Hacía 18 años que
el cuerno de Siegfried no resonaba en el auditorio de la Ópera
Real de Estocolmo. El día 16 de septiembre de 2006 se acababa
esta espera. Siegfried ha vuelto, continuando así el trabajo
de producción de la actual tetralogía en Estocolmo
que concluirá el 15 septiembre de 2007, cuando
se estrene la nueva producción de "Götterdämmerung",
dejando así las puertas abiertas a las representaciones
integras de "El Anillo del nibelungo" a partir de enero
de 2008. Pero para llegar a esos tres Anillos de 2008 falta todavía
un poco de tiempo. Vámonos por ahora al bosque, a ver que
ocurre con Siegfried...
Acto I
El preludio transcurrió a talón cerrado, dejando
al público embriagarse de los tonos nibelungos surgiendo
del foso. Sólo uno o dos segundos antes de iniciarse el
martilleo de Mime sobre la espada se alzó el telón,
muy rápido, para ver al nibelungo martilleando con afán
la nueva espada que está preparando para su hijo adoptivo.
La escena es una cámara subterránea, con paredes
llenas de perforaciones cúbicas, ideales para guardar todo
el material que un hábil herrero podría necesitar.
Una pequeña rampa por la parte posterior derecha permite
la entrada y salida de la cámara. En primer plano un enorme
bloque rectangular cruza la escena de izquierda a derecha, dejando
dos pasajes a cada lado para permitir el paso. El bloque este sirve
tanto de mesa, como de fragua, según el uso que se requiera
en el momento de la acción. En la pared posterior, una
enorme ventana nos deja dislumbrar el bosque profundo.
Estas estanterías son de madera en bruto, un tanto oscuras
por el uso y el humo de la fragua. Del bloque surje un fuerte
color rojo amarillento, producido por las llamas, el resto de
la estancia está sumido en penumbras. Bajo el bloque tiene
escondidos los restos de Notung, al mirarlos, una vez más,
se convence que su habilidad es allí nula. Y su desesperación
se refleja en su cara al saber que aún no sabe como reforjar
la tan ansiada espada.
Mime se mueve nervioso y con ‘ticks’ nerviosos en
los momentos de mayor problemas, temeroso de la llegada de Siegfried
(Como dice en el texto: "Si te veo quieto o marchar cojeando
encorvado y gibado, guiñando los ojos, incitas a tomarte
del cuello, contrahecho, y darte un empujón.").
No sólo le odia, también le teme. Está siempre
tenso, y su mirada es como la de un animal acorralado. Sus manos
siempre en actitud defensiva y apegadas al pecho. Su caminar es
torpe y lento, pero no por ello ha perdido su maestría
de herrero. Mirando orgulloso la nueva espada escucha a Siegfried
aproximarse, escondiéndose tras el bloque al ver el oso
que trae Siegfried. El héroe, haciendo uso de su fuerza,
ha traido al oso transportándolo en sus brazos. He de decir
que se trata de una reproducción de un oso muy fiel
a la naturaleza (aunque se trate de un enorme muñeco).
Siegfried acosa a Mime sobre la mesa y le tira el oso encima,
de forma brutal, permitiendo que el oso arañe y muerda
al nibelungo. Finalmente se lo quita de encima, agarrando al animal
por la nuca y tirándolo hacia la puerta, obviamente la
brusquedad termina dejando al oso tirado y sin vida. Luego recibe
la espada nueva de Mime, y obviamente la rompe en dos. Mientras
el nibelungo le mira desesperado.
Siegfried viste una simple cota de malla metálica, pantalones
bastos y botas viejas. Un tanto despeinado, y casi como un salvaje
al que han vestido con lo primero que se encuentra. Siegfried
golpea a Mime con placer y disgusto. casi como si desahogase su
frustración en el nibelungo. Mime, finalmente, se cambia
el mandil de herrero, poniendose encima el que usa para cocinar.
Mientras calienta la sopa a un extremo del bloque; Siegfried le
mira con sospecha desde el otro extremo, arrojándole luego
la comida de vuelta, pero sin derramarla. Mime le mira con desprecio
y finalmente le abraza, casi instintivamente; casi como pidiendo
un respiro a tanta brutalidad. Siegfried se calma, más
cuando sentados sobre el bloque, Mime comienza a contarle la historia
de sus padres. Siegfried se calma totalmente, como abandonándose
a la tristeza de saber que no conocerá a sus verdaderos
padres. Luego Mime le presenta los restos de Notung y Siegfried
hierve en alegría, para luego irse a toda prisa al bosque...
