En un Estocolmo, en donde las temperaturas
aún se niegan a bajar de los 15 grados, siguen
dándose cita las representaciones wagnerianas. Ya el día
16 de septiembre han comenzado las representaciones de "Siegfried"
(sobre la cual hablaré a fin de mes), que se repetirán
hasta el día 21 de octubre. Mientras tanto, se han ofrecido
repeticiones de la producción de "La Valquiria"
estrenada el 25 de febrero de 2006. La función del día
5 de octubre es la sexta de esta producción. Desde que
"La Valquiria" se dio por primera vez en Estocolmo (1895)
hasta la actual reseña, la obra ha sido representada 235
veces.
Dado que la descripción escénica fue tratada extensamente
en la reseña del 17 de marzo, no entraré en detalles,
sino que comentaré aquellos detalles que en una segunda
experiencia toman más fuerza o que simplemente en la primera
ocasión pasaron simplemente desapercibidos.
Por ejemplo, detalles como cuando Siegmund cuenta su historia,
Hunding coge de la mano a Sieglinde, para sujetarla como una presa
de caza, indicando abiertamente: "Esta es mi propiedad".
La escena durante "Winterstürme" fue más
apasionada, permitiendo a los protagonistas mantenerse abrazados,
distrufando de la compañía mutua. En el segundo
acto, Fricka ha cobrado más fuerza, siendo más directa
expresivamente en sus acusaciones a Wotan. En el tercer acto no
se dieron cambios de dirección escénica.
Lo anecdótico de esta Valquiria es lo que comenzó
a ocurrir dos días antes de la función. La actual
Brünnhilde de Estocolmo: la sueca Katarina Dalayman,
cayo indispuesta la tarde del día 3. Infructuosas búsquedas
y negociaciones consiguieron traer, desde Copenhague, a la estadounidense
Caroline Whisnant, quién se entregó completamente
al trabajo escénico con el director de escena Staffan Valdemar
Holm durante toda la tarde del día 4. Ya una vez lista
todo estaba listo para el día 5, pero entonces se dió
que por la mañana Nina Stemme comunica a la Ópera
Real que había caído indispuesta con los mismos
síntomas de Dalayman.
En un acto casi desesperado, el director de la Ópera Real
se comunicó con Emma Vetter, cuyo debut como Sieglinde
estaba planeado para los tiempos en que el Anillo se presentara
completo (esto es desde enero de 2008), compartiendo cártel
con Stemme. Así fue como Emma Vetter cogió el primer
taxi que encontró al salir de casa y se dirigió
a la Ópera Real, sólo horas antes que el telón
se levantase. Un rápido ensayo y explicaciones escénicas
mientras se le maquillaba y ajustaba el vestuario fue su preparación.
A las 18:00 se apagaron las luces del salón, antes de comenzar,
el director de la Ópera Real hizo su aparición,
un poco preocupado. Lo único que se me vino a la cabeza
en ese momento fue: "Vaya como ocurrió con la primera
Sieglinde de Varnay".
Gregor Bühl entró y comenzó el drama. Su dirección
es cada vez más firme y llena de detalles. Sus tempos varían
según la situación dramática que se desarrolla
en el escenario. El preludio fue tormentoso y duro, la primera
escena cargada de un aire misterioso. La tercera escena fue todo
un derroche de belleza dramática y seguridad interpretativa...
Hasta los detalles más pequeños se sentían
elevados a primerísimos planos, envolviendo al público
una vez más en la música de Wagner.
El segundo acto comenzó con un tono heroico glorioso, para
luego ser más intimo y un tanto cargado de crueldad en
la escena Wotan-Fricka, donde la música de Fricka era severa
y altiva, mientras que la de Wotan cada vez más intimidada
y en declive. Las escenas finales del segundo acto fueron una
muestra de teatro dramático musical de primera categoría,
acompañando, comentando y protagonizando la acción
en todo momento.
El tercer acto tuvo una Introducción firme y detallada,
las cuerdas (como a lo largo de toda la representación)
eran aguzadas y homogéneas, como si se tratase de un solo
gran instrumento. La primera alusión al tema de la redención
vibró por toda el auditorio con una fuerza esperanzadora
que hizo a más de uno llevarse la mano al pecho de la emoción.
La escena final entre Wotan y Brünnhilde fue un drama de
dimensiones cósmicas, pero a la vez consiguiendo una intimidad
similar a la del segundo acto, pero ahora marcado por el dolor
de la despedida. La despedida de Wotan y el encantamiento del
fuego fueron una muestra de impresionismo dramático, coronando
una noche de dirección y trabajo mutuo entre Gregor Bühl
y la orquesta de la Ópera Real de Estocolmo.
