El tilo sagrado, nº5-12. 1997-1999
Argumentos de las óperas de Siegfried Wagner
Por Javier Nicolás

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1. DER BÄRENHÄUTER (1898)

Personajes de la obra: Hans Kraft, joven soldado (tenor). Melchior Fröhlich, el alcalde (bajo). Lene, Gunda y Luise, sus hijas (sopranos). El padre Wippenbeck (barítono). Nikolaus Spitz, el propietario de la Fonda (tenor buffo). Anna, la camarera (mezzosoprano). El Mayor Muffel von der Plassenburg (bajo). Kaspar Wild, jefe de guardia (barítono). El extranjero (barítono). El Diablo (bajo buffo). Campesinos, campesinas, soldados (de la compañía de Muffel), ondinas, multitud de diablillos, niños. Lugar: en la región de Bayreuth. Época: la guerra de los 30 años.

PRIMER ACTO
Un soldado rezagado de la guerra de los 30 años es recibido por los habitantes de un pequeño pueblo. Sólo Hans Kraft que entretanto ha perdido a su madre, permanece en casa. El diablo ofrece al desocupado Hans un empleo en el infierno, como guardián de la caldera donde se cuecen las almas de los condenados. Hans acepta y se mete en el agujero con el diablo. El diablo le advierte a Hans su obligación de custodiar la caldera , pues si no, incurrría en un castigo, entonces se va de viaje. Hans calienta la caldera. LLega un extranjero y se presenta ante Hans como Pedro el de las llaves. Le propone un juego de dados a Hans. Como Hans no tiene dinero y está obligado por la necesidad, apuesta con las almas de la caldera. Pero poco a poco pierde todas las almas. Cuando el diablo vuelve del viaje observa que no hay ningún alma en la caldera. Como castigo impondrá a Hans el volver a la Tierra con una apariencia diabólica. No se deberá lavar nunca y con una apariencia andrajosa deberá conquistar a una muchacha.Pero además ella le deberá ser fiel durante tres años. Le hará entrega a ella de medio anillo, y si le es fiel durante ese periodo, él podrá recuperar la forma que tenía antes. Hans llevará consigo siempre un saco lleno de oro que nunca se vacía. Si consigue esta liberación, el diablo le deberá, además, conceder tres deseos. A una orden del diablo, una multitud de diablillos también sucios y andrajosos acuden, y cuelgan a Hans una piel de oso, y sale despedido de allí, entre rayos y truenos.

SEGUNDO ACTO
La fonda del pueblo, el campesino Heiner y la camarera Ana se entretienen contándose historias de fantasmas. De repente llaman a la puerta, Ana va a ver quien es y piensan que van a encontrarse allí a un fantasma de  carne y hueso. Es Hans,el despellejador de osos que pide entrar. La mayoría de los campesinos abandonan la fonda con el cura. El alcalde permanece adormecido encima de la mesa. El fondero le despierta bruscamente y le pide que pague sus viejas deudas, y si no, quiere la garantía de sus bienes. Llegan a las manos. Hans se mete por medio diciendo que paga él la deuda del alcalde, y asume la deuda. Bebiendo vino, el alcalde comparte sus problemas con Hans. Le dice que tiene tres hijas solteras que nadie quiere casarse con ellas, porque él es muy pobre. Hans se presenta como soltero, el alcalde le promete a la mañana siguiente en el Baile de mayo presentarle a sus tres hijas. Les va a explicar algo de una promesa que Hans ha hecho por una amante infiel. El alcalde se despide y también Hans se va a dormir. El tabernero entra sigilosamente mientras tanto y quiere robarle el saco que Hans se ha dejado en la sala. Pero cuando lo abre, sólo salen insectos y duendes que torturan al tabernero. Entonces aparece Hans con una lámpara y los bichos desaparecen. Ya temprano al amanecer se decora la sala para la fiesta. La juventud del pueblo pasa bailando por delante. Llega el alcalde con sus hijas, Lene, Gunda y Luise. Las dos mayores se burlan de Hans y se marchan. Luise, la más joven, se da cuenta que le cae una lágrima a Hans, y le pregunta y Hans se queda mudo. Finalmente acepta que ella le ayude y le pide si puede conservar la mitad de su anillo y no olvidarle nunca. Luise sabe que no va a olvidar al sucio Hans. Coge la mitad del anillo y lo ata a una veta alrededor de su cuello. El mesonero que Hans había pillado como ladrón ha levantado a los campesinos en contra de él. Le amenazan con sus aperos de labranza. Hans dice tranquilo que si su dinero es del diablo, como dice el mesonero, entonces también los 60 gulden que le ha pagado al mesonero son diabólicos. Finalmente el mesonero tira el dinero y una llama surje del suelo. Hans aparece como poseido del diablo y quieren matarle. Pero Luise llama a otros campesinos para que le ayuden y lo protege ella misma. Ella está convencida de que la llama es ficticia, que Hans es un pobre hombre, está segura. Entonces Hans sigue su camino sin ser molestado por los campesinos.

TERCER ACTO
Han pasado tres años y Luise le ha permanecido fiel. Los diablos limpian y lavan a Hans. El Diablo prueba un último intento:Un diablo tratará de convencer en sueños a Hans y robarle el anillo. Pero Hans se despierta antes. Hans expresa el primero de sus deseos: ser otra vez como era antes. Pero este deseo ya se ha realizado. El segundo deseo es que desea el saco, libre de duendes. Y el tercero es que quiere ser dejado en paz para siempre por el diablo. Pero se ha de llevar la piel de oso que le pertenece, ya que le fue asignada por el diablo. Hans se lo deja al diablo como recuerdo. Que tambien un diablo puede equivocarse, y se va corriendo hacia su novia. En el camino se encuentra un extranjero y le dice que tiene que ir al castillo de Plassenburg ya que será atacado por los Wallensteiner si no avisa a los que están allí durmiendo. Desde el pueblo cerca de Kulmbach, donde se encontró Hans a Luise se observa el ataque a Plassenburg. Kaspar Wild llega al pueblo y explica el acto heroico que ha realizado Hans. Todos se encuentran en la fonda para celebrarlo. El alcalde quiere convencer a Luise de que se case con el campesino Veit. Despreciada por las dos hermanas, Luise se queda sola. Luise hace un rezo al ángel protector. Y le pide acabar con la pena del despellejador de osos. Este ha entrado sin ser visto. Le pide que le ponga una venda en una pequeña herida que se ha hecho en la batalla. En el vaso de agua que le alcanza deja caer su anillo. Asustada se piensa que es el de ella. Entonces Hans dice que es él, el antiguo despellejador de osos, y entonces se abrazan contentos. Kaspar Wild viene con algunos campesinos y entonces llega el alcalde y el fondero ladrón, al cual Hans le regala el saco. Chillando se marcha corriendo el mesonero. Hans se presenta a los campesinos como el antiguo despellejador de osos (Bärenhäuter). Luise se pone a rezar al ángel protector, junto a los campesinos.

