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ESTOCOLMO OCTUBRE 2006
Siegfried

Por Claudio Briones
 

Dirección escénica:
Staffan Valdemar Holm

Escenografía y vestuario:
Bente Lykke Møller

Siegfried: Lars Cleveman
Mime: Niklas Björling Rygert
Wanderer: Terje Stensvold
Alberich: Ketil Hugaas
Fafner: Lennart Forssén
Erda: Anna Larsson
Brünhilde: Rachel Tovy
Waldvogel: Marianne Hellgren Staykov

Siegfried-Ruf: Annamia Eriksson, corno

Orquesta de la Ópera
Real de Estocolmo

(Kungliga Hovkapellet)
Dirección: Gregor Bühl

 

Lars Cleveman como Siegfried.
Foto: Kungliga
 
     

Hacía 18 años que el cuerno de Siegfried no resonaba en el auditorio de la Ópera Real de Estocolmo. El día 16 de septiembre de 2006 se acababa esta espera. Siegfried ha vuelto, continuando así el trabajo de producción de la actual tetralogía en Estocolmo que concluirá el 15 septiembre de 2007, cuando se estrene la nueva producción de "Götterdämmerung", dejando así las puertas abiertas a las representaciones integras de "El Anillo del nibelungo" a partir de enero de 2008. Pero para llegar a esos tres Anillos de 2008 falta todavía un poco de tiempo. Vámonos por ahora al bosque, a ver que ocurre con Siegfried...
 

Acto I
El preludio transcurrió a talón cerrado, dejando al público embriagarse de los tonos nibelungos surgiendo del foso. Sólo uno o dos segundos antes de iniciarse el martilleo de Mime sobre la espada se alzó el telón, muy rápido, para ver al nibelungo martilleando con afán la nueva espada que está preparando para su hijo adoptivo. La escena es una cámara subterránea, con paredes llenas de perforaciones cúbicas, ideales para guardar todo el material que un hábil herrero podría necesitar. Una pequeña rampa por la parte posterior derecha permite la entrada y salida de la cámara. En primer plano un enorme bloque rectangular cruza la escena de izquierda a derecha, dejando dos pasajes a cada lado para permitir el paso. El bloque este sirve tanto de mesa, como de fragua, según el uso que se requiera en el momento de la acción. En la pared posterior, una enorme ventana nos deja dislumbrar el bosque profundo.
 
Estas estanterías son de madera en bruto, un tanto oscuras por el uso y el humo de la fragua. Del bloque surje un fuerte color rojo amarillento, producido por las llamas, el resto de la estancia está sumido en penumbras. Bajo el bloque tiene escondidos los restos de Notung, al mirarlos, una vez más, se convence que su habilidad es allí nula. Y su desesperación se refleja en su cara al saber que aún no sabe como reforjar la tan ansiada espada.
 
Mime se mueve nervioso y con ‘ticks’ nerviosos en los momentos de mayor problemas, temeroso de la llegada de Siegfried (Como dice en el texto: "Si te veo quieto o marchar cojeando encorvado y gibado, guiñando los ojos, incitas a tomarte del cuello, contrahecho, y darte un empujón."). No sólo le odia, también le teme. Está siempre tenso, y su mirada es como la de un animal acorralado. Sus manos siempre en actitud defensiva y apegadas al pecho. Su caminar es torpe y lento, pero no por ello ha perdido su maestría de herrero. Mirando orgulloso la nueva espada escucha a Siegfried aproximarse, escondiéndose tras el bloque al ver el oso que trae Siegfried. El héroe, haciendo uso de su fuerza, ha traido al oso transportándolo en sus brazos. He de decir que se trata de una reproducción de un oso muy fiel a la naturaleza (aunque se trate de un enorme muñeco). Siegfried acosa a Mime sobre la mesa y le tira el oso encima, de forma brutal, permitiendo que el oso arañe y muerda al nibelungo. Finalmente se lo quita de encima, agarrando al animal por la nuca y tirándolo hacia la puerta, obviamente la brusquedad termina dejando al oso tirado y sin vida. Luego recibe la espada nueva de Mime, y obviamente la rompe en dos. Mientras el nibelungo le mira desesperado.
 
