| Hace
un par de horas que ya bajaba el telón de una de las funciones
del nuevo "Tristan und Isolde" que se presenta en Estocolmo
desde el día 13 de marzo. El Tristan en Estocolmo es ya todo
un acontecimiento, dado que la última vez que se presentó
la obra en la capital sueca fue en 1977, con Birgit Nilsson y Helge
Brilioth como la pareja principal y la dirección de Berislav
Klobucar. El día 13 de marzo del presente año se acabó
la espera, "Tristan und Isolde" volvía por 101
vez al escenario, ésta vez en una nueva producción,
firmada Hans-Peter Lehman.
ESTOCOLMO.- Las expectativas eran mayúsculas, especialmente
pensando que la sueca Nina Stemme, la actual Isolde, encarnara el
mismo papel en Bayreuth a partir del próximo año.
Tal acontecimiento tuvo sus sucesos especiales. Birgit Nilsson y
su marido como invitados de honor, lo mismo que entre el público
del día del estreno se encontraba también Wolfgang
Wagner y su esposa Gudrun. Para hacer la obra más cercana
a la idea musical de Wagner, se pidió prestada a un museo
en Copenhague la trompeta de madera (trompeta-tristan) especificada
en la partitura para el tercer acto (actualmente sólo existen
dos en el mundo, y están en museos), cuando el caramillo
anuncia el arribo de la nave que trae a Isolde. Antes de permitir
al público la entrada al salón (antes del primer acto),
suena también el llamado del tercer acto justamente con este
instrumento, con el músico ubicado en la parte superior de
la escalera de acceso principal. Los comentarios ahora presentados
se basan en la función de hoy, 27 de marzo, y la transmisión
radiofónica del día 13.
Comencemos con la idea de presentación de Lehman. Lehman
fue asistente de dirección de Wieland Wagner en Bayreuth
en los años 1950-60, y este Tristan fue encargado hace ya
un par de años por la Ópera Real de Estocolmo, luego
que Gösta Winbergh convenciese a Lehman de producir la obra,
por lo demás, esta es la primera producción de Lehman
en Suecia, y creo que también en Escandinavia. Obviamente,
el cartel de cantantes ya estaba listo cuando se comenzó
el trabajo, pero un destino triste quiso que Gösta Winbergh
nos abandonara prematuramente, y con él una de las mejores
voces de tenor wagneriano que recuerde en Estocolmo.
La idea de Lehman es clara, este es el drama de Tristan e Isolde,
de su amor imposible que termina en tragedia, que desemboca en una
transfiguración que va más allá de todo entendimiento,
con la metafísica "Muerte de amor" de Isolde. Lehman
nos presenta a un Tristan heroico, fiel a sus obligaciones como
tal y sus juramentos de fidelidad a su rey. Isolde es una mujer
que muestra todas sus facetas a lo largo del drama, primero la ira,
pero luego vamos también entendiendo que bajo esa ira se
esconde también un sentimiento de impotencia al no poder
decidir sobre su propio destino. Lehman nos muestra que Isolde,
al tomar su destino en sus propias manos, por medio de la decisión
de usar el filtro, demuestra ser un ser consciente de lo que ocurre
a su alrededor transformándose de orgullosa princesa irlandesa
en la mujer más amante que allá existido, y consciente
que vive ahora en un mundo que nunca antes (del filtro) hubiese
sido posible expresar. Una idea clara del sentimiento de pasión,
pero también de deber se da por ejemplo luego de beber el
filtro, ambos se unen en un abrazo, pero luego mirándose
nerviosamente cuando el tema de la mirada reaparece en la orquesta,
y alejándose, como diciéndose "no debemos hacerlo,
pero no puedo resistirme", para luego entregarse totalmente
el uno al otro.
Brangäne y Kurwenal son mostrados no sólo como fieles
sirvientes y confidentes de sus amos, sino que también como
amigos sin exigencias, que son capaces de dar su vida, si esto fuese
necesario, por Tristan o Isolde. Pero a la vez, Brangäne es
la que debe vez en vez intentar recordar a Isolde que viven en un
mundo en donde su amor por Tristan no es "políticamente
correcto". Kurwenal es también aquel que le brinda el
máximo apoyo a Tristan, especialmente en el tercer acto,
no por obligación, sino por verdadero afecto fraternal.
Marke es presentado como lo que es, un hombre engañado, cuyo
mundo se derrumba al ver como Tristan, a quien considera un hijo,
rompe sus lazos de fidelidad a su rey. Pero este rey también
recrimina la falta de Melot, que al fin y al cabo a traicionado
el secreto de, se supone, su mejor amigo. Melot es presentado como
un hombre frío y calculador, sin esperanzas de "ser
redimido" en el amor, una imagen que asimila los hechos de
una manera pesimista y casi mojigata. El pastor es un sirviente,
tanto en su atuendo como expresión. El joven marinero es
escuchado desde bastidores, y el piloto entra angustiado mostrando
casi como son vencidos por el sequito de Marke.
