Wesendonck (wwv 91A-E), dos de los
cuales, Träume y Im Treibhaus, Wagner los calificó
más tarde como «estudios» para Tristan. La
intercepción por parte de Minna de una carta dirigida a
Mathilde (uno de los documentos que ha suscitado más desaforadas
interpretaciones, de entre los pocos que escaparon a las manos
de los herederos de Wagner) vino, el 7 de abril de 1858, a precipitar
una catástrofe que luego llevaría a Wagner (el 17
de agosto) a abandonar el «Asyl», marchándose
a Venecia, donde, en el Palazzo Giustinian, terminó la
partitura del acto II de Tristan en su totalidad el día
18 de marzo de 1859. La policía sajona intervino a fin
de limitar su estancia en Venecia, y el 24 de marzo se trasladó
primero a Lucerna, donde terminó el Tristan, y luego a
París, a donde llegó en septiembre con la intención
de persuadir a la Opéra para que montara el Tannhäuser.
Sus planes de ver representado Tannhäuser en París
datan del otoño de 1857, como demuestra una carta (dirigida
presumiblemente al empresario Leopold Amat) escrita el 23 de noviembre
de ese año. El éxito de los tres conciertos que
dio en París los días 25 de enero y 1.† y 8 de febrero
de 1860 (conciertos para los que escribió nuevos finales
a la obertura de Der fliegende Holländer y el preludio de
Tristan) le allanaron el camino para una serie de jugadas diplomáticas
que culminaron, el 11 de marzo, en una orden de Napoleón
III para que Tannhäuser se pusiera en la Opéra. Los
diplomáticos amigos de Wagner, entre ellos el embajador
de Sajonia en París, barón von Seebach, le tomaron
inmediatamente bajo su protección e iniciaron maniobras
tendentes a lograr una amnistía para el único compositor
alemán favorecido ahora por los más altos poderes
de Francia. Y lo consiguieron. El 15 de julio de 1860, Seebach
recibió una carta del barón von Beust, presidente
del Consejo de Ministros sajón y ministro de Asuntos Exteriores,
en virtud de la cual se concedía a Wagner libre acceso
a Alemania con excepción de Sajonia.
VI. París, Viena, Biebrich: 1860-64
La mayor parte del año 1860 y los primeros meses de 1861,
Wagner los pasó reescribiendo las dos primeras escenas
de Tannhäuser, elaborando el libretto francés y haciendo
numerosas modificaciones en los detalles de la partitura. Escribió
uno de sus mejores ensayos (con el irónico título
de «Zukunftsmusik») como prefacio a la traducción
francesa en prosa -realizada por Paul Challemel-Lacour- de Der
fliegende Holländer, Tannhäuser, Lohengrin y Tristan.
(La versión cantable del Tannhäuser fue traducida
por Charles Nuitter, con la ayuda de Wagner.) El 28 de enero de
1861 terminó las nuevas versiones de las escenas de la
Bacanal y Venusberg, y siguió haciendo cambios en el resto
de la partitura hasta el día del estreno, el 13 de marzo,
principalmente debido a las dificultades con la orquesta y su
director, Pierre-Louis-Philippe Dietsch. Por si fuera poco, el
famoso tenor Albert Niemann, en el papel del protagonista, causó
problemas por su negativa a aceptar las revisiones en la Canción
del Torneo del acto II. El escándalo del estreno impulsó
también a Wagner a introducir nuevos y a veces radicales
cambios destinados a las subsiguientes representaciones de los
días 18 y 24 de marzo.
El famoso furor de las representaciones parisinas de Tannhäuser
no sólo fue provocado por los gustos conservadores del
Jockey Club, sino también por personas influyentes que
quisieron aprovechar la ocasión para expresar una velada
protesta de índole política contra la tendencia
proaustríaca de Napoleón III. (La princesa Metternich,
protectora de Wagner y que había desempeñado un
importante papel en el logro de que Tannhäuser fuese aceptado
por la Opéra, era la esposa del embajador austríaco
en París.) La obra fue retirada de cartel después
de la tercera representación, y poco más tarde Wagner
se marchaba de París hacia Karlsruhe con el expreso fin
de discutir con el joven Gran Duque Friedrich de Baden las posibilidades
de montar allí el Tristan. Tras volver a París por
un breve espacio de tiempo, viajó a Viena en busca de cantantes,
pero la Ópera de la Corte de Viena se mostró tan
vivamente interesada, que Wagner entró también en
negociaciones con el intendente de la misma, conde Lanckoronski.
La primera vez que oyó Lohengrin completa en un escenario
fue con ocasión de un ensayo en la Ópera de Viena,
el 11 de mayo de 1861. El papel principal lo cantaba Aloys Ander,
y Wagner inmediatamente lo eligió para cantar Tristan.
Diversas fuentes documentales sugieren que Wagner se hallaba dispuesto
a hacer grandes concesiones en lo que se refiere a amplios cortes
y revisiones de la parte vocal, cuando se dio cuenta de que Ander
no estaba a la altura de su cometido. Un número de intrigas
vinieron a complicar la situación, y en marzo de 1864 el
proyecto quedó abandonado.
