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BAYREUTH 2006
Das Rheingold

Por María Porras
 
Director musical: Christian Thielemann
Director de escena: Tankred Dorst
Escenógrafos: Frank Philipp Schlößmann
y Bernd Ernst Skodzig



Wotan: Falk Struckmann
Donner: Ralf Lukas
Froh: Clemens Bieber
Loge: Arnold Bezuyen
Fasolt: Kwangchul Youn
Fafner: Jyrki Korhonen
Alberich: Andrew Shore
Mime: Gerhard Siegel
Fricka: Michelle Breedt
Freia: Satu Vihavainen
Erda: Mihoko Fujimura
Woglinde: Fionnuala McCarthy
Wellgunde: Ulrike Helzel
Flosshilde: Marina Prudenskaja
 

Día 19 de agosto de 2006. Este año, lamentablemente, fuimos dos nada más las personas que viajamos desde Tenerife a Frankfurt (en esta ocasión no conseguimos entradas para el resto del grupo) para asistir al Festival y, ya de paso, aprovechamos para hacer algo de turismo por los alrededores de Frankfurt y de Bayreuth. En Alemania hay muchas ciudades que merecen ser muy visitadas.


Llega el gran día, es ya 22 de agosto y todo va a comenzar, la temperatura en Bayreuth es extraordinaria, unos 18 grados en el exterior, ambos estamos impacientes por ver que es lo que nos espera dentro del teatro, la producción es nueva y nosotros no sabemos a penas nada de ella. Salimos hacia el teatro una hora antes de que comience la representación, fuera del teatro siempre hay mucho que hacer: conviene comprar el libro, darle un repasillo a la tienda de discos, hacerse algunas fotos, tomar aire fresco de los jardines que rodean el Bayreuther Festspiele y no perderse las primeras notas musicales de la obra que se va a representar y que nos llegan desde el balcón central del exterior del teatro. Son las fanfarrias que nos dan el un pequeño anticipo.

A las 17h: 45 minutos dan el primer aviso, es hora de buscar nuestras butacas, estaremos en la fila 12 asientos 7 y 8, y desde este lugar veremos el preludio y las tres jornadas del Anillo.
Nos sentamos y esperamos a que suenen esas primeras notas que dan forma al motivo de la naturaleza. El primer interludio se hace a telón bajado. La orquesta tiene un sonido limpio y sereno, es envolvente y tranquilizador oir esas primeras notas en un ambiente oscuro y silencioso. Empieza a entrar curiosidad por saber qué será lo que nos espera detrás del telón. ¿Qué estarán planeando allí dentro las ondinas, los Nibelungos, los Gigantes y los dioses del Walhala? Pronto lo veremos.
Se levanta el telón y aparecen las ondinas colocadas entre las piedras del fondo del Rhin.

Cerca de ellas y sin cesar de saltar de piedra en piedra aparece Alberich con esta extraña vestimenta que vemos en la imagen y con una enorme cola que no vemos y que le limita mucho los movimientos.
Ellas no cambian de lugar, desde esta posición se mueven de forma ondulante y ayudadas por estos trajes confeccionados a base de pliegues verticales sobre un tejido muy vaporoso dan la sensación de estar nadando en las aguas del río. Desde aquí cantan ellas las maravillas del tesoro que han de cuidar y proteger (pero que no lo hacen muy bien porque no son buenas cuidadoras, más que cuidar lo descuidan)
Alberich es lujurioso pero no se acerca a ellas, las ignora por completo. Él está muy ocupado en un sueño que le hace acudir precipitadamente a las piedras que le rodean porque allá donde él pone la mirada le aparece una mujer (cuya única vestimenta es una densa capa de maquillaje de color azul intenso), que se le insinúa y le atrae de forma maliciosa, (hay 3 sirenitas por allí entre las piedras) pero eso es solo un sueño, algo inalcanzable que se desvanece justo cuando él llega, estas mujeres aparecen y desaparecen continuamente. Lo hacen todo con gran agilidad, delante de sus propios ojos, de forma que él (al no poder alcanzarlas) empieza a desesperarse. En la superficie del agua nadan varias personas desnudas; a veces en grupo, a veces por separado. Nosotros las vemos desde el fondo del río porque tenemos la sensación de estar dentro del agua puesto que la superficie (un meandro del río con su vegetación a la orilla) se ve en el techo del escenario.

El sol hace su aparición sobre las aguas y envía un rayo luminoso que hace brillar el oro del fondo del río, las ondinas que han de cuidar el tesoro no son capaces de protegerlo y no han logrado enamorar a Alberich, él está decepcionado de su sueño, ya no le interesan los juegos amorosos, ya se ha cansado de perseguir a estas mujeres inalcanzables y logra arrebatarles el oro a las hijas del Rhin. Ahora es él el dueño del tesoro y podrá fabricarse un anillo porque para poder hacerlo era necesario renunciar al amor.