Siegfried viste una simple cota de malla metálica, pantalones bastos y botas viejas. Un tanto despeinado, y casi como un salvaje al que han vestido con lo primero que se encuentra. Siegfried golpea a Mime con placer y disgusto. casi como si desahogase su frustración en el nibelungo. Mime, finalmente, se cambia el mandil de herrero, poniendose encima el que usa para cocinar. Mientras calienta la sopa a un extremo del bloque; Siegfried le mira con sospecha desde el otro extremo, arrojándole luego la comida de vuelta, pero sin derramarla. Mime le mira con desprecio y finalmente le abraza, casi instintivamente; casi como pidiendo un respiro a tanta brutalidad. Siegfried se calma, más cuando sentados sobre el bloque, Mime comienza a contarle la historia de sus padres. Siegfried se calma totalmente, como abandonándose a la tristeza de saber que no conocerá a sus verdaderos padres. Luego Mime le presenta los restos de Notung y Siegfried hierve en alegría, para luego irse a toda prisa al bosque... Mime le persigue, llevándole el cuerno. Durante esos segundos vemos dos cuervos cruzar por la ventana y posarse sobre una rama, mirando hacia la estancia. Son Hugin y Munin, los cuervos de Wotan.
 
Mime no se percata de las aves y sólo piensa en como poder realizar la tarea de reforjar la espada. Es entonces que los cuervos cambian de posición, al mismo tiempo que Wotan, en el figura del Viandante entra tranquilamente a la vivienda de Mime. Lleva un largo abrigo y un sombrero que le da sombra a la cara, cubriéndola casi. Los cabellos van sueltos y ya están blancos. El cayado de su lanza esta viejo y sin cuidar.

 
Mime se encuentra más molesto que sorprendido. Y cuando intenta deshacerse de él, es vencido por el extraño, viéndose obligado a aceptar su propuesta de jugar a los acertijos. Wotan se planta al extremo izquierdo, Mime al derecho, del bloque, poniendo las manos en la mesa, esperando las preguntas. Mime hace lo mismo, pensando en que preguntas hará. Wotan responde tranquilamente, imitando con su cuerpo a los nibelungos y luego a los gigantes. Cuando describe a los dioses, simplemente se enorgullece y se llena de luz, pero al reventar los truenos y relámpagos al final de su respuesta, Mime ya ha comprendido a quien tiene adelante y su nerviosismo vuelve. Los cuervos se alejan volando hacia la profundidad del bosque.
 
Ahora es el turno de Mime, y manteniendo las mismas posiciones comienzan a preguntarse y responderse los enigmas. Mime va cogiendo más confianza y salta de alegría, mirando con gesto de burla al extraño... pero al ser interrogado sobre quien forjara Notung de nuevo, un temblor enorme lo invade, maldice los trozos de acero que Wotan lee ha puesto en las narices y se desploma desconsolado en el bloque. Wotan pone su mano sobre la cabeza del nibelungo y la ofrece a "aquel que no conoce el miedo"... Se aleja arrogante y todo queda a oscuras... Brillos rojizos nos hablan de Fafner que justamente pasa por allí, mientras algunas liebres salvajes buscan refugio en la caverna, saltando desesperadas, Mime se oculta tras el bloque (el frente del escenario para nosotros), cubriéndose la cabeza y temblando. A los pocos segundo llega Siegfried, quien sigue exigiendo la espada de su padre.
 
Mime recapacita y se encierra en sus pensamientos, en la esquina contraria, viendo como ha perdido la oportunidad de ganarse a Siegfried. Le invita a sentarse en el bloque y le convence de que debe aprender a conocer el miedo. Siegfried le mira con desdén, mientras Mime se pone de pie sobre el bloque y describe el miedo. Al saber que podría aprender el miedo de un dragón que vive en los confines del bosque se alegra, y ve sus aventuras plasmadas. Coge los restos de la espada y comienza a limarlos con fuerza y dedicación dentro de un enorme cuenco. Mime simplemente se desespera al ver que está además destruyendo las limas. Le entrega luego un material de aleación para pegar los restos, el cual Siegfried arroja lejos. Un par de lobos hacen su aparición por la ventana y observan atentos lo que ocurre en la estancia. Cuando a terminado de limar la espada, vacía los restos al cuenco que ya tiene listo en el fuego, y mientras los fragmentos y las astillas se funden, canta su canción. Mime le mira intranquilo, casi oculto en la esquina contraria... Luego comienza a juntar los ingredientes de la poción, sacándolos de diferentes estanterías del sector en donde se encuentra.
 