El 30 de octubre de 1861, Wagner sugirió a su editor Franz
Schott la idea de una «gran ópera cómica»,
Die Meistersinger von Nürnberg, por la que podría
recibir un anticipo a fin de mermar sus acumuladas deudas. Éste
es el motivo por el que la alusión que Wagner hace en Mein
Leben en el sentido de que decidió componer Die Meistersinger
más tarde, después de contemplar en Venecia el famoso
cuadro de Ticiano La Asunción (actualmente en la iglesia
de Santa María dei Frari), haya que considerarla con cierta
cautela. En una carta a Mathilde Wesendonck con fecha de 21 de
diciembre de 1861, que junto a su marido había invitado
a Wagner a Venecia en noviembre de 1861, pedía excusas
por su falta de interés por las pinturas de los grandes
maestros. No hacía excepciones, y dado que dicha carta
constituye asimismo un entusiástico relato de sus progresos
respecto a Die Meistersinger, el hecho de que no mencionara al
Ticiano hace sospechar que la posterior descripción en
su autobiografía es una invención. Tampoco hay pruebas
de que viera la ópera «musicalmente» antes
de escribir el texto, ni de que concibiera «la mayor parte»
del preludio en su mente durante el viaje por ferrocarril desde
Venecia a Viena.
El 2 de diciembre de 1862, Wagner leyó el boceto de Die
Meistersinger a Franz Schott en Mainz, quien se mostró
de acuerdo en adelantarle 10.000 francos. A continuación,
Wagner se fue a París y alquiló una habitación
en el Hotel Voltaire. No tenía piano -según escribió
a Minna el 8 de diciembre- porque quería escribir allí
los versos de su libretto, y no componer. Terminó el libretto
el 25 de enero de 1862 y en seguida se marchó de París
para leérselo a su editor en Mainz. Wagner alquiló
un apartamento en Biebrich, un pueblo de la ribera del Rin, y
comenzó a trabajar intensamente en la composición
de la música. En junio o julio terminó la partitura
completa del preludio, pero en el verano de ese mismo año
dejó de componer el primer acto, principalmente a causa
de una disputa con Schott respecto a otro anticipo que tenía
la esperanza de obtener.
Minna fue a Biebrich y permaneció con Wagner por espacio
de diez penosos días, tras los cuales se separaron para
siempre. Siguiendo consejos médicos, Minna se instaló
en Dresden, y el 25 de marzo de 1862 Wagner solicitó del
rey de Sajonia plena amnistía, adjuntando un largo certificado
médico de Pusinelli, un viejo amigo de Dresden,. el cual
exponía el historial de la salud de Minna. El 28 de marzo
le fue concedida su demanda.
Wagner pasó los siguientes dos años de su vida dejándose
llevar por un cierto número de «aventuras amorosas»
pasajeras y viajando para dar conciertos en los que dirigía
su propia música. El 12 de septiembre de 1862 dirigió
Lohengrin en Frankfurt por primera vez, y el 1.† de noviembre
dirigió el estreno del preludio de Die Meistersinger en
la Gewandhaus de Leipzig. Tres importantes conciertos tuvieron
lugar en Viena los días 26 de diciembre de 1862, 1.† y
11 de enero de 1863, en los cuales dirigió sus propios
arreglos de extractos del Ring, así como trozos ya existentes
de Die Meistersinger. Los conciertos -a los que incorporó
la colaboración de Peter Cornelius y el pianista Carl Tausig
(Brahms ayudó en el copiado de la música)- incluían
partes de Das Rheingold y el estreno de la «Cabalgata de
las Valquirias». Dio conciertos similares en Praga, Budapest,
Karlsruhe y Breslau, pero la única empresa que habría
de reportarle verdaderas ganancias desde el punto de vista económico
fue una serie de conciertos en San Petersburgo y Moscú
de febrero a abril de 1863. La esperanza puesta en repetir semejante
éxito fue lo que le llevó a instalarse en una casa
extravagante en Penzing, cerca de Viena. Sin embargo, los 12.000
marcos ganados en su gira por Rusia se esfumaron pronto, y las
deudas que contrajo le enfrentaron con una seria amenaza de encarcelamiento.
Dado que la inestabilidad en Polonia hacía imposible un
nuevo viaje a Rusia, se marchó precipitadamente de Viena
el 25 de marzo de 1864 hacia Mariafeld, cerca de Zurich, para
a continuación ir a Stuttgart, donde planeó retirarse
a las montañas suevias a fin de terminar Die Meistersinger.
El 3 de mayo de ese mismo año fue convocádo a Munich
por Ludwig II, el nuevo rey de Baviera.
VII. Munich, Tribschen: 1864-72
El primer encuentro entre Wagner y Ludwig II tuvo lugar el 4 de
mayo de 1864 en la Residenz de Munich. Ludwig, quien a la edad
de dieciocho años había sucedido a su padre Max
II en el trono de Baviera el mes de marzo de aquel año,
consintió en saldar las deudas de Wagner y le concedió
una generosa pensión. A lo largo de su amistad (la cual,
pese al escándalo y la intriga, duró hasta la muerte
de Wagner) Ludwig entregó a Wagner un total de más
de 500.000 marcos, y apoyó el proyecto del festival de
Bayreuth con un crédito de 400.000 marcos que los herederos
de Wagner fueron pagando mediante deducción de una cuota
sobre derechos de autor. A cambio, Wagner regaló a Ludwig
varios manuscritos, entre los que figura el boceto de composición
de Der fliegende Holländer y las partituras completas de
Die Feen, Das Liebesverbot, Rienzi, Das Rheingold, Die Walküre,
Die Meistersinger y la Huldigungsmarsch (wwv 97). Tanto el boceto
como las partituras se han perdido, salvo Die Meistersinger y
la Huldigungsmarsch se hallaban en posesión de Adolf Hitler,
y seguramente quedaron destruidas en 1945.