Mime le persigue, llevándole el cuerno. Durante esos segundos
vemos dos cuervos cruzar por la ventana y posarse sobre una rama,
mirando hacia la estancia. Son Hugin y Munin, los cuervos de Wotan.
Mime no se percata de las aves y sólo piensa en como poder
realizar la tarea de reforjar la espada. Es entonces que los cuervos
cambian de posición, al mismo tiempo que Wotan, en el figura
del Viandante entra tranquilamente a la vivienda de Mime. Lleva
un largo abrigo y un sombrero que le da sombra a la cara, cubriéndola
casi. Los cabellos van sueltos y ya están blancos. El cayado
de su lanza esta viejo y sin cuidar.
Mime se encuentra más molesto que sorprendido. Y cuando
intenta deshacerse de él, es vencido por el extraño,
viéndose obligado a aceptar su propuesta de jugar a los
acertijos. Wotan se planta al extremo izquierdo, Mime al derecho,
del bloque, poniendo las manos en la mesa, esperando las preguntas.
Mime hace lo mismo, pensando en que preguntas hará. Wotan
responde tranquilamente, imitando con su cuerpo a los nibelungos
y luego a los gigantes. Cuando describe a los dioses, simplemente se
enorgullece y se llena de luz, pero al reventar los truenos y
relámpagos al final de su respuesta, Mime ya ha comprendido
a quien tiene adelante y su nerviosismo vuelve. Los cuervos se
alejan volando hacia la profundidad del bosque.
Ahora es el turno de Mime, y manteniendo las mismas posiciones
comienzan a preguntarse y responderse los enigmas. Mime va cogiendo
más confianza y salta de alegría, mirando con gesto
de burla al extraño... pero al ser interrogado sobre quien
forjara Notung de nuevo, un temblor enorme lo invade, maldice
los trozos de acero que Wotan lee ha puesto en las narices y se
desploma desconsolado en el bloque. Wotan pone su mano sobre la
cabeza del nibelungo y la ofrece a "aquel que no conoce el
miedo"... Se aleja arrogante y todo queda a oscuras... Brillos
rojizos nos hablan de Fafner que justamente pasa por allí,
mientras algunas liebres salvajes buscan refugio en la caverna,
saltando desesperadas, Mime se oculta tras el bloque (el frente
del escenario para nosotros), cubriéndose la cabeza y temblando.
A los pocos segundo llega Siegfried, quien sigue exigiendo la
espada de su padre.
Mime recapacita y se encierra en sus pensamientos, en la esquina
contraria, viendo como ha perdido la oportunidad de ganarse a
Siegfried. Le invita a sentarse en el bloque y le convence de
que debe aprender a conocer el miedo. Siegfried le mira con desdén,
mientras Mime se pone de pie sobre el bloque y describe el miedo.
Al saber que podría aprender el miedo de un dragón
que vive en los confines del bosque se alegra, y ve sus aventuras
plasmadas. Coge los restos de la espada y comienza a limarlos
con fuerza y dedicación dentro de un enorme cuenco. Mime
simplemente se desespera al ver que está además
destruyendo las limas. Le entrega luego un material de aleación
para pegar los restos, el cual Siegfried arroja lejos. Un par
de lobos hacen su aparición por la ventana y observan atentos
lo que ocurre en la estancia. Cuando a terminado de limar
la espada, vacía los restos al cuenco que ya tiene listo
en el fuego, y mientras los fragmentos y las astillas se funden,
canta su canción. Mime le mira intranquilo, casi oculto
en la esquina contraria... Luego comienza a juntar los ingredientes
de la poción, sacándolos de diferentes estanterías
del sector en donde se encuentra.
Siegfried saca el molde y lo llena con el acero fundido, mientras
que Mime, rodeado de cuencos y vapores sospechosos funde su poción
envuelto en la luz que se refleja desde la fragua. Siegfried intenta
probar lo que esta haciendo Mime, pero este le dirige su atención
a la espada. Siegfried se olvida de Mime y sigue con su trabajo.
Finalmente, tanto Notung como la poción estan listas. Siegfried,
subido en el bloque muestra al mundo, orgulloso, su espada. Mime
le mira con orgullo, pero también ambicionando lo que pronto
cree que será suyo: el anillo y el tesoro nibelungo. Siegfried
rompe en dos primero el cuenco donde limó los restos de
Notung y luego el yunque, para luego salir camino a la aventura.
