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ESTOCOLMO 27 DE MARZO DE 2004
Tristan und Isolde

Por Claudio Briones
 
Hace un par de horas que ya bajaba el telón de una de las funciones del nuevo "Tristan und Isolde" que se presenta en Estocolmo desde el día 13 de marzo. El Tristan en Estocolmo es ya todo un acontecimiento, dado que la última vez que se presentó la obra en la capital sueca fue en 1977, con Birgit Nilsson y Helge Brilioth como la pareja principal y la dirección de Berislav Klobucar. El día 13 de marzo del presente año se acabó la espera, "Tristan und Isolde" volvía por 101 vez al escenario, ésta vez en una nueva producción, firmada Hans-Peter Lehman.


ESTOCOLMO.- Las expectativas eran mayúsculas, especialmente pensando que la sueca Nina Stemme, la actual Isolde, encarnara el mismo papel en Bayreuth a partir del próximo año. Tal acontecimiento tuvo sus sucesos especiales. Birgit Nilsson y su marido como invitados de honor, lo mismo que entre el público del día del estreno se encontraba también Wolfgang Wagner y su esposa Gudrun. Para hacer la obra más cercana a la idea musical de Wagner, se pidió prestada a un museo en Copenhague la trompeta de madera (trompeta-tristan) especificada en la partitura para el tercer acto (actualmente sólo existen dos en el mundo, y están en museos), cuando el caramillo anuncia el arribo de la nave que trae a Isolde. Antes de permitir al público la entrada al salón (antes del primer acto), suena también el llamado del tercer acto justamente con este instrumento, con el músico ubicado en la parte superior de la escalera de acceso principal. Los comentarios ahora presentados se basan en la función de hoy, 27 de marzo, y la transmisión radiofónica del día 13.

Comencemos con la idea de presentación de Lehman. Lehman fue asistente de dirección de Wieland Wagner en Bayreuth en los años 1950-60, y este Tristan fue encargado hace ya un par de años por la Ópera Real de Estocolmo, luego que Gösta Winbergh convenciese a Lehman de producir la obra, por lo demás, esta es la primera producción de Lehman en Suecia, y creo que también en Escandinavia. Obviamente, el cartel de cantantes ya estaba listo cuando se comenzó el trabajo, pero un destino triste quiso que Gösta Winbergh nos abandonara prematuramente, y con él una de las mejores voces de tenor wagneriano que recuerde en Estocolmo.

La idea de Lehman es clara, este es el drama de Tristan e Isolde, de su amor imposible que termina en tragedia, que desemboca en una transfiguración que va más allá de todo entendimiento, con la metafísica "Muerte de amor" de Isolde. Lehman nos presenta a un Tristan heroico, fiel a sus obligaciones como tal y sus juramentos de fidelidad a su rey. Isolde es una mujer que muestra todas sus facetas a lo largo del drama, primero la ira, pero luego vamos también entendiendo que bajo esa ira se esconde también un sentimiento de impotencia al no poder decidir sobre su propio destino. Lehman nos muestra que Isolde, al tomar su destino en sus propias manos, por medio de la decisión de usar el filtro, demuestra ser un ser consciente de lo que ocurre a su alrededor transformándose de orgullosa princesa irlandesa en la mujer más amante que allá existido, y consciente que vive ahora en un mundo que nunca antes (del filtro) hubiese sido posible expresar. Una idea clara del sentimiento de pasión, pero también de deber se da por ejemplo luego de beber el filtro, ambos se unen en un abrazo, pero luego mirándose nerviosamente cuando el tema de la mirada reaparece en la orquesta, y alejándose, como diciéndose "no debemos hacerlo, pero no puedo resistirme", para luego entregarse totalmente el uno al otro.

Brangäne y Kurwenal son mostrados no sólo como fieles sirvientes y confidentes de sus amos, sino que también como amigos sin exigencias, que son capaces de dar su vida, si esto fuese necesario, por Tristan o Isolde. Pero a la vez, Brangäne es la que debe vez en vez intentar recordar a Isolde que viven en un mundo en donde su amor por Tristan no es "políticamente correcto". Kurwenal es también aquel que le brinda el máximo apoyo a Tristan, especialmente en el tercer acto, no por obligación, sino por verdadero afecto fraternal.

Marke es presentado como lo que es, un hombre engañado, cuyo mundo se derrumba al ver como Tristan, a quien considera un hijo, rompe sus lazos de fidelidad a su rey. Pero este rey también recrimina la falta de Melot, que al fin y al cabo a traicionado el secreto de, se supone, su mejor amigo. Melot es presentado como un hombre frío y calculador, sin esperanzas de "ser redimido" en el amor, una imagen que asimila los hechos de una manera pesimista y casi mojigata. El pastor es un sirviente, tanto en su atuendo como expresión. El joven marinero es escuchado desde bastidores, y el piloto entra angustiado mostrando casi como son vencidos por el sequito de Marke.