Siegfried saca el molde y lo llena con el acero fundido, mientras que Mime, rodeado de cuencos y vapores sospechosos funde su poción envuelto en la luz que se refleja desde la fragua. Siegfried intenta probar lo que esta haciendo Mime, pero este le dirige su atención a la espada. Siegfried se olvida de Mime y sigue con su trabajo. Finalmente, tanto Notung como la poción estan listas. Siegfried, subido en el bloque muestra al mundo, orgulloso, su espada. Mime le mira con orgullo, pero también ambicionando lo que pronto cree que será suyo: el anillo y el tesoro nibelungo. Siegfried rompe en dos primero el cuenco donde limó los restos de Notung y luego el yunque, para luego salir camino a la aventura. Mime, levantando los brazos en símbolo de su "triunfo", le mira ansioso. Y los lobos parten raudos en carrera hacia las profundidades del bosque.
 

Acto II
Luego de un amanazante preludio, el telón se alzó revelando un lugar cerrado por altas murallas compuestas sólo de hojas verdes, en lo más alto de las "paredes" unas pocas ventanas por las que entra de vez en cuando el viento, nos da un atisbo que la naturaleza está presente, en forma artificial, ante un número de personas, vestidas de blanco, que están sentadas, mirando hacia un pequeño escenario al fondo de la sala. Estas personas están esperando algo, ¿qué? no lo sabemos al iniciarse el acto. Estas personas están sentadas ocho a la izquierda y ocho a la derecha. En el corredor natural que se forma en el centro está Alberich, ataviado de forma similar a la del Viandante, pero su mirada es alerta y temerosa. Comprendemos entonces que estamos ante los dominios de Fafner.
 
Las diferentes conversaciones llevadas a cabo durante la pausa posterior a este acto nos hizo reflexionar de diferentes formas. Para mi las figuras de blanco eran los pocos espíritus naturales que quedaban luego que el arrasador poder destructivo del anillo comenzase a hacer efecto, y que han encontrado refugio en una solución artificial, dominada por un ilusionista (Fafner) que les hace creer cualquier cosa, con tal de mantenerles engañados. Para otras personas eran los espíritus de las diferentes víctimas del apetito de Fafner, que no han encontrado paz y siguen esperando alguna esperanza de salvación. Otro comentario es el de una burguesía cada vez más consciente que el industrialismo ha destruido la naturaleza, y por tanto se reúnen en esa artificialidad, para buscar algo perdido y pasar un momento de distracción con un charlatán que dice poder transformarse en dragón... Las interpretaciones son muchas... y luego de haber visto este acto... casi me atrevo a decir, que todas son válidas. Sigamos con la trama.
 
Alberich está un tanto tullido, mira con desdén hacia el frente, como diciendo: "venid y apreciad lo que está ocurriendo". Se aleja más del grupo de personas y queda a solas en el frente, viendo como algo se acerca rápidamente. Las personas de blanco se voltean sorprendidas, para luego ignorar simplemente a quien ha entrado: el Viandante. Estas personas se mantendrán estáticas, con la vista fija hacia ele fonde el escenario. En cambio, Alberich y Wotan permanecerán en primer plano, realizando con maestría este dialogo entre los dos archienemigos. Cuando Wotan se dispone a despertar a Fafner, sube a la tarima del fondo y llama hacia al interior... Alberich y las figuras de blanco le hacen señas de apartarse y no hacer nada. Finalmente, la voz de Fafner retumba tenebrosa por toda la sala y todos quedan estáticos en sus sillas, a excepción de Wotan y Alberich, el que intenta convencer a la voz de Fafner que le entregue el anillo.
 
Al darse cuenta que sus planes no son realizables, Alberich y Wotan se retiran, cada uno por su lado. El primero encorvado y molesto, el segundo altivo y seguro de si mismo. Durante el breve interludio musical, las personas de blanco se mueven lentamente, para cambiar posición de un lado al otro del espacio. Cuando Mime y Siegfried arriban, ya se han vuelto a sentar, pero miran a Siegfried con indiferencia, como si no tuviese nada que hacer allí. Mime se ha puesto un abrigo y una gorra para tan larga jornada, y en uno de sus bolsillos lleva la botella con la poción.
 
Mime invita a Siegfried a sentarse en una silla vacía y le termina de contar lo que sabe del dragón. Siegfried, aburrido de su presencia, termina amenazándole con Notung para que se marche. Mime desaparece entonces entre el follaje. A solas Siegfried comienza su reflexión sobre sus padres. Las personas de blanco hacen agitar ramas con florecillas blancas, que han tenido en sus manos desde el principio.
 