El Nibelungo huye con el Tesoro y las ondinas lamentan su pérdida. Las voces de estas ondinas son de las más bellas que se puedan oír, creo que en parte se debe a la posición relajada que ellas mantienen, no tienen que estar persiguiendo a Alberich como ocurre en la mayoría de las representaciones del Oro del Rhin.
Para la escena II nos encontramos con lo que parece ser la parte delantera del Walhalla y a la derecha aparecen Wotan con su lanza y Fricka en pie a su lado. Delante de ellos están sentados Froh (dios del arco iris) y Donner (dios del trueno). Y ya justo delantera de todos ellos está Freia (diosa de la eterna juventud) que es la primera en levantarse y abandonar el escenario, antes de que Fricka empiece a despertar a su marido (que no sé por qué no le pusieron en el suelo y durmiendo pues ella se tuvo que separar de él para empezar a decirle que se despertase) antes de que llegaran los gigantes a cobrar el precio por la construcción del Walhalla.

Ellos quieren llevarse a Freia porque ese fue el precio que acordaron cuando Fricka les pidió que construyeran el Walhalla. Los hermanos de Freia (Froh y Donnen) se enfrentan a los gigantes para defender a su hermana y Wotan intenta tranquilizarlos mientras llega Loge (dios del fuego y del engaño) que tal vez pueda sacarle del atolladero.
Entre llamaradas aparece Loge con un aspecto entre tranquilo y burlón. Empieza a contarles que Alberich ha robado el oro del Rhin y se ha hecho un anillo que le da a su poseedor un poder absoluto. Los gigantes quedan impresionados con el relato de Loge y exponen a Wotan que solo a cambio del tesoro liberarán a Freia. De momento se la llevan hasta la puesta de sol y si para el plazo indicado no les han entregado el tesoro se quedarán con la diosa para siempre. Freia desparece de escena, los gigantes se la llevan y con su desaparición, los dioses empiezan a envejecer rápidamente porque ya no tienen las manzanas de la juventud con las que ella los conservaba eternamente jóvenes.
Para la escena III cuando se abre telón vemos un lugar en las profundidades, como un sótano donde Alberich domina toda su raza con el poder del anillo que se ha fabricado y obliga a trabajar (sin descanso) a sus hermanos en la acumulación de riqueza.

Los Nibelungos hermanos de Alberich son una enorme cantidad de gente pequeñita con unos trajes de color verdoso que les cubre enteros de pies a cabeza y en los ojos tienen unas pequeñas linternas, parecen realmente luciérnagas porque con la escasa luz del sótano no se les ve muy bien.
Aparece en escena Mime con un yelmo que Alberich (su hermano) le ha ordenado fabricar y que tiene la virtud de cambiar el aspecto físico de quien se cubre con él.
Alberich le arrebata el yelmo y desaparece detrás de una puerta haciéndose invisible entre una nube de humo, la puerta se abre de nuevo, no entra nadie, pero Mime que está delante recibe una paliza de su hermano a quien no vemos. Mime está en el suelo dolorido y les cuenta a Wotan y a Loge lo que sufre por la tiranía de su hermano que disfruta martirizándole, ellos le escuchan y se muestran divertidos al oir el relato de sus desgracias.
Desaparece un pequeño telón que cubría el centro del escenario y vemos en el fondo un gran tesoro muy brillante y luminoso. Alrededor desfilan los pequeños nibelungos, que lo cuidan, amenazados por el látigo de Alberich.

Alberich observa a los forasteros y les interroga sobre el objeto de su visita, no se fía de ellos. Loge le cuenta que han venido a ver las maravillas del tesoro y le hace ver los peligros que corre de ser despojado de su anillo mientras él duerme, con todo esto Loge espera ganarse la confianza del nibelungo y, a su vez, espera que le informe de sus planes.
Alberich dice que para defenderse posee un yelmo mágico que le permite hacerse invisible o adoptar cualquier figura animal, Loge se muestra muy interesado e incrédulo y Alberich les hace una demostración, desaparece dentro de la cueva que contiene el tesoro, se atenúan las luces la orquesta suena misteriosa y justo por detrás del tesoro empieza a aparecer una cobra gigante a la que Wotan y Loge miran aterrorizados. La cobra empieza a desaparecer al tiempo que (ante los atónitos ojos de Loge y Wotan) aparece Alberich tropezando con parte del tesoro y causando el sobresalto de los visitantes y del propio público.