Mime, levantando los brazos en símbolo de su "triunfo",
le mira ansioso. Y los lobos parten raudos en carrera hacia las
profundidades del bosque.
Acto II
Luego de un amanazante preludio, el telón se alzó
revelando un lugar cerrado por altas murallas compuestas sólo
de hojas verdes, en lo más alto de las "paredes" unas
pocas ventanas por las que entra de vez en cuando el viento, nos
da un atisbo que la naturaleza está presente, en forma
artificial, ante un número de personas, vestidas de blanco,
que están sentadas, mirando hacia un pequeño escenario
al fondo de la sala. Estas personas están esperando algo,
¿qué? no lo sabemos al iniciarse el acto. Estas
personas están sentadas ocho a la izquierda y ocho a la
derecha. En el corredor natural que se forma en el centro está
Alberich, ataviado de forma similar a la del Viandante, pero su
mirada es alerta y temerosa. Comprendemos entonces que estamos
ante los dominios de Fafner.
Las diferentes conversaciones llevadas a cabo durante la pausa
posterior a este acto nos hizo reflexionar de diferentes formas.
Para mi las figuras de blanco eran los pocos espíritus
naturales que quedaban luego que el arrasador poder destructivo
del anillo comenzase a hacer efecto, y que han encontrado refugio
en una solución artificial, dominada por un ilusionista
(Fafner) que les hace creer cualquier cosa, con tal de mantenerles
engañados. Para otras personas eran los espíritus
de las diferentes víctimas del apetito de Fafner, que no
han encontrado paz y siguen esperando alguna esperanza de salvación.
Otro comentario es el de una burguesía cada vez más
consciente que el industrialismo ha destruido la naturaleza, y
por tanto se reúnen en esa artificialidad, para buscar
algo perdido y pasar un momento de distracción con un charlatán
que dice poder transformarse en dragón... Las interpretaciones
son muchas... y luego de haber visto este acto... casi me atrevo
a decir, que todas son válidas. Sigamos con la trama.
Alberich está un tanto tullido, mira con desdén
hacia el frente, como diciendo: "venid y apreciad lo que
está ocurriendo". Se aleja más del grupo de
personas y queda a solas en el frente, viendo como algo se acerca
rápidamente. Las personas de blanco se voltean sorprendidas,
para luego ignorar simplemente a quien ha entrado: el Viandante.
Estas personas se mantendrán estáticas, con la vista
fija hacia ele fonde el escenario. En cambio, Alberich y Wotan
permanecerán en primer plano, realizando con maestría
este dialogo entre los dos archienemigos. Cuando Wotan se dispone
a despertar a Fafner, sube a la tarima del fondo y llama hacia
al interior... Alberich y las figuras de blanco le hacen señas
de apartarse y no hacer nada. Finalmente, la voz de Fafner retumba
tenebrosa por toda la sala y todos quedan estáticos en
sus sillas, a excepción de Wotan y Alberich, el que intenta
convencer a la voz de Fafner que le entregue el anillo.
Al darse cuenta que sus planes no son realizables, Alberich y
Wotan se retiran, cada uno por su lado. El primero encorvado y
molesto, el segundo altivo y seguro de si mismo. Durante el breve
interludio musical, las personas de blanco se mueven lentamente,
para cambiar posición de un lado al otro del espacio. Cuando
Mime y Siegfried arriban, ya se han vuelto a sentar, pero
miran a Siegfried con indiferencia, como si no tuviese nada que
hacer allí. Mime se ha puesto un abrigo y una gorra para
tan larga jornada, y en uno de sus bolsillos lleva la botella
con la poción.
Mime invita a Siegfried a sentarse en una silla vacía y
le termina de contar lo que sabe del dragón. Siegfried,
aburrido de su presencia, termina amenazándole con Notung
para que se marche. Mime desaparece entonces entre el follaje.
A solas Siegfried comienza su reflexión sobre sus padres.
Las personas de blanco hacen agitar ramas con florecillas blancas,
que han tenido en sus manos desde el principio.
La luz va perdiendo ese tono azul y frío, para ir tornándose
más blanca y cálida, cogiendo un leve tono amarillento,
dejándonos ver más y más el hermoso verde
de las hojas que forman las murallas del bosque impenetrable,
permitiendo además ver su estructura tridimensional.
Hace entonces su entrada el pájaro del bosque, justo cuando
Siegfried comienza a evocar a su madre, a quien nunca conoció.
