Director Christian Thielemann. Dirección de los coros Eberhard Friedrich. Director de escena Philippe Arlaud. Orquesta y coros del Bayreuth Festspielhaus. Guido Jentjens (Hermann, Landgraf von Thüringen). Stephen Gould (Tannhäuser). Roman Trekel (Wolfram von Eschenbach). Clemens Bieber (Walther von der Vogelweide). John Wegner (Biterolf). Arnold Bezuyen (Heinrich der Schreiber). Samuel Youn (Reinmar von Zweter). Ricarda Merbeth (Elisabeth, Nichte des Landgrafen). Judit Nemeth (Venus). Robin Johannsen (Ein junger Hirt).
Después de un imponente “Lohengrin” volvimos a prepararnos para acudir nuevamente al Festspielehaus para deleitarnos con otra de las estrellas de este festival: “Tannhäuser” Es el segundo año para esta producción de Philippe Arlaud y nuevamente ibamos a disfrutar de algo que se sabía, por lo oído en las retransmisiones radiofónicas de este año y del anterior, que iba ser una gran función. Desde luego, no nos defraudó, salimos encantados.
La puesta en escena es muy sencilla, muy agradable y placentera, pero también tiene sus momentos mágicos, es de las que gustan mucho porque no estorba a la música todo lo contrario, ayuda a disfrutar de ella, la realza con sus bellos colores y con su armonía.
Para el acto 1.º, el escenario al completo
está ocupado por esta especie de ojo formado por cuatro
arcos tapizados de verde y simulando un bonito y primaveral campo
de amapolas.

Pero en un tercio del suelo, en la parte del fondo hay un sofá de color rojo, Venus aparece sentada en el sofá y Tannhäuser, colocado detrás de ella, la rodea con sus brazos y así permanecen durante un buen rato.
Por detrás de ellos aparece una sirena sentada, moviendo sus brazos como si estuviese bailando un ballet o moviéndose dentro del agua. Esta hermosa danza la realiza delante de un espejo. La colocación del espejo está ideada de forma que se refleje la imagen a un nivel superior, parecen dos sirenas con movimientos sincronizados.
Este escenario cambia de color según las necesidades del momento, para la orgía de Venus de este primer acto, escena I, el fondo se torna de color rojo intenso y las flores adquieren un tono azulado.
Cuando Tannhäuser nombra a la Virgen María y desaparece “el reino de Venus”, el sofá se eleva con Venus sentada y ambos (sofá y Venus) son succionados hacia el horizonte.
Para la escena II, en el valle de Hörselberg, el escenario aparece verde, tal y como se ve en la foto, y con la ermita de la Virgen que vemos a nuestra izquierda. El aspecto no puede ser más primaveral, en la parte de atrás del escenario la iluminación se hace muy potente, parece que va a salir el sol.
Las flores están colocadas sobre el suelo con un “pie en resorte”, los personajes, al ir de un lado hacia otro, las pisan continuamente pero no las estropean, una vez han levantado el pie, estas vuelven a adquirir su posición inicial.
Con este primaveral, soleado y luminoso día un joven pastor (Robin Johannsen) vestido de blanco, y con un aspecto muy alegre y juvenil, aparece por el horizonte. Se dirige, sin vacilar, hacia la ermita. Una vez allí se inclina, se santigua, toca su caramillo, canta a su “mayo querido” y se va por el mismo camino que le trajo hasta la ermita.
A su regreso se encuentra con un grupo de peregrinos que van de camino hacia Roma. El joven pastor les saluda y sigue su camino. Ellos se detienen delante de la ermita para rezar sus oraciones y después continúan su camino.
El acto 2.º tiene lugar en una sala de un castillo
donde se celebra el torneo de Warbunrg. El escenario es el mismo
a lo largo de todo este segundo acto, como siempre, irá
variando la iluminación del lugar.

