Marc Albrecht (Director). Claus Guth (Director de escena). Jaakko Ryhänen (Daland, propietario y capitán de un barco). Adrienne Dugger (Senta, su hija). Endrik Wottrich (Erik,un cazador, su prometido). Uta Priew (Mary, ama de Senta). Norbert Ernst (el timonel de Daland). Jukka Rasilainen (El Holandés errante).
El día 21 de agosto, tuvimos ocasión de asistir a la representación de “Der fliegende Holländer”, nuevamente, en el Festspielhaus de Bayreuth.
Este fue el tercer día para nosotros en el festival, ya éramos unos expertos en el lugar pero puedo asegurar que esta fue la primera vez que experimentamos la sensación de dolor ocasionado por la dureza del asiento de madera.
En ese aspecto nos estrenamos este día, con diferencia fue el peor de todos. Esta es la ópera más corta pero al no tener ni un solo descanso y al ser esta, una puesta en escena un tanto aburrida, nos dio tiempo a pensar en la incomodidad de las sillas, por suerte solo fue en una ocasión.
En el Festspielhaus alquilan cojines, pero son todos iguales y parece ser que a la gente le agrada más comprarse uno a su gusto y después llevárselo a su casa de recuerdo. Resulta llamativo ver, al salir en los descansos y dejar la sala vacía de gente, el toque tan alegre que le dan los cojines de diverso colorido a las rusticas butacas del teatro.
La puesta en escena de Claus Guth me pareció de las peores y de las más extrañas que yo recuerdo haber visto. Era un salón con tres puertas, una lámpara, un sillón, un baúl lleno de juguetes de la infancia de Senta y un radiador. En la pared se podía divisar la marca (en forma de cambio de color) que deja un cuadro cuando lleva mucho tiempo colgado en el mismo lugar. Se nota que ha sido retirado de allí recientemente.
Las hilanderas de esta producción bailan bastante mal y limpian el polvo, parecen de un anuncio de “cera Johnson”, de “pronto lucha contra el polvo” o algo de eso.
Uta Priew (Mary) se sienta junto a la escalera con algo rojo entre sus manos que no guarda ningún parecido con un cuadro, (pero para Gluth todo está bien) y allí permanece silenciosamente durante largo tiempo, parece una mujer muy sumisa.
Los trajes son espantosos, Senta, Mary,( una niña de unos 7 años que aparece todo el tiempo, durante el primer acto, encarnando a Senta, en su infancia) y las hilanderas parecen vendedoras de cupones. Sus trajes no tienen nada de femeninos, son como una especie de batas de faena que parecen muy adecuadas para invitar a los marineros a volver a navegar sin ningún dolor de corazón, ni el más mínimo atisbo de pena por lo que dejan en tierra.
En un lateral bordeando toda una pared hay una escalera que conduce a una puerta sin salida y en esta pared nos encontramos con tres grandes ventanales y algunos cuadros.
La pared está revestida de papel con un fondo de color gris decorado con dibujos en tono pastel, las luces a duras penas varían su intensidad. Cuando empiezan los relámpagos y los truenos de la tormenta, se vuelca el sillón y también cae la lámpara, pocos efectos especiales más se pueden destacar.
Por lo demás el barco es como de juguete y baja del techo muy despacito, llegando a apoyarse sobre una mesa que los marineros han colocado para que le haga compañía a la lámpara y al sillón. Una vez sobre la mesa, los fornidos marineros noruegos lo zarandean y lo desarman, después se llevan las piezas como si se tratase de un trofeo. Supuestamente el barco ha naufragado.
El holandés aparece bajando del techo (cabeza abajo) en forma de enorme gigante y se lleva a una mujer con él, suponemos que es el espíritu de Senta (sólo el espíritu) hacia el techo del que procedía, desapareciendo totalmente de la escena.
Senta sube escaleras arriba e intenta abrir la puerta misteriosa a la que conduce la escalera, pero no lo consigue y allí se queda intentando escapar. No se suicida y el holandés que se llevó su espíritu no vuelve para rescatarla y llevársela con él.
Mirando hacia el escenario se tiene la sensación de estar viendo un musical, normal y corriente, más bien malo. Nada que ver con el “Holländer” que una se esperaba ver.
No voy a continuar porque va a parecer que no me ha gustado la puesta en escena de Gluth.
Voy con la parte musical, aunque al ser un “Holländer” que lleva tanto tiempo en Bayreuth ya es bastante conocida y todos tenemos una buena idea de cómo suena.