La parte orquestal es interpretada, obviamente, por la orquesta de la Ópera Real de Estocolmo bajo la dirección de Leif Segerstam. El sonido típico de la orquesta, bien compaginado y claro surgió del foso como es su costumbre. Segerstam imprimió una vena diferente a otras interpretaciones wagnerianas que ha realizado, aquí se alejo de tempos amplios o excesivamente lentos, siguiendo una pauta más dedicada a elevar los sentimientos presentes y ocultos de la partitura, pero en todo momento ofreciendo una imagen sonora clara y bien delineada, pero siempre con la tensión dramática exigida para cada momento: casi explosiva para la ira de Isolde, tierna y servicial para Brangäne, heroica para Tristan, afectuosa y servicial para Kurwenal, erótica en los momentos requeridos, etc. Todos los preludios fueron interpretados a telón cerrado. Si hubiese que poner un pero en esta producción sería en el utilizar el corte habitual en el dúo entre Isolde y Tristan del segundo, en cambio el primer y tercer actos son presentados de forma integral.

En cuanto a la parte escenográfica, Lehman ha optado junto con su escenográfo Olaf Zembeck, por una escenografía un tanto minimalista, pero efectiva, gracias también a efectos lumínicos que no sólo expresaban las situaciones sino que también la psicología de los personajes. En la parte anterior del escenario, encontramos una plataforma en forma de segmento circular, que es donde se lleva a cabo la acción. En el primer acto, detrás de esta plataforma se encuentra una construcción de plexiglás que evocaba la parte de "puente" de un barco. Sobre esta construcción se encontraba Tristan de pie, mirando el horizonte acompañado de Kurwenal, mientras que Isolde estaba sentada junto a Brangäne en la plataforma mirando hacia el público. Este acto comenzó en tonos azul plateados, para ir tornándose cada vez más rojos como la pasión de los protagonistas hacia el final.

En el segundo acto, la estructura de plexiglás se hallaba elevada, siempre atrás, dando la idea de las almenas de un castillo, entre este espacio y la plataforma, infinidad de cuerdas blancas tensas como las cuerdas de un arpa que diferenciaban el proscenio del fondo del escenario. Estas "cuerdas" fueron usadas durante toda la escena como pantalla de proyección para diferentes juegos de luces que evocaban un cielo reflejándose en frondosas copas de árboles, y como al mínimo movimiento las cuerdas se movían, parecía como que hubiese un suave viento meciendo las hojas, pero al entrar Marke y descubrir a los amantes, todo se tornaba blanco y estéril, un lugar donde el amor apasionado de Tristan e Isolde no tiene lugar. Al iniciarse el acto, dominaban tonos verdes y azules, dando la sensación de un jardín cerrado, lleno de árboles, entre los que de vez en cuando se reflejaban tonos rojos de la antorcha que Isolde apagara.

Al levantarse el telón del tercer acto, el escenario estaba casi vacío en donde la plataforma semicircular crea casi toda la escenografía, a excepción de fragmentos de la estructura de plexiglás que simulaban ser el mirador desde donde Kurwenal podrá ver arribar la nave de Isolde. Aquí comenzaba todo en tonos grises, para luego tornarse rojos y anaranjados llenando toda la escena durante los delirios de Tristan, para luego tornarse azules (como en el primer acto) a la llegada de Isolde, para finalizar en un suave celeste en el fondo, contrastando con el lino crudo de Tristan y el blanco marfil del vestido de Isolde.
Veamos ahora el cuerpo de cantantes. El coro correctísimo en sus breves interpretaciones, además de servir de extras al final del primer acto y al arribo de Marke en el segundo. Vestido con cascos y corazas, entraban a ser visibles en la nave al final del primero, saludando con sus lanzas en alto a Marke, subiendo a bordo.

Ulrik Qvale interpreta dos papeles en estas representaciones: el joven marinero y el pastor. Durante la transmisión de radio, su marinero fue un tanto dudoso, pero hoy ya estaba el papel más metido en la columna vertebral, logrando subrayar la ironía de su canción. Como pastor reflejaba inmensa preocupación en su voz, pero a la vez lograba mantenerse en su lugar de sirviente. El piloto, en su corto papel fue un solvente John Erik Eleby.

Melot fue interpretado por Magnus Kyhle, un Melot incisivo en sus frases, y una interpretación que mostraba un hombre frío, sin escrúpulos. Mejor hoy que el día 13, por la radio.
Gunnar Lundberg es Kurwenal. Ya acostumbrados a su hermoso timbre de barítono como Heraldo en "Lohengrin", el Kurwenal de Lundberg logra una confidencia total con Tristan, a la vez que una interpretación que realza la amistad que siente por su amo. Logra además gran fanfarronería al burlarse de Brangäne en el primer acto. Hoy le noté mucho más seguro en su interpretación que el día 13 por la radio, además de un registro mucho más profundo y polifacético que el limitado sonido radiofónico.