La luz va perdiendo ese tono azul y frío, para ir tornándose más blanca y cálida, cogiendo un leve tono amarillento, dejándonos ver más y más el hermoso verde de las hojas que forman las murallas del bosque impenetrable, permitiendo además ver su estructura tridimensional.
 
Hace entonces su entrada el pájaro del bosque, justo cuando Siegfried comienza a evocar a su madre, a quien nunca conoció. La cantante responsable de la voz del pájaro entra ataviada como Sieglinde en el primer acto de "La valquiria", como si fuese una ilusión de Siegfried imaginándose como era su madre. Pero la ilusión se detiene allí, la figura que está ante él, cuando abre la boca sólo deja escuchar sus trinos de pájaro. La actriz sigue su actuación, moviendo sus brazos, cubiertos con un delicado chal, dando la ilusión de alas, y su mímica y movimientos de cabeza imitan a los de un pájaro. Siegfried corta entonces una rama y comienza sus intentos de comunicarse con el pájaro, sin éxito. El pájaro incluso llega a espantarse. Las personas de blanco se espantan ante tal bullicio, demostrando su desaprobación con miradas severas al joven Siegfried. Cuando Siegfried comienza a soplar su cuerno, el pájaro se muestra más complacido, pero las personas de blanco sólo miran hacia la tarima... Se escuchan los bramidos de Fafner y este termina apareciendo en el escenario. El pájaro desaparece entre el follaje. La profundidad de la voz es creada por un artilugio que aumenta el poder de la voz (más o menos como el ideado por Wagner, para que el cantante realizase el papel desde fuera del escenario, mientras que la sombra de un dragón se proyecta por las ventanas, moviéndose amenazador.
 
La lucha se lleva a cabo sobre la tarima, entre los dos hombres, mientras la sombra de dragón se mueve de un lado a otro, ante el horror de las personas de blanco, que abandonan el lugar al morir Fafner. La escena de la lucha entre Fafner y Siegfried se sintió más bien tonta y poco convincente. Pensando en otras soluciones escénicas anteriores, con el juego de sombras, y realizando la lucha fuera del escenario quizás la cosa hubiese sido mucho más efectiva y menos ridícula.
 
Siegfried coge su espada del cuerpo sin vida de Fafner, manchándose los dedos y los labios con la sangre del dragón, al mismo tiempo que besa su amada espada. El pájaro vuelve y por fin Siegfried comprende sus palabras, siguiendo su consejo, desaparece entre el follaje que oculta la caverna de Fafner.
 
Alberich y Mime entran en el abandonado lugar, agarrándose literalmente de los pelos, intentando casi matarse el uno al otro, dándose golpes y peleando por recuperar el anillo, cuando Alberich logra dominar a Mime, observan que Siegfried sale de la caverna. Alberich se aleja y Mime se oculta entre el follaje. Siegfried se sienta calmado y escucha las advertencias del pájaro. Mime se acerca, astuto y perverso, actuando con lo que se supone dice, mientras que sus labios pronuncian otras palabras, en el fondo, sus verdaderos sentimientos. Cuando ya Siegfried se cansa de todo, le da un golpe duro con Notung y lo deja tirado sobre la tarima, junto al cadaver de Fafner. Las risas de Alberich son burlonas y amargas. Siegfried arroja el cuerpo de Mime a la gruta y bloquea la entrada de la misma con el cuerpo de Fafner.
 
Cansado, y bajo los tonos anaranjados del sol, que inunda cálidamente la escena, Siegfried se sienta a descansar. El pájaro vuelve a hacerle compañía, y comprendiendo su soledad, le habla de la doncella que duerme rodeada de murallas de fuego impenetrables. La felicidad llena a Siegfried y el pájaro alza sus alas y recorriendo alegremente la escena, parte luego rumbo a la roca de Brünnhilde, seguido por un ansioso Siegfried.


 
Acto III
La tormenta se avecina, y el preludio nos hace más conscientes de ello. El telón se alza y vemos a Wotan llamando a Erda. La escena es una estrecha calle, con sólo una pared al fondo, donde hay una pequeña puerta que sólo deja pasar a una persona por vez, allí se encuentra Wotan. Sobre la puerta vemos que hay además una planta superior, cuyo interior podemos avistar por tres enormes ventanas. El interior de aquella sala vacía es una copia del salón dorado (un salón de descanso apra el público) de la Ópera Real de Estocolmo, pero aquí cumple otra función.
 