La cantante responsable de la voz del pájaro entra ataviada
como Sieglinde en el primer acto de "La valquiria",
como si fuese una ilusión de Siegfried imaginándose
como era su madre. Pero la ilusión se detiene allí,
la figura que está ante él, cuando abre la boca
sólo deja escuchar sus trinos de pájaro. La actriz
sigue su actuación, moviendo sus brazos, cubiertos con
un delicado chal, dando la ilusión de alas, y su mímica
y movimientos de cabeza imitan a los de un pájaro. Siegfried
corta entonces una rama y comienza sus intentos de comunicarse
con el pájaro, sin éxito. El pájaro incluso
llega a espantarse. Las personas de blanco se espantan ante tal
bullicio, demostrando su desaprobación con miradas severas
al joven Siegfried. Cuando Siegfried comienza a soplar su cuerno,
el pájaro se muestra más complacido, pero las personas
de blanco sólo miran hacia la tarima... Se escuchan los
bramidos de Fafner y este termina apareciendo en el escenario.
El pájaro desaparece entre el follaje. La profundidad de
la voz es creada por un artilugio que aumenta el poder de la voz
(más o menos como el ideado por Wagner, para que el cantante
realizase el papel desde fuera del escenario, mientras que la
sombra de un dragón se proyecta por las ventanas, moviéndose
amenazador.
La lucha se lleva a cabo sobre la tarima, entre los dos hombres,
mientras la sombra de dragón se mueve de un lado a otro,
ante el horror de las personas de blanco, que abandonan el lugar
al morir Fafner. La escena de la lucha entre Fafner y Siegfried
se sintió más bien tonta y poco convincente. Pensando
en otras soluciones escénicas anteriores, con el juego
de sombras, y realizando la lucha fuera del escenario quizás
la cosa hubiese sido mucho más efectiva y menos ridícula.
Siegfried coge su espada del cuerpo sin vida de Fafner, manchándose
los dedos y los labios con la sangre del dragón, al mismo
tiempo que besa su amada espada. El pájaro vuelve y por
fin Siegfried comprende sus palabras, siguiendo su consejo, desaparece
entre el follaje que oculta la caverna de Fafner.
Alberich y Mime entran en el abandonado lugar, agarrándose
literalmente de los pelos, intentando casi matarse el uno al otro,
dándose golpes y peleando por recuperar el anillo, cuando
Alberich logra dominar a Mime, observan que Siegfried sale de
la caverna. Alberich se aleja y Mime se oculta entre el follaje.
Siegfried se sienta calmado y escucha las advertencias del pájaro.
Mime se acerca, astuto y perverso, actuando con lo que se supone
dice, mientras que sus labios pronuncian otras palabras, en el
fondo, sus verdaderos sentimientos. Cuando ya Siegfried se cansa
de todo, le da un golpe duro con Notung y lo deja tirado sobre
la tarima, junto al cadaver de Fafner. Las risas de Alberich son
burlonas y amargas. Siegfried arroja el cuerpo de Mime a la gruta
y bloquea la entrada de la misma con el cuerpo de Fafner.
Cansado, y bajo los tonos anaranjados del sol, que inunda cálidamente
la escena, Siegfried se sienta a descansar. El pájaro vuelve
a hacerle compañía, y comprendiendo su soledad,
le habla de la doncella que duerme rodeada de murallas de fuego
impenetrables. La felicidad llena a Siegfried y el pájaro
alza sus alas y recorriendo alegremente la escena, parte luego
rumbo a la roca de Brünnhilde, seguido por un ansioso Siegfried.
Acto III
La tormenta se avecina, y el preludio nos hace más conscientes
de ello. El telón se alza y vemos a Wotan llamando a Erda.
La escena es una estrecha calle, con sólo una pared al
fondo, donde hay una pequeña puerta que sólo deja
pasar a una persona por vez, allí se encuentra Wotan. Sobre
la puerta vemos que hay además una planta superior, cuyo
interior podemos avistar por tres enormes ventanas. El interior
de aquella sala vacía es una copia del salón dorado
(un salón de descanso apra el público) de la Ópera
Real de Estocolmo, pero aquí cumple otra función.
