A LA BÚSQUEDA DE SUCESORES
Por Sebastián Spreng

Con la titánica grabación del Tristan wagneriano, Plácido Domingo (64) concreta un sueño a la vez que preludia el simbólico retiro de toda una generación. Los posibles sucesores en los registros soprano y tenor ya están en sus marcas y las apuestas a la orden del día.

En tanto, la población de mezzos y barítonos ostenta envidiable salud. Hoy son raros los rotundos exponentes de antaño pero, entre los líricos, Susan Graham, Alice Coote, Lorraine Hunt-Lieberson, Thomas Hampson, Nathan Gunn, Simon Keenlyside y Thomas Quasthoff son apenas algunos nombres de un grupo rutilante. No obstante, la tradición sostiene que son las sopranos y tenores quienes desatan el delirio del público, aquellos que- según bromeaba Leontyne Price- poseen: ``la nota de los 10,000 dólares''.

Con algunas honrosas excepciones --Edita Gruberova (59), Kiri te Kanawa (61), Mirella Freni (70)-- todavía mostrando destellos de lozanía vocal, las leyendas están retiradas. Dónde encontrar los nuevos Carreras, Pavarotti, Kraus, Caballé o Sutherland?. Si la incógnita queda en suspenso, intriga la ausencia de un gran nombre italiano o afroamericanas como las que conquistaron los escenarios en décadas recientes. No bastan Michele Crider y Denyce Graves para competir con el recuerdo de Leontyne Price, Martina Arroyo, Shirley Verrett, Grace Bumbry, Barbara Hendricks, Jessye Norman....

La era mediática cambió las reglas: hoy el aspecto prima sobre la voz que en definitiva es la que cuenta. Se anuncian sin cesar ''milagros'' que desaparecen tal como aparecieron porque aunar condiciones naturales con preparación y buena suerte es más serio que la publicidad sagaz y desmesurada. ¿Quiénes serán los destinados a llegar y más difícil aún, permanecer y convertirse en ''artistas de referencia''? En este somero vistazo a los ascendentes del panorama lírico, la vasta e inabarcable lista refleja un curioso melting-pot: la mayoría proviene de las Américas o del Este europeo.

Los Tenores

Después de una bien documentada crisis vocal, son contradictorios los informes del canadiense Ben Heppner y las esperanzas sobre el tenor dramático que hubiera sucedido a Domingo parecen peligrar. Si poco ayuda el temperamental argentino José Cura, de importantes medios pero impredecible carrera, la esperanza sigue en manos de los latinos. En este grupo se destaca el carismático peruano Juan Diego Florez (que por repertorio y timbre se ubica cerca del joven Pavarotti), el venezolano Aquiles Machado, el uruguayo Carlos Ventre y el consagrado argentino Marcelo Alvarez, de elegancia proverbial. Tanto Ramón Vargas como Francisco Araiza gozan de merecido prestigio pero otro mexicano, apadrinado por el mismísimo Domingo, amenaza con barrerlos a todos: Rolando Villazón.

Difíciles de pronunciar, por valiosos deberían memorizarse los nombres del ucraniano Misha Didyck, el polaco Piotr Beczala, los rusos Konstantyn Andreiev y Daniil Shtoda.

No se quedan atrás el maltés Joseph Calleja, el muniqués Jonas Kaufmann y los italianos Salvatore Licitra, Marcello Giordani y Marco Berti, sin olvidar al superdivo Roberto Alagna que podría definir la contienda por ubicarse tímbricamente entre Domingo y Pavarotti.

Por su parte, Johan Botha, Christopher Ventris, Peter Seiffert, Richard Margison y Clifton Forbes navegan con solvencia ambos repertorios.

Las Sopranos

Con la voz más bella, la obvia candidata es Renée Fleming pero sus últimas incursiones acusan ciertos amaneramientos alarmantes. Sin prisa y sin pausa Deborah Voigt sigue un ascenso que incluyó un drástico procedimiento para perder peso adquiriendo nueva libertad vocal y expresiva. Las radiantes escandinavas Karita Mattila y Nina Stemme se afirman como figuras emblemáticas con voces soberbias y notables dotes histriónicas.