Mientras Wotan llama hacia las profundidades, invocando a Erda, vemos unas cuantas parejas que irán entrando por la puerta, en dirección al salón, donde se divierten los seres humanos en sus tertulias, ignorantes del cataclismo universal que se les avecina. Oculta entre los humanos, se aparece Erda, sentándose en el suelo, cansada. Al darse cuenta que es Wotan quien la invoca, cambia de actitud. Recobrando toda su autoridad y logrando dominar a Wotan. Wotan a su vez logra cambiar los papeles al narrar que a castigado a Brünnhilde en un sueño mágico. Mientras más Wotan intenta explicarse, menos fuerza tiene y Erda se va alzando como una figura imponente, haciendo que Wotan finalmente se humille a sus pies.
 
El silencio que sigue a la pregunta de Wotan: "Weißt du, was Wotan will?" nos muestra a los dos divinos personajes mirándose a los ojos, ambos con inseguridad, pero será Wotan quien sea el primero en romper el hielo, indicando a Erda que puede marcharse. Pero casi como esperando el fin de todo, Erda se retira, entrando por la puerta. Las luces del salón se pagan, los seres humanos han desaparecido y sólo vemos a Erda, mirando calmada el final de los acontecimientos, preparándose para ver la caída de Wotan.
 
El ave del bosque entra volando, haciendo señas de esperar a Siegfried, pero de pronto es asustado por la lanza de Wotan y vuela para perderse. Wotan Se planta en el arco de la puerta, casi oculto. Siegfried entra buscando al pájaro y de pronto escucha como alguien le habla desde la abertura de la muralla.
 
El dialogo es normal, casi acelerado por Siegfried, que está ansioso por encontrar la roca de Brünnhilde. Mira con desdén al anciano que se le ha presentado, le trajina las ropas y la cara, percatándose de la falta de un ojo. Finalmente el brillo de las llamas se hace latente y la lanza de Wotan es rota. Erda, con señas de terror se aleja de la ventana y se adentra en la oscuridad. Wotan la deja tirada, y mirando a Siegfried con temor, le deja el paso libre. Siegfried lentamente comienza a acercarse al fuego para penetrarlo y alcanzar a Brünnhilde. Cuando Siegfried ha desaparecido de nuestra vista, Wotan vuelve. El dios mira con sentimientos variados hacia el punto por donde Siegfried seguio su camino a través del fuego, recoge los restos de la lanza y y cae en la desolación. El telón y deja a nuestras mentes el sentir como Siegfried lucha contra las llamas, llegando cada vez más cerca de Brünnhilde.
 
Cuando el telón se levanta, suena en la orquesta el tema del sueño de Brünnhilde. Vemos la misma terraza señorial que dejamos en "La valquiria", por todos los arcos arden amenazantes las lenguas de fuego de Loge. La terraza está abandonada, sin ser la gloriosa estancia de la jornada anterior. Ahora las paredes están tiznadas en varias de sus partes y la desolación impera. Sólo vemos a Loge de pie, junto a Brünnhilde, velando por la tranquilidad de su sueño. Siegfried aparece entre las llamas al mimso tiempo de "Selige Öde auf sonninger Höh'!" y es saludado con una reverencia por Loge. Loge se da la vuelta y se retira, dejando a Siegfried a solas con la dormida Brünnhilde.
 
Siegfried estudia la terraza, descubriendo que en la lejanía se encuentra también Grane dormido. Las llamas se van apaciguando y la pradera por donde galopaban libre los corceles de las valquirias ya no se ven, sólo vemos roca desnuda y llamas y humo que van disminuyendo.
 
Siegfried quita el casco de la cabeza de la doncella, y luego rompe los ligamentos de la armadura con su espada. Al ver que no es un hombre, sino una mujer, el espanto es tremendo, y casi como queriendo alejarse afronta que por fin a conocido lo que es el miedo. Cuando por fin se decide a llenar su cuerpo con el aliciente de la vida, se limpia primero nervioso los labios con su cota de malla, y finalmente la besa.
 
Brünnhilde se despierta suavemente, primero reaccionando lentamente, desperezando el cuerpo, pero a la vez temerosa. Ve la luz del sol y le saluda con ansias, pero a la vez ve que a lo lejos la pradera interminable ha desaparecido, el fuego y el humo han invadido la naturaleza, en la lejanía vemos que chimeneas dejan escapar sus humos contaminantes. La naturaleza ya no tiene lugar en el mundo invadido por el industrialismo.
 