El volumen que contiene la correspondencia publicada entre Wagner
y Ludwig es, de por sí, una prueba de que ambos apenas
se entrevistaron nunca personalmente, y el lenguaje teatral de
sus cartas constituye un permanente recordatorio de que su «amistad»
existió exclusivamente en esa estilizada forma literaria.
El rey permaneció fiel a la visión de Wagner, pero
cuando le convino no hizo caso alguno de su persona y, en ocasiones,
también le desautorizó en cuestiones artísticas.
Las protestas de imperecedera gratitud que Wagner hiciera al rey,
disfrazaban una buena dosis de exasperación ante el distanciado
retraimiento de Ludwig y sus frecuentes incomprensiones. Pese
a que a menudo se sintió tentado de romper con el rey,
su dependencia de su benefactor era demasiado grande como para
desafiarle abiertamente. Al recibir la noticia de la muerte de
Wagner en 1883, Ludwig (según una nota del prowagneriano
Ludwig von Bürkel, secretario de la corte, que se guarda
en la Biblioteca del Estado Bávaro) dícese que exclamó:
«¡Ah! Pues lo siento de veras, aunque en realidad
no tanto. Había algo en él que no me acababa de
gustar.»
No está claro cuándo entró Wagner en relaciones
íntimas con Cósima (n Como, 2 dic. 1837; m Bayreuth,
1 abril 1930), hija de Franz Liszt y esposa del director de orquesta
y pianista Hans von Bülow. Según Mein Leben, Cósima
y Wagner se juraron fidelidad eterna en tan tempranas fechas como
el año 1863, hallándose Wagner en Berlín
de visita en casa de los Bülow. Parece más probable,
sin embargo, que su relación comenzara en junio o julio
de 1864, cuando, en ausencia del rey Ludwig, Cósima fue
a ver a Wagner sin su marido y estuvo una semana en Villa Pellet,
a orillas del lago Starnberg. Con la llegada a Starnberg de Hans
von Bülow el día 7 de julio, dio comienzo el más
famoso de los ménage à trois musicales, el cual
dio pábulo y alimentó al escándalo y la caricatura.
Dicho ménage à trois ha provocado entre los biógrafos
un sinfín de reconstrucciones imaginativas e incluso una
mítica pieza musical, el llamado Cuarteto Starnberg. (Pese
a las hipótesis superficialmente persuasivas de Ernest
Newman y la «versión» publicada por Gerald
Abraham, no hay evidencia alguna de que tal cuarteto existiera
nunca. Véase el comentario a wwv 103.) La primera hija
de Wagner, Isolde, nació el 10 de abril de 1865, día
en que Hans von Bülow dirigía el primer ensayo de
orquesta de Tristan. La niña fue inscrita en el registro
como hija legítima de Hans y Cósima Bülow,
e incluso años más tarde Cósima se negó
a reconocerla oficialmente como hija de Wagner. De cara a la opinión
pública, y por temor a poner en peligro la buena voluntad
de Ludwig, tuvo tanta importancia para Wagner la pretensión
de legalidad, que en el bautismo de Isolde se obligó a
actuar como padrino de su propia hija.
El 7 de octubre de 1864, Ludwig se mostró conforme en firmar
con Wagner un contrato para que éste terminara el Ring.
Según este contrato, Wagner recibiría 15.000 florines
de modo inmediato, y otra suma igual a la terminación del
proyecto. Ese mismo mes, Wagner se mudó a una casa nueva
y notoriamente lujosa en la Briennerstrasse de Munich, lo que
había de convertirse en el blanco de indignadas críticas
por parte de la prensa local. Por intercesión de Wagner,
Hans von Bülow fue designado «Vorspieler des Königs»
en la Corte Real, con un sueldo de 2.000 florines. La función
de Bülow consistía, por las trazas, en iniciar a Ludwig
«en el recto sendero hacia una buena literatura musical»,
al decir del propio Wagner; pero pronto se vio claro que el cargo
no era sino una añagaza para traer a Bülow (y por
supuesto a Cósima) a Munich, varios peldaños más
cerca del puesto clave en el Hoftheater, donde Wagner tenía
puestas sus propias miras. También se planteó Wagner
un proyecto de construcción de un teatro de festivales,
diseñado por Gottfried Semper. Tal actividad, unida a la
arrogancia intelectual con que Wagner y su séquito trataban
a los bávaros, pronto alarmó a las gentes influyentes
de Munich. La escena estaba dispuesta para una desagradable contienda
pública que, inflamada por la extravagancia de Wagner y
los rumores de su adulterio con Cósima, forzaron a éste
a marcharse de Munich el 10 de diciembre de 1865.
Durante su corta estancia en Munich, Wagner comenzó a hacer
bocetos para el tercer acto de Siegfried. También dirigió
los preparativos para el estreno de Tristan und Isolde, el 10
de junio de 1865 en el Hoftheater. Tres semanas después
de la cuarta representación, el tenor Ludwig Schnorr von
Carolsfeld, que había cantado el papel de Tristan, moría
repentinamente el 21 de julio. Si bien hoy es imposible decir
con certeza la verdadera causa de su muerte, está claro
que el papel de protagonista y los sobrehumanos esfuerzos que
exige fueron considerados, por lo general, los principales culpables.