2. HERZOG WILDFANG (1900)

Personajes de la obra: Duque Ulrich (tenor) . Mathias Blank, consejero del anterior (barítono-buffo) . Thomas Burkhart, Andreas Stephan, regidores (bajos) . Junker Kurt (tenor) . Osterlind, hija de Burkhart (soprano) . Reinhart (barítono) . Kuni, ama de llaves de Burkhart (alto) . Zwick, sastre (tenor-buffo) . Michel, Konrad, Sebastian, pretendientes de Osterlind (tenores) . Christoph Kern, un ciudadano (bajo) . Zupfer, un viejo jardinero (barítono) . Jacob Fell, trabajador (tenor) . Un campesino más anciano (bajo) . La hechicera (soprano) . Un chico (tenor) . Una joven lavandera (soprano) . Un viejo profesor (bajo) . El pequeño buitre . Caballeros, regidores, mujeres del mercado, un prestidigitador, el pueblo. Lugar: Una residencia de la Alemania central. Época: Segunda mitad del s. XVIII.

PRIMER ACTO
Hay un tumulto delante del castillo del Duque Ulrich, porque éste quiere enviar a su pueblo sin previa consulta a la guerra con Inglaterra, para sanearse de deudas. El consejero Mathias Blank promete al pueblo libertad y paz con palabras sugestivas. Burkhart. adivina las intenciones de Blank, el cual le había metido la idea en la cabeza personalmente al Duque de vender los campesinos como soldados para luchar con Inglaterra y luego aprovecharse de la situación y hacerse con el mando. Osterlind, la hija de Burkhart, se ha enamorado del Duque. El ama de llaves Kuni, la debe ayudar a encontrarse con el Duque. En una doble conversación acuerda Kuni con Junker Kurt, el "mayordomo", un "encuentro en el bosque", una cita entre Osterlind y el Duque; al mismo tiempo Osterlind "le gira la cara" al consejero Blank que está enamorado de ella. Blank se entera a través de Kurt, que Osterlind ama al soberano y que se quiere encontrar con él en el bosque. En la terraza del castillo tendrá lugar un banquete de caza. El Duque, cansado de sus deberes, anhela la libertad y rechaza las peticiones escritas del pueblo. Durante la cacería, Blank hace que el Duque se fije continuamente en un grupo de árboles donde se encuentra escondida Osterlind. Provocado por las bromas de Blank, el Duque apunta jugando a la muchacha. Y tira. Osterlind, herida, es transportada a la terraza. El Duque se enamora de la desfallecida. Con actitud rebelde reivindica en su cara las quejas de su padre, Burkhart y del pueblo que en ese momento llega enfurecido. Pero los soldados se han rebelado. Burkhart obliga al Duque como desagravio, a no enviar al pueblo a la guerra. El Duque decide emigrar. Blank quiere ganarse la simpatía de los votos del pueblo como caudillo. Recoge peticiones escritas y promete con sentencias sentimentales el paraíso terrenal.

SEGUNDO ACTO
Sin ser reconocido, el Duque ha alquilado la casa vecina de Osterlind. Vestido de comerciante oriental, visita a Osterlind y la corteja. Ya que el padre no aprobaría nunca su matrimonio, idea un plan: organizar una carrera con todos los pretendientes posibles de Osterlind, pero disfrazados. El Duque quiere saber noticias de Osterlind y para ello monta un cordel de una ventana a otra. Osterlind comunica a su padre su deseo de casarse pronto. Thomas Burkhart es consultado por cuatro regidores: El trabajador Jacob Fell ha sido castigado con 10 años de prisión como hipotético ladrón de Blank, aunque no se pueda probar su culpabilidad y además se haya visto salir volando una urraca del erario municipal con oro en el pico por la noche. El pajarraco es, además, propiedad de Mathias Blank. Pero el principal testigo, el jardinero Zupfer, calla frente a Burkhart, en pro de su "reputación". Como Burkhart se da cuenta que Blank les engaña, le alaba con entusiasmo, y ello hace que Blank ya no pueda aguantar más y acuse. Los cuatro pretendientes de Osterlind - Michel, Sebastian, Konrad y Blank - se desacreditan mutuamente. Osterlind ha marcado sobre un mapa el itinerario de la carrera (a través del bosque de hayas para la verbena en la plaza de las fiestas) y da a conocer las condiciones a los participantes. Fell es conducido por gendarmes a la prisión, e insulta a Blank. Blank quiere convencer con dinero a Osterlind de renunciar a la idea de la carrera. Entonces escucha la canción del conejo y el erizo en la casa del sastre Zwick, lo que le da una idea. Se retira con el sastre dentro de la casa. Reinhart, el amor de juventud de Osterlind, ha regresado de la guerra y despierta en ella imágenes de felicidad pasada. Osterlind hace saber a Kuni, que ella sólo ama a Reinhart. Kuni quiere conseguir de la hechicera un brebaje para que Reinhart gane la carrera. Blank le lleva a Zwick un paquete con ropa, momento en el cual se acerca una procesión de antorchas que celebra el aprisionamiento del ladrón de la caja del pueblo. Con la cuerda el Duque estira la carta de Osterlind desde su habitación: la carrera tendrá lugar.

TERCER ACTO
Verbena - Baile popular. Junker Kurt - disfrazado de Herold - da la señal de salida de la carrera. Para sorpresa de Burkhart hay 6 alistados disfrazados en la salida. La hechicera aparece como una adivina que posee una llave mágica, oxidada, en el libro de oraciones. A continuación demuestra sus artes, descubriendo a un ladrón de cerezas entre el grupo de chicos. La llave delata también a los regidores, y que sólo y únicamente Blank ha robado el dinero de la caja municipal. Blank llega el primero a la meta. Osterlind rechaza al supuesto ganador. Llega el duque y acusa al primero de engaño en la carrera. Al desenmascararse, Blank insulta al Duque. Reinhart revela la verdad: ha traido a un chico disfrazado con la ropa de Blank, que había llegado a la meta en lugar de Blank. La hechicera anuncia que Blank no es sólo estafador sino también ladrón. El pueblo revolucionado quiere agredir a Blank, pero Burkhart impide que sólo sea castigado con deshonra. Burkhart pide al Duque que retome su cargo. Como lazo de paz entre la plebe y la burguesía, el duque quiere tomar como esposa a Osterlind. Pero Osterlind se declara a Reinhart. Tras la petición del pueblo: "Se un soberano benévolo", responde el duque con la promesa: "Como señor vuestro, os serviré a partir de ahora".