Pero olvidandose de todo eso, Brünnhilde mira al joven que tiene delante, y con miedo le pregunta quién es, para luego arrodillarse, dando gracias a que haya sido Siegfried quien la despertase. Pero cada vez que Siegfried intenta acercarse, ella le rechaza. Cuando Siegfried finalmente se le acerca, es para descubrir sus ojos. Porque Brünnhilde aún no acepta haber perdido su divinidad... Sólo piensa que ahora es sólo el día de su vergüenza el que ha llegado.
 
En el momento del idilio vuelve la ternura a ella, casi como buscando una excusa para ser libre del compromiso con Siegfried, pero éste logra convencerla y terminan ambos acercandose cada vez más hasta terminar abrazándose apasionadamente, mientras ambos cantan al luminoso amor y a la sonriente muerte (Leuchtende Liebe, lachender Tod!)
 


Los interpretes
Kungliga Hovkapellet (la orquesta de la Ópera Real de Estocolmo) junto a la dirección de Gregor Bühl demuestra que la compenetración entre ambos está llegando a niveles altísimos en cuanto a calidad interpretativa, capacidad dramática y sobretodo magnificencia musical. La larga tradición wagneriana de Estocolmo sigue viva, ahora además con tantos nuevos valores que verdaderamente comprenden la importancia del drama. Gregor Bühl juega con los cromatismos, creando atmósferas de intensidad dramática intensas, permitiendo a la orquesta formar parte del todo, logrando una unidad dramática que une lo que sale del foso con lo que ocurre en el escenario. Su dirección marca los detalles, pero dando importancia a que cada detalle es parte de un todo único. La música asociada a los nibelungos es tenebrosa y nerviosa, la de Wotan pausada, pero intranquila. A Siegfried lo retrata como una vorágine de sentimientos y fuerza sin control. Los murmullos de la foresta fueron con unas cuerdas incisivas que abrían a más de uno los oídos esperando encontrarse con un pájaro y bosque auténticos a la vuelta de la esquina. Se puede decir, sin dudarlo, que Bühl ha ido creciendo como artista a lo largo del año que llevamos de representaciones del Anillo (recordad que Rheingold tuvo su estreno el día 10 de septiembre de 2005), si a eso sumamos el Tristan dirigido en 2004, podemos contentarnos con tener un director consciente del trabajo que está realizando.
 
Bühl adapta los tempos a la situación dramática, manteniendo todo bajo control. Si comparamos el Siegfried transmitido el día 16 de septiembre por la radio, con el del día 21 de octubre, la seguridad musical y claridad de texturas era mucho mayor el día 21.
 
Hay sí que destacar además a Annamia Eriksson en el papel solista de la llamada del cuerno de Siegfried, el llamado "Siegfried-Ruf". Fue una interpretación precisa y cálida, con naturalidad y claridad. Muy merecidas ovaciones al salir a saludar junto con el resto del elenco al finalizar el segundo y tercer actos.
 
Marianne Hellgren Staykov interpretó no sólo con su voz, como ya habéis leído, al pájaro del bosque. Un paro según el Edda. En la parte actuación, sinceramente, no fue para nada molesto ver a una persona con movimientos de pájaro, al contrario realzo otros aspectos, como por ejemplo el deseo de querer acompañar a Siegfried, por parte del pájaro. En cuanto a la parte musical, Hellgren Staykov logra un pájaro agudo, pero agradable al oído, sin exageraciones y claridad vocal que permite dilucidar cada una de sus palabras sin esfuerzo.
 
Anna Larsson vuelve a ser Erda. Una Erda aún más autoritaria que en el Oro, pero también más comprensiva, especialmente a la hora de compartir con Wotan el dolor por la hija pérdida. Su movimientos son decididos y seguros, no se deja doblegar por nada ni nadie. No admite que Wotan haga lo que desee y que por su culpa esté todo el cosmos en peligro, echándoselo a la cara directamente, mirándoles siempre a la cara, lo cual Wotan siempre intenta evitar. Mientras mira la caída de Wotan, está calmada, sabiendo lo que se viene venir, pero con un poco de esperanza de que no ocurra. Pero así es como se llevara las manos a los ojos al ver romperse la lanza de Wotan y se retirara a las oscuras profundidades. Musicalmente tiene una dicción perfecta. Aquella oscura voz cautivo a todo el teatro, dándonos una auténtica belleza telúrica que podría incluso hacer temblar los mismísimos cimientos del Valhalla.
 