Tres años más tarde, y antes del estreno en Munich
de Die Meistersinger, Wagner escribió y publicó
un ensayo «Meine Erinnerungen an Ludwig Schnorr von Carolsfeld»,
con la expresa intención de corregir la impresión,
ampliamente difundida, de que al tenor le había matado
Tristan. La esposa del tenor, Malvina, quien cantó el papel
de Isolde el día del estreno, no puede decirse que contribuyera
a arreglar las cosas, pues, guiada por pretendidas «fuerzas
espirituales», amenazó con revelar al rey Ludwig
la verdad sobre el triángulo Wagner-Cósima-Bülow
si Wagner no enmendaba sus maneras artísticas. Aunque las
amenazas de Malvina eran menos peligrosas de lo que parecían,
Wagner y Cósima descendieron a lo que Ernest Newman ha
llamado con acierto «las más hondas simas del subterfugio,
la ruindad y la malicia» a fin de salvarse de la amenaza
de verse puestos en evidencia.
Cuando todavía estaba en Munich, Wagner comenzó,
en julio de 1865, y a petición del rey Ludwig, a dictar
su autobiografía Mein Leben. También escribió
el primer boceto completo en prosa de Parsifal, el mes de agosto
-otro proyecto que habría de ocuparle hasta casi el final
de su vida-. (Tras muchas interrupciones, terminaría el
dictado de Mein Leben en 1880.) Al abandonar Munich se trasladó
a una casa («Les artichauts») cerca de Ginebra, a
fin de reanudar el trabajo de Die Meistersinger. Siguió
buscando una casa más grande en el sur de Francia donde
poder instalarse con Cósima. En enero de 1866, y de forma
inesperada, le llegó la noticia, hallándose en Marsella,
de que su esposa Minna había muerto en Dresden.
El 23 de marzo de 1866, Wagner terminó la partitura completa
del primer acto de Die Meistersinger, y poco después, el
15 de abril, se trasladó a Tribschen, una casa en Suiza,
con vistas al lago cercano a Lucerna, donde habría de pasar
sus próximos seis años. En Tribschen terminó
Die Meistersinger, el 24 de octubre de 1867, y el 21 de junio
de 1868 tuvo lugar su estreno en Munich.
El 25 de octubre de 1866, Wagner escribió a su viejo amigo
August Röckel hablándole de su indigna dependencia
del patronazgo regio: «Si en Alemania hubiera aunque sólo
fuese una brizna de Espíritu Alemán... no habría
necesidad de dar tantos rodeos para colocar a un hombre como yo
entre el soberano y el pueblo». Casi dos años más
tarde, en el estreno de Die Meistersinger, el rey Ludwig dio el
paso sin precedentes de permitir a Wagner que se sentara a su
lado en el palco real -gesto simbólico cuya significación
no pasó desapercibida para los antiguos amigos políticos
de Wagner-. Heinrich Laube, cuya reseña negativa de Die
Meistersinger en el periódico vienés Neue Freie
Presse distaba de ser, como a menudo se ha supuesto, un simple
acto de despecho y venganza, acaso sabía mejor que nadie
que Wagner estaba modificando sus antiguas opiniones progresistas
en favor de una visión reaccionaria de la Deutschtum y
de la supremacía alemana. La visión que de sí
mismo tenía Wagner como mediador a través de su
arte entre intereses políticos opuestos se tomó
sumamente chauvinística. Esto quedaba claro el año
1867 en el periódico semioficial Süddeutsche Presse,
con una serie de artículos anónimos sobre «El
arte alemán y la política alemana», los cuales,
al menos en parte, pueden interpretarse también como un
comentario a Die Meistersinger. Esa sombría mezcla de estética
y filosofía política revisionista se reveló
demasiado fuerte incluso para Ludwig, quien ordenó la supresión
de los últimos dos artículos. Wagner publicó
el texto completo en forma de libro en 1868.
El 8 de noviembre de 1868, hallándose en Leipzig en casa
de Hermann Brockhaus, cuñado de Wagner, éste conoció
al filólogo y filósofo Friedrich Nietzsche. Nietzsche
se había sentido anonadado por las representaciones que
había presenciado de Tristan y Die Meistersinger, habiéndose
convertido en un ardoroso wagneriano. En mayo de 1869, después
de su designación para ocupar una cátedra en Basilea,
realizó la primera de sus veintitrés visitas a Tribschen.
Wagner y Cósima no tardaron en considerar a Nietzsche como
un discípulo cercano, al que se podía confiar la
organización y envío a la imprenta de los primeros
volúmenes de Mein Leben, y cuya evolución intelectual
seguían con el más vivo interés. El primer
libro importante que Nietzsche publicara, Die Geburt der Tragödie
aus dem Geist der Musik, no sólo fue objeto de discusiones
durante aquellas visitas sino que recibió la influencia
directa de Wagner, el cual, una vez que Nietzsche, en abril de
1871, se lo hubo leído, sugirió algunas modificaciones
y cambios en la extensión de ciertos pasajes. Las relaciones
entre Wagner y Nietzsche no se vieron, al parecer, enturbiadas
hasta el festival de Bayreuth de 1876. (Los apuntes para la cuarta
de las Unzeitgemässe Betrachtungen de Nietzsche, «Richard
Wagner in Bayreuth», revelan, sin embargo, claros indicios
de disensión antes de esa fecha.) Mucho se ha especulado
acerca de la causa de su ruptura. El célebre ataque de
Newman a los métodos eruditos de la hermana de Nietzsche,
Elisabeth Förster-Nietzsche, es una urdimbre virtuosística
que no hace sino disfrazar la incómoda verdad de que no
sabemos qué provocó realmente su separación.
Las objeciones de Nietzsche al primer festival de Bayreuth y a
Parsifal, cuyo primer boceto en prosa había leído
en 1869, se hallan demasiado nubladas por la ambigüedad como
para considerarlas las únicas razones de su extrañamiento,
como tampoco es probable que la mal acogida preocupación
de Wagner por la vida sexual de Nietzsche fuera la causa de la
ruptura. Cuando Nietzsche averiguó finalmente que Wagner,
a sus espaldas, había escrito a su médico, el doctor
Eiser, para enterarse de los más recónditos detalles
de su «enfermedad», ello no hizo sino confirmar una
opinión negativa acerca de Wagner, que venía manteniendo
desde hacía algún tiempo.