3. DER KOBOLD (1903)

Personajes: Gertrud, hostelera del pueblo (alto) - Verena, su hija (soprano) - el viejo Ekhart (bajo) - Trutz, Sátiro en la comedia (barítono) - Fink, Eliodoro en la comedia (tenor-buffo) - Kümmel, el Fauno en la comedia (bajo) - Friedrich, Eros en la comedia (tenor) - El conde (barítono) - La condesa, Eukaleia en la comedia (soprano) - Jeannette, doncella de cámara (soprano) - Jean, sirviente (barítono) - Knorz (barítono) - Käthe, esposa de Trutz (mezzo soprano) - Seelchen (soprano) - verdugo (soprano) - pueblo, huéspedes del conde, duendes. Época: inicio del s. XIX.

PRIMER ACTO
Verena duerme en el patio de la posada, en tanto que es rodeada por duendes. Sueña con el recién nacido Seelchen, que fue muerta por su madre de dos cuchilladas, y que acosa a Verena para que acabe con su pena. El viejo Ekhart despierta a Verena de sus pesadillas. Ha aparecido por su cumpleaños y le ha traído de regalo una piedra mágica. Ekhart advierte a Verena, de no perder la piedra y de protegerla ante la envidia de los demás, ya que la magia de la piedra une al amado por ella para siempre. Gertrud, la made de Verena, la riñe porque sólo lleva un camisón y porque seguramente no ha recogido la casa. Verena miente, y le dice que ha recogido todo - y efectivamente la madre lo comprueba poco después. Ekhart le hace saber a Gertrud, que Verena ha pasado toda la noche en el patio y que ha hablado en sueños. Gertrud temerosa, quiere saber si Ekhart ha oído lo que ha dicho Verena, pero Ekhart le dice que no, y desaparece. Desde el valle resuena la canción de amor de Friedrich para Verena. Friedrich le ha traído de cumpleaños una cadenita, a la cual ella ata la piedra mágica. Verena intenta darle celos a Friedrich con el Conde y sus amigos, haciendo alusiones constantes. Friedrich le hace una trenza con el pelo a Verena, y esperando como recompensa un beso prometido, no lo logra pues ésta sale corriendo hacia su casa. Pone una escalera en la casa para subir a su ventana. Fink, Trutz y Kümmel se burlan del colega en la "escalera de la vida". Gertrud quien lleva para arriba un barril, hace notar a los comediantes que no tiene nada para ellos. Trutz, en cambio, alaba la simpatía de su esposa Käthe, a la cual sólo ve una vez al año. Cuando vuelve a casa después del plazo anual, le saluda de nuevo otra vez los chillidos de un nuevo bebé. Trutz explica al público curioso que quizás el conde y la condesa hoy estarán en el auditorio. Pero el conde no lo es en realidad, ya que fue así nombrado por un favor personal de Napoleón. Los actores abren la escena. Verena preferiría irse con el pueblo que empieza ya a marcharse. Como prueba de talento canta una canción triste de un pájaro ciego que se le rompe el pecho de nostalgia. Los actores están poco inspirados; Fink opina que si Verena canta así, el público se iba a marchar. Trutz se burla de Friedrich que en cada ciudad deja a sus "amantes" colgadas. Friedrich, enojado, le pide la mano de Verena a Gertrud. Esta le rechaza. Entran el conde y la condesa con el séquito. Nanni que es originaria de este pueblo, y que ahora vive en el palacio como ayudante de cámara y se hace llamar Jeannette, alaba la vida en la corte ducal y se burla de la pobreza de Verena. Ahora ésta alardea de su piedra mágica. Cuando lo ve Jeannete lo quiere adquirir como talismán para su señora. La condesa le ofrece dinero a Verena y finalmente lo compra con la ayuda de Gertrud que le arranca la piedra a su hija junto con la cadena. Trutz anuncia al público impaciente que hoy no habrá representación, ya que la troupe ha sido invitada por el conde para actuar en el Palacio. Se desmonta y se carga de nuevo el escenario. Friedrich le pide a Verena de ir también, pero ella se queda perdida en sus pensamientos. Verena busca consuelo en el viejo Ekhart.

SEGUNDO ACTO
Jeannette y Jean organizan todo en el jardin del Palacio para la fiesta que se avecina. Trutz, Kümmel y Fink ya disfrazados para la obra, hacen saber que no han dormido muy bien. Su esperanza de ser hoy retribuidos con oro se la quita Jeannette. Trutz designa a Jeannette como un personaje fantasma, un diablillo, acerca del cual cantan una balada. Jeannette le susurra a Friedrich que la condesa le espera al atardecer. El conde ha sido advertido por Ekhart. Discurre sobre su vida, sus falsos amigos y su herencia. La condesa disfrazada de ninfa Eukaleia, aparece. El conde le habla de una carta de amor que él ha encontrado. Los invitados toman asiento para la comedia. Eukaleia que ha sido raptada por Sátiro y Fauno, será liberada por el canto de Eros. Pero Eliodoro también suplica por Eukaleia cantando. Friedrich (que hace de Eros) se queda trabado al recitar su parte, ya que descubre a Verena en los matorrales. El conde interrumpe la comedia e invita a los asistentes al baile. Verena hace saber a Friedrich a través del sirviente Jean que efectivamente le ha seguido hasta el castillo. Friedrich le dice que no le quiere hablar, pero Verena corre hacia él. Jeannette intenta echar del parque a Verena por ser rival de la condesa y por el bien de Friedrich. Los invitados entran en el Palacio. Verena medita acerca de la falta de amor de Friedrich. El conde regresa e intenta disuadir a Verena con respecto a Friedrich y de paso la seduce. Le pone dos monedas en el bolsillo. Ella se resiste. Pero él la amenaza que ha entrado sin permiso en el parque. Ella se escapa a los matorrales, el conde le sigue. Atraído por los gritos de socorro de Verena, Trutz sale de la fiesta. Verena acuchilla al Conde y Trutz la acompaña a la puerta. La condesa cree en la fuerza del talismán para ganar el amor de Friedrich. Este quiere convencer a aquella para que se escape con él al campo. Ella en cambio quiere las dos cosas, la comodidad palaciega y la pasión de Friedrich. El le arranca impetuosamente una de sus cadenas a ella. Es la que él regaló a Verena. Friedrich se acerca la piedra. La condesa pide ayuda. Ella acusa a Friedrich de robo. Las puertas del parque se cierran. Encuentran al conde, herido, y desvanecido. Como Trutz le quitó el puñal a Verena, le toman como el malhechor. Los actores se escapan escalando el muro. Desde la balaustrada Trutz tira la piedra al estanque del Palacio. La condesa hace pescar la piedra, a través de la cual reluce el fondo del lago, con una luz verde. Un relámpago golpea un haya del parque y hace que todos se refugien en el Palacio. Seelchen bucea en el fondo del lago y coge la piedra. Aparece el verdugo del haya partida. --Un ser creado de la simiente de un ahorcado-- quien rodea con Seelchen la piedra. Los demás duendes ayudan a Seelchen y el verdugo tiene que buscar reparo en la huida.