Brünnhilde era originalmente Katarina Dalayman, pero en las últimas semanas se ha visto indispuesta de poder subir al escenario. Dicen los rumores que se debe a un embarazo. Por este motivo, para esta última función de Siegfried ha sido reemplazada por la inglesa Rachel Tovey. Interesante actriz, sin dejar nada al azar, siguiendo las instrucciones del director escénico (Staffan Waldemar Holm no acostumbra dejar mucho a la improvisación). En su Brünnhilde pudimos apreciar primero a la valquiria que todavía guarda restos de su anterior vida, pero poco a poco se iba transformando en mujer y finalmente en amante. Sus reacciones al ver como la naturaleza ha sido desplazada por la polución fue muy certera, lo mismo que su compenetración con Siegfried. En la parte vocal, la voz es cálida y con un tinte un tanto oscuro en el registro medio-bajo. Lograba subir con facilidad a los registros altos, pero algunas notas fueron más cortas de lo habitual. Por ejemplo, en el "fürchtest du nicht das wild wütnde Weib?" Su "Weib" se transformo sólo en "Wei" y fue prácticamente imperceptible. Quizás le falte un poco más de experiencia para poder dominar mejor los tonos, pero el resultado final fue muy favorable.
 
Lennart Forsén fue un Fafner más bien fanfarrón, engreído y bruto. Lo poco que aparecía en escena lo ponía como un actor más bien satírico de su propio personaje. En la parte vocal lograba crear la atmósfera "de dragón" que uno podría esperarse en tal escena, pero fue justamente la dirección escénica que transformó la escena de la lucha entre Fafner y Siegfried en nada más que una versión de concierto. Habra que esperar a ver si el director escénico decide desarrollar más la escena.
 
Alberich sigue siendo Ketil Hugaas, demostrando enormes dotes para cambiar de personaje trágico a villano y luego satírico en la escena con Mime. Hugaas es un Alberich comido por el odio y el resentimiento, incapaz de vivir por otra cosa que no sea el anillo. Un nibelungo lo suficientemente astuto como para no dejar volverse a engañar por Wotan. En lo vocal todo lo escrito anteriormente se reflejaba en cada sílaba, sin perder en ningún momento lo mordaz de las palabras o lo sútil de las amenazas. Una voz que a la vez es una delicia para el oído, y que puede producirnos el efeecto hipnótico de querer darle el favor a Albeerich.
 
Terje Stensvold llega al final de su interpretación como Wotan. Ahora Wotan es un personaje indiferente a lo que pueda ocurrir, siempre y cuando sea como él desea. Es arrogante con los nibelungos y pícaro con Siegfried (lo cual le costara caro). SU verdadera desesperación no se hara latente hasta que se encuentre con Erda. Stensvold crea un Wotan que no quiere dejar el poder, que cree que sólo él tiene las respuestas correctas, pero al ver su lanza rota recapacita y sólo atina a mirar al futuro de otra forma, en la manos de Siegfried y Brünnhilde. La voz sigue tomando más fuerza por cada función, y sin rastros de cansancio llega triunfal hasta la confrontación final con Siegfried, la dicción más exacta y detallada en cuanto a colores de interpretación le dan a este Wanderer un final sumamente digno a lo largo de las tres jornadas que nos ha deleítado con su Wotan. Una voz autoritaria y dramática que deberemos seguir teniendo en cuenta.
 
Niklas Björling Rygert fue un Mime totalmente perfecto, tanto en actuación como en canto. Parecía a ratos un animal acorralado que esperaba saltar a defenderse con uñas y dientes en cualquier momento, para por ejemplo en la escena con el Viandante, convertirse en una figura tragicómica que en el fondo no sabe aprovechar las oportunidades que se le presentan. En ningún momento hubo sobreactuación, sino que todo en la medida justa, habiendo momentos en que logro incluso ganarse las simpatias del público. Su descripción del miedo a Siegfried fue casi como una pesadilla hecha realidad, su preparación de la pócima y toda la escena final del primer acto fueron toda una lección de actuación y maestría vocal. En el segundo acto fue aún más intenso y directo, y su confrontación con Alberich y luego con Siegfried unas escenas que coronaria con creces su trabajo
como Mime. En lo vocal, una dicción increible, claridad en cada palabra, marcando los reguladores como si fuese lo más sencillo del mundo y demostrando su evolución desde Rheingold a Siegfried. La emisión era incisiva y nerviosa, como oscuriendo de vez en cuando cuando temía algo o pensaba algo para si mismo. El público premio su trabajo de manera generosa, aplausos que hacian retumbar el salón, bravos que dejaron a más de uno afónico... Hubo de salir a saludar, al terminar el segundo acto, 10 veces; momento en el cual nos dimos cuenta que los acomodadores apuran al público a abandonar la sala, que ya habían pasado varios minutos del segundo intermedio. Si este cantante logra tales portentos ahora, con sólo 38 años... ¡no quiero ni imaginarme como será dentro de un tiempo más!
 