Mientras Wotan llama hacia las profundidades, invocando a Erda,
vemos unas cuantas parejas que irán entrando por la puerta,
en dirección al salón, donde se divierten los seres
humanos en sus tertulias, ignorantes del cataclismo universal
que se les avecina. Oculta entre los humanos, se aparece Erda,
sentándose en el suelo, cansada. Al darse cuenta que es
Wotan quien la invoca, cambia de actitud. Recobrando toda su autoridad
y logrando dominar a Wotan. Wotan a su vez logra cambiar los papeles
al narrar que a castigado a Brünnhilde en un sueño
mágico. Mientras más Wotan intenta explicarse, menos
fuerza tiene y Erda se va alzando como una figura imponente, haciendo
que Wotan finalmente se humille a sus pies.
El silencio que sigue a la pregunta de Wotan: "Weißt
du, was Wotan will?" nos muestra a los dos divinos personajes
mirándose a los ojos, ambos con inseguridad, pero será
Wotan quien sea el primero en romper el hielo, indicando a Erda
que puede marcharse. Pero casi como esperando el fin de todo,
Erda se retira, entrando por la puerta. Las luces del salón
se pagan, los seres humanos han desaparecido y sólo vemos
a Erda, mirando calmada el final de los acontecimientos, preparándose
para ver la caída de Wotan.
El ave del bosque entra volando, haciendo señas de esperar
a Siegfried, pero de pronto es asustado por la lanza de Wotan
y vuela para perderse. Wotan Se planta en el arco de la puerta,
casi oculto. Siegfried entra buscando al pájaro y de pronto
escucha como alguien le habla desde la abertura de la muralla.
El dialogo es normal, casi acelerado por Siegfried, que está
ansioso por encontrar la roca de Brünnhilde. Mira con desdén
al anciano que se le ha presentado, le trajina las ropas y la
cara, percatándose de la falta de un ojo. Finalmente el
brillo de las llamas se hace latente y la lanza de Wotan es rota.
Erda, con señas de terror se aleja de la ventana y se adentra
en la oscuridad. Wotan la deja tirada, y mirando a Siegfried con
temor, le deja el paso libre. Siegfried lentamente comienza a
acercarse al fuego para penetrarlo y alcanzar a Brünnhilde.
Cuando Siegfried ha desaparecido de nuestra vista, Wotan vuelve.
El dios mira con sentimientos variados hacia el punto por donde
Siegfried seguio su camino a través del fuego, recoge los
restos de la lanza y y cae en la desolación. El telón
y deja a nuestras mentes el sentir como Siegfried lucha contra
las llamas, llegando cada vez más cerca de Brünnhilde.
Cuando el telón se levanta, suena en la orquesta el tema
del sueño de Brünnhilde. Vemos la misma terraza señorial
que dejamos en "La valquiria", por todos los arcos arden
amenazantes las lenguas de fuego de Loge. La terraza está
abandonada, sin ser la gloriosa estancia de la jornada anterior.
Ahora las paredes están tiznadas en varias de sus partes
y la desolación impera. Sólo vemos a Loge de pie,
junto a Brünnhilde, velando por la tranquilidad de su sueño.
Siegfried aparece entre las llamas al mimso tiempo de "Selige
Öde auf sonninger Höh'!" y es saludado con
una reverencia por Loge. Loge se da la vuelta y se retira, dejando
a Siegfried a solas con la dormida Brünnhilde.
Siegfried estudia la terraza, descubriendo que en la lejanía
se encuentra también Grane dormido. Las llamas se van apaciguando
y la pradera por donde galopaban libre los corceles de las valquirias
ya no se ven, sólo vemos roca desnuda y llamas y humo que
van disminuyendo.
Siegfried quita el casco de la cabeza de la doncella, y luego
rompe los ligamentos de la armadura con su espada. Al ver que
no es un hombre, sino una mujer, el espanto es tremendo, y casi
como queriendo alejarse afronta que por fin a conocido lo que
es el miedo. Cuando por fin se decide a llenar su cuerpo con el
aliciente de la vida, se limpia primero nervioso los labios con
su cota de malla, y finalmente la besa.
Brünnhilde se despierta suavemente, primero reaccionando
lentamente, desperezando el cuerpo, pero a la vez temerosa. Ve
la luz del sol y le saluda con ansias, pero a la vez ve que a
lo lejos la pradera interminable ha desaparecido, el fuego y el
humo han invadido la naturaleza, en la lejanía vemos que
chimeneas dejan escapar sus humos contaminantes. La naturaleza
ya no tiene lugar en el mundo invadido por el industrialismo.