TERCER ACTO
Ekhart ha guiado a Verena al bosque. En vano reza Verena al cielo por un milagro liberador. Un saltamontes le anima. No quiere volver a casa con su madre. Ekhart quiere aclararle su plan para con los duendes. Le menciona el hecho de que el último ser viviente de una familia, ha de acarrear con la pena de los asesinatos de sus familiares que hayan cometido las generaciones anteriores. El último sucesor se lleva toda la pena a la tumba. De esta manera Verena reencontrará la felicidad perdida en la muerte. Los esbirros del Conde persiguen a los comediantes. Preguntan a Ekhart y a Verena el camino al molino, pues lo quieren incendiar, para sofocar con el humo a los actores. Ekhart les enseña el camino. Sin resultado, intenta Verena llevar a los esbirros por un camino falso. Knorz reconoce a Verena y le exige una promesa de que no revelará a nadie el plan de los esbirros. Verena envia a Ekhart con saludos para su madre. Ella quiere penar su culpa y quiere ser enterrada bajo un sauce llorón al lado de la tumba escondida de su hermanito. Se va corriendo para salvar a Friedrich y liberar a su duende. Fink, Kümmel y Friedrich están escondidos en casa de los Trutz. También la esposa de Trutz ha matado a un niño después de su nacimiento y pone en la mesa una escudilla para este duende. Otra vez se pelean Trutz y Friedrich a causa de Verena. Entonces llega ésta, y revela con su rezo a la imagen de la Madre de Dios, en voz alta, la intención de los esbirros. Justo a tiempo se pueden salvar los comediantes y Friedrich con Verena salen afuera. El granero cae ardiendo, detrás se hace visible un paisaje iluminado por la luna con un lago. La estaca designada para Friedrich por el esbirro Knotz la para con su cuerpo Verena. La moribunda Verena pide a Friedrich que sea feliz y que ponga uno de sus rizos en el corazón. Ella cree oír las voces de los duendes y la de su hermano por fin liberado. Una gota de rocío que cae en su frente, brilla como la piedra mágica.
 

4. DER BRUDER LUSTIG (1904)

Personajes: El Emperador Otto, el barbudo (bajo) - Heinrich von Kempten (tenor) - Walburg (soprano) - Rüle (soprano) - Konrad (barítono) - El alcalde (bajo-buffo) - El sacerdote (barítono) - Un heraldo (tenor) - Un joven (tenor) - La señora Urme (mezzo). Época: siglo X. Lugar: Una pequeña ciudad de Franconia.

PRIMER ACTO
Heinrich von Kempten, llamado "Bruder Lustig" (El Hermano alegre), huye de los esbirros del Emperador Otto, el barbudo. Ya que ha matado al escudero del Emperador, porque había maltratado a un niño, después de haber intentado sobornarle para cortarle la barba al Emperador. Walburg, una muchacha que conocía desde que eran niños, le ha ayudado a disfrazarse de anciana, confundiendo a los esbirros para ayudar a Heinrich. Este le pregunta a Walburg por su amiga Rüle, ella se enfada por esto y se marcha. Desde su escondite, Heinrich escucha cómo unas muchachas arreglan una cita en la Noche de Andrés para una cuestión de magia. Está también Rüle entre ellas, quien quiere convencer a Walburg para que vaya a visitar a Urme, la vieja bruja alcahueta, para escudriñar esa noche las intenciones futuras de la vida amorosa de las muchachas. Cuando llega Urme, un ruido que hace Heinrich, hace que asuste a las muchachas y salgan corriendo. Heinrich obliga a Urme a que hable, pero ésta le señala a Rüle para que le indique dónde es la cita nocturna. Cuando oiga tres toques se deberá asomar a la ventana, y allí estará Rüle. El está de acuerdo, pero con una condición, de que Urme cite a sus tres perseguidores, a la una, en su torre, con la excusa de que allí podrán coger al fugitivo. Walburg vuelve a casa, desde la iglesia, junto a los demás. El sacerdote ha advertido personalmente contra la brujería, pero ella quiere a toda costa saber su futuro, sobre todo si su amor oculto, Heinrich, será su esposo. Rüle se va con Walburg a la torre de Urme. Urme "embruja" tan sólo aparentemente. Deja a Rüle mirando por la ventana, donde más tarde aparecerá el novio. A la señal convenida aparece Heinrich por la ventana. Urme prepara a Walburg un brebaje de su caldero mágico para atraer al espíritu del futuro marido, con el que deberá comer. Tan pronto como el espíritu haya sacado el cuchillo de su bolso, Urme hará desaparecer al aparecido, pero el cuchillo lo deberá guardar Walburg, para que lo utilice su futuro marido. Urme hace entrar en la sala a los tres esbirros, los cuales pronto empiezan a bailar con las muchachas. Aparece Heinrich disfrazado de vigilante nocturno, ata a los tres jóvenes y los expulsa de la ciudad. Luego se quita el disfraz y les pregunta a las muchachas que qué hacen a esas horas allí. Le dicen que Urme les cuenta cuentos y estudian juegos de Navidad, sólo Walburg confiesa: "¡Hoy celebramos la noche de Andrés!".