Llegamos por fin al gran protagonista de la obra: Siegfried. Estocolmo ofrece para Siegfried dos cantantes: Lars Cleveman y Pär Lindskog. El día del estreno (16 de septiembre de 2006) el papel le fue confiado a Cleveman, la función del día 21 de octubre también fue confiada a él. Del resto de las funciones 2 fueron confiadas a Cleveman y 2 a Lindskog.
 
La ventaja de haber oído a Cleveman en la función del día 21 de octubre es la de poder compararle con su debut el día 16, por la radio. Escenicamente es un Siegfried vigoroso y viril, desconocedor de su propia fuerza y de lo que podríamos llamar sentimientos. Siegfried es simplemente un bruto que no ha recibido educación, a excepción de como luchar, y que carece de empatía, más que nada porque no ha recibido cariño, ni tampoco apoyo, simplemente vive porque vive, sin saber el porque. Su Siegfried vive el momento, pero a ratos vislumbra un tanto de nobleza, por ejemplo al evocar como descubrió su imagen reflejada en el agua; sus sentimientos de casi envidia al ver como los animales son cuidados con dedicación por parte de sus padres, mientras que él no. Pero al verle en escena no dudamos que es un héroe, sólo hace falta forjar el metal noble y obtendremos un héroe de esos que sólo existen en las historias.
 
Con Mime es duro y frío, con Fafner indiferente... En cambio es la escena en medio de la naturaleza, con el pájaro del bosque la que despierta otros sentimientos en él, se imagina como debe ser el ser amado, casi como preguntándose como será ser amado. Su escena con Wotan es la de un chico rebelde, impaciente por lograr sus objetivos. La escena con Brünnhilde es la que le abre los ojos finalmente, descubre el miedo, tiembla de pies a cabeza, no se atreve a acercarse a la doncella que le saluda, pero finalmente todo encaja y se entrega a este nuevo tipo de vida, totalmente desconocida para él.
 
Lars Cleveman es un cantante cuyo desarrollo he seguido de cerca. Hasta hace unos años su voz tenía cierta tirantez en el registro agudo, la cual ha ido trabajando conscientemente para eliminarla. Los que conozcan el "Don Carlos" grabado desde Estocolmo con Cleveman en el papel protagónico, sólo reconocerían el timbre de tenor con tintes de barítono, porque la tirantez ha desaparecido, mucha mayor seguridad en la emisión y un uso consciente del Sprechgesang, le permiten mantener la voz en forma hasta el final de la velada, aunque si un leve cansancio es evidente... Bueno, al fin y al cabo a las 19:30 es cuando recién despertó Brünnhilde, y él lleva cantando desde las 15:10 más o menos, cuando realizo su entrada en la cueva de Mime.
 
La voz de Cleveman es hermosa, pero más hermosa aún en directo, en grabaciones pierde mucho de su calor natural. Una excelente dicción del alemán, le permite jugar con la parte dramática al 100%, haciendo que su interpretación de Siegfried sea creíble. No estamos viendo a un cantante interpretando Siegfried, estamos viendo a Siegfried. Dos grandes triunfos se dieron el día 21 el de Mime y el de Siegfried.
 
Ya sólo nos queda apreciar "Götterdämmerung"... pero aún falta un poco. Mientras tanto, en marzo, volvera Rheingold al escenario, reviviendo el robo del oro por Alberich, haciendo girar los mecanismos nuevamente. Mientras tanto, dejemos a Brünnhilde y Siegfried abrazados en su amor, disfrutando de su compañía mutua.
 
Erb' und Eigen, ein und all:
leuchtende Liebe, lachender Tod!
 
Saludos desde Estocolmo,
Claudio Briones