El octeto de valquirias ha sido el mismo desde el estreno
en febrero de 2006: Sara Olsson, Agneta Lundgren, Lena
Hoel, Martina Dike, Katarina N. Leoson, Marianne
Eklöf, Eva Pilat y Kristina Martling. Más homogéneo
y compenetrado, son unas hermanas muy creíbles, celosas
de su abolengo y arrogantes, careciendo de sentimientos. Sentimientos
que descubrirán por primera vez al expresar su horror al
conocer el destino que espera a Brünnhilde.
Lennart Forsén
Durante la temporada anterior, Hunding fue interpretado por Hans-Peter
König. Durante dos de las actuales funciones (y en los Anillos
completos a partir de 2008) el papel será compartido con
Lennart Forsén. Lennart Forsén es un Hunding muy
distinto al de König.
Forsén es un Hunding severo y celoso del honor, pero no
por ello pierde la compostura. Es un hombre que desde su nacimiento
conoce su posición. En lo músical fue un Hunding
claro y directo, sin exageraciones y totalmente concentrado en
interpretar hasta el más mínimo detalle del texto.
Por ejemplo, cuando le dice a Sieglinde "Zur Ruh!" lo
dice con tal malicia, y mirando al mismo tiempo que mira a Siegmund;
mostrando su poder sobre Sieglinde, insinuante que Siegmund hará
mejor en no intentar nada con ella.
Marianne Eklöf
Marianne Eklöf compartirá cartel como Fricka con Martina
Dike. Eklöf es una Fricka dura, fría y dominante.
Sus acciones son todas premeditadas, sabiendo como conseguir su
objetivo. Es una criatura que no sabe lo que es "agachar
la cabeza", sino que sólo sabe exigir y ordenar, pero
que a la vez siempre mantiene la cabeza fría para obtener
lo que desea.
En la escena final, cuando coge a Wotan del brazo (luego de mirar
con desprecio a la dormida Brünnhilde) para apartarlo
de la doncella, su actitud de triunfo es total.
Endrik Wottrich
Wottrich consiguió un papel mucho más convincente
ahora que en marzo, lo cual muestra que se ha preocupado de seguir
trabajando y desarrollando en papel junto con Staffan Valdemar
Holm. En el primer acto se distingue más ahora el desarrollo
de un salvaje a un hombre noble. En el segundo su seguridad es
mucho mayor, especialmente en la parte interpretativa de demostrar
su convicción de no acompañar a Brünnhilde
al Valhalla. Hacia el final del segundo acto, durante su monologo
luego de la partida de Brünnhilde su voz se escuchó
un tanto cansada... Luego se vería que mientras recibía
unas muy merecidas ovaciones, más de un ataque de toz le
venía. Probablemente también ha sido contagiado.
En lo musical, firmeza vocal y claridad de emisión fueron
la nota predominante de la interpretación de Wottrich.
Se puede decir que su voz se ve muy favorecida por la acústica
de la Ópera Real de Estocolmo.
Terje Stensvold
Sigue desarrollando su Wotan, actualmente ya ha llegado a su interpretación
del Viandante en "Siegfried", pero de esto hablaremos
cuando sea momento de comentar "Siegfried". Pero aún
así, se notan algunos cambios con respecto a la temporada
pasada. La desesperación durante narración en el
segundo acto están allí, aún más marcadas.
Su intimidad con Brünnhilde ha cobrado más fuerza
y sus sentimientos son más marcados. Será interesante
ver como termina el desarrollo en "Siegfried". En lo
vocal, la voz es más poderosa, quizás porque la
seguridad que le da el llevar interpretando el mismo papel, en
la misma producción, ya tanto tiempo, le va dejando más
espacio para poder pulir aquellos detalles que hace de Stensvold
un Wotan paternal y mítico al mismo tiempo, dejando que
los sentimientos se manifiesten ante los seres que ama, e inhibiéndolos
ante las adversidades.
Llegamos entonces a las dos damas que tuvieron la misión
de salvar la función. Misión que cumplieron, siendo
compensadas por la aclamación del público.
Caroline Whisnant
Caroline Whisnant no era un nombre conocido para el público
habitual de Estocolmo, así que las expectativas no eran
precisamente pequeñas. Dalayman había conseguido
una Brünnhilde antológica en la producción
de Staffan Valdemar Holm, y no era fácil simplemente llegar
y ponerse en sus zapatos y salir al escenario como si aquí
no ocurriese nada.
