Traducción de Javier Nicolás. El tilo sagrado, nº7. 1998
Los curiosos títulos de las óperas de Siegfried Wagner
Por Peter P. Pachl
Presidente de la Asociación Siegfried Wagner de Alemania

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    "Siempre me habían sorprendido los curiosos títulos que mi padre había escogido para algunas de sus obras...", explica Friedelind Wagner acerca de sus recuerdos de niñez, y expresa la situación normal que a todos sobreviene cuando escuchan por primera vez los nombres de las óperas de Siegfried Wagner: La fantasía es desviada en caminos equívocos, ya que uno se imagina, por ejemplo, bajo el título de Bruder Lustig  (El hermano alegre) una ópera cómica, o bajo el de An allem ist Hütchen schuld (En todo es Hütchen culpable) algo tremedamente infantil; y bajo los títulos de Sonnenflammen (Las llamas del sol) y Rainulf und Adelasia, uno no se imagina nada, mientras que con títulos como Sternengebot (El mandamiento de las estrellas), Schwarzschwannenreich (El reino de los cisnes negros), y Das Flüchlein das jeder mitbekam (La maldición que cada cual recibió), algo muy complicado y difícil de recordar.

    Lo curioso y de esta manera único en la historia de la ópera de estos títulos, es que no parece que peguen demasiado con la obra hasta que uno no conoce la misma. Después de conocerlas, entonces ya se aceptan estos títulos y no se encuentra ninguno mejor.

    En 1944, con motivo de la puesta en escena de Wolfgang Wagner de la ópera Bruder Lustig, entonces se cambió el título original de la obra, por el de Andreasnacht (La noche de Andrés). Si bien es cierto que la obra Bruder Lustig no está sacada de la fábula de los Hermanos Grimm, ciertamente el título Andreasnacht no le pegaba demasiado a la obra, primero porque la magia de Andreasnacht sólo aparece en la quinta escena del primer acto, y el segundo y tercer acto no tratan únicamente de las causas de Andreasnacht, como tampoco las primeras cuatro escenas del primer acto no son preámbulo concreto del Andreasnacht.

    Bruder Lustig, en cambio, es el apodo del personaje principal, Heinrich von Kempten, quien, en las más grandes turbaciones realmente demuestra tener buen humor siempre, y de ahí que este apodo le pegue muy bien.

    Der Bärenhäuter  (El portador de la piel de oso), es el apodo para Hans Kraft, el personaje principal de la primera ópera de Siegfried Wagner, al cual el diablo le pone en el primer acto la piel de oso, que le robó en su día.

    Herzog Wildfang  (El duque Fierabrás), denomina el pueblo al joven desenfrenado duque Ulrich, como todavía hoy en día se llama "Fierabrás" a los niños traviesos, a los diablillos: el marco de la obra lo compone su proceso de maduración ética y humana.

    Der Kobold  (El duende) trata del camino a la absolución del duende Seelchen, el asesinado hermano de Verena. Su acción designa el destino de Verena y con ello también el desarrollo de la obra.

    Sternengebot  (El mandamiento de las estrellas), la manifestación interpretada de las constelaciones, es el argumento de la quinta ópera, cuyo hecho interpreta Agnes con la siguiente frase al final del tercer acto: "¡Más alto que cualquier mandamiento de las estrellas, rige un segundo mandamiento: el del corazón!".

    La sexta obra de Siegfried Wagner, Banadietrich , es la libre dramatización de la saga véndica de Dietrich von Bern, del cazador furtivo: "En la vecina Bohemia del norte (...) se le llama 'Banadietrich' ".

    Aunque en Schwarzschwannenreich (El reino de los cisnes negros) sólo se hace visible en el tercer acto, en la visión de Hulda, el núcleo inmanente de la ópera del mismo nombre: ya en la primera escena del primer acto, es descrito por Ursula, y Hulda quien es seducida allí por los cisnes negros de los caballeros diabólicos, ha matado a su hijo, criatura maltratada, en el bosque; este acto es descubierto en el último acto de la obra, y juzgado por el pueblo.