SEGUNDO ACTO
Los novios, Walburg y Konrad, vuelven de la boda a su casa. El alcalde hace un brindis y anuncia la próxima boda de Heinrich y Rüle. El baile es interrumpido para representar una pantomima: la petición de mano y el anuncio de boda de una pareja con ayuda de un celestino, al cual el padre de la muchacha ha propinado una paliza. Sigue el ceremonial de la matanza del gallo: un gallo es juzgado por libertino por el alcalde y debe ser colgado en una pequeña horca. Walburg interfiere y salva al animal. Un heraldo del Emperador ha vuelto a la ciudad con anuncios de guerra si no se entrega al malhechor perseguido, que hace más de dos años que esconden al "Hermano alegre". El Heraldo reconoce a Heinrich, pero éste jura que no es Heinrich von Kempten. El Emperador entonces hace coger diez rehenes a cambio. El alcalde piensa entonces en una treta, y comunica al Emperador, a través del heraldo, que quiere encontrarse a solas con él en la puerta de la ciudad. La comitiva de la boda se ha ido, y Walburg y Konrad quedan solos, y para consolar a aquella, éste quiere cortar una rosa de un matorral, pero su cuchillo se le perdió hace ya mucho tiempo en una caída del caballo. Walburg había, entonces, cuidado al herido, y él se enamoró de ella. Pero él ignoraba si ella le iba a corresponder con su amor. Con un pretexto Walburg envía a Konrad a la puerta. Abre el baúl donde ella guarda el cuchillo escondido de Konrad, pero él la observa y la arrincona. Finalmente le declara el tema de la magia de la Noche de Andrés, y le descubre el cuchillo a él. Con temor ella reclama ayuda desde la ventana a los vecinos. Konrad acusa a Walburg de bruja. Pero Heinrich la protege: pues de la misma manera todas las muchachas de la ciudad, que estuvieron en la Noche de Andrés serían también brujas. Heinrich echa las culpas de todo a Rüle, y la rechaza. Salva a Walburg de las manos del colérico Konrad, abatiéndole de un puñetazo, y huye con ella. Heinrich se parapeta con Walburg en una capilla junto a la puerta de la ciudad. Entonces Heinrich contrarresta la amenaza del sacerdote, diciendo que primero debería barrer su propia puerta. Allí maldice el sacerdote a la pareja por haber profanado y deshonrado a la iglesia. Heinrich conversa con los santos de la bóveda cubierta, para saber si ellos también piensan que es malo. Toca el órgano para entretener a Walburg, e involuntariamente le sale el vals de bodas. Como en sueño, creen ver cómo reviven las figuras de los santos. Imaginan que escuchan un coro de ángeles: "Bienaventurados los de corazón puro, pues de ellos es el Reino de los cielos".

TERCER ACTO
El alcalde quiere capturar, junto con los ediles, al Emperador. Pero necesita la ayuda de Heinrich, porque ningún otro se atreve a tocar al Emperador. Bajo la condición de que los ediles no le hagan nada a Walburg, abandona la iglesia aparentemente para estar junto a los ediles. Llega el Emperador. Después de que ha prometido al alcalde de que su séquito no va a actuar a escondidas, entonces es agredido por los ciudadanos y hecho preso junto con sus alabarderos, sólo el heraldo escapa. Los ediles guían al Emperador por la ciudad, y quieren extorsionarle, para que no envíe sus tropas contra ellos, pues de otro modo le cortarán la cabeza, y entonces aparece Heinrich, con la cabeza cubierta por una capucha, quien golpea a los ediles con una enorme maza, libera al Emperador y le pide tres deseos: Uno, que el Emperador conserve la ciudad; dos, que regale favores a quien implore y agradezca su salvación. Luego Heinrich se quita la capucha. Los soldados quieren venir en ayuda del Emperador. Otto deja pasar a los ediles, uno a uno, a través de la puerta de la ciudad, y concede los deseos a Heinrich. Konrad acusa a Heinrich, ante el Emperador, de adulterio y deshonra a la iglesia. Walburg sale de la iglesia y niega la acusación. Sólo es consciente de una culpa, que ella, que había amado a Heinrich, se dejó embelesar por la magia de la Noche de Andrés con la esperanza de que Heinrich se convirtiera en su esposo. Urme debe ser juzgada. Ella pide como último deseo cantar una balada. Entonces revela que también el Emperador ha utilizado sus servicios en una ocasión. Luego salta voluntariamente a la hoguera y la noche cae de repente. Cuando se vuelve a hacer de día, sale un cuervo volando de allí. Heinrich se debe todavía defender ante el sacerdote, pero rechaza el hacerlo. Entonces el Emperador deja que el pueblo decida, si Heinrich y Walburg son culpables, y si el matrimonio entre Konrad y Walburg puede romperse. El Emperador y los ciudadanos dan la razón a la pareja. Entonces Heinrich pide su tercer deseo: las muchachas solteras de la ciudad deben presentarse y ser cortejadas por los soldados sin que los padres pongan mala cara a este juego. Konrad perdona a Walburg. El Emperador Otto clava el hacha en el Roble, como muestra de la Paz, que nunca más debe ser rota a través del engaño.
 

5. STERNENGEBOT (1906)

Personajes: Konrad el salio (bajo) - Hiltrud, su esposa (mezzo) - Agnes, la hija de ambos (soprano) - Helferich von Lahngau (tenor) - Adalbert von Babenberg (barítono) - Herbert, consejero del salio (barítono) - Julia, su esposa (soprano) - El joven gnomo (barítono-bajo) - Bertha, doncella de Julia (soprano) - Christoph, sirviente de Konrad (bajo) -Voz de una pitonisa (alto) - El joven Heinz (Heinrich von Kalwe) (tenor). Época: s. X. Lugar: Fritzlar y alrededores.

PRÓLOGO
Después de una victoriosa batalla contra los vendas, el duque salio Konrad consulta a una astróloga. Se entera de que Heinrich, el hijo de su enemigo muerto, no sólo ha escapado al asesinato ordenado por él, sino que también pretende en matrimonio a su hija Agnes. Helferich von Lahngau, que había seguido al duque, es testigo involuntario del presagio del mandato de las estrellas (Sternengebot).

