DER FLIEGENDE HOLLÄNDER
romantische Oper in 3 Aufzügen.
Inspirado en Aus den Memorien des Herrn von Schnabelewopski de H. Heine.

TEXTO

MÚSICA

ESTRENO

Representaciones

Críticas

DISCOGRAFÍA

Críticas

BIBLIOGRAFÍA

Estudio de manuscritos

Análisis, interpretaciones y consideraciones





A principios de mayo de 1840 Wagner envió al principal lebretista de Meyerbeer, Eugène Scribe, un bosquejo en prosa de una nueva ópera titulada Der fliegende Holländer, rogándole le tomara en consideración el convertirlo en libreto. Wagner tenía esperanzas de recibir un encargo de la Opéra para escribir la música y compuso tres números a fin de dar una audición, siendo él mismo quien hizo los versos, en una traducción de Marion Dumersan (No Emile Deschamps, como dice Wagner en Mi vida). Wagner informó a Meyerbeer el 26 de julio de 1840 de que los tres números -la balada de Senta y las canciones de los marineros noruegos, así como la tripulación del Holandés- estaban «listos». (Su ulterior pretensión de que la balada de Senta fue el primer número de la ópera que compuso no se ve corroborada por un detenido estudio de las fuentes documentales.) Ni la audición ni el encargo llegaron a materializarse, empero, y Wagner se resarció de las pérdidas vendiendo, el 2 de julio de 1841, a Léon Pillet, director de la Opéra, el bosquejo en francés de la ópera por 500 francos. (P. Foucher y B. H. Révoil convirtieron dicho bosquejo en un libreto al que, bajo el título de Le Vaisseau-Fantôme, puso música Pierre-Louis-Philippe Dietsch, futuro director de Tannhäuser en París.) (...) [La aceptación, en junio de 1841, de Rienzi por parte del Teatro de la Corte Real de Dresde] le espoleó a escribir lo que le faltaba de Der fliegende Holländer. Comenzó componiendo las dos canciones que quedaban, de las cinco principales de la ópera: la Canción del Piloto en el acto I y el coro de las Hilanderas en el acto II. Para noviembre la partitura se hallaba terminada en su totalidad y, de nuevo con un fuerte apoyo de Meyerbeer, en marzo de 1842 fue aceptada para ponerse en escena en la Hofoper de Berlín. (...) Al día siguiente del debut de Wagner como Kapellmeister real, Heinrich Laube publicaba la segunda entrega de los «Autobiographische Skizze» de Wagner, el 8 de febrero de 1843, en el Zeitung für die elegante Welt. Dicha segunda entrega contiene el primer relato de su viaje marítimo bordeando las costas noruegas, rumbo a Londres, el año 1839, y la célebre y muy influyente sugerencia de que los arrecifes noruegos habían desempeñado un decisivo papel a la hora de dar a Der fliegender Holländer una coloración «distintiva». Lo que Wagner no dijo es que el cambio de lugar de acción de su ópera lo había efectuado sólo unas semanas antes del estreno, como lo demuestra la partitura autógrafa y numerosas modificaciones en las particelas de Dresde. Al igual que Der Vampyr de Marschner, la versión original de la ópera está situada en Escocia, con nombres escoceses para algunos de los personajes. La oportunidad de publicar un ensayo sobre sí mismo en una destacada publicación periódica, parece haber tentado a Wagner para suministrar deliberadamente a la ópera una sugestiva imagen autobiográfica y, de tal manera, engrandecer su aura. En sus escritos no hizo jamás referencia alguna a este cambio, como tampoco a las muchas otras alteraciones introducidas en la obra durante las décadas de 1840 y 1850. Según los diarios de Cosima, en fecha tan tardía como el 9 de abril de 1880 Wagner aún tomaba en consideración la idea de una revisión a fondo de la ópera. (John Deathridge y Carl Dalhaus, Wagner)