Pero olvidandose de todo eso, Brünnhilde mira al joven que
tiene delante, y con miedo le pregunta quién es, para luego
arrodillarse, dando gracias a que haya sido Siegfried quien la
despertase. Pero cada vez que Siegfried intenta acercarse, ella
le rechaza. Cuando Siegfried finalmente se le acerca, es para
descubrir sus ojos. Porque Brünnhilde aún no acepta
haber perdido su divinidad... Sólo piensa que ahora es
sólo el día de su vergüenza el que ha llegado.
En el momento del idilio vuelve la ternura a ella, casi como buscando
una excusa para ser libre del compromiso con Siegfried, pero éste
logra convencerla y terminan ambos acercandose cada vez más
hasta terminar abrazándose apasionadamente, mientras ambos
cantan al luminoso amor y a la sonriente muerte (Leuchtende Liebe,
lachender Tod!)
Los interpretes
Kungliga Hovkapellet (la orquesta de la Ópera Real de Estocolmo)
junto a la dirección de Gregor Bühl demuestra que
la compenetración entre ambos está llegando a niveles
altísimos en cuanto a calidad interpretativa, capacidad
dramática y sobretodo magnificencia musical. La larga tradición
wagneriana de Estocolmo sigue viva, ahora además con tantos
nuevos valores que verdaderamente comprenden la importancia del
drama. Gregor Bühl juega con los cromatismos, creando atmósferas
de intensidad dramática intensas, permitiendo a la orquesta
formar parte del todo, logrando una unidad dramática que
une lo que sale del foso con lo que ocurre en el escenario. Su
dirección marca los detalles, pero dando importancia a
que cada detalle es parte de un todo único. La música
asociada a los nibelungos es tenebrosa y nerviosa, la de Wotan
pausada, pero intranquila. A Siegfried lo retrata como una vorágine
de sentimientos y fuerza sin control. Los murmullos de la foresta
fueron con unas cuerdas incisivas que abrían a más
de uno los oídos esperando encontrarse con un pájaro
y bosque auténticos a la vuelta de la esquina. Se puede
decir, sin dudarlo, que Bühl ha ido creciendo como artista
a lo largo del año que llevamos de representaciones del
Anillo (recordad que Rheingold tuvo su estreno el día
10 de septiembre de 2005), si a eso sumamos el Tristan dirigido
en 2004, podemos contentarnos con tener un director consciente
del trabajo que está realizando.
Bühl adapta los tempos a la situación dramática,
manteniendo todo bajo control. Si comparamos el Siegfried transmitido
el día 16 de septiembre por la radio, con el del día
21 de octubre, la seguridad musical y claridad de texturas era
mucho mayor el día 21.
Hay sí que destacar además a Annamia Eriksson en
el papel solista de la llamada del cuerno de Siegfried, el llamado
"Siegfried-Ruf". Fue una interpretación precisa
y cálida, con naturalidad y claridad. Muy merecidas ovaciones
al salir a saludar junto con el resto del elenco al finalizar
el segundo y tercer actos.
Marianne Hellgren Staykov interpretó no sólo con
su voz, como ya habéis leído, al pájaro del
bosque. Un paro según el Edda. En la parte actuación,
sinceramente, no fue para nada molesto ver a una persona con movimientos
de pájaro, al contrario realzo otros aspectos, como por
ejemplo el deseo de querer acompañar a Siegfried, por parte
del pájaro. En cuanto a la parte musical, Hellgren Staykov
logra un pájaro agudo, pero agradable al oído, sin
exageraciones y claridad vocal que permite dilucidar cada una
de sus palabras sin esfuerzo.
Anna Larsson vuelve a ser Erda. Una Erda aún más
autoritaria que en el Oro, pero también más comprensiva,
especialmente a la hora de compartir con Wotan el dolor por la
hija pérdida. Su movimientos son decididos y seguros, no
se deja doblegar por nada ni nadie. No admite que Wotan haga lo
que desee y que por su culpa esté todo el cosmos en peligro,
echándoselo a la cara directamente, mirándoles siempre
a la cara, lo cual Wotan siempre intenta evitar. Mientras mira
la caída de Wotan, está calmada, sabiendo lo que
se viene venir, pero con un poco de esperanza de que no ocurra.
Pero así es como se llevara las manos a los ojos al ver
romperse la lanza de Wotan y se retirara a las oscuras profundidades.
Musicalmente tiene una dicción perfecta. Aquella oscura
voz cautivo a todo el teatro, dándonos una auténtica
belleza telúrica que podría incluso hacer temblar
los mismísimos cimientos del Valhalla.