Martina Dike nos entrega una Brangäne abnegada y servicial, intentando a todo momento (durante el primer acto) de convencer a Isolde que su futuro como esposa de Marke será positivo. Gran voz dramática, con excelente control de la voz y la dicción. Vestida en una túnica verde reflejaba las diferentes etapas por las que debe pasar Brangäne, una cosa a destacar en su actuación fue a la hora de preparar el filtro. La dirección de Lehman hace a Brangäne estar visible al público, mirando los filtros, y cogiendo el filtro de amor y luego mirar este y el de la muerte, dudando, hasta que al final deja disimuladamente el de la muerte en el cofre y vertiendo el de amor en la copa. La personificación de Dike crea una Brangäne en ese momento totalmente creíble, que nos hacia olvidar que estábamos en una representación. Sus llamadas de alerta en el segundo acto, simplemente hermosos y verdaderamente reflejantes de la preocupación interior de la fiel sirvienta.

Lennart Forsén interpreta a un Marke paternal y verdaderamente dolido por el crimen de su sobrino. Aquí no hay orgullo, sólo dolor de perder la confianza en alguien tan cercano. Mirando a los ojos a Tristan cada vez que las cosas van avanzando durante su largo monologo y apartándose de él como si no quisiese creer la dura realidad.

Tristan es el único papel que es compartido en esta producción, tres de las funciones (13, 20 y hoy 27 de marzo) son cantadas por Wolfgang Millgramm, el resto fueron interpretadas por el sueco Thomas Sunnegårdh. Obviamente, el día del estreno, como os habréis percatado, fue Millgramm quien interpretó a Tristan, lo mismo que hoy, por tanto es fácil realizar un estudio de las dos funciones. El día 13 comenzó un tanto dubitativo, más que nada, supongo que por lo de debutar en "casa ajena". De todas maneras, fue mejorando con cada acto, con mayor confianza. Hoy al haberle escuchado, más ratifico aquello que en una transmisión radiofónica el sonido no corresponde a la realidad. En el teatro la voz era amplia y muy estable, algún pequeño problema en el agudo, pero la voz, de todas maneras, adecuada para un tenor heroico, es decir, con un timbre barítonal. Hoy en cambio, ya no había dudas en la interpretación del Tristan de Millgramm. Un Tristan noble de los pies a la cabeza, fiel a los pactos, seductor en sus escenas de amor con Isolde, logrando incluso hacer creíble totalmente los delirios de Tristan en el tercer acto.

Nina Stemme regresaba a Estocolmo con esta producción, pero ya es su segunda Isolde. La primera fue el año pasado en Glynderbourne. Una de las cosas a destacar es el trabajo de Lehman con ella, uno verdaderamente ve y escucha todas las etapas que pasa Isolde a lo largo del drama, y eso sólo lo puede conseguir un director escénico que verdaderamente conoce la obra de Wagner. Stemme entrega una Isolde multifacética que se va desarrollando a lo largo de la obra sin detenerse, de princesa altiva cuyo orgullo a sido pisoteado a mujer que sólo vive para amar a Tristan terminando en aquella transfiguración final que dejo al público totalmente recogido el día 13 (pasaron algo de 15 segundos antes del primer aplauso) y hoy (también pasaron varios segundos antes de que comenzaran los aplausos). La Isolde de Stemme irradia amor y energía por cada movimiento, por cada nota. Su odio es el de la obligación, porque el sólo recordar la mirada de Tristan derrite el falso hielo que quiere hacernos creer se aloja en su corazón. Es una Isolde llena de sensualidad y seguridad en su persona. En cuanto a la parte vocal, tiene un registro medio firme como una roca, de donde los agudos y graves se proyectan limpia y bellisímamente... Lo curioso es la comparación del sonido radiofónico con la voz en directo. Por la radio (al igual que en una toma en video del dúo del segundo acto desde Dalhalla) parecía tener un abuso del uso del vibrato, pero en directo el vibrato aquel es casi imperceptible. Su voz sobrepasaba la orquesta sin el más mínimo problema, pero sin intentar ganarle la partida. Aquí vemos como Lehman debe haberle dado el mismo consejo que Herman Wiegert en su tiempo dío a Birgit Nilsson en Bayreuth: (tomado de la biografía de Nilsson): "...aquí tiene la orquesta tal fuerza, que no tiene razón el que intentes sobrepasarla." La pasión, la dulzura, incluso ese odio que debe prestar la interprete de Isolde estuvo siempre presente, sin dejar lugar a dudas, verdaderamente una Isolde más para el firmamento wagneriano.

Embraguiemonos ahora de Wagner, como lo hace con su música y su dramaturgia en Tristan y bebamos de la copa que a todos nos une: La obra dramático-musical de Richard Wagner.

"Unbewüßt,
höchste Lust!"