La parte orquestal es interpretada, obviamente, por la orquesta
de la Ópera Real de Estocolmo bajo la dirección de
Leif Segerstam. El sonido típico de la orquesta, bien compaginado
y claro surgió del foso como es su costumbre. Segerstam imprimió
una vena diferente a otras interpretaciones wagnerianas que ha realizado,
aquí se alejo de tempos amplios o excesivamente lentos, siguiendo
una pauta más dedicada a elevar los sentimientos presentes
y ocultos de la partitura, pero en todo momento ofreciendo una imagen
sonora clara y bien delineada, pero siempre con la tensión
dramática exigida para cada momento: casi explosiva para
la ira de Isolde, tierna y servicial para Brangäne, heroica
para Tristan, afectuosa y servicial para Kurwenal, erótica
en los momentos requeridos, etc. Todos los preludios fueron interpretados
a telón cerrado. Si hubiese que poner un pero en esta producción
sería en el utilizar el corte habitual en el dúo entre
Isolde y Tristan del segundo, en cambio el primer y tercer actos
son presentados de forma integral.
En cuanto a la parte escenográfica, Lehman ha optado junto
con su escenográfo Olaf Zembeck, por una escenografía
un tanto minimalista, pero efectiva, gracias también a efectos
lumínicos que no sólo expresaban las situaciones sino
que también la psicología de los personajes. En la
parte anterior del escenario, encontramos una plataforma en forma
de segmento circular, que es donde se lleva a cabo la acción.
En el primer acto, detrás de esta plataforma se encuentra
una construcción de plexiglás que evocaba la parte
de "puente" de un barco. Sobre esta construcción
se encontraba Tristan de pie, mirando el horizonte acompañado
de Kurwenal, mientras que Isolde estaba sentada junto a Brangäne
en la plataforma mirando hacia el público. Este acto comenzó
en tonos azul plateados, para ir tornándose cada vez más
rojos como la pasión de los protagonistas hacia el final.
En el segundo acto, la estructura de plexiglás se hallaba
elevada, siempre atrás, dando la idea de las almenas de un
castillo, entre este espacio y la plataforma, infinidad de cuerdas
blancas tensas como las cuerdas de un arpa que diferenciaban el
proscenio del fondo del escenario. Estas "cuerdas" fueron
usadas durante toda la escena como pantalla de proyección
para diferentes juegos de luces que evocaban un cielo reflejándose
en frondosas copas de árboles, y como al mínimo movimiento
las cuerdas se movían, parecía como que hubiese un
suave viento meciendo las hojas, pero al entrar Marke y descubrir
a los amantes, todo se tornaba blanco y estéril, un lugar
donde el amor apasionado de Tristan e Isolde no tiene lugar. Al
iniciarse el acto, dominaban tonos verdes y azules, dando la sensación
de un jardín cerrado, lleno de árboles, entre los
que de vez en cuando se reflejaban tonos rojos de la antorcha que
Isolde apagara.
Al levantarse el telón del tercer acto, el escenario estaba
casi vacío en donde la plataforma semicircular crea casi
toda la escenografía, a excepción de fragmentos de
la estructura de plexiglás que simulaban ser el mirador desde
donde Kurwenal podrá ver arribar la nave de Isolde. Aquí
comenzaba todo en tonos grises, para luego tornarse rojos y anaranjados
llenando toda la escena durante los delirios de Tristan, para luego
tornarse azules (como en el primer acto) a la llegada de Isolde,
para finalizar en un suave celeste en el fondo, contrastando con
el lino crudo de Tristan y el blanco marfil del vestido de Isolde.
Veamos ahora el cuerpo de cantantes. El coro correctísimo
en sus breves interpretaciones, además de servir de extras
al final del primer acto y al arribo de Marke en el segundo. Vestido
con cascos y corazas, entraban a ser visibles en la nave al final
del primero, saludando con sus lanzas en alto a Marke, subiendo
a bordo.
Ulrik Qvale interpreta dos papeles en estas representaciones: el
joven marinero y el pastor. Durante la transmisión de radio,
su marinero fue un tanto dudoso, pero hoy ya estaba el papel más
metido en la columna vertebral, logrando subrayar la ironía
de su canción. Como pastor reflejaba inmensa preocupación
en su voz, pero a la vez lograba mantenerse en su lugar de sirviente.
El piloto, en su corto papel fue un solvente John Erik Eleby.
Melot fue interpretado por Magnus Kyhle, un Melot incisivo en sus
frases, y una interpretación que mostraba un hombre frío,
sin escrúpulos. Mejor hoy que el día 13, por la radio.
Gunnar Lundberg es Kurwenal. Ya acostumbrados a su hermoso timbre
de barítono como Heraldo en "Lohengrin", el Kurwenal
de Lundberg logra una confidencia total con Tristan, a la vez que
una interpretación que realza la amistad que siente por su
amo. Logra además gran fanfarronería al burlarse de
Brangäne en el primer acto. Hoy le noté mucho más
seguro en su interpretación que el día 13 por la radio,
además de un registro mucho más profundo y polifacético
que el limitado sonido radiofónico.