Brünnhilde era originalmente Katarina Dalayman, pero en las
últimas semanas se ha visto indispuesta de poder subir
al escenario. Dicen los rumores que se debe a un embarazo. Por
este motivo, para esta última función de Siegfried
ha sido reemplazada por la inglesa Rachel Tovey. Interesante actriz,
sin dejar nada al azar, siguiendo las instrucciones del director
escénico (Staffan Waldemar Holm no acostumbra dejar mucho
a la improvisación). En su Brünnhilde pudimos apreciar
primero a la valquiria que todavía guarda restos de su
anterior vida, pero poco a poco se iba transformando en mujer
y finalmente en amante. Sus reacciones al ver como la naturaleza
ha sido desplazada por la polución fue muy certera, lo
mismo que su compenetración con Siegfried. En la parte
vocal, la voz es cálida y con un tinte un tanto oscuro
en el registro medio-bajo. Lograba subir con facilidad a los registros
altos, pero algunas notas fueron más cortas de lo habitual.
Por ejemplo, en el "fürchtest du nicht das wild wütnde
Weib?" Su "Weib" se transformo sólo en "Wei"
y fue prácticamente imperceptible. Quizás le falte
un poco más de experiencia para poder dominar mejor los
tonos, pero el resultado final fue muy favorable.
Lennart Forsén fue un Fafner más bien fanfarrón,
engreído y bruto. Lo poco que aparecía en escena
lo ponía como un actor más bien satírico
de su propio personaje. En la parte vocal lograba crear la atmósfera
"de dragón" que uno podría esperarse en
tal escena, pero fue justamente la dirección escénica
que transformó la escena de la lucha entre Fafner y Siegfried
en nada más que una versión de concierto. Habra
que esperar a ver si el director escénico decide desarrollar
más la escena.
Alberich sigue siendo Ketil Hugaas, demostrando enormes dotes
para cambiar de personaje trágico a villano y luego satírico
en la escena con Mime. Hugaas es un Alberich comido por el odio
y el resentimiento, incapaz de vivir por otra cosa que no sea
el anillo. Un nibelungo lo suficientemente astuto como para no
dejar volverse a engañar por Wotan. En lo vocal todo lo
escrito anteriormente se reflejaba en cada sílaba, sin
perder en ningún momento lo mordaz de las palabras o lo
sútil de las amenazas. Una voz que a la vez es una delicia
para el oído, y que puede producirnos el efeecto hipnótico
de querer darle el favor a Albeerich.
Terje Stensvold llega al final de su interpretación como
Wotan. Ahora Wotan es un personaje indiferente a lo que pueda
ocurrir, siempre y cuando sea como él desea. Es arrogante
con los nibelungos y pícaro con Siegfried (lo cual le costara
caro). SU verdadera desesperación no se hara latente hasta
que se encuentre con Erda. Stensvold crea un Wotan que no quiere
dejar el poder, que cree que sólo él tiene las respuestas
correctas, pero al ver su lanza rota recapacita y sólo
atina a mirar al futuro de otra forma, en la manos de Siegfried
y Brünnhilde. La voz sigue tomando más fuerza por
cada función, y sin rastros de cansancio llega triunfal
hasta la confrontación final con Siegfried, la dicción
más exacta y detallada en cuanto a colores de interpretación
le dan a este Wanderer un final sumamente digno a lo largo de
las tres jornadas que nos ha deleítado con su Wotan. Una
voz autoritaria y dramática que deberemos seguir teniendo
en cuenta.
Niklas Björling Rygert fue un Mime totalmente perfecto, tanto
en actuación como en canto. Parecía a ratos un animal
acorralado que esperaba saltar a defenderse con uñas y
dientes en cualquier momento, para por ejemplo en la escena con
el Viandante, convertirse en una figura tragicómica que
en el fondo no sabe aprovechar las oportunidades que se le presentan.