En marzo de 1868, Ludwig interrumpió las negociaciones
con Gottfried Semper en lo tocante a los planes para un teatro
de festivales wagnerianos en Munich. Dándose cuenta de
que las perspectivas de representar el Ring en Munich en condiciones
ideales se estaban convirtiendo rápidamente en una vana
ilusión, Wagner comenzó a componer el tercer acto
de Siegfried el 1.† de marzo de 1869, a sabiendas de que tendría
que ir a buscar en otro lugar la realización de su ideal.
Al mes de mayo siguiente fue elegido miembro de la Academia Prusiana
de las Artes, en Berlín, y dos años más tarde,
el 28 de abril de 1871, dio una conferencia en la Academia, titulada
«Sobre el destino de la ópera». Para los observadores
marginales y no imbuidos de las sutilezas de la política
organizativa de las artes en Alemania, la vinculación de
Wagner a la Academia parece en cierto modo un acto de autocomplacencia,
pero era una parte importante de su estrategia encaminada a lograr
establecer en Berlín una firme posición que le permitiera
ampliar las perspectivas de dirigir sus planes para un festival
a celebrar fuera de Munich. En agosto y septiembre de 1869 parecía
inminente una abierta ruptura entre el rey Ludwig y Wagner: en
contra de los deseos de Wagner, Ludwig ordenó el estreno
de Das Rheingold, estreno que, pese a los intentos del compositor
para frustrarlo, tuvo lugar el 22 de septiembre en el Hoftheater
de Munich. El 26 de junio del siguiente año, y en ese mismo
teatro, Die Walküre, una vez más en contra de los
deseos de Wagner, fueron estrenadas. La orden real para poner
en escena Siegfried en Munich fue impartida en marzo de 1871,
y al siguiente mes de septiembre Perfall, el intendente del teatro,
informó de que estaban en marcha planes en lo que se refiere
a decorados y ensayos con piano, pero que resultaba imposible
avanzar más sin la partitura completa. Aunque Wagner aseguró
a Ludwig en una larga carta fechada el 1.† de marzo de 1871, que
no conseguía terminar la instrumentación de Siegfried,
la partitura completa del tercer acto había sido concluida
ya en Tribschen poco antes, el 5 de febrero. Munich no recibió
nunca el manuscrito, y el proyectado estreno de Siegfried fue
cancelado.
La utópica visión que Wagner tenía de la
unidad alemana y el ascenso de Prusia y Baviera constituyó
la única razón de su elección de Bayreuth
como sede de las representaciones del Ring en el marco de un festival.
Esta ciudad, en tiempos perteneciente a Prusia, estaba a mitad
de camino entre Berlín y Munich y poseía un teatro
de ópera con uno de los escenarios más espaciosos
de Alemania. La idea de Bayreuth se le ocurrió a Wagner
el 5 de marzo de 1870, ayudado por un artículo sobre la
ciudad en el Konversationslexikon de Brockhaus. Sin embargo, al
inspeccionarlo más de cerca, el escenario de la ópera
se reveló inadecuado, y el 16 de abril de 1871 se tomó
la decisión de construir un nuevo teatro. El 1.† de febrero
de 1872 se creó una comisión compuesta por Muncker
(alcalde de Bayreuth), el banquero Friedrich Feustel, y un abogado
de nombre Käfferlein, cuya misión era la de supervisar
la organización del Festival de Bayreuth. Wagner dijo su
último adiós a Tribschen el 22 de abril de 1872
y llegó a Bayreuth dos días después para
dar comienzo a la ardua labor de afincar su idea del festival
sobre sólidas bases artísticas y financieras.
Una referencia a Tribschen, por breve que sea, no puede soslayar
una mención a Cósima Wagner. Cósima visitó
la casa por vez primera en mayo de 1866, y se trasladó
para vivir en ella de forma permanente el 16 de noviembre de 1868.
En Tribschen dio a luz a los otros dos hijos de Wagner, Eva (n
17 feb. 1867) y Siegfried (n 6 junio 1869). Poco después
de divorciarse de Hans von Bülow se casó con Wagner,
el 25 de agosto de 1870, en la Hofkirche protestante cerca de
Lucerna. Fue también en Tribschen donde Cósima comenzó
su famoso diario, el 1.† de enero de 1869, diario que, si bien
estaba pensado para sus hijos como un relato de «cada hora»
de su vida, el casi millón de palabras que contiene muestra
una sorprendente reticencia respecto de sus propios sentimientos.
De hecho, la laguna que en él existe (del 21 de noviembre
al 3 de diciembre, momentos en los que se encontraba «demasiado
turbada» para escribir) es, de múltiples maneras,
más elocuente que el resto del diario en su conjunto. «Usted
sabe bien que yo siempre me abstengo de expresar cualquier opinión
contraria al maestro», escribió Cósima al
editor Julius Fröbel en 1867; «sus ideas acerca del
arte se han convertido en nuestro credo».