PRIMER ACTO
Los victoriosos salios regresan a Fritzlar, su hogar. Agnes presurosa, sale al encuentro de su amado Helferich. En conocimiento del mandato de las estrellas, él la rehuye. Adalbert von Babenberg está celoso de la victoria de Helferich, especialmente porque él mismo especula acerca de la posibilidad de matrimonio con la hija del duque. Intenta emparejar a Helferich con Julia, la esposa de Herbert. Ya que él sabe que la esposa del consejero ducal, ama a Helferich. El joven gnomo, un hijo natural del duque, fruto de la unión con una adivina, ha sido escondido por Heinrich en un convento. El duque reconoce a través de un pergamino al perseguido hijo de los Kalwe. Lo manda detener bajo un pretexto en casa de Herbert. En una carta, le ruega encarecidamente al alcaide de Nurenberg, el mantener a Heinrich preso. Helferich consigue interceptar la carta. Helferich reconoce, que por su saber, se ha convertido en ejecutor del mandato de las estrellas. Para evitar mayor desgracia, deberá renunciar a su propia felicidad. Bertha, la sirvienta de Herbert, le invita a visitar a Julia en ausencia de Herbert. Él se ofrece para liberar a Heinrich de la casa de Herbert. El joven gnomo ha espiado la conversación. Él se convierte por su parte en director del porvenir. Sus planes son el vengar su propia posición social con respecto a su padre, el duque, pero también hacer inofensivas las de los sucesores potenciales, Heinrich y Helferich. Helferich apenas puede oponerse a la pasión de Julia. Él le exige la entrega del preso Heinrich. Al regresar a casa, el esposo se bate en duelo con Helferich. Muriendo Herbert suplica a Helferich su silencio para salvar el honor de Julia.

SEGUNDO ACTO
Una partida de ajedrez entre el duque y su esposa Hiltrud decidirá si Helferich o Adalbert ganarán a Agnes como esposa. Agnes intenta reconciliar a los progenitores desavenidos. El próximo torneo será el decisor de su futuro marido. En el cortejo del torneo, el joven gnomo le sale al encuentro al duque con la atrevida pretensión de ser él el legítimo heredero. Por decirle el escondite de Heinrich, el joven gnomo ofrece a Helferich un doping. Helferich lo rechaza. Oprimido por diversos problemas, Adalbert le supera en el torneo. El joven gnomo acusa públicamente a Helferich del asesinato de Herbert. Atado por el juramento, Helferich debe callar.

TERCER ACTO
En la víspera de la boda entre Agnes y Adalbert, tiene lugar una fiesta en la corte con diversas representaciones. El joven gnomo ha conseguido entrar disfrazado de mago y acusa la mala conciencia del duque. Cuando va a ser preso, Agnes lo deja escapar. En agradecimiento de su compasión le aconseja interpretar su sueño nocturno como advertencia. De noche Agnes deja al arrestado Helferich estar con ella. Helferich certero, le aconseja y le informa de las relaciones misteriosas. Ella quiere pedir a Heinrich que renuncie a ella, así pertenecerá a Helferich. Pero éste quiere primero expiar la muerte de Herbert en una cruzada. En sueños vive Agnes su séquito de boda como funeral y su boda con Adalbert en un cementerio como macabro baile de muertos. El humo del fuego de la chimenea casi asfixia a Agnes. Las doncellas la salvan y la quieren engalanar para la boda. Pero ella relata su sueño ante la corte real. Como hija del supersticioso padre le está permitido creer en los sueños. Ya que Adalbert se opone, se pelean él y el duque. Agnes soluciona el conflicto: anuncia que Helferich está libre de culpa; él había guardado silencio, pero ella lo sabe porque él había estado con ella por la noche. Helferich trae a Heinrich, que le entrega al duque el pergamino y la carta. Así se cumple el mandato de las estrellas. Mientras que Helferich se aleja, Agnes le explica al desprevenido Heinrich su habilidad. O sea que ella le era destinada, pero ella sólo amaría a Helferich donde y cuando fuere: "Más alto que cualquier mandato de las estrellas hay otro que prevalece: ¡El mandato del corazón!".
 

6. BANADIETRICH (1909)

Personajes: Dietrich (barítono) - Schwanweiss (soprano) - Wittich (tenor) - Dietleib (tenor) - Ute, su madre (alto) - el diablo como Raunerath (1º acto), como curandero (2º acto), en su propia persona (3º acto) (bajo-buffo) - Etzel (tenor) - un cura (barítono) - una ninfa (soprano) - la muerte (muda) - la voz del Señor (bajo). Lugar: I acto: el patio del castillo de Dietrich. II acto: cortijo y jardín de Ute. III acto: bosque y lago - Sobre una roca - En el fondo del lago.

PRIMER ACTO
Dietrich de Berna da la inhumana batalla por perdida: Wittich ha demostrado ser un traidor, que estaba confabulado con Ermenrich y había robado a Dietrich la espada Balmung. También los hijos de Hildebrand y Etzel caen en la batalla. Ni siquiera Schwanweiss, una ondina que en una ocasión salvó a Dietrich de morir ahogado y que le ha prometido su amor, puede consolarle. Sólo le queda la ayuda del infierno. Raunerath le aconseja sacrificar lo más querido, pero es Schwanweiss. Raunerath recuerda a Dietrich, que hasta el cura rehuye a Schwanweiss y el pueblo la maldice. Finalmente entrega lo más querido a las fuerzas del infierno - y la batalla se tronca. Dietleib lleva al encadenado Wittich al patio del castillo y devuelve a Dietrich su espada. Tras la súplica de Wittich, Dietrich y él se vuelven a hermanar. Raunerath aparentemente muy apedo por Schwanweiss, confiesa a Wittich, que Dietrich va a repudiar a su propia dama a cambio de la victoria y pide a Wittich que le ayude. Wittich explica a Schwanweiss lo que le ha dicho Raunerath y le ofrece su custodia. Raunerath despierta en Dietrich celos de Wittich. En un duelo, Dietrich hiere a su renovado amigo. Wittich promete venganza. Ante el pueblo que se acerca, acusa Dietrich a Schwanweiss de infidelidad. Schwanweiss contesta que quiere hablar con Dietrich, ya que el que se encuentra delante de ella no es Dietrich y sobre todo que Raunerath se aparte. Como Dietrich sigue escuchando sólo a Raunerath, Schwanweiss se aleja con Wittich para curarlo. En la catedral tiene lugar un requiem por Hildebrand. Delante de la iglesia Raunerath se despoja de su disfraz y aparece como diablo. Para estorbar a Dietrich de su oración, baila en las escaleras de la catedral un baile grotesco saltando como las cabras y con un saco de piel de cabra hinchado. Al verlo, Dietrich se parte de risa, y todos se precipitan extrañados fuera de la iglesia. El párroco le exige arrepentimiento, pero Dietrich no teme a la excomunión, porque él mismo ya se ha maldecido al querer sacrificar a Schwanweiss. El párroco pronuncia la excomunión. Dietleib anuncia la llegada de los Hunos, Etzel quiere vengar la muerte de sus hijos. Dietrich explica a Dietleib que como compañero de Satán, no precisa protección, pero Dietleib ha de huir a través de un túnel bajo la tierra. Raunerath presta a Dietrich un abrigo que le hace invisible. Con él se burla de Etzel. Hace bajar un dragón, sobre el que toma asiento. Deja caer el abrigo, para que los Hunos lo vean y se va volando. Al mismo tiempo se derrumba el castillo en llamas. Los Hunos asustados, caen sobre sus rodillas rezando.