En ningún momento hubo sobreactuación, sino que
todo en la medida justa, habiendo momentos en que logro incluso
ganarse las simpatias del público. Su descripción
del miedo a Siegfried fue casi como una pesadilla hecha realidad,
su preparación de la pócima y toda la escena final
del primer acto fueron toda una lección de actuación
y maestría vocal. En el segundo acto fue aún más
intenso y directo, y su confrontación con Alberich y luego
con Siegfried unas escenas que coronaria con creces su trabajo
como Mime. En lo vocal, una dicción increible, claridad
en cada palabra, marcando los reguladores como si fuese lo más
sencillo del mundo y demostrando su evolución desde Rheingold
a Siegfried. La emisión era incisiva y nerviosa, como oscuriendo
de vez en cuando cuando temía algo o pensaba algo para
si mismo. El público premio su trabajo de manera generosa,
aplausos que hacian retumbar el salón, bravos que dejaron
a más de uno afónico... Hubo de salir a saludar,
al terminar el segundo acto, 10 veces; momento en el cual nos
dimos cuenta que los acomodadores apuran al público a abandonar
la sala, que ya habían pasado varios minutos del segundo
intermedio. Si este cantante logra tales portentos ahora, con
sólo 38 años... ¡no quiero ni imaginarme como
será dentro de un tiempo más!
Llegamos por fin al gran protagonista de la obra: Siegfried.
Estocolmo ofrece para Siegfried dos cantantes: Lars Cleveman
y Pär Lindskog. El día del estreno (16 de septiembre
de 2006) el papel le fue confiado a Cleveman, la función
del día 21 de octubre también fue confiada a él.
Del resto de las funciones 2 fueron confiadas a Cleveman y 2 a
Lindskog.
La ventaja de haber oído a Cleveman en la función
del día 21 de octubre es la de poder compararle con su
debut el día 16, por la radio. Escenicamente es un Siegfried
vigoroso y viril, desconocedor de su propia fuerza y de lo que
podríamos llamar sentimientos. Siegfried es simplemente
un bruto que no ha recibido educación, a excepción
de como luchar, y que carece de empatía, más que
nada porque no ha recibido cariño, ni tampoco apoyo, simplemente
vive porque vive, sin saber el porque. Su Siegfried vive el momento,
pero a ratos vislumbra un tanto de nobleza, por ejemplo al evocar
como descubrió su imagen reflejada en el agua; sus sentimientos
de casi envidia al ver como los animales son cuidados con dedicación
por parte de sus padres, mientras que él no. Pero al verle
en escena no dudamos que es un héroe, sólo hace
falta forjar el metal noble y obtendremos un héroe de esos
que sólo existen en las historias.
Con Mime es duro y frío, con Fafner indiferente... En cambio
es la escena en medio de la naturaleza, con el pájaro del
bosque la que despierta otros sentimientos en él, se imagina como
debe ser el ser amado, casi como preguntándose como será
ser amado. Su escena con Wotan es la de un chico rebelde, impaciente
por lograr sus objetivos. La escena con Brünnhilde es la
que le abre los ojos finalmente, descubre el miedo, tiembla de
pies a cabeza, no se atreve a acercarse a la doncella que le saluda,
pero finalmente todo encaja y se entrega a este nuevo tipo de
vida, totalmente desconocida para él.
Lars Cleveman es un cantante cuyo desarrollo he seguido de cerca.
Hasta hace unos años su voz tenía cierta tirantez
en el registro agudo, la cual ha ido trabajando conscientemente
para eliminarla. Los que conozcan el "Don Carlos"
grabado desde Estocolmo con Cleveman en el papel protagónico,
sólo reconocerían el timbre de tenor con tintes
de barítono, porque la tirantez ha desaparecido, mucha
mayor seguridad en la emisión y un uso consciente del Sprechgesang,
le permiten mantener la voz en forma hasta el final de la velada,
aunque si un leve cansancio es evidente... Bueno, al fin y al
cabo a las 19:30 es cuando recién despertó Brünnhilde,
y él lleva cantando desde las 15:10 más o menos,
cuando realizo su entrada en la cueva de Mime.
La voz de Cleveman es hermosa, pero más hermosa aún
en directo, en grabaciones pierde mucho de su calor natural. Una
excelente dicción del alemán, le permite jugar con
la parte dramática al 100%, haciendo que su interpretación
de Siegfried sea creíble. No estamos viendo a un cantante
interpretando Siegfried, estamos viendo a Siegfried. Dos grandes
triunfos se dieron el día 21 el de Mime y el de Siegfried.
Ya sólo nos queda apreciar "Götterdämmerung"...
pero aún falta un poco. Mientras tanto, en marzo, volvera
Rheingold al escenario, reviviendo el robo del oro por Alberich,
haciendo girar los mecanismos nuevamente. Mientras tanto, dejemos
a Brünnhilde y Siegfried abrazados en su amor, disfrutando
de su compañía mutua.
Erb' und Eigen, ein und all:
leuchtende Liebe, lachender Tod!
Saludos desde Estocolmo,
Claudio Briones