Martina Dike nos entrega una Brangäne abnegada y servicial,
intentando a todo momento (durante el primer acto) de convencer
a Isolde que su futuro como esposa de Marke será positivo.
Gran voz dramática, con excelente control de la voz y la
dicción. Vestida en una túnica verde reflejaba las
diferentes etapas por las que debe pasar Brangäne, una cosa
a destacar en su actuación fue a la hora de preparar el filtro.
La dirección de Lehman hace a Brangäne estar visible
al público, mirando los filtros, y cogiendo el filtro de
amor y luego mirar este y el de la muerte, dudando, hasta que al
final deja disimuladamente el de la muerte en el cofre y vertiendo
el de amor en la copa. La personificación de Dike crea una
Brangäne en ese momento totalmente creíble, que nos
hacia olvidar que estábamos en una representación.
Sus llamadas de alerta en el segundo acto, simplemente hermosos
y verdaderamente reflejantes de la preocupación interior
de la fiel sirvienta.
Lennart Forsén interpreta a un Marke paternal y verdaderamente
dolido por el crimen de su sobrino. Aquí no hay orgullo,
sólo dolor de perder la confianza en alguien tan cercano.
Mirando a los ojos a Tristan cada vez que las cosas van avanzando
durante su largo monologo y apartándose de él como
si no quisiese creer la dura realidad.
Tristan es el único papel que es compartido en esta producción,
tres de las funciones (13, 20 y hoy 27 de marzo) son cantadas por
Wolfgang Millgramm, el resto fueron interpretadas por el sueco Thomas
Sunnegårdh. Obviamente, el día del estreno, como os
habréis percatado, fue Millgramm quien interpretó
a Tristan, lo mismo que hoy, por tanto es fácil realizar
un estudio de las dos funciones. El día 13 comenzó
un tanto dubitativo, más que nada, supongo que por lo de
debutar en "casa ajena". De todas maneras, fue mejorando
con cada acto, con mayor confianza. Hoy al haberle escuchado, más
ratifico aquello que en una transmisión radiofónica
el sonido no corresponde a la realidad. En el teatro la voz era
amplia y muy estable, algún pequeño problema en el
agudo, pero la voz, de todas maneras, adecuada para un tenor heroico,
es decir, con un timbre barítonal. Hoy en cambio, ya no había
dudas en la interpretación del Tristan de Millgramm. Un Tristan
noble de los pies a la cabeza, fiel a los pactos, seductor en sus
escenas de amor con Isolde, logrando incluso hacer creíble
totalmente los delirios de Tristan en el tercer acto.
Nina Stemme regresaba a Estocolmo con esta producción, pero
ya es su segunda Isolde. La primera fue el año pasado en
Glynderbourne. Una de las cosas a destacar es el trabajo de Lehman
con ella, uno verdaderamente ve y escucha todas las etapas que pasa
Isolde a lo largo del drama, y eso sólo lo puede conseguir
un director escénico que verdaderamente conoce la obra de
Wagner. Stemme entrega una Isolde multifacética que se va
desarrollando a lo largo de la obra sin detenerse, de princesa altiva
cuyo orgullo a sido pisoteado a mujer que sólo vive para
amar a Tristan terminando en aquella transfiguración final
que dejo al público totalmente recogido el día 13
(pasaron algo de 15 segundos antes del primer aplauso) y hoy (también
pasaron varios segundos antes de que comenzaran los aplausos). La
Isolde de Stemme irradia amor y energía por cada movimiento,
por cada nota. Su odio es el de la obligación, porque el
sólo recordar la mirada de Tristan derrite el falso hielo
que quiere hacernos creer se aloja en su corazón. Es una
Isolde llena de sensualidad y seguridad en su persona. En cuanto
a la parte vocal, tiene un registro medio firme como una roca, de
donde los agudos y graves se proyectan limpia y bellisímamente...
Lo curioso es la comparación del sonido radiofónico
con la voz en directo. Por la radio (al igual que en una toma en
video del dúo del segundo acto desde Dalhalla) parecía
tener un abuso del uso del vibrato, pero en directo el vibrato aquel
es casi imperceptible. Su voz sobrepasaba la orquesta sin el más
mínimo problema, pero sin intentar ganarle la partida. Aquí
vemos como Lehman debe haberle dado el mismo consejo que Herman
Wiegert en su tiempo dío a Birgit Nilsson en Bayreuth: (tomado
de la biografía de Nilsson): "...aquí tiene la
orquesta tal fuerza, que no tiene razón el que intentes sobrepasarla."
La pasión, la dulzura, incluso ese odio que debe prestar
la interprete de Isolde estuvo siempre presente, sin dejar lugar
a dudas, verdaderamente una Isolde más para el firmamento
wagneriano.
Embraguiemonos ahora de Wagner, como lo hace con su música
y su dramaturgia en Tristan y bebamos de la copa que a todos nos
une: La obra dramático-musical de Richard Wagner.
"Unbewüßt,
höchste Lust!" |