El trabajo al que se sometió
Caroline Whisnant, junto con el director escénico, debe
haber sido infructuoso e intenso. Dramáticamente es una
actriz consumada, sin perder en ningún momento el control
de la voz. No sólo su idioma corporal es expresivo, sino
que hay momentos en que debía permanecer inmóvil,
y sólo la actitud que reflejase expresaría su
estado de ánimo, y lo conseguía. En lo vocal, posee
una voz de auténtica soprano, con agudos firmes y claros,
nada de forzados. Una increíble dicción permitiría
incluso hasta escribir de dictado sus líneas del papel.
Un tinte agudo, nada de desagradable, que podía amortiguar
a una suavidad y ternura para con Wotan eran un contraste enorme
para aquellos "Hojotojos" claros y exactos, con los
que hizo su entrada. Una cantante a la que tendremos que seguir
más de cerca.
Si bien Whisnant triunfó en Estocolmo esa noche del 5 de
octubre, el máximo triunfo fue de la joven Emma Vetter,
quién hace sólo dos años se diplomó
de la Escuela Real de Ópera de Estocolmo, debutando con
gran éxito como Adalgisa en "Norma" en septiembre
de 2005, en la Ópera Real de Estocolmo. Su próximo
debut fue Santuzza en "Cavalleria rusticana", también
en Estocolmo, hace poco más de un mes. Y ahora, con sólo
horas de aviso, ha tenido que reemplazar a Nina Stemme como Sieglinde,
más de un año antes de lo planeado.
Emma Vetter
Su Sieglinde era tímida y cuidadosa, temerosa de Hunding.
Sus miradas al marido eran las de una mujer maltratada y humillada,
tanto física como psíquicamente. Su encuentro con
Siegmund es más bien temeroso, pensando que quizás
todos los hombres sean iguales. Pero poco a poco va descubriendo
otras facetas de la vida. Mientras sirve la comida a los hombres
se mantenía en segundo plano, con la cabeza baja, sometida
a Hunding. Pero cuando guardaba los utensilios y cogía
el cuchillo se sentía llena de vigor, como deseando enterrárselo
a Hunding (en la misma escena, Stemme se veía decidida
a hacerlo desde el primer momento). La escena final del primer
acto fue toda una lección de canto y actuación,
haciendo subir la temperatura del teatro a niveles altísimos.
Esta Sieglinde se atreve a mirar a Siegmund mientras arranca Notung,
pero ahoga un grito de júbilo, temerosa que despierte a
Hunding o alguno de sus esbirros. Al caer el telón las
ovaciones no se hicieron esperar (no sólo por Vetter),
el primer acto había alcanzado un nivel tal, que amenazaba
a los dos actos siguiente en cuanto a comparación. Para
que os hagáis la idea, el descanso entre los actos I y
II era de 30 minutos... fueron tantos los aplausos y ovaciones
que sólo tuvimos un descanso de 15 minutos (!)
En el segundo acto, Vetter consiguió a la perfección
reflejar la angustia de Sieglinde, sin exageraciones o trucos,
sino que todo se sentía como lo natural de la ocasión.
En el tercer acto, era como volver a ver la Sieglinde del primer
acto, una mujer sometida y apagada... siendo el anuncio de su
maternidad lo que le da fuerzas para seguir adelante y recordar
a Siegmund. Moviendo la cabeza, se negaba al sacrificio de Brünnhilde,
pero reacciona al ser llevada por Brünnhilde al camino que
la llevara al bosque de Fafner.
En lo vocal era su seguridad técnica la que permitía
a Vetter desarrollar el personaje como es debido. Una buena memoria,
y seguramente un par de ayudas por parte de la apuntadora (en
Estocolmo sólo se usan damas como apuntador), le permitieron
ofrecer una interpretación impecable del texto y su interpretación.
Su voz es agradable al oído y nítida en todos los
aspectos. Tendremos que seguir más de cerca a esta joven.
Pensando en las maravillas que ofreció el día 5,
no quiero ni imaginarme como será en los Anillos de 2008.
Eran las 22:55 cuando bajó el telón del último
acto, las ovaciones bramaban como en un estadio, la gente aplaudía
a rabiar, la temperatura era altísima en el salón,
todos salieron a recibir sus muy merecidos aplausos, siendo las
ovaciones mayores para Vetter y Whisnant, seguidas de Stensvold
y Bühl... Y así seguimos has cerca de las 23:15, momento
en que la dirección del teatro dio la orden de bajar el
telón de acero: señal inconfundible de "por
favor, marcharos a casa, que es muy tarde"
Son justamente estas ocasiones en las que uno siente un tremendo
orgullo por lo que tiene en casa, espero que tú, lector/lectora,
algún día también lo puedas disfrutar.
Pero ahora Brünnhilde sigue durmiendo, y de vez en cuando
está siendo despertada por Siegfried... Ya pronto llegaran
los comentarios de Siegfried, mientras tanto "so blühe
denn Wälsungen-Blut!"