Loge, entonces, le pregunta a Alberich si no sería capaz de transformarse en un animal pequeño para poder escapar más fácilmente del peligro. Alberich se tranforma en una pequeña ranita que vemos saltar entre las piedras de la pared de la cueva con un brillante (el anillo) ahora sí les resulta fácil a Wotan atrapar la ranita y a Loge hacerse con el yelmo que devuelve la forma natural a Alberich cuando ya Wotan lo ha apresado.
De esta forma Wotan y Loge acuden a la escena anterior, delante del Walhalla con Alberich prisionero y con el tesoro para pagar a los gigantes por la construcción del Walhhalla y liberar a Freia para que devuelva la juventud a los dioses.

Wotan se tumba en el muro (delante de la atónita mirada observadora de Alberich) a contemplar la mano con el anillo colocado en su dedo, lo mira con muy buenos ojos, no quiere despojarse de él. Es un dios a quien no le falta una buena dosis de codicia.
Aparece Erda, (diosa madre de la tierra y de las Nornas) aconseja a Wotan que entregue el anillo a los gigantes si no desea atraer la maldición de los nibelungos.
Los gigantes cobran el tesoro, Freia es liberada y los dioses aparecen caminando con mucha dificultad, han envejecido mucho, se mueven lentamente y tienen muy mal aspecto.
En la foto vemos a Froh en el suelo, Donner que no se sabe si intenta sujetar a Fricka para que no se desplome o simplemente se apoya en ella para no caer él mismo. Wotan sí intenta ayudarla, él no ha envejecido nada y está ahí, firme con su lanza.

Los gigantes reciben el tesoro y con él la maldición que pesa sobre el que lo posee, Fafner mata a Fasolt (su hermano) y se retira con el oro.
Los dioses quedan conmovidos por el fraticidio y deciden entrar en el Walhalla. Donner (dios del trueno) dibuja amplios círculos en el aire (de forma continuada y cada vez más rápida) con su mano enfundada en un guante metálico, con ello está invocando a los elementos (y a mi me estaba causando un efecto un tanto narcotizante) y provoca una tormenta con un enorme trueno (casi nos hizo brincar del asiento) para despejar el ambiente y para que Froh tienda el arco iris. Pero el arco iris de Froh (en este caso) es una especie de boomerang con los colores del arco iris que ha llevado en la mano todo el tiempo y eso es lo que levanta como arco iris para indicar el paso de los dioses al interior del Walhalla.

La orquesta sonó magistral a lo largo de toda la obra, Thielemann hace una dirección muy segura y contundente, le imprime mucha fuerza a los momentos de amenaza como es la aparición de los gigantes en la escena para reclamar lo prometido, aunque los gigantes no aparecieran con la amenaza en el semblante y se desplazaran con “pies de plomo” el simple sonido de la orquesta ya sería suficiente como para echarse a temblar.

Cuando la ocasión así lo requiere él (con la ayuda de los cantantes que son verdaderos actores del más puro teatro) sabe cómo llevar al público, allí presente, a una situación de intriga y confusión, tal es el caso en la escena en la que Alberich ha desparecido haciendo uso del yelmo mágico y no sabemos cómo ni donde va a aparecer, Wotan (Falk Struckmann, un gran actor, además de poseer una de las mejores y más adecuadas voces para este personaje) y Loge, (Arnold Bezuyen, que ya hizo este mismo papel en el anillo de 2003 y 2004 en Bayreuth. El año pasado también tuvimos el placer de verle en el papel de Heinrich der Schreiber) lo buscan por el suelo, de rincón en rincón.
Cuando las luces iluminan a la gigantesca cobra que aparece detrás del reluciente tesoro la orquesta se vuelve aterradora y amenazante, Wotan (lanza en mano) y Loge huyen despavoridos de la cueva en un gesto entre cómico y dramático, porque van tan rápidos que tropiezan con parte del tesoro haciendo ruido y llevándose por delante unos cofres brillantes que suenan a hojalata.

Las ondinas de este oro tienen unas voces maravillosas y como no se mueven el canto les sale más perfecto, nos llega sublime, son las mejores ondinas que yo recuerde haber oído, hacen unos juegos de voces preciosos.
Erda, (Mihoko Fujimura, ella también será Waltraute en Götterdämmerung) Madre Tierra, tiene un tono sombrío de pitonisa y un aspecto misterioso. Aparece para avisar a Wotan de la importancia de entregar el anillo a los gigantes para poder liberar a Freia. Su voz suena potente y segura, se adivina un tono claro de advertencia, más que aconsejar parece dar órdenes. El papel de ella es muy cortito y enseguida desaparece con aire majestuoso del escenario.
Freia (Satu Vihavainen, será Genhilde también en Die Wälkure) la hermosa diosa de la juventud. Su papel es corto y casi no canta si no es para pedir ayuda y lo hace siempre muy agitada con frases sueltas y muy cortas, pero tiene un bonito timbre y su interpretación dramática fue magnífica.