VIII. Hacia el primer Festival de Bayreuth: 1872-76
El 10 de abril de 1872, dos semanas antes de llegar a Bayreuth,
Wagner había terminado la composición del Götterdämmerung
en su primer boceto. El escenario se hallaba ahora preparado para
cuatro de los años más activos de su vida. No sólo
supervisó la construcción de la Festspielhaus y
de su casa, Wahnfried -el primer y único hogar del que
habría de ser propietario-, sino que también realizó
giras por Alemania y Austria en busca de cantantes y técnicos
y dando, asimismo, conciertos a fin de recaudar fondos para el
proyecto de Bayreuth. Otra ingente tarea, que le llevó
mucho tiempo, fue el copiado, la corrección de pruebas
y la publicación de las partituras completas del Ring.
También había que copiar las partes orquestales,
y para esta y otras tareas Wagner reunió a un grupo de
jóvenes músicos a los que veía como futuros
instructores y directores de su música. Este grupo, conocido
afectuosamente como la «Nibelungenkanzlei» («La
escribanía de los Nibelungos») estaba compuesto por
Hermann Zumpe, el director de orquesta Anton Seidl, el pianista
Joseph Rubinstein (que gozaba de un status especial) y Demetrius
Lalas, de Macedonia.
Como siempre, el principal problema de Wagner era de índole
financiera. Ya en 1871, el pianista Carl Tausig ideó una
asociación de patrocinadores que habrían de adquirir,
cada uno, una tarjeta, o Patronschein por valor de 300 táleros,
la cual les daría derecho a ocupar asientos en las funciones
del festival. Este proyecto fue ampliado por Emil Heckel, propietario
de un negocio musical en Mannheim, el cual concibió la
idea de crear sociedades wagnerianas locales para gente de condición
económica modesta que podría hacerse comunitariamente
con una o más tarjetas para repartirse entre ellos el acceso
a los festivales. Tales ideas, sin embargo, se revelaron inadecuadas.
A principios de 1875, habiéndose vendido sólo 490
de un total de 1.300 tarjetas, Wagner hubo de admitir que el proyecto
virtualmente había fracasado. En tan tempranas fechas como
junio de 1873, Wagner trató de interesar en el proyecto
de Bayreuth a Bismarck (su gesto distó de caer bien en
Munich), pero no recibió respuesta. Después de que
Ludwig acudiera en su auxilio el 20 de febrero de 1874 con un
préstamo de 216.152 marcos, Wagner aún estimó
oportuno el solicitar ayuda financiera a Berlín en octubre
de 1875, dirigiéndose en esta ocasión al mismísimo
emperador Wilhelm I. Pero Rudolf von Delbrück, presidente
de la Hacienda Imperial, estaba en contra de la idea y le hizo
la cortés pero en modo alguno práctica sugerencia
de que realizara una solicitud pública al Reichstag.
El 22 de mayo de 1872, día en que cumplía 59 años,
Wagner puso la primera piedra de la Festspielhaus. Para celebrar
el acontecimiento dirigió la Novena Sinfonía de
Beethoven en la Markgräfliches Opernhaus. El 2 de agosto
de 1873 se dio una recepción -o Hebefest- para señalar
la altura cimera alcanzada en la construcción del edificio.
El 28 de abril del año siguiente, Wagner se trasladó
desde el Hotel Fantaisie a su nueva casa, Wahnfried (derivación
etimológica de Wanfried, nombre de una ciudad de Hessen),
diseñada por él mismo, construida por Carl Wöfel
y pagada por el rey Ludwig con un donativo de 25.000 táleros.
Si bien el nombre de la casa de Wagner sugería paz (Frieden)
para sus ilusiones (Wahn), resulta irónico que fuese construida
en unos momentos en los que la realización de sus ideales
aún no era, en modo alguno, cierta. Hasta el 21 de noviembre
de 1874 no terminó al fin la partitura completa del Götterdämmerung,
veintiséis años después de haber comenzado
a crear el Ring en 1848. Aparte de enfrentarse con crisis financieras
y comentarios escépticos, cuando no declaradamente hostiles,
por parte de la prensa, Wagner tuvo que habérselas con
la organización de nuevos ensayos y conciertos en Viena,
Budapest y Berlín con la finalidad de recaudar fondos,
lo que constituyó un considerable desgaste de sus energías.
(Los honorarios percibidos cubrieron la mayor parte de los costes
de los ensayos de orquesta y de escena llevados a cabo durante
el verano de 1875.) Wagner oyó por vez primera la orquesta
en la Festspielhaus el 2 de agosto de 1875, quedando encantado
al ver que sus ideas respecto de la colocación de los músicos
a un nivel inferior (incorporadas en el proyecto de Semper para
el teatro muniqués, y modificadas para el de Bayreuth por
el arquitecto de Leipzig Otto Brückwald) habían producido
tan buenos resultados acústicos. Las primeras representaciones
públicas del Ring como ciclo tuvieron lugar un año
más tarde, entre el 13 y el 30 de agosto de 1876. Debido
a su deseo de oír el Ring en privado, el rey Ludwig asistió
a los ensayos generales (representaciones en todo menos en el
nombre) celebrados entre el 6 y el 9 de agosto. Hacía ocho
años que no había visto a Wagner.