SEGUNDO ACTO
Schwanweiss y Wittich viven en un pueblo. Ute, la hostelera, alimenta por orden de Schwanweiss a los pastores. Ute es de todos modos la madre de Dietleib. Este regresa a casa de Berna y relata lo que allí ha sucedido. Cuando la madre le habla de la extraña pareja que hospeda, Dietleib tiene sospechas. Pero Schwanweiss lo tranquiliza: Wittich le ama, pero ella no le corresponde a su amor y sólo está dispuesta a curarle completamente su herida, si él renuncia a la venganza contra Dietrich. Ruega a Dietleib que robe la espada a Wittich y se la devuelva a Dietrich, en el cual todavía confía. Disfrazado de curandero, visita el diablo a Ute y aviva su desconfianza hacia la pareja que se aloja en su casa. Finalmente le confiesa quiénes son los huéspedes. Schwanweiss abre la puerta al curandero y le reconoce. Del medicamento que le trae para la herida de Wittich se escapa una serpiente. De otra botella que le da, cae fuego a tierra. Schwanweiss exige al curandero que la deje en paz, ya que ella conoce las bromas de Lucifer. Esto colma la paciencia de la Sra. Ute, que ya tiene suficiente desgracia. Schwanweiss conduce a Wittich a un almacén de heno bajo el tilo. Wittich alaba al sol, pero no entiende por qué su herida se ha vuelto a abrir tres veces, ni por qué Schwanweiss no responde a su amor. En el momento que Schwanweiss está curando definitivamente su herida, escuchan una conversación de la casa entre Dietleib y su madre que quiere impedir que coja la espada. Wittich se reafirma en su plan de venganza y persigue a Dietleib. Ute le habla a Schwanweiss acerca de su esposo Dietrich. Debido a las habladurías de los vecinos y la última petición de su marido, no le es posible alojar por más tiempo a una pareja de solteros. Schwanweiss se despide del mundo, bendice la naturaleza y desaparece en la corriente del río. La naturaleza brilla y cae una lluvia dorada. Ute recoge el polvo dorado en un cesto. Pero los vecinos le hacen ver que solo recoge hojas secas, y el diablo se le ríe a la oreja. Ute echa a los recién llegados pastores. Se da cuenta que ha actuado tontamente.

TERCER ACTO
Banadietrich -así se llama el paria y asalvajado Dietrich- caza en el bosque a una sílfide y la quiere besar. Pero ella se burla de él, ya que él ha alejado de su lado la mujer más hermosa. Dietleib le lleva a Banadietrich la espada y le pide que vuelva a su pueblo y que mate a Etzel y Ermenrich. Banadietrich responde que su sacrilegio en la catedral es reparable, pero no el que ha cometido contra Schwanweiss. Dietleib le informa de que Schwanweiss le ha perdonado, pero Banadietrich no cede. Wittich que ha seguido a Dietleib, aparece repentinamente ante Banadietrich y pide que le devuelva su propia espada, pero Banadietrich ya no la tiene. Banadietrich le pide a Wittich de hacer las paces, ya que Schwanweiss le ha perdonado. Pero Wittich está decidido de luchar contra Banadietrich. En el mismo instante que quiere enzarzarse en la lucha, ve detrás de Banadietrich un caballero con la cabeza en la mano, que parece secundar a Banadietrich. Wittich escapa presuroso en dirección al lago. Banadietrich cree verlo cómo se ahoga cogido de Schwanweiss. Esto despierta nuevamente sus celos y su tozudez. Él también quiere echarse al lago, pero el diablo lo retiene por el abrigo. Le recuerda todo lo que ha hecho por él. Y presenta ante él la imagen de la muerte. Banadietrich se ha imaginado su muerte de otra manera y destroza en pedazos a esta muerte. Le pregunta al diablo por el mayor pecado. Ya ha llevado pan en la suela de los zapatos, pero no le parece suficiente. El diablo le aconseja pisar adrede una flor a medio florecer, esto sería el mayor pecado. El diablo recoge los huesos de la muerte y se marcha. A Banadietrich la flor le hace recordar a Schwanweiss, pero la pisa igualmente. Resuenan tres gemidos de dolor de la flor. La voz del Señor le pide arrepentimiento, pero Banadietrich no cede y es condenado por el Señor a pertenecer para siempre a las fuerzas salvajes. Un huracán de animales salvajes se lleva a Banadietrich consigo. Ante un castillo en llamas sobre una roca será cortada la cabeza de Banadietrich, pero entonces resuena la voz de Schwanweiss del fondo del lago: "¡Arrepiéntete, Banadietrich!". Y lo que no ha conseguido ningún hombre, ningún satán, ni ningún Dios, lo consigue la voz de la mujer. Banadietrich se arrepiente y se encuentra tendido en un almacén rodeado de juncos en las profundidades del lago y en los brazos de Schwanweiss. Lo saludan un coro de ondinas y de doncellas de los cisnes y despierta a una nueva vida.
 

7. SCHWARZSCHWANENREICH (1910)
Personajes: Hulda (soprano) - Liebhold (tenor) -Ursula, la hermana de Liebhold (mezzo-soprano) - Oswald (barítono) - La hechicera (contralto) - El guardián de la cárcel (bajo) - El diablo (barítono) -Un joven (tenor) - Una muchacha (soprano). Época: siglo XVII. Lugar: Bohemia.

PRÓLOGO
Durante la época de la Guerra de los Treinta años existían aún en Bohemia muchas supersticiones sobre los muertos, y sobre las historias de brujas, cuyos procesos normalmente acababan en la hoguera. Por miedo a la Inquisición, Hulda había matado a su hijo ilegítimo y lo había enterrado en lo más profundo del bosque. La culpa le atormenta, pero confía en un soñado príncipe azul el cual a través de su amor le redima de su pecado.
 