Fricka, (Michelle Breedt, lleva desde el año 2000 en Bayreuth haciendo papeles cortos) esposa y hermana de Wotan, diosa del hogar y de la moral. Tiene una potencia vocal excelente, ya desde las primeras frases que canta para despertar a Wotan se la ve serena y segura, excelente actriz y bonita voz.

Mime, (Gerhard Siegel) ya en su breve papel da tiempo para saber que va a ser un gran Mime, está fantástico junto a su hermano, Alberich, (Andrew Shore) ambos hacen un papel magistral en la cueva del tesoro, cantan y actúan con una fuerza y una destreza que no deja lugar a dudas, ambos son geniales.
Fagner (Jyrki Corhonen) tiene un aspecto aterrador y una voz muy baja y amenazadora. Además se mueve anda rígido como un Zombie, creo que es un buen Fagner, ante los ojos estupefactos de los dioses, da muerte a su hermano y desaparece llevándose consigo el anillo y el resto del oro.

Fasolt, (Kwangchul Youn, será Hunding en La Valquiria y ha sido y es El Rey Marke en la producción actual del Tristán de Bayreuth. Yo le vi el año pasado, en Parsifal, haciendo un buen papel como Titurel) poco se puede decir de él en el breve papel que tiene en esta obra como gigante pero sí es lo justo para adivinar que será un fantástico Hunding en la Valquiria.
Loge, (Arnold Bezuyen, tampoco es nuevo en el festival, el año pasado ya aparecía en varios papeles cortos en Tannhäuser y en Tristán) el solitario dios del fuego, la astucia y la mentira. Es maligno, irónico y burlón. Hizo un papel magnífico como Loge, él filtra muy bien el personaje y se desenvuelve con total naturalidad. Tiene una buena potencia vocal y le acompaña ese timbre, medio chillón, que realza esa figura de malvado y tramposillo. Él ve con desprecio a todos los dioses, solo respeta a Wotan que es el único que logra dominarlo cuando él se convierte en llama. Él terminará destruyendo con su fuego a todas las divinidades pero eso será en la última jornada, no en el prólogo. Al final de la ultima escena, él se queda allí, en pie con cara de agotado por la agitada velada que nos ha brindado, enciende una pequeña mecha que en vez de dar llamas lo único que da es humo y pone cara de no entender por qué se ha desatado toda aquella tragedia.

Froh, (Clemens Bieber, él es 1. Gralsritter en Parsifal y Junger Seemann, en Tristán e Isolda) es el dios de la alegría y del arco iris, vocalmente tiene un papel muy breve, pero es una buen actor y se mueve por el escenario con su arco iris (en forma de boomerang), se le ve muy activo, alegre y con una buena interpretación, su papel lo desarrolla más que nada con una buena mímica, no canta gran cosa pero advierte de peligros, amenaza a Loge y parece estar siempre ahí, dispuesto a ayudar.
Y ya por último, Wotan, el dios absoluto, (Falk Struckmann) Uno de los grandes de verdad, tanto vocalmente como en la interpretación escénica, me pareció genial y además creo que el papel se lo conoce mejor que ninguno de los Wotan que yo recuerde. Él hace un personaje de lo más creíble, actúa con tanta naturalidad. Intenta calmar a los demás y parece querer dar la imagen del que lo controla todo pero él mismo está lleno de dudas y de defectos propios de cualquier mortal, sabe que ha de pagar con el tesoro a los gigantes para que liberen a Freia y que esa es la razón por la que ha ido en busca de Alberich para arrebatárselo, pero cuando lo tiene en su poder se tumba felizmente a contemplarlo y a soñar, se niega a entregarlo.
Realmente nunca pensé que llegaría a ver una representación de esta ópera que me gustase tanto, no es la primera vez que la veo “en vivo” pero sí es la primera vez que disfruto de la magia del gran teatro, no tiene descanso alguno, solo las breves pausas que hacen para cambiar de escena, nunca descansa la orquesta, el telón se cierra pero ellos siguen allí sonando magníficamente, no hay pausa alguna para ellos.

Los cambios de escena son hechos de forma muy cuidadosa, no se oyen ruidos, todo está pensado de forma minuciosamente para que no se rompa el hilo conductor de la obra.
Cuando llega la hora de los aplausos, el público se muestra muy caluroso con los artistas en general, pero siempre dejan muy claro quienes han sido los favoritos de cada velada. En este caso los grandes favoritos del público y triunfadores de la noche fueron: Wotan, Alberich, Fricka y Loge, por este orden… aunque no hay que olvidar que en todas estas jornadas siempre hay un gran favorito que viene a saludar desde el foso: Christian Thielemann.



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