Para el acto 3.º volvemos a tener el mismo escenario que tuvimos en el primero. Pero en esta ocasión tiene un aspecto más apagado, han cambiado la iluminación y ahora la pradera ha adquirido una tonalidad grisácea y las flores se han tornado de color amarillo apagado. Mirando el paisaje no es difícil darse cuenta que ha llegado el otoño. Elisabeth, con un aspecto un tanto sombrío, reza junto a la ermita. Pasan los peregrinos, vuelve Tannhäuser y viendo que no hay perdón para él, ante la desesperación que siente, invoca a Venus y esta reaparece de nuevo en la escena.
Cuando Tannhäuser recobra la razón ante el recuerdo de Venus, la mira y esta vuelve a ser succionada. En esta ocasión se va hundiendo sobre el suelo del escenario a toda prisa, es como si se la tragase la tierra.
Es fantástico el despliegue de medios que tienen en este escenario, pueden conseguir cualquier cosa que se propongan.
La orquesta del Festspielhaus dirigida por Christian Thielemann sonó de una forma tan viva y tan pura, describiendo perfectamente en cada momento la psicología de los personajes, dibujando “un todo” con la puesta en escena y con cada uno de ellos, sonando con tono embriagador pasional al principio del primer acto con Venus en la escena, dándole un tono suave y placentero para acompañar a la entrada del pastorcillo a través del bucólico campo de amapolas.
No sé, pero allí, sentados en aquellas butacas de madera que ni siquiera parecían notarse duras ese día, se respiraba un aire muy especial, se tenía la sensación de que en el teatro entero reinaba la paz más absoluta.
Era imposible no sentirse en la gloria disfrutando de esta magnífica producción. Lo hicieron todo tan sencillo, tan fácil, tan perfecto… la verdad he visto, hace unos años, una gran producción de esta misma obra y sigo pensando que aquella era muy buena pero esta me dejó sin palabras.
Los coros de los peregrinos, algo de tanta importancia en esta ópera, me sonaron divinos, como poco, la felicidad completa nos alcanzó hasta el día siguiente. Fue muy de agradecer que “El Holandés Errante” empezase dos horas después que las demás, más tiempo para mantener limpio el recuerdo de lo visto y oído el día anterior.
El pastorcillo de Robin Johannsen hace un papel de lo más vistoso, su canto es escaso pero suena perfecto, lo más habitual es oír un pastorcillo “chillón” y sin ninguna gracia pero este sonaba de maravilla, nos dejó impresionados con su interpretación vocal y con su forma de moverse en el escenario.
Samuel Youn (Reinmar von Zweter), Arnold Bezuyen (Heinrich der Schreiber) y Clemens Bieber (Walther von der Vogelweide) estuvieron muy bien en sus papeles todos ellos pero yo destacaría John Wegner (Biterolf) que me encantó, él hace un papel fantástico con su espada y su armadura, es como muy activo muy vivo y desconfiado, se mueve de un lado a otro con toda rapidez y tiene un timbre baritonal bajo muy agradable, me gustó muchísimo, después hizo un papel fantástico como Klingsor, creo que él se adapta bien a cualquier papel, me hizo mucha gracia, parece o es hiperactivo y le sacó un partido bárbaro a los dos personajes.
Judit Nemeth (Venus) no resultó ser nada especial, me pareció una Venus bastante correcta en su canto y con una voz agresiva, a veces, pero siempre manteniéndose en una línea canora un tanto equilibrada y algo nerviosa en los momentos en que intenta manipular a Tannhäuser y no lo consigue. Sus desapariciones del escenario nos dejaron con la boca abierta.
Ricarda Merbeth (Elisabeth) estuvo fantástica durante toda la obra, se la veía muy suelta y segura, el papel le viene como anillo al dedo, creo que a ella le beneficia mucho la dirección tan eficaz que hace Thielemann en sus pasajes. Para terminar nos brindó un tercer acto de esos que dejan un recuerdo imborrable, estuvo sublime en su plegaria ofreciendo su vida a cambio del perdón para Tannhäuser en su “Allmächt'ge Jungfrau, hör mein Flehen!” (¡Virgen poderosa, oye mi plegaria!). ¡Qué maravilla, cómo le salió!
Guido Jentjens (Hermann, Landgraf von Thüringen) estuvo correctísimo con una voz muy bonita y una magnífica interpretación, no sé por qué pero lo estaba oyendo y pensaba en lo bien que podría llegar a hacer de Gurnemanz, por ejemplo. Tiene un timbre muy coloreado y muy limpio, da gusto oírle.
Roman Trekel (Wolfram von Eschenbach) A mí me da la impresión de que este hombre borda todo lo que hace, si bien oírle ya es un enorme placer, pues verle y oírle ya es un gran lujo, si el día anterior hizo un magnífico heraldo real, su Wolfram no se quedó atrás. Nos encantó.
Stephen Gould (Tannhäuser) en el primer acto estuvo un poco flojillo, de todas formas tiene una voz preciosa, muy agradable, en el segundo acto se le notaba muy crecido, se había recuperado o había calentado pero sonaba perfecto, y así continuó durante toda la obra, fantástico, en la escena de la desesperación por no haber logrado el perdón y de invocación a Venus estuvo de lo más creíble en su interpretación. Al final se llevó unos merecidos aplausos
En mi opinión, esta es una producción de lo
más perfecta, en ella se nota una tremenda simetría
entre la orquesta, los cantantes y la puesta en escena, tuve la
sensación de que todo suma de forma positiva, todos
aportan su granito de arena para que la cosa salga perfecta.

Se respira una cierta seguridad de que nada va a fallar en ningún momento. Thielemann que salió a saludar con aspecto de haberse dejado la piel en el foso fue, junto con Pierre Boulez, el más aplaudido y aclamado, no era difícil pensar que tan calurosos aplausos significaban una despedida para Boulez que acababa de dirigir su última función en el festival y una calurosa ovación a el gran Thielemann que no solo no se despedía ese día del festival sino que además continuará con ellos por un largo tiempo y promete ofrecer muchas veladas inolvidables a los afortunados asistentes a los próximos festivales.
FUENTE: