Llegamos a la última jornada
del anillo y también a la última de las representaciones,
por este año, de esta nueva producción del Bayreuther
Festspiel. Acudimos muy pronto a los jardines de la colina verde,
no queremos perdernos ni el más mínimo detalle y,
por otro lado, aun nos quedan compras que hacer en la tienda de
discos y libros, además vale la pena dar un buen paseo
por los jardines que rodean al Bayreuther Festspiel, ya que con
tantas lluvias y tan buena temperatura han ido ganando en belleza
y hoy lucen sus mejores galas en forma de flores de colores muy
vivos que se exhiben tímidamente entre las tonalidades
de verde intenso de los hermosos árboles que decoran toda
la zona.
Llega el momento de ocupar nuestras butacas, nuestros vecinos
y muy amigos ya, (después de todo lo que hemos compartido)
nos saludan amablemente, charlamos sobre la próxima producción
de “Die Meister Singer von Nürnberg” que se estrenará
en Bayreuth en el 2007. Las expectativas son buenas, parece ser
que va a ser una gran producción, se espera mucho de ella.
Vamos, pues, con El Ocaso.
Prólogo.
A telón bajado empiezan a sonar los primeros acordes de
los instrumentos de viento, son los mismos acordes que oímos
durante el saludo al mundo en el despertar de Brünnhilde,
pero suenan de otra manera, no es el mismo ritmo ni la misma tonalidad.
Se levanta el telón y vemos a las tres Nornas tejiendo
su hilo del destino y
dialogando entre ellas.
Están contando que cuando Wotan fue a beber en la fuente
de la sabiduría (junto al fresno del mundo) y perdió,
cual tributo, uno de sus ojos; entonces arrancó una rama
del fresno y la convirtió en una poderosa lanza. A consecuencia
de la herida se secó el fresno y la fuente también.
Conversan sobre una lanza que fue rota por un héroe en
audaz combate y cuentan que Wotan ordenó, entonces hacer
leña con el tronco del fresno y llevarlo al Walhalla, leña
que si un día ardiera hundiría a los dioses en la
eterna sombra de su ocaso.
Las Nornas de esta producción no llevan un hilo en las
manos y, por lo tanto, no lo tejen moviéndose de un lado
a otro y simulando enrollar y soltar una madeja, ellas (tal y
como vemos en la foto) llevan un traje confeccionado a base de
hilos gruesos, se mueven un poquito y con ese suave balanceo mueven
todos los hilos, no rompen ninguno, nada hace pensar que la ciencia
se les tenga que disipar pero llegado el momento ellas descienden
al seno de su Madre, se supone que ya su ciencia las ha abandonado.
Al marcharse nos dejan ante un estrellado cielo que poco a poco
va aclarando a la vez se va atenuando el resplandor de las estrellas,
fue una escena muy bonita, las estrellas estuvieron formando grupos
y jugueteando en el firmamento mientras las Nornas permanecían
sentadas en el centro de un montículo de calaveras que
descansaba sobre un fondo negro. De vez en cuando levantaban un
brazo y desplegaban sus túnicas de gruesos hilos.
A mí (en la parte musical) me impresionaron mucho estas
Nornas, creo que son las mejores que he oído, tienen unas
voces bellísimas y el sonido nos llega con toda su potencia,
colorido y carácter dramático, con ellas me ocurre
lo mismo que con las hijas del Rhin en El Oro, pienso que al no
tener que andar desplazándose de un lado hacia otro, al
no tener que actuar ,… el sonido nos llega más perfecto,
lo mismo que ocurre en las versiones concierto donde, personalmente,
pienso que se aprecian mucho más las voces.
Despunta la aurora y, al fondo, ya vemos a Siegfred y a Brünnhilde
que salen de la gruta de su amor, se abrazan (supuestamente ya
han intercambiado sus tesoros: el caballo de Brünnhilde,
(Grane) para Siegfried y el anillo para Brünnhilde), se abrazan
y se despiden, Siegfried se aleja y ella queda protegida por el
fuego que la rodea.
Acto 1.
El escenario es ahora el atrio del palacio de los Gibijungos,
a orillas del Rhin, en el fondo está completamente abierto
para que se pueda ver el río.
En el escenario vemos a Günther, rey de los Gibijungos, (a
su hermana Gutrune no la vemos porque acaba de salir) y a Hagen,
hermano de Günther y Gutrune (por parte de madre, Grimhild)
e hijo de Alberich, el nibelungo, que consiguió a esta
mujer, Grimhilde, a cambio de oro, (cuando él era el dueño
del tesoro) y a Siegfried.
Hagen hace ver a su hermano la conveniencia de desposarse y le
recomienda a la mujer que él cree que será la ideal,
Brünnhilde. El único hombre capaz de atravesar las
llamas que la protegen es Siegfried. Y este podría conquistarla
para Gunther, si Gutrune fuese capaz de conquistar al héroe,
con lo que además conseguiría el tesoro que éste
posee (por habérselo arrebatado al dragón) Para
que Gutrune pueda seducir a Siegfried éste tendrá
que beber el filtro del olvido que Hagen ha preparado. Los tres
hermanos hacen el pacto y, en ese momento, se oye el cuerno de
Siegfried que viene de camino. Aparece Siegfried y propone a Günther
la alternativa de pelear o ser amigos. Éste acepta ser
amigos y, entonces, llega Gutrune y le ofrece al héroe
el filtro mágico como bebida de hospitalidad. Siegfried
bebe, olvida a Brünnhilde y queda prendado por de Gutrune.Esta
foto capta el momento del juramento, cuando Gunther y Siegfried
vierten sangre de sus venas en un cuerno lleno de vino que sostiene
Hagen. Después, ambos beben del cuerno.
Pregunta a Günther que si tiene esposa y este responde que
no y explica que la única mujer que el desea habita sobre
una roca rodeada de fuego y él no puede atravesar esa barrera:
su nombre es Brünnhilde. Siegfried se brinda a conquistarla
para su amigo porque no teme el fuego y porque, con el yelmo mágico,
puede tomar el aspecto de Günther. Antes de partir hacia
la morada de Brünnhilde hacen el juramento.
Hagen se queda saboreando el fruto cruel de su vileza. El escenario
hay, en todo momento, algunos figurantes mirando atentamente a
todo lo que ocurre, ellos están colocados en la escalera
en diferentes posiciones, uno de ellos está barnizando
una estatua (que es otro figurante), otros están vestidos
con trajes muy elegantes y miran a los cantantes, con mucha curiosidad,
hay dos chicas sentadas, una está durmiendo a la izquierda
del escenario y la otra está sentada mirando. En realidad
este escenario es una fábrica de sueños.
Los cantantes suben frecuentemente la escalera de la derecha del
escenario y se pasean por el mirador que hay arriba sin dejar
de mirar hacia el fondo, supuestamente miran a ver si alguien
viene río abajo.
Personalmente pienso que esta puesta en escena, en concreto para
esta jornada, es genial, no puede ser más clásica,
aunque tenga ciertos toques, pequeñas licencias que se
han tomado y que no deforman la obra, no veo la necesidad de tenérselo
en cuenta.
Volvemos ahora la escena donde se había quedado Brünnhilde,
rodeada por las llamas, ella está contemplando el anillo
que Siegfried le dejó a cambio del caballo (Grana), se
oye un trueno y se ve un relámpago, hacia el fondo del
escenario se observa una gran nube, Brünnhilde se incorpora
mirando hacia el fondo, el sonido de la orquesta, nuevamente,
intercambiando toda suerte de motivos, suena el motivo épico
de las Valquirias, a ella le suena familiar y va hacia un lado
del escenario regresando, al instante, con su hermana Waltraute
que, a riesgo de incurrir en la cólera de su padre, Wotan,
por desobedecer la orden de no acercarse a la ex-Valquiria,
ha llegado hasta ella para narrarle las desgracia que asola al
Walhalla y a la propia vida de los dioses que irán hacia
una pronta destrucción si no se le devuelve el anillo a
las hijas del Rhin. La desgracia del mundo reside en ese anillo,
Waltraute no logra que su hermana le entregue el anillo y parte
consternada hacia el Walhalla.
Realmente Waltraute (Mihoko Fujimura); hace un papel fantástico
y de lo más convincente, se muestra nerviosa camina sin
parar, nos deja ver claramente que se ha arriesgado en vano, su
hermana no responde a sus súplicas, casi ni la escucha.
Brünnhilde es ahora una mujer enamorada y feliz, vive ajena
por completo a las desgracias que se le avecinan por haber perdido
la sabiduría que su anterior condición de Valquiria
le otorgaba, se niega a renunciar al anillo. Vuelven los relámpagos,
volvemos a oir la marcha épica de las Valquirias y a continuación
suena, nuevamente, el cuerno de Siegfried. La alegría de
Brünnhilde, no tarda en convertirse en espanto al ver al
extraño que se acerca hacia ella (Siegfried trasfigurado
en Günther) y que trata de tomarla por esposa.
Ella intenta defenderse con el anillo pero Siegfried se lo arranca,
la conduce hacia la gruta no va a desposarse con ella y le dice
que la espada “Nothung” descansará entre los
cuerpos de ambos como testigo del respeto hacia la novia de su
hermano Günther.
Realmente en esta parte fue difícil de entender la situación,
Gunther apareció casi detrás de Siegfried, no entiendo
por qué llegó tan pronto, él no debería
de haber aparecido hasta el amanecer.
Acto 2.
De nuevo en la orilla del Rhin, ante el palacio de los Gibijungos.
Hagen parece dormido, está sentado en la escalera de la
derecha, de guardia, con lanza y el escudo.
De pronto el brillo de la luna se hace más intenso y descubre
que Alberich, su padre, está acurrucado entre sus rodillas.
El nibelungo trata de mantener despierto a su hijo y de avivar
su deseo por la recuperación del anillo, alimentando un
odio implacable hacia las otras razas. Tras la promesa de Hagen
de recuperar el anillo Alberich desaparece.
Al amanecer llega Siegfried y cuenta a Hagen y a Gutrune que ha
conquistado a Brünnhilde, con el yelmo, como si fuera el
propio Günther. Les advierte de que ambos vienen ya, en una
barca, por el Rhin. Gutrune manda a Hagen a que convoque a los
vasallos para que asistan a la doble boda, él toca el cuerno
y los vasallos van entrando en el escenario, a la pregunta de
¿por qué los ha reunido allí? Él les
explica el motivo.
Es escenario se llena de gente que acude y hacen una gran fiesta,
se les ve muy alegres. Llegan Brünnhilde y Günther y
son recibidos con gran júbilo. Brünnhilde descubre
que Siegfried se va a casar con Gutrune y cree enloquecer. Trata,
en vano, de ser reconocida por el héroe, le acusa de haberle
robado el anillo que lleva en el dedo y Hagen apoya la acusación.
Hay agitación general por la negación de Siegfried.
Brünnhilde desesperada afirma haberse desposado con él
y que la espada descansó en su vaina, colgada en la pared
y no en el lecho, entre ambos.
Ante esta acusación jura el héroe ante la lanza
de Hagen que no violó el juramento de fraternidad. A su
vez Brünnhilde jura también ante la lanza que Siegfried
es un perjuro.
Siegfried dice que ella miente, no le da importancia a las acusaciones
femeninas y termina por inducir a todos los invitados a que le
acompañen al festín. Quedan solos en escena Brünnhilde,
Günther y Hagen.
Este último se ofrece para vengar la traición y
se entera, por Brünnhilde, que la única parte vulnerable
de Siegfried es su espalda. Hagen y Brünnhilde convencen
a Günther de que Siegfried les ha traicionado y debe morir,
aprovechando para esto una cacería que tendrá lugar
el día siguiente. Pactan la venganza y se van todos hacia
la montaña.
Acto 3.
En este escenario que vemos en la foto, las hijas del Rhin se
lamentan, emergiendo del agua, de la pérdida del oro, Siegfried
que perseguía a un oso se presenta en el lugar. Las ondinas
se ofrecen a devolverle la caza a cambio del anillo que lleva
en el dedo.
Él se niega y ellas le llaman avaro. Entonces él
decide regalarles el anillo, pero al advertirle ellas la maldición
que pesa sobre el que lleve ese anillo, él se envalentona
y lo conserva.
Las ondinas, después de haberlo intentado todo, se lamentan
de que él no haya querido seguir su consejo y desaparecen.
No sin antes advertirle que morirá ese mismo día.
Aparecen Hagen, Günther y otros cazadores, Siegfried les
narra su encuentro con las ondinas y les cuenta que, ellas, le
han anunciado que morirá hoy mismo. Después de haber
bebido del cuerno de Hagen, Siegfried parece distraer la melancolía
de Günther. Se ofrece a contar las hazañas desde que
Mime lo crió hasta que logró matar al dragón
Fafner y a Mime, el traidor.
Pero al llegar al momento del descubrimiento de Brünnhilde,
al héroe le faltan estos recuerdos gracias al “filtro
del olvido” que bebió. Hagen le ha preparado otra
bebida y al beber esto, por segunda vez, desaparece el efecto
del “filtro del olvido” y sigue narrando su encuentro
con Brünnhilde y la escena de amor con ella. Esto supone
una afrenta contra Gunther por ser este el prometido de ella.
En este momento se supone que han de aparecer unos cuervos, pero
en vez de eso se escucha un extraño revolotear en el aire
y esto llama la atención de Siegfried quien, inducido por
Hagen, se vuelve para ver que está pasando. Hagen aprovecha
que se ha colocado de espaladas a él para hundirle la espada.
Gunther y los demás cazadores, que no han podido impedir
la acción de Hagen, quedan anonadados.
Guntther baja escaleras abajo con ánimo de ayudar, pero
es tarde, ya no hay nadaa que hacer, Siegfried yace en el suelo,
junto a la escalera, herido de muerte y recordando a su amada
Brünnhilde. “!Brünnhilde! Heilige Braut!”
¡Brunilda! ¡Mi sagrada esposa! El acompañamiento
orquestal estuvo sublime en este pasaje tan extrañamente
agridulce en que Siegfried muere recordando a su amada Brünnhilde,
ya sin el efecto de la bebida de Hagen que le había hecho
olvidarla. Siegfrido aun tiene algunos tonos que requieren cierta
potencia vocal. En seguida canta, ampliamente, en la cuerda y
en la madera envuelta por arpegios de violines y arpas la melodía
del “saludo al amor”. La orquesta y la voz de Siegfried
se debilitan y, cual dulce caricia, se va extinguiendo el “éxtasis
amoroso”, oímos el lamentable trino de los violines
y los clarinetes seguido de los “latidos” de los timbales
y, con sus últimas palabras “el destino” suena
el opaco, siniestro y desagradable sonido de los trombones.
Los cazadores levantan el cadáver del suelo, el cortejo
fúnebre se aleja lentamente mientras resuena en nuestros
oídos la estremecedora e impresionante “marcha fúnebre
de Siegfried”.
Volvemos al palacio de los Gibijungos, y Gultrune, que ha sido
despertada de un mal sueño, recibe del propio Hagen la
noticia de la muerte de su prometido por un jabalí feroz.
Cuando Gunther intenta consolar a su hermana esta le rechaza llamándole
asesino de su esposo. Entonces Gunther confiesa que el asesino
ha sido Hagen, ante lo cual este se jacta de su crimen y reclama
el derecho a poseer el anillo. Para tratar de conservar el derecho
de Gultrune a poseer la poderosa alhaja, Gunther pelea con Hagen
y muere.
En el escenario tenemos el cadáver de Siegfried, el de
Gunther y a Brünnhile en pie proclamándose como la
única y verdadera esposa del héroe; ordena alzar
una pira funeraria en la orilla del Rhin para consumir, por el
fuego, los restos del bravo guerrero. Comenta la traición
de Siegfried, el hombre más puro y leal, pero comprende
que esta era necesaria para que todo volviera a su orden. Indica
que el cadáver de Siegfried sea conducido a la pira funeraria
y le arranca el anillo para ponérselo en su dedo, advirtiendo
a las ondinas que lo tomen de sus cenizas purificadas por el fuego,
anuncia el fin de los dioses con el incendio del Walhalla; arroja
una antorcha encendida a la pira y cuando el fuego empieza a extenderse,
se lanza a las llamas para morir junto a su esposo. El fuego alcanza
su máxima intensidad y se extingue después en medio
de una densa humareda.
El Rhin se desborda y las aguas avanzan sobre las cenizas de la
hoguera. Hagen, al observar que las ondinas intentan recuperar
el anillo, se precipita al río con el fin de ganarle la
partida, pero ellas le detienen y logran ahogarlo y recuperar
el anillo de las cenizas. El Rhin vuelve a su cauce y el resplandor
se extiende por el cielo, que permite ver, entre las nubes, la
sala del Walhalla con los dioses y los héroes reunidos.
Las llamas empiezan a invadir la mansión celeste y las
divinidades son envueltas por un torbellino de fuego.
Siempre me ha resultado tan majestuoso y tan dramático
este final del Ocaso; con ese ultimo resurgir del tema de Siegfried
interrumpiéndose al chocar con el “ocaso de los dioses”,
el suspiro, eco maravilloso, que se eleva en los violines, la
suave armonía de las arpas a modo de consuelo nos hace
más llevadera esa terrorífica imagen de las ruinas
del mundo celeste.
Las Nornas
Norna 1: Janet Collins; Norna 2:
Martina Dike; Norna 3: Iréne Theorin;
estuvieron estupendas, con unas voces limpias y claras, con una
buena potencia vocal y excelente tonalidad dramática.
Las Ondinas:
Woglinde: Fionnuala McCarthy; Wellgunde
Ulrike Helzel y Flosshilde: Marina Prudenskaja
me encantaron en El Oro del Rhin y aquí me volvieron a
parecer fantásticas, además el público disfrutó
mucho con ellas y les brindaron espléndidos aplausos.
Waltraute:
Mihoko Fujimura; estuvo fantástica en su diálogo
en forma de sombrío relato con Brünnhilde, ella le
puso toda la carga dramática que requiere la siuación
y actuó de la forma más convincente, tiene una bonita
voz y unos graves de una belleza insuperable, además este
es un papel cortito pero intenso, da la oportunidad de lucirse
y demostrar una buena técnica, cosa que ella hizo muy bien.
Gutrune:
A nosotros nos tocó Edith Haller, porque tuvo que sustituir
a Gabriele Fontana, que no se encontraba bien ese día.
Personalmente pienso que hizo una fantástica princesa dulce
y enamorada de Siegfried, no tiene un papel de mucha complejidad
vocal, creo que actuó y cantó discretamnte, a mi
me gustó.
Brünnhilde:
Linda Watson; En esta ocasión ella estuvo un poco mejor
que en Siegfried pero no llegó a estar nada más
que discreta, si acaso, no llega a convencer en este papel, tal
vez tenga que estudiárselo un poco más, tiene la
voz bonita y buenos registros medios, pero grita demasiado los
agudos, no los controla y resulta muy desagradable.
Alberich:
Andrew Shore, aqui casi no vale la pena hablar de él, es
tan poquito lo que hace en esta jornada. Pero él sí
es uno de los grandes de esta producción, es fantástico.
Günther:
Alexander Marco-Buhrmester; lo conocemos ya, en Bayreuth, de su
papel como Anfortas en la producción actual de Parsifal,
este año me gustó más, me pareció
un estupendo actor y admás en la línea de canto
estuvo muy bien y muy cuidadoso, él tiene fragmentos muy
cortos, a mi me encantó su: ”Begrüße froh,
o Held, die Halle meines Vaters;” (¡Oh héroe!
¡Alegrate de saludar la casa de mis padres! Le dio cierto
aire caballeresco, muy adecuado y muy convincente. Muy buen actor
también. A mi me encantó.
Hagen:
Hans-Peter König, él estuvo brillante, como era de
esperar, estupendo en la línea de canto y un gran actor,
yo le conocía en el papel de Rey Marke y me encantaba como
tal. El de Hagen le va como anillo al dedo.
Siegfried:
Stephen Gould; es una pena, pero con él pasa como con su
compañera Brünnhilde (Linda Watson), no convencen,
estuvo, también, mucho mejor que en Siegfried, pero sigue
estando muy flojo. Se ve que hay un gran tenor dentro de él,
pero hay que esperar a que salga.
La orquesta:
Me gustó por muchas cosas, una de ellas, para mi la principal,
es que, Christian Thielemann, su director, se esfuerza mucho para
que tengamos el placer de oír una buena vocalización
por parte de los cantantes, él no acostumbra a “atropellarlos“,
les permite decir sus frases relajadamente, se le ve muy respetuoso,
no suelen hacerlo así la gran mayoría de los directores
wagnerianos, a mi no me gusta nada comparar pero ahora mismo tengo
in mente a alguien más que también lo hace, pero
no es frecuente.
En toda gran producción hay grandes favoritos y en esta
son:
Falk Struckman (Wotan), Das Rheingold, Die Walküre y Siegfried
Adrianne Pieczonka (Sieglinde) y Robert Dean-Smith (Siegmund)
en Die Walküre,
Hans-Peter König (Hagen), (Mihoko Fujimura (Waltraute) en
Götterdämmerung.
Ya para despedirme quiero contar una pequeña curiosidad:
las óperas, en Bayreuth empiezan tan temprano que no permiten
hacer una comida normal, ya que es muy difícil mantenerse
despejado y fresco después del almuerzo. Por eso quiero
recomendar, a los futuros asistentes al festival, la idea de acudir
a las filas que se forman en los descansos para hacerse con una
buena salchicha o un schnitzel, no sé si es por no haber
almorzado o por la peculiaridad de salir de la ópera y
colocarse en la fila a intercambiar opiniones de lo visto y oído,
pero tiene un encanto especial y las viandas están deliciosas,
vale la pena ir al teatro ya con hambre para saborear ese momento,
alguna gente se organiza un pequeño picnic en los jardines,
con cesta, mantel y todo lo necesario para una buena merienda.