IX. El primer Festival de Bayreuth y subsiguientes:
1876-83
Entre los asistentes al festival de Bayreuth de 1876 se contaban
no sólo Ludwig sino también otros dos jefes de estado,
Wilhelm I de Prusia y Don Pedro II de Brasil, así como
muchos otros miembros distinguidos de la aristocracia. En un discurso
pronunciado tras el primer ciclo del Ring, Wagner declaraba: «
El artista acostumbraba a danzar alrededor de emperadores y príncipes,
pero ahora, por primera vez, emperadores y príncipes han
venido al artista». Sin embargo, y pese a estas orgullosas
palabras, la histórica lucha de Wagner por igualar el status
del artista y de su (aristocrático) patrón, estaba
casi perdida. El primer festival de Bayreuth arrojó un
déficit de 150.000 marcos, lo cual colocó la empresa
al borde de la bancarrota legal. Tras cuatro meses de vacaciones
en Italia, Wagner se comprometió a dirigir (con el concurso
de Hans Richter) una serie de conciertos en el Albert Hall de
Londres el mes de mayo de 1877, en los que figuraban amplios extractos
de sus principales obras. Pero las ganancias ascendieron a sólo
700 libras. En tales momentos consideró seriamente la idea
de vender Wahnfried y emigrar a los Estados Unidos. (Confió
a algunos amigos que lo mejor de la Marcha Festiva que había
escrito para el centenario de la declaración norteamericana
de la independencia, en 1876, eran los 5.000 dólares que
había recibido por ella.) También el negativo informe
que Wagner presentara a su director ejecutivo Friedrich Feustel
el 14 de junio de 1877 se halla teñido de pensamientos
acerca de América: «No son mis obras las que están
condenadas, sino Bayreuth... No puedo echar la culpa a la ciudad
salvo en la medida en que fui yo mismo quien la eligió.
Pero lo hice con una gran idea: con el apoyo de la nación
yo quería crear algo absolutamente independiente y que
habría hecho de la ciudad algo muy importante -una especie
de Washington del Arte (eine Art Kunst-Washington).
El 31 de marzo de 1878, cuando todo parecía perdido, el
Tesoro muniqués firmó un contrato con Wagner que
entre otras cosas estipulaba la liquidación de la deuda
pendiente de 98.634 marcos con 65 peniques, derivada del festival
de 1876, y el derecho del Hoftheater de Munich a representar Parsifal
libre de cargos tras su estreno en Bayreuth. (Dos años
más tarde fue anulada esta última condición.)
Esta salvación de último instante contribuyó
escasamente, sin embargo, a cambiar la eterna paradoja de Wagner
en sus últimos años: por un lado, la fundación
del periódico reaccionario Bayreuther Blätter, en
enero de 1878, y, por otro lado, la creación de la más
sublime de sus obras: Parsifal.
Para las sensibilidades modernas, la conexión entre Parsifal
y el tono de los últimos ensayos antisemitas y antimodernistas
de Wagner constituye, cuando menos, una cuestión delicada.
Está prácticamente fuera de duda que el desengaño
de Wagner respecto de la falta de «apoyo» nacional
al primer festival de Bayreuth aumentó ideas sobre la raza
y la regeneración que influyeron grandemente a principios
del siglo xx en la filosofía protonazi de Houston Stewart
Chamberlain y otros. Pero es igualmente cierto que Parsifal es
la magistral culminación de una vida rica en experencia
musical y celo reformista en el mundo de la ópera, que
aún conserva, en gran medida, su fuerza. Si bien Wagner
consideraba su estética como una réplica de sus
ideas filosóficas -cosa que, en efecto, tendía a
hacer-, los críticos, sin darse cuenta, se han precipitado
a rechazar Parsifal adoptando la propia y enormemente problemática
analogía de Wagner. El caso es que la conexión entre
Parsifal y el antisemitismo de Wagner es demasiado difusa y conlleva
-después de Hitler- tan excesiva carga emocional, que no
permite el que la argumentación racional y la natural analogía
resulten muy inteligibles. Encontrar salida al atolladero es difícil
y probablemente imposible. El centenario del estreno de Parsifal
en 1982 puso de relieve, al menos, que algunos artistas -H. J.
Syberberg y Ruth Berghaus señaladamente- se hallaban preparados
para introducir la zozobra moral e histórica sentida por
muchos dentro del aura estética de la obra en sí
misma.
En las mentes de la mayoría de los biógrafos, la
génesis de Parsifal es inseparable de la «aventura
amorosa» que su creador mantuviera con Judith Gautier (1846-1917),
hija del escritor Théophile Gautier y que, en 1868, se
casó con un amigo de Wagner, el escritor Catulle Mendès.
Wagner la conoció el 16 de julio de 1869 en Lucerna y,
al parecer, se sintió atraído por ella desde un
principio, si bien Judith no empezó a ejercer una fascinación
erótica sobre él hasta el festival de Bayreuth de
1876, después de que ella se hubiera divorciado de Mendès.
Su correspondencia durante las primeras fases de la creación
de Parsifal está incompleta y resulta imposible decir si
las apasionadas reconvenciones de Wagner en sus cartas -los «abrazos»
y «besos» que presuntamente tuvieron lugar durante
los encuentros secretos de Wagner con Judith en Bayreuth- responden
a la realidad o son una ilusión promovida por el deseo.
Públicamente, Judith negó siempre que hubiera sido
amante de Wagner, aunque en privado se mostró más
ambigua sobre el particular. Declinó la invitación
de Wagner para que se reuniera con él en Londres en mayo
de 1877, y a partir de entonces tuvo poco contacto con él,
motivo por el que describirla, según han hecho muchos biógrafos,
como la musa de Parsifal, resulta algo exagerado.