PRIMER ACTO
Hulda está cantando una canción y Liebhold la escucha atentamente. Su hermana Ursula con su amado Oswald los espían. Ursula conspira contra Hulda y le cuenta una terrible historia: en el Reino de los Cisnes Negros (Schwarzschwanenreich), un temible paraje en lo más profundo del bosque, Hulda ha escondido el cuerpo del delito de su pacto con Satán. Oswald quiere una prueba de que Hulda, que en ese momento se aproxima a la casa, ha cometido tal pecado. Y le dice que le extraña mucho, pues Hulda siempre está cantando y alegre, y eso no tiene nada que ver con un alma demoníaca. Oswald queda fascinado con la presencia de Hulda, y Ursula quiere que Oswald le ayude a alejarla de su hermano; aunque Oswald por su parte quiere también conquistar a Hulda. Para alejar a Liebhold, Oswald falsea un documento militar por el cual Liebhold se deberá alejar de la ciudad y cumplir una misión en el frente, lejos de allí. Ursula, mientras Liebhold se aleja, llama a la hechicera para que exorcize a Hulda y le aleje los demonios. Entre las dos y Oswald la atan y la hechicera empieza con sus preguntas. A los gritos de Hulda se acerca Liebhold quien había sospechado de que aquel documento era falso, desata a Hulda y amonesta a la hechicera, a Ursula y Oswald. Hulda sale corriendo hacia el río como poseída, y Liebhold va tras ella, y finalmente logra alcanzarla y la trae desmayada a casa. Hulda despierta poco a poco y reprende a Liebhold de no haberla dejado morir en el río. Hulda le dice que la deje pues ella es una pecadora, pero él no la cree, “pues el que canta no puede ser malo”. Hulda, de nuevo, y como cantando para sí, narra en tono impersonal una historia de una redención por amor. Liebhold le dice que no la abandonará nunca.

SEGUNDO ACTO
En un florido jardín, rodeado de flores resplandecientes, Hulda y Liebhold inician un duo de amor eterno. Se han casado y todo respira felicidad. Muchachas y jóvenes van a cantar la ronda a los recien casados. Liebhold se va y aparece Oswald demacrado y con una azada al hombro. Por la falsificación del documento ha pasado una temporada en la carcel. Ahora le dice a Hulda que se dedica a sepulturero, y más concretamente a desenterrar huesecillos de niño. Hulda empieza a ponerse nerviosa, aunque aparenta frialdad. Oswald apasionado la coge de las manos y le declara su apasionado amor, chantajeándola con la historia de su hijo enterrado en el Reino de los Cisnes Negros. Aparece entonces Ursula. Al verles abrazados, Hulda se da cuenta del engaño de Oswald, quien al abrazarla forzadamente delante de Ursula, crearía una escena de infidelidad para luego contárselo a Liebhold. Hulda lanza una proclama violenta a ambos, y pide el perdón finalmente a Ursula, para hacer las paces. Pero Ursula le contesta que prefiere su odio. Hulda se retira triste y Ursula invoca una maldición contra Hulda tachándola de bruja y adúltera. En ese momento vuelve Liebhold quien se encuentra a Ursula llorando. Le exige explicaciones, pero no contesta. Entra en la casa a buscar a Hulda, pero no está. Ursula se ofrece a buscarla juntos. En lo más profundo del bosque, en el Reino de los Cisnes Negros se ve a Hulda, en una pálida noche de luna llena buscar algo por el suelo, se arrodilla en un montículo finalmente y da un grito de terror al ver un brazo de niño que sobresale del mismo. Es el hijo ilegítimo, su hijo. Rompe a llorar. Hulda canta su pena y su culpa en la que no ve ya perdón posible. Pensaba que en Liebhold había encontrado la redención, pero ahora ve que no. Ursula y Liebhold quedan petrificados, y se la llevan de allí.

TERCER ACTO
Ursula ha puesto en aviso a la Inquisición, y han llevado a Hulda al calabozo. Hulda aparece allí, sola, triste y con ganas tan sólo de morir. Sólo espera la llegada de la muerte para redimir su pena, y tan sólo siente haber fallado a Liebhold, su amado. En su delirio, ve cómo unos cisnes negros la arrastran hacia un lago negro de profundas aguas. Las paredes de la celda se transforman y aparece el lago de los cisnes negros. Aparece un caballero vestido de negro, el diablo, con forma de apuesto joven, quien con una cohorte de espectros, tienta a Hulda. La llama hacia sí, hacia su reino, con cánticos suaves. Hulda, quien está a punto de sucumbir, finalmente con un grito desgarrador aleja al diablo de su sueño, y la cárcel aparece de nuevo ante sí. Hulda aparece aferrada con las uñas en los muros de la misma. En la siguiente escena el guardián de la cárcel se ríe de Hulda y le coloca en el cuello una botella negra de hierro muy pesada, la que los reos deben llevar hasta la hoguera. Es la botella del castigo o piedra de la verguenza. El guardián la llama bruja y le incita a que le hable sobre el diablo, se acerca la hora. En un montículo está preparada la pira, la muchedumbre se amontona alrededor y alborota. Liebhold implora aún a Ursula para que se dirija al tribunal diciendo que Hulda es inocente. Ursula no quiere y Liebhold se lo pide en nombre del Dios del perdón. Ursula no cede. Hulda se aproxima con la botella al cuello, Las mujeres gritan y se burlan, la insultan. Liebhold se pone en medio y dice que se callen, que ella es inocente. Hulda le dice a Liebhold: “Si tú crees que yo no soy culpable, entonces estoy libre de culpa! “. Liebhold duda de su culpabilidad, y Hulda piensa que él no cree en su inocencia. Y se dirige al patíbulo. Le atan el pelo y encienden la hoguera. El cielo se oscurece, la voz del diablo se le aparece de nuevo a Hulda y le dice que vaya con él y la salvará. Pero Hulda le rechaza: “¡Aléjate! ¡Cristo, Redentor! ¡Sálvame! “. Las llamas aumentan, y Liebhold en el último instante se lanza a la hoguera diciendo que quien ha invocado al Redentor no puede ser culpable, y cree en ella. Las llamas rodean a los dos. Pero de repente el fuego va disminuyendo, las brasas desaparecen y el milagro se produce. La hoguera se ha apagado del todo, y se ven los cuerpos de Liebhold y Hulda, intactos y sanos, que yacen muertos entrelazados. Los leños humeantes se convierten en lirios que los rodean. El palo al cual estaba atada Hulda se convierte en una cruz. Puesta de sol. El pueblo se arrodilla.