Quienes afirman que la respuesta viene del Este europeo proponen a la ambiciosa rumana Angela Gheorgiu. Menos publicitada, su compatriota Elena Mosuc cosecha éxitos significativos. Otros caen rendidos ante la rusa Anna Netrebko, con un timbre itálico que recuerda a Scotto y Freni mientras la exquisita Magdalena Kozena no se decide a ser mezzo o soprano. Más allá de licencias estilísticas, la ucraniana María Guleghina es una spinto de ley. En la misma tessitura, la lituana Violeta Urmana pasó de espectacular mezzosoprano a soprano dramática. La armenia Hasmik Papian, y otra ucraniana, Oksana Dyka tambien deben tomarse en cuenta.

Delicada pucciniana, la chilena Cristina Gallardo-Domas entronca en las filas italianas donde ni Daniella Dessi, Barbara Frittoli o Patricia Ciofi borran memorias de un pasado glorioso (algo que consigue la mezzo-coloratura Cecilia Bartoli) aunque la aparición de la sarda Paoletta Marrocu podría avivar el fuego.

Más sutiles, los franceses apuestan a las cristalinas Veronique Gens, Sandrine Piau y pese a sus recientes crisis vocales, Nathalie Dessay. No le va en zaga la alemana Diana Damrau ni la canadiense Isabel Bayrakdarian mientras Angela Denoke es valiosa straussiana y la californiana Catherine Naglestad triunfa en Europa.

Wagner y ''aledaños'' conforman una aterradora máquina trituradora de voces, esto no parece afectar a Jane Eaglen con una década de Brunildas e Isoldas a cuestas mientras la esbelta mezzo Waltraud Meier --la ``Kundry del siglo''-- ensaya con éxito papeles para soprano. Asimismo, las majestuosas Christine Brewer (americana) y Lisa Gasteen (australiana) quizás integren --junto a Stemme y Voigt-- el venidero cuarteto de wagnerianas de raza.

Los otros

Menos exigidos, barítonos y bajos testimonian su generosidad vocal, desde el galés Bryn Terfel, el alemán Rene Pape y los escandinavos Stephan Millig y Juha Uusitalo al siberiano Dmitri Hvorostovsky, el neozelandés Jonathan Lemalu, el malagueño Carlos Alvarez, el polaco Mariusz Kwiecien y el uruguayo Erwin Schrott.

Son sus equivalentes femeninas la rusa Olga Borodina, las italianas Daniella Barcellona y Luciana D'Intino, la alemana Petra Lang y la americana Stephanie Blythe (la más opulenta mezzo aparecida desde Dolora Zajick) mientras las filas del barroco exportan a Vivica Genaux, Bernarda Fink, Anna Caterina Antonacci, Sarah Mingardo y Joyce di Donato.

Mención aparte para la contralto polaca Ewa Podles, inclasificable rara-avis.

Telón

¿Quiénes serán los ''animales escénicos'' que despierten fervores como hicieron Callas y Distéfano, Rysanek y Vickers o Nilsson y Corelli? ¿Cuál es el secreto para no victimizarse en meteoro fugaz de un arte amenazado por una tecnología que pretende enmascararlo?

Para salvaguardarse y florecer la voz acepta la vanguardia si está basada en la tradición sólida mientras, la escena es el ruedo implacable donde los impostores quedan al descubierto. Inclaudicables, celebridades como Renata Scotto, Marilyn Horne, Martina Arroyo, Evelyn Lear y Thomas Stewart están abocadas a enseñar, guiar e inspirar, transfiriendo el legado más elusivo: la esencia del intérprete convertido en artista. Todo un ejemplo para un mundo que entre desolado y atónito contempla la desaparición de modelos y la ausencia de reemplazos confiables. Aquí al menos, hay esperanza: el trono no quedará vacante.

FUENTE:
EL NUEVO HERALD, 11-XII-2005
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