En septiembre de 1877, Wagner anunció a los delegados de
la Patronatsverein sus planes en relación con una escuela
de música en Bayreuth que habría de instruir a los
músicos en el verdadero «estilo alemán»
de interpretar la música alemana y que haría posible
la representación de todas sus obras, desde Der fliegende
Holländer a Parsifal, en la Festspielhaus entre 1878 y 1883,
pero tales planes no llegaron a nada. La salud de Wagner, en rápido
deterioro, le forzó a concentrar todas sus energías
en la creación de Parsifal y a pasar gran parte de su tiempo
en Italia, cuyo clima le sentaba mejor. Durante una larga estancia
en ese país, del 4 de enero al 30 de octubre de 1880, Wagner
descubrió el modelo para el mágico jardín
de Klingsor en el jardín del Palazzo Rufolo de Ravello,
en el golfo de Salerno. (El 26 de mayo de 1880, Wagner escribió
en el libro de visitantes: «¡Encontré el jardín
mágico de Klingsor!»). Y durante una estancia en
Siena, de agosto a septiembre de ese mismo año, pidió
al pintor ruso Paul von Joukowsky, encargado de diseñar
los decorados y los figurines de Parsifal, que tomara a la catedral
de Siena como modelo para el templo del Santo Grial en los actos
I y III.
El 10 de noviembre de 1880 Wagner se entrevistó por última
vez con el rey Ludwig. Dos días más tarde dirigió
el preludio de Parsifal con la orquesta del Hoftheater de Munich
para Ludwig, acomodado en el palco real. (Wagner había
orquestado por adelantado el preludio, antes que el resto de la
partitura, en un principio para que fuese interpretado por una
pequeña orquesta el 25 de diciembre de 1878, día
en que Cósima cumplía cuarenta y un años.)
Después Wagner escribió la famosa descripción
del preludio, en la que rastreaba tres temas: el del amor, el
de la fe y el de la ¿esperanza? El rey llegó tarde
y pidió que se repitiera el preludio. Según el pintor
Franz Lenbach, quien se hallaba presente, Wagner consideró
aquello una «profanación» y acabó exasperándose
cuando el rey, a fin de comparar, solicitó se ejecutara
el preludio de Lohengrin. Wagner entregó la batuta a Hermann
Levi (el Kapellmeister principal de Munich y más adelante
el primero que dirigió Parsifal) y se marchó. Incluso
concediendo que existe la posibilidad de que el relato de Lenbach
responda más a lo anecdótico que a los hechos, la
sorpresa de Ernest Newman ante la circunstancia de que Wagner
no hiciera mención de su desagrado en su subsiguiente correspondencia
con el rey, resulta un poco ingenua. Al igual que la «aventura
amorosa» con Judith Gautier, la «amistad» con
el rey Ludwig existió hasta el final menos en la realidad
que en la fuertemente estilizada forma de las cartas de Wagner
y en la futura imaginación de sus biógrafos.
A principios de mayo de 1881, Wagner asistió a la primera
representación del Ring, organizada por Angelo Neumann
en el Viktoriatheater de Berlín. También presenció,
junto al conde Gobineau, el cuarto ciclo a finales del mes. Neumann,
con su compañía itinerante que representó
el Ring en las principales ciudades europeas, desempeñó
un papel clave en la difusión de la reputación de
Wagner. Aún no ha sido investigada la naturaleza exacta
de su influencia en la acogida dispensada a las obras de Wagner,
y en particular en los estilos de los montajes.
Tras las primeras dieciséis representaciones de Parsifal
en la Festspielhaus, entre el 26 de julio y el 29 de agosto de
1882, para las que el rey Ludwig había puesto el coro y
la orquesta del Hoftheater de Munich a disposición del
festival de Bayreuth, Wagner regresó de nuevo a Italia,
instalando su residencia en el Palazzo Vendramin-Calergi de Venecia.
El festival de 1882 había arrojado inesperadas ganancias
por valor de 135.000 marcos, lo que animó a Wagner a anunciar
nuevas representaciones en 1883. (Había abolido el sistema
de patronato y abierto al público, que pagaba directamente
sus entradas, todas las funciones después de la prime-ra
representación.) Hermann Levi llegó a Venecia en
febrero de 1883 a fin de discutir con Wagner acerca del próximo
festival. El 9 de febrero Cósima escribió en su
diario: «Me dice ¡Wagner! que aún ha de hacer
su artículo sobre lo masculino y lo femenino /“Ueber
das Weibhiche im Menschhichen”/, y luego se pondrá
a escribir sinfonías». Aparte del Siegfried Idyll,
que fue escrito en Tribschen para Cósima y originariamente
titulado «Sinfonía», los ulteriores bocetos
de Wagner para obras sinfónicas, algunos de los cuales
se han conservado, nunca fueron más allá de fragmentos
desiguales. Es muy probable que la forma de movimiento único
del SiEgfried Idyll habría sido la pauta de las sinfonías
programáticas que quería escribir, pero estos y
otros proyectos (entre los que se cuentan la terminación
de su autobiografía Mein Leben, que había llegado
sólo hasta el año 1864 y su convocatoria a Munich
por parte del rey Ludwig) se vieron interrumpidos por su súbita
muerte como consecuencia de un ataque al corazón el 13
de febrero de 1883. Su médico en Venecia, Dr. Friedrich
Keppler, alemán residente en la ciudad, escribió
más tarde: «Es evidente de por sí que las
innumerables zozobras psíquicas a las que, por su peculiar
constitución y disposición mental, se veía
abocado diariamente, así como su actitud nítidamente
definida hacia buen número de candentes cuestiones relativas
al arte, la ciencia y la política, sin olvidar su notoria
posición social, contribuyeron grandemente a acelerar su
infortunado fin».
La mascarilla mortuoria de Wagner fue relizada por Augusto Benvenutti
el 14 de febrero de 1883, siendo trasladados sus restos a Bayreuth,
donde recibieron sepultura, cuatro días después,
cerca de Wahnfried.
FUENTE:
WAGNER. Muchnik Editores. Barcelona, 1985.
Traducción de Pablo Sorozábal Serrano.