    Sonnenflammen (Las llamas del sol) es el símbolo de la ofuscación, por la imagen de la mariposa que va hacia la luz para allí ser cegada y muerta. Fridolin, "que sigue ciegamente su voluntad de acción impetuosa, encendido por estas llamas del sol, las cuales quieren quemarle", se pierde en Bizancio, donde ha llegado en el punto culminante del desarrollo fastuoso, y muere en las llamas del reino imperial que declina: el moribundo dice a Iris, "refiriéndose a sus ojos": "¡El sol -sus llamas- me han quemado!".

    El principio de Siegfried Wagner, de denominar a las Óperas según los principales motivos dramáticos o según el apodo del personaje principal, se ha mantenido también en su novena obra: Radomar, el cual en su amor por la esposa Ellide -el desdichado líder prusiano en tiempos de las conquistas polacas-, es el "rey pagano", denominado así por el pueblo en lucha entre paganismo y cristianismo.

    La denominación Friedensengel (El ángel de la paz) no se refiere específicamente a una persona: en las indicaciones de dirección del tercer acto se define al "Friedensengel" como "figura del santo", Kathrin le reza como "santo Cristo", mientras que para Wilfried el "Friedensengel" es un puñal, una alegoría de la muerte libre, el portero "¡Hacia el eterno vínculo primaveral! ¡Un ayudante benévolo! -¡Un ángel de la paz!".

    Así, el título de la décima opera de Siegfried Wagner denomina el principal motivo dramático de la búsqueda de la paz y de la felicidad y la posibilidad utópica y visionaria de su alcance. Hütchen se llama el duende, que provoca en el ameno juego de la fábula toda la confusión y mucha pena, pero también alguna alegría; el duende Hütchen, como simbiosis teatral para la racionalidad humana, es a la vez personaje y motivo principal, el título es pronunciado en el tercer acto también por la mujer de la fábula: "¡En todo es Hütchen culpable!"

    La duodécima ópera de Siegfried Wagner tiene un fácil y comprensible título, y en él se cuenta lo que va a pasar en la obra: el armero Muthart es Der Schmied von Marienburg  (El herrero de Marienburg), el personaje principal de la obra.

    Rainulf und Adelasia lleva como título, y como única excepción en el resto de las óperas de Siegfried Wagner, el nombre original de los dos personajes principales de la obra. Pero no es sin embargo un drama amoroso (como Tristán e Isolda): Adelasia aclara ella misma el título: "Un dulce sonido sin embargo tiene la palabrita "Und" ("y") ... Aquí tiene un terrible significado: (...) . ¡El cielo me ha escogido a mí, como juez para estar frente a ti!. ¡De esta manera estamos encadenados el uno al otro, la salvación y la verdad rescatadas al fin!".

    La décimocuarta ópera, Die heilige Linde  (El Tilo sagrado) expresa con el título la simbología argumental, que es la semilla del problema de la conservación, restauración o negación de una Tradición heredada: el rey Arbogast se deja influenciar por los aires romanos y deja morir el Tilo sagrado, de raigambre germánica. Tras la muerte del rey, engañado por Roma, su mujer planta un nuevo Tilo "como símbolo del pensamiento de libertad alemana, y como señal de honor hacia las antiguas y recias costumbres".

    La decimoquinta y última ópera lleva como título la idea fundamental de la manifestación filosófica que tanto rezuma la obra completa de Siegfried Wagner, la aclaración para "el destino de algunos hombres, que a veces han sido despiadados con sus víctimas y se han visto caer en lo más profundo de su alma, aparentemente sin razones", de ahí el título de Das Flüchlein, das jeder mitbekam  (La maldición que cada cual recibió). Ya en el principio de la obra de esta ópera popular (I acto, 1ª escena) aclara "la buena mujer" al hijo del rey Wehrhold a la pregunta de si él podría confiar en ella: "A todos les enseño clara y verdaderamente, cómo la maldición superan, ya que todos lo acaban experimentando en su propia carne". Y en el tercer acto de la obra An Allem ist Hütchen schuld  (En todo es Hütchen culpable), también habla de este título, por sí solo, en boca de la mujer del cuento de hadas: "Con la maldición, que cada uno recibió, ¡Dios el castigador indulgente se vuelve! ¡Todos reciben su merecido, alegres, y así no se la llevan a la tumba!".