1. DER BÄRENHÄUTER (1898)
Personajes de la obra: Hans Kraft, joven soldado (tenor). Melchior Fröhlich, el alcalde (bajo). Lene, Gunda y Luise, sus hijas (sopranos). El padre Wippenbeck (barítono). Nikolaus Spitz, el propietario de la Fonda (tenor buffo). Anna, la camarera (mezzosoprano). El Mayor Muffel von der Plassenburg (bajo). Kaspar Wild, jefe de guardia (barítono). El extranjero (barítono). El Diablo (bajo buffo). Campesinos, campesinas, soldados (de la compañía de Muffel), ondinas, multitud de diablillos, niños. Lugar: en la región de Bayreuth. Época: la guerra de los 30 años.
PRIMER ACTO
Un soldado rezagado de la guerra
de los 30 años es recibido por los habitantes de un pequeño
pueblo. Sólo Hans Kraft que entretanto ha perdido a su madre, permanece
en casa. El diablo ofrece al desocupado Hans un empleo en el infierno,
como guardián de la caldera donde se cuecen las almas de los condenados.
Hans acepta y se mete en el agujero con el diablo. El diablo le advierte
a Hans su obligación de custodiar la caldera , pues si no, incurrría
en un castigo, entonces se va de viaje. Hans calienta la caldera. LLega
un extranjero y se presenta ante Hans como Pedro el de las llaves. Le propone
un juego de dados a Hans. Como Hans no tiene dinero y está obligado
por la necesidad, apuesta con las almas de la caldera. Pero poco a poco
pierde todas las almas. Cuando el diablo vuelve del viaje observa que no
hay ningún alma en la caldera. Como castigo impondrá a Hans
el volver a la Tierra con una apariencia diabólica. No se deberá
lavar nunca y con una apariencia andrajosa deberá conquistar a una
muchacha.Pero además ella le deberá ser fiel durante tres
años. Le hará entrega a ella de medio anillo, y si le es
fiel durante ese periodo, él podrá recuperar la forma que
tenía antes. Hans llevará consigo siempre un saco lleno de
oro que nunca se vacía. Si consigue esta liberación, el diablo
le deberá, además, conceder tres deseos. A una orden del
diablo, una multitud de diablillos también sucios y andrajosos acuden,
y cuelgan a Hans una piel de oso, y sale despedido de allí, entre
rayos y truenos.
SEGUNDO ACTO
La fonda del pueblo, el campesino
Heiner y la camarera Ana se entretienen contándose historias de
fantasmas. De repente llaman a la puerta, Ana va a ver quien es y piensan
que van a encontrarse allí a un fantasma de carne y hueso.
Es Hans,el despellejador de osos que pide entrar. La mayoría de
los campesinos abandonan la fonda con el cura. El alcalde permanece adormecido
encima de la mesa. El fondero le despierta bruscamente y le pide que pague
sus viejas deudas, y si no, quiere la garantía de sus bienes. Llegan
a las manos. Hans se mete por medio diciendo que paga él la deuda
del alcalde, y asume la deuda. Bebiendo vino, el alcalde comparte sus problemas
con Hans. Le dice que tiene tres hijas solteras que nadie quiere casarse
con ellas, porque él es muy pobre. Hans se presenta como soltero,
el alcalde le promete a la mañana siguiente en el Baile de mayo
presentarle a sus tres hijas. Les va a explicar algo de una promesa que
Hans ha hecho por una amante infiel. El alcalde se despide y también
Hans se va a dormir. El tabernero entra sigilosamente mientras tanto y
quiere robarle el saco que Hans se ha dejado en la sala. Pero cuando lo
abre, sólo salen insectos y duendes que torturan al tabernero. Entonces
aparece Hans con una lámpara y los bichos desaparecen. Ya temprano
al amanecer se decora la sala para la fiesta. La juventud del pueblo pasa
bailando por delante. Llega el alcalde con sus hijas, Lene, Gunda y Luise.
Las dos mayores se burlan de Hans y se marchan. Luise, la más joven,
se da cuenta que le cae una lágrima a Hans, y le pregunta y Hans
se queda mudo. Finalmente acepta que ella le ayude y le pide si puede conservar
la mitad de su anillo y no olvidarle nunca. Luise sabe que no va a olvidar
al sucio Hans. Coge la mitad del anillo y lo ata a una veta alrededor de
su cuello. El mesonero que Hans había pillado como ladrón
ha levantado a los campesinos en contra de él. Le amenazan con sus
aperos de labranza. Hans dice tranquilo que si su dinero es del diablo,
como dice el mesonero, entonces también los 60 gulden que le ha
pagado al mesonero son diabólicos. Finalmente el mesonero tira el
dinero y una llama surje del suelo. Hans aparece como poseido del diablo
y quieren matarle. Pero Luise llama a otros campesinos para que le ayuden
y lo protege ella misma. Ella está convencida de que la llama es
ficticia, que Hans es un pobre hombre, está segura. Entonces Hans
sigue su camino sin ser molestado por los campesinos.
TERCER ACTO
Han pasado tres años
y Luise le ha permanecido fiel. Los diablos limpian y lavan a Hans. El
Diablo prueba un último intento:Un diablo tratará de convencer
en sueños a Hans y robarle el anillo. Pero Hans se despierta antes.
Hans expresa el primero de sus deseos: ser otra vez como era antes. Pero
este deseo ya se ha realizado. El segundo deseo es que desea el saco, libre
de duendes. Y el tercero es que quiere ser dejado en paz para siempre por
el diablo. Pero se ha de llevar la piel de oso que le pertenece, ya que
le fue asignada por el diablo. Hans se lo deja al diablo como recuerdo.
Que tambien un diablo puede equivocarse, y se va corriendo hacia su novia.
En el camino se encuentra un extranjero y le dice que tiene que ir al castillo
de Plassenburg ya que será atacado por los Wallensteiner si no avisa
a los que están allí durmiendo. Desde el pueblo cerca de
Kulmbach, donde se encontró Hans a Luise se observa el ataque a
Plassenburg. Kaspar Wild llega al pueblo y explica el acto heroico que
ha realizado Hans. Todos se encuentran en la fonda para celebrarlo. El
alcalde quiere convencer a Luise de que se case con el campesino Veit.
Despreciada por las dos hermanas, Luise se queda sola. Luise hace un rezo
al ángel protector. Y le pide acabar con la pena del despellejador
de osos. Este ha entrado sin ser visto. Le pide que le ponga una venda
en una pequeña herida que se ha hecho en la batalla. En el vaso
de agua que le alcanza deja caer su anillo. Asustada se piensa que es el
de ella. Entonces Hans dice que es él, el antiguo despellejador
de osos, y entonces se abrazan contentos. Kaspar Wild viene con algunos
campesinos y entonces llega el alcalde y el fondero ladrón, al cual
Hans le regala el saco. Chillando se marcha corriendo el mesonero. Hans
se presenta a los campesinos como el antiguo despellejador de osos (Bärenhäuter).
Luise se pone a rezar al ángel protector, junto a los campesinos.
2. HERZOG WILDFANG (1900)
Personajes de la obra: Duque Ulrich (tenor) . Mathias Blank, consejero del anterior (barítono-buffo) . Thomas Burkhart, Andreas Stephan, regidores (bajos) . Junker Kurt (tenor) . Osterlind, hija de Burkhart (soprano) . Reinhart (barítono) . Kuni, ama de llaves de Burkhart (alto) . Zwick, sastre (tenor-buffo) . Michel, Konrad, Sebastian, pretendientes de Osterlind (tenores) . Christoph Kern, un ciudadano (bajo) . Zupfer, un viejo jardinero (barítono) . Jacob Fell, trabajador (tenor) . Un campesino más anciano (bajo) . La hechicera (soprano) . Un chico (tenor) . Una joven lavandera (soprano) . Un viejo profesor (bajo) . El pequeño buitre . Caballeros, regidores, mujeres del mercado, un prestidigitador, el pueblo. Lugar: Una residencia de la Alemania central. Época: Segunda mitad del s. XVIII.
PRIMER ACTO
Hay un tumulto delante del
castillo del Duque Ulrich, porque éste quiere enviar a su pueblo
sin previa consulta a la guerra con Inglaterra, para sanearse de deudas.
El consejero Mathias Blank promete al pueblo libertad y paz con palabras
sugestivas. Burkhart. adivina las intenciones de Blank, el cual le había
metido la idea en la cabeza personalmente al Duque de vender los campesinos
como soldados para luchar con Inglaterra y luego aprovecharse de la situación
y hacerse con el mando. Osterlind, la hija de Burkhart, se ha enamorado
del Duque. El ama de llaves Kuni, la debe ayudar a encontrarse con el Duque.
En una doble conversación acuerda Kuni con Junker Kurt, el "mayordomo",
un "encuentro en el bosque", una cita entre Osterlind y el Duque; al mismo
tiempo Osterlind "le gira la cara" al consejero Blank que está enamorado
de ella. Blank se entera a través de Kurt, que Osterlind ama al
soberano y que se quiere encontrar con él en el bosque. En la terraza
del castillo tendrá lugar un banquete de caza. El Duque, cansado
de sus deberes, anhela la libertad y rechaza las peticiones escritas del
pueblo. Durante la cacería, Blank hace que el Duque se fije continuamente
en un grupo de árboles donde se encuentra escondida Osterlind. Provocado
por las bromas de Blank, el Duque apunta jugando a la muchacha. Y tira.
Osterlind, herida, es transportada a la terraza. El Duque se enamora de
la desfallecida. Con actitud rebelde reivindica en su cara las quejas de
su padre, Burkhart y del pueblo que en ese momento llega enfurecido. Pero
los soldados se han rebelado. Burkhart obliga al Duque como desagravio,
a no enviar al pueblo a la guerra. El Duque decide emigrar. Blank quiere
ganarse la simpatía de los votos del pueblo como caudillo. Recoge
peticiones escritas y promete con sentencias sentimentales el paraíso
terrenal.
SEGUNDO ACTO
Sin ser reconocido, el Duque
ha alquilado la casa vecina de Osterlind. Vestido de comerciante oriental,
visita a Osterlind y la corteja. Ya que el padre no aprobaría nunca
su matrimonio, idea un plan: organizar una carrera con todos los pretendientes
posibles de Osterlind, pero disfrazados. El Duque quiere saber noticias
de Osterlind y para ello monta un cordel de una ventana a otra. Osterlind
comunica a su padre su deseo de casarse pronto. Thomas Burkhart es consultado
por cuatro regidores: El trabajador Jacob Fell ha sido castigado con 10
años de prisión como hipotético ladrón de Blank,
aunque no se pueda probar su culpabilidad y además se haya visto
salir volando una urraca del erario municipal con oro en el pico por la
noche. El pajarraco es, además, propiedad de Mathias Blank. Pero
el principal testigo, el jardinero Zupfer, calla frente a Burkhart, en
pro de su "reputación". Como Burkhart se da cuenta que Blank les
engaña, le alaba con entusiasmo, y ello hace que Blank ya no pueda
aguantar más y acuse. Los cuatro pretendientes de Osterlind - Michel,
Sebastian, Konrad y Blank - se desacreditan mutuamente. Osterlind ha marcado
sobre un mapa el itinerario de la carrera (a través del bosque de
hayas para la verbena en la plaza de las fiestas) y da a conocer las condiciones
a los participantes. Fell es conducido por gendarmes a la prisión,
e insulta a Blank. Blank quiere convencer con dinero a Osterlind de renunciar
a la idea de la carrera. Entonces escucha la canción del conejo
y el erizo en la casa del sastre Zwick, lo que le da una idea. Se retira
con el sastre dentro de la casa. Reinhart, el amor de juventud de Osterlind,
ha regresado de la guerra y despierta en ella imágenes de felicidad
pasada. Osterlind hace saber a Kuni, que ella sólo ama a Reinhart.
Kuni quiere conseguir de la hechicera un brebaje para que Reinhart gane
la carrera. Blank le lleva a Zwick un paquete con ropa, momento en el cual
se acerca una procesión de antorchas que celebra el aprisionamiento
del ladrón de la caja del pueblo. Con la cuerda el Duque estira
la carta de Osterlind desde su habitación: la carrera tendrá
lugar.
TERCER ACTO
Verbena - Baile popular. Junker
Kurt - disfrazado de Herold - da la señal de salida de la carrera.
Para sorpresa de Burkhart hay 6 alistados disfrazados en la salida. La
hechicera aparece como una adivina que posee una llave mágica, oxidada,
en el libro de oraciones. A continuación demuestra sus artes, descubriendo
a un ladrón de cerezas entre el grupo de chicos. La llave delata
también a los regidores, y que sólo y únicamente Blank
ha robado el dinero de la caja municipal. Blank llega el primero a la meta.
Osterlind rechaza al supuesto ganador. Llega el duque y acusa al primero
de engaño en la carrera. Al desenmascararse, Blank insulta al Duque.
Reinhart revela la verdad: ha traido a un chico disfrazado con la ropa
de Blank, que había llegado a la meta en lugar de Blank. La hechicera
anuncia que Blank no es sólo estafador sino también ladrón.
El pueblo revolucionado quiere agredir a Blank, pero Burkhart impide que
sólo sea castigado con deshonra. Burkhart pide al Duque que retome
su cargo. Como lazo de paz entre la plebe y la burguesía, el duque
quiere tomar como esposa a Osterlind. Pero Osterlind se declara a Reinhart.
Tras la petición del pueblo: "Se un soberano benévolo", responde
el duque con la promesa: "Como señor vuestro, os serviré
a partir de ahora".
3. DER KOBOLD (1903)
Personajes: Gertrud, hostelera del pueblo (alto) - Verena, su hija (soprano) - el viejo Ekhart (bajo) - Trutz, Sátiro en la comedia (barítono) - Fink, Eliodoro en la comedia (tenor-buffo) - Kümmel, el Fauno en la comedia (bajo) - Friedrich, Eros en la comedia (tenor) - El conde (barítono) - La condesa, Eukaleia en la comedia (soprano) - Jeannette, doncella de cámara (soprano) - Jean, sirviente (barítono) - Knorz (barítono) - Käthe, esposa de Trutz (mezzo soprano) - Seelchen (soprano) - verdugo (soprano) - pueblo, huéspedes del conde, duendes. Época: inicio del s. XIX.
PRIMER ACTO
Verena duerme en el patio de
la posada, en tanto que es rodeada por duendes. Sueña con el recién
nacido Seelchen, que fue muerta por su madre de dos cuchilladas, y que
acosa a Verena para que acabe con su pena. El viejo Ekhart despierta a
Verena de sus pesadillas. Ha aparecido por su cumpleaños y le ha
traído de regalo una piedra mágica. Ekhart advierte a Verena,
de no perder la piedra y de protegerla ante la envidia de los demás,
ya que la magia de la piedra une al amado por ella para siempre. Gertrud,
la made de Verena, la riñe porque sólo lleva un camisón
y porque seguramente no ha recogido la casa. Verena miente, y le dice que
ha recogido todo - y efectivamente la madre lo comprueba poco después.
Ekhart le hace saber a Gertrud, que Verena ha pasado toda la noche en el
patio y que ha hablado en sueños. Gertrud temerosa, quiere saber
si Ekhart ha oído lo que ha dicho Verena, pero Ekhart le dice que
no, y desaparece. Desde el valle resuena la canción de amor de Friedrich
para Verena. Friedrich le ha traído de cumpleaños una cadenita,
a la cual ella ata la piedra mágica. Verena intenta darle celos
a Friedrich con el Conde y sus amigos, haciendo alusiones constantes. Friedrich
le hace una trenza con el pelo a Verena, y esperando como recompensa un
beso prometido, no lo logra pues ésta sale corriendo hacia su casa.
Pone una escalera en la casa para subir a su ventana. Fink, Trutz y Kümmel
se burlan del colega en la "escalera de la vida". Gertrud quien lleva para
arriba un barril, hace notar a los comediantes que no tiene nada para ellos.
Trutz, en cambio, alaba la simpatía de su esposa Käthe, a la
cual sólo ve una vez al año. Cuando vuelve a casa después
del plazo anual, le saluda de nuevo otra vez los chillidos de un nuevo
bebé. Trutz explica al público curioso que quizás
el conde y la condesa hoy estarán en el auditorio. Pero el conde
no lo es en realidad, ya que fue así nombrado por un favor personal
de Napoleón. Los actores abren la escena. Verena preferiría
irse con el pueblo que empieza ya a marcharse. Como prueba de talento canta
una canción triste de un pájaro ciego que se le rompe el
pecho de nostalgia. Los actores están poco inspirados; Fink opina
que si Verena canta así, el público se iba a marchar. Trutz
se burla de Friedrich que en cada ciudad deja a sus "amantes" colgadas.
Friedrich, enojado, le pide la mano de Verena a Gertrud. Esta le rechaza.
Entran el conde y la condesa con el séquito. Nanni que es originaria
de este pueblo, y que ahora vive en el palacio como ayudante de cámara
y se hace llamar Jeannette, alaba la vida en la corte ducal y se burla
de la pobreza de Verena. Ahora ésta alardea de su piedra mágica.
Cuando lo ve Jeannete lo quiere adquirir como talismán para su señora.
La condesa le ofrece dinero a Verena y finalmente lo compra con la ayuda
de Gertrud que le arranca la piedra a su hija junto con la cadena. Trutz
anuncia al público impaciente que hoy no habrá representación,
ya que la troupe ha sido invitada por el conde para actuar en el Palacio.
Se desmonta y se carga de nuevo el escenario. Friedrich le pide a Verena
de ir también, pero ella se queda perdida en sus pensamientos. Verena
busca consuelo en el viejo Ekhart.
SEGUNDO ACTO
Jeannette y Jean organizan
todo en el jardin del Palacio para la fiesta que se avecina. Trutz, Kümmel
y Fink ya disfrazados para la obra, hacen saber que no han dormido muy
bien. Su esperanza de ser hoy retribuidos con oro se la quita Jeannette.
Trutz designa a Jeannette como un personaje fantasma, un diablillo, acerca
del cual cantan una balada. Jeannette le susurra a Friedrich que la condesa
le espera al atardecer. El conde ha sido advertido por Ekhart. Discurre
sobre su vida, sus falsos amigos y su herencia. La condesa disfrazada de
ninfa Eukaleia, aparece. El conde le habla de una carta de amor que él
ha encontrado. Los invitados toman asiento para la comedia. Eukaleia que
ha sido raptada por Sátiro y Fauno, será liberada por el
canto de Eros. Pero Eliodoro también suplica por Eukaleia cantando.
Friedrich (que hace de Eros) se queda trabado al recitar su parte, ya que
descubre a Verena en los matorrales. El conde interrumpe la comedia e invita
a los asistentes al baile. Verena hace saber a Friedrich a través
del sirviente Jean que efectivamente le ha seguido hasta el castillo. Friedrich
le dice que no le quiere hablar, pero Verena corre hacia él. Jeannette
intenta echar del parque a Verena por ser rival de la condesa y por el
bien de Friedrich. Los invitados entran en el Palacio. Verena medita acerca
de la falta de amor de Friedrich. El conde regresa e intenta disuadir a
Verena con respecto a Friedrich y de paso la seduce. Le pone dos monedas
en el bolsillo. Ella se resiste. Pero él la amenaza que ha entrado
sin permiso en el parque. Ella se escapa a los matorrales, el conde le
sigue. Atraído por los gritos de socorro de Verena, Trutz sale de
la fiesta. Verena acuchilla al Conde y Trutz la acompaña a la puerta.
La condesa cree en la fuerza del talismán para ganar el amor de
Friedrich. Este quiere convencer a aquella para que se escape con él
al campo. Ella en cambio quiere las dos cosas, la comodidad palaciega y
la pasión de Friedrich. El le arranca impetuosamente una de sus
cadenas a ella. Es la que él regaló a Verena. Friedrich se
acerca la piedra. La condesa pide ayuda. Ella acusa a Friedrich de robo.
Las puertas del parque se cierran. Encuentran al conde, herido, y desvanecido.
Como Trutz le quitó el puñal a Verena, le toman como el malhechor.
Los actores se escapan escalando el muro. Desde la balaustrada Trutz tira
la piedra al estanque del Palacio. La condesa hace pescar la piedra, a
través de la cual reluce el fondo del lago, con una luz verde. Un
relámpago golpea un haya del parque y hace que todos se refugien
en el Palacio. Seelchen bucea en el fondo del lago y coge la piedra. Aparece
el verdugo del haya partida. --Un ser creado de la simiente de un ahorcado--
quien rodea con Seelchen la piedra. Los demás duendes ayudan a Seelchen
y el verdugo tiene que buscar reparo en la huida.
TERCER ACTO
Ekhart ha guiado a Verena al
bosque. En vano reza Verena al cielo por un milagro liberador. Un saltamontes
le anima. No quiere volver a casa con su madre. Ekhart quiere aclararle
su plan para con los duendes. Le menciona el hecho de que el último
ser viviente de una familia, ha de acarrear con la pena de los asesinatos
de sus familiares que hayan cometido las generaciones anteriores. El último
sucesor se lleva toda la pena a la tumba. De esta manera Verena reencontrará
la felicidad perdida en la muerte. Los esbirros del Conde persiguen a los
comediantes. Preguntan a Ekhart y a Verena el camino al molino, pues lo
quieren incendiar, para sofocar con el humo a los actores. Ekhart les enseña
el camino. Sin resultado, intenta Verena llevar a los esbirros por un camino
falso. Knorz reconoce a Verena y le exige una promesa de que no revelará
a nadie el plan de los esbirros. Verena envia a Ekhart con saludos para
su madre. Ella quiere penar su culpa y quiere ser enterrada bajo un sauce
llorón al lado de la tumba escondida de su hermanito. Se va corriendo
para salvar a Friedrich y liberar a su duende. Fink, Kümmel y Friedrich
están escondidos en casa de los Trutz. También la esposa
de Trutz ha matado a un niño después de su nacimiento y pone
en la mesa una escudilla para este duende. Otra vez se pelean Trutz y Friedrich
a causa de Verena. Entonces llega ésta, y revela con su rezo a la
imagen de la Madre de Dios, en voz alta, la intención de los esbirros.
Justo a tiempo se pueden salvar los comediantes y Friedrich con Verena
salen afuera. El granero cae ardiendo, detrás se hace visible un
paisaje iluminado por la luna con un lago. La estaca designada para Friedrich
por el esbirro Knotz la para con su cuerpo Verena. La moribunda Verena
pide a Friedrich que sea feliz y que ponga uno de sus rizos en el corazón.
Ella cree oír las voces de los duendes y la de su hermano por fin
liberado. Una gota de rocío que cae en su frente, brilla como la
piedra mágica.
4. DER BRUDER LUSTIG (1904)
Personajes: El Emperador Otto, el barbudo (bajo) - Heinrich von Kempten (tenor) - Walburg (soprano) - Rüle (soprano) - Konrad (barítono) - El alcalde (bajo-buffo) - El sacerdote (barítono) - Un heraldo (tenor) - Un joven (tenor) - La señora Urme (mezzo). Época: siglo X. Lugar: Una pequeña ciudad de Franconia.
PRIMER ACTO
Heinrich von Kempten, llamado
"Bruder Lustig" (El Hermano alegre), huye de los esbirros del Emperador
Otto, el barbudo. Ya que ha matado al escudero del Emperador, porque había
maltratado a un niño, después de haber intentado sobornarle
para cortarle la barba al Emperador. Walburg, una muchacha que conocía
desde que eran niños, le ha ayudado a disfrazarse de anciana, confundiendo
a los esbirros para ayudar a Heinrich. Este le pregunta a Walburg por su
amiga Rüle, ella se enfada por esto y se marcha. Desde su escondite,
Heinrich escucha cómo unas muchachas arreglan una cita en la Noche
de Andrés para una cuestión de magia. Está también
Rüle entre ellas, quien quiere convencer a Walburg para que vaya a
visitar a Urme, la vieja bruja alcahueta, para escudriñar esa noche
las intenciones futuras de la vida amorosa de las muchachas. Cuando llega
Urme, un ruido que hace Heinrich, hace que asuste a las muchachas y salgan
corriendo. Heinrich obliga a Urme a que hable, pero ésta le señala
a Rüle para que le indique dónde es la cita nocturna. Cuando
oiga tres toques se deberá asomar a la ventana, y allí estará
Rüle. El está de acuerdo, pero con una condición, de
que Urme cite a sus tres perseguidores, a la una, en su torre, con la excusa
de que allí podrán coger al fugitivo. Walburg vuelve a casa,
desde la iglesia, junto a los demás. El sacerdote ha advertido personalmente
contra la brujería, pero ella quiere a toda costa saber su futuro,
sobre todo si su amor oculto, Heinrich, será su esposo. Rüle
se va con Walburg a la torre de Urme. Urme "embruja" tan sólo aparentemente.
Deja a Rüle mirando por la ventana, donde más tarde aparecerá
el novio. A la señal convenida aparece Heinrich por la ventana.
Urme prepara a Walburg un brebaje de su caldero mágico para atraer
al espíritu del futuro marido, con el que deberá comer. Tan
pronto como el espíritu haya sacado el cuchillo de su bolso, Urme
hará desaparecer al aparecido, pero el cuchillo lo deberá
guardar Walburg, para que lo utilice su futuro marido. Urme hace entrar
en la sala a los tres esbirros, los cuales pronto empiezan a bailar con
las muchachas. Aparece Heinrich disfrazado de vigilante nocturno, ata a
los tres jóvenes y los expulsa de la ciudad. Luego se quita el disfraz
y les pregunta a las muchachas que qué hacen a esas horas allí.
Le dicen que Urme les cuenta cuentos y estudian juegos de Navidad, sólo
Walburg confiesa: "¡Hoy celebramos la noche de Andrés!".
SEGUNDO ACTO
Los novios, Walburg y Konrad,
vuelven de la boda a su casa. El alcalde hace un brindis y anuncia la próxima
boda de Heinrich y Rüle. El baile es interrumpido para representar
una pantomima: la petición de mano y el anuncio de boda de una pareja
con ayuda de un celestino, al cual el padre de la muchacha ha propinado
una paliza. Sigue el ceremonial de la matanza del gallo: un gallo es juzgado
por libertino por el alcalde y debe ser colgado en una pequeña horca.
Walburg interfiere y salva al animal. Un heraldo del Emperador ha vuelto
a la ciudad con anuncios de guerra si no se entrega al malhechor perseguido,
que hace más de dos años que esconden al "Hermano alegre".
El Heraldo reconoce a Heinrich, pero éste jura que no es Heinrich
von Kempten. El Emperador entonces hace coger diez rehenes a cambio. El
alcalde piensa entonces en una treta, y comunica al Emperador, a través
del heraldo, que quiere encontrarse a solas con él en la puerta
de la ciudad. La comitiva de la boda se ha ido, y Walburg y Konrad quedan
solos, y para consolar a aquella, éste quiere cortar una rosa de
un matorral, pero su cuchillo se le perdió hace ya mucho tiempo
en una caída del caballo. Walburg había, entonces, cuidado
al herido, y él se enamoró de ella. Pero él ignoraba
si ella le iba a corresponder con su amor. Con un pretexto Walburg envía
a Konrad a la puerta. Abre el baúl donde ella guarda el cuchillo
escondido de Konrad, pero él la observa y la arrincona. Finalmente
le declara el tema de la magia de la Noche de Andrés, y le descubre
el cuchillo a él. Con temor ella reclama ayuda desde la ventana
a los vecinos. Konrad acusa a Walburg de bruja. Pero Heinrich la protege:
pues de la misma manera todas las muchachas de la ciudad, que estuvieron
en la Noche de Andrés serían también brujas. Heinrich
echa las culpas de todo a Rüle, y la rechaza. Salva a Walburg de las
manos del colérico Konrad, abatiéndole de un puñetazo,
y huye con ella. Heinrich se parapeta con Walburg en una capilla junto
a la puerta de la ciudad. Entonces Heinrich contrarresta la amenaza del
sacerdote, diciendo que primero debería barrer su propia puerta.
Allí maldice el sacerdote a la pareja por haber profanado y deshonrado
a la iglesia. Heinrich conversa con los santos de la bóveda cubierta,
para saber si ellos también piensan que es malo. Toca el órgano
para entretener a Walburg, e involuntariamente le sale el vals de bodas.
Como en sueño, creen ver cómo reviven las figuras de los
santos. Imaginan que escuchan un coro de ángeles: "Bienaventurados
los de corazón puro, pues de ellos es el Reino de los cielos".
TERCER ACTO
El alcalde quiere capturar,
junto con los ediles, al Emperador. Pero necesita la ayuda de Heinrich,
porque ningún otro se atreve a tocar al Emperador. Bajo la condición
de que los ediles no le hagan nada a Walburg, abandona la iglesia aparentemente
para estar junto a los ediles. Llega el Emperador. Después de que
ha prometido al alcalde de que su séquito no va a actuar a escondidas,
entonces es agredido por los ciudadanos y hecho preso junto con sus alabarderos,
sólo el heraldo escapa. Los ediles guían al Emperador por
la ciudad, y quieren extorsionarle, para que no envíe sus tropas
contra ellos, pues de otro modo le cortarán la cabeza, y entonces
aparece Heinrich, con la cabeza cubierta por una capucha, quien golpea
a los ediles con una enorme maza, libera al Emperador y le pide tres deseos:
Uno, que el Emperador conserve la ciudad; dos, que regale favores a quien
implore y agradezca su salvación. Luego Heinrich se quita la capucha.
Los soldados quieren venir en ayuda del Emperador. Otto deja pasar a los
ediles, uno a uno, a través de la puerta de la ciudad, y concede
los deseos a Heinrich. Konrad acusa a Heinrich, ante el Emperador, de adulterio
y deshonra a la iglesia. Walburg sale de la iglesia y niega la acusación.
Sólo es consciente de una culpa, que ella, que había amado
a Heinrich, se dejó embelesar por la magia de la Noche de Andrés
con la esperanza de que Heinrich se convirtiera en su esposo. Urme debe
ser juzgada. Ella pide como último deseo cantar una balada. Entonces
revela que también el Emperador ha utilizado sus servicios en una
ocasión. Luego salta voluntariamente a la hoguera y la noche cae
de repente. Cuando se vuelve a hacer de día, sale un cuervo volando
de allí. Heinrich se debe todavía defender ante el sacerdote,
pero rechaza el hacerlo. Entonces el Emperador deja que el pueblo decida,
si Heinrich y Walburg son culpables, y si el matrimonio entre Konrad y
Walburg puede romperse. El Emperador y los ciudadanos dan la razón
a la pareja. Entonces Heinrich pide su tercer deseo: las muchachas solteras
de la ciudad deben presentarse y ser cortejadas por los soldados sin que
los padres pongan mala cara a este juego. Konrad perdona a Walburg. El
Emperador Otto clava el hacha en el Roble, como muestra de la Paz, que
nunca más debe ser rota a través del engaño.