La orquesta sonó muy bien en todo momento, si ya me había gustado mucho la dirección de Marc Albrecht este año en la retransmisión radiofónica, allí me gustó mucho más, creo que al llevar ya tiempo con la misma obra este joven director se va creciendo y va ganando cada vez más confianza. No sé si se debe a el hecho de estar allí oyéndolo en vivo, o también puede que sea debido a la preparación que van adquiriendo a lo largo del festival tanto la orquesta como el director pero a mi me sonó genial, tal y como se espera que suene una ópera de tinte un tanto juvenil y muy romántica. Los cantantes tuvieron (algunos de ellos) ocasión de lucirse, pues la orquesta y la dirección invitaban a ello.
Los coros, además de darle un poco de colorido al aburrido escenario, sonaron con toda la fuerza y energía con la que suenan las voces de estos marineros que se animan cantando y le dan, a su canto, un aire de fortaleza y vigor mezclada con angustia y desesperación al tener que enfrentarse nuevamente al, temido y traicionero, mar. Creo que no hay duda de que estos coros son de lo mejorcito que se puede escuchar.
No tengo idea de cómo se forman estos coros porque no creo que estén todo el año ensayando para cantar en el festival. Lo más probable es que estos cantantes vengan de los coros de otros teatros, pues en verano, concretamente por estas fechas tenemos los festivales de Salzburgo y poco más, con lo cual no sería de extrañar que se disuelvan coros en otros lugares y se vengan aquí, la verdad, no lo sé.
Con la orquesta viene a pasar igual, yo nunca veo, a lo largo
del año, producciones con la orquesta y coros de Bayreuth,
a no ser que se dediquen a hacer grabaciones, pero tampoco.
(¿)
Uta Priew (Mary) hace una interpretación escénica que parece todo lo contrario a lo que representa vocalmente. Ella debe controlar la situación un poco y vigilar a Senta y a las demás, sin embargo permanece muy tranquila y dice las cosas sin mostrar ningún entusiasmo, debe ser que yo esperaba verla como siempre, dándoles órdenes a las hilanderas o, al menos, haciendo de profesora de baile ya que las hilanderas de Gluth no hilan nada.
Endrik Wottrich (Erik) estuvo sublime, no se puede estar mejor, sin duda alguna es la estrella de los cantantes de este holandés, tiene un timbre lleno de colorido, con mucho brillo y con mucha fuerza. Sabe modular la voz emitir un canto lleno de ternura y romanticismo o de confusión y pánico cuando la situación lo requiere así, su presencia en esta producción es todo un lujo. Su aria le salió preciosa, nunca recuerdo haberla oído tan bonita. De no haber sido por él, la dureza de la silla aun hubiese “picado más”.
Jaakko Ryhänen (Daland) también estuvo muy bien y muy buena su interpretación, la verdad es que a mi me parece que tiene una voz muy adecuada para este papel, se nota que le va y que lo hace con gran entusiasmo, estuvo fantástico.
Adrienne Dugger (Senta) Realmente esta mujer no me gustó nada de nada, tiene una voz fea y chillona, no acaba de controlar los agudos, no le salen o le salen más de lo debido, grita estruendosamente y después le sale un vibrato que llega a hacerse insoportable, le dio una entonación a “la balada de Senta” que daban ganas de llorar. Es extraño que, con los años que lleva haciendo este papel no se haya corregido algo. No tiene técnica de canto. No me gustó nada.
Jukka Rasilainen (El Holandés) es extraño porque tiene una voz muy bonita y a veces logra su cometido con creces y, sin embargo, en otras ocasiones da la sensación de que no se sabe, o no le gusta, el papel, yo misma no se decir si me gustó o no porque lo encontré tan desigual que llegó a confundirme. Tendré que buscar algo de él para ver cómo es realmente, porque es difícil, para mí, saber si me gusta o no con lo que cantó allí.
Lo curioso del tema es que con la larga duración de la obra, debido a que no había descanso, yo esperaba salir pronto a respirar el aire fresco de la noche y, sin embargo, el público les brindo unos largos y calurosos aplausos, desde luego a quien más aplaudieron fue a Marc Albrecht, a la orquesta del Festspielhaus, a los coros y a su director Eberhard Friedrich, a Endrik Wottrich… pero también aplaudieron mucho a todos los demás.
Aun con todo lo dicho y con todas las pegas que yo le haya podido poner a esta producción, me alegro infinitamente de haberla visto porque de no ser así no podría estar hablando de ella, eso para empezar.
Continuaré con Parsifal para el próximo relato de nuestro paseo por Bayreuth…
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