5. STERNENGEBOT (1906)
Personajes: Konrad el salio (bajo) - Hiltrud, su esposa (mezzo) - Agnes, la hija de ambos (soprano) - Helferich von Lahngau (tenor) - Adalbert von Babenberg (barítono) - Herbert, consejero del salio (barítono) - Julia, su esposa (soprano) - El joven gnomo (barítono-bajo) - Bertha, doncella de Julia (soprano) - Christoph, sirviente de Konrad (bajo) -Voz de una pitonisa (alto) - El joven Heinz (Heinrich von Kalwe) (tenor). Época: s. X. Lugar: Fritzlar y alrededores.
PRÓLOGO
Después de una victoriosa
batalla contra los vendas, el duque salio Konrad consulta a una astróloga.
Se entera de que Heinrich, el hijo de su enemigo muerto, no sólo
ha escapado al asesinato ordenado por él, sino que también
pretende en matrimonio a su hija Agnes. Helferich von Lahngau, que había
seguido al duque, es testigo involuntario del presagio del mandato de las
estrellas (Sternengebot).
PRIMER ACTO
Los victoriosos salios regresan
a Fritzlar, su hogar. Agnes presurosa, sale al encuentro de su amado Helferich.
En conocimiento del mandato de las estrellas, él la rehuye. Adalbert
von Babenberg está celoso de la victoria de Helferich, especialmente
porque él mismo especula acerca de la posibilidad de matrimonio
con la hija del duque. Intenta emparejar a Helferich con Julia, la esposa
de Herbert. Ya que él sabe que la esposa del consejero ducal, ama
a Helferich. El joven gnomo, un hijo natural del duque, fruto de la unión
con una adivina, ha sido escondido por Heinrich en un convento. El duque
reconoce a través de un pergamino al perseguido hijo de los Kalwe.
Lo manda detener bajo un pretexto en casa de Herbert. En una carta, le
ruega encarecidamente al alcaide de Nurenberg, el mantener a Heinrich preso.
Helferich consigue interceptar la carta. Helferich reconoce, que por su
saber, se ha convertido en ejecutor del mandato de las estrellas. Para
evitar mayor desgracia, deberá renunciar a su propia felicidad.
Bertha, la sirvienta de Herbert, le invita a visitar a Julia en ausencia
de Herbert. Él se ofrece para liberar a Heinrich de la casa de Herbert.
El joven gnomo ha espiado la conversación. Él se convierte
por su parte en director del porvenir. Sus planes son el vengar su propia
posición social con respecto a su padre, el duque, pero también
hacer inofensivas las de los sucesores potenciales, Heinrich y Helferich.
Helferich apenas puede oponerse a la pasión de Julia. Él
le exige la entrega del preso Heinrich. Al regresar a casa, el esposo se
bate en duelo con Helferich. Muriendo Herbert suplica a Helferich su silencio
para salvar el honor de Julia.
SEGUNDO ACTO
Una partida de ajedrez entre
el duque y su esposa Hiltrud decidirá si Helferich o Adalbert ganarán
a Agnes como esposa. Agnes intenta reconciliar a los progenitores desavenidos.
El próximo torneo será el decisor de su futuro marido. En
el cortejo del torneo, el joven gnomo le sale al encuentro al duque con
la atrevida pretensión de ser él el legítimo heredero.
Por decirle el escondite de Heinrich, el joven gnomo ofrece a Helferich
un doping. Helferich lo rechaza. Oprimido por diversos problemas, Adalbert
le supera en el torneo. El joven gnomo acusa públicamente a Helferich
del asesinato de Herbert. Atado por el juramento, Helferich debe callar.
TERCER ACTO
En la víspera de la
boda entre Agnes y Adalbert, tiene lugar una fiesta en la corte con diversas
representaciones. El joven gnomo ha conseguido entrar disfrazado de mago
y acusa la mala conciencia del duque. Cuando va a ser preso, Agnes lo deja
escapar. En agradecimiento de su compasión le aconseja interpretar
su sueño nocturno como advertencia. De noche Agnes deja al arrestado
Helferich estar con ella. Helferich certero, le aconseja y le informa de
las relaciones misteriosas. Ella quiere pedir a Heinrich que renuncie a
ella, así pertenecerá a Helferich. Pero éste quiere
primero expiar la muerte de Herbert en una cruzada. En sueños vive
Agnes su séquito de boda como funeral y su boda con Adalbert en
un cementerio como macabro baile de muertos. El humo del fuego de la chimenea
casi asfixia a Agnes. Las doncellas la salvan y la quieren engalanar para
la boda. Pero ella relata su sueño ante la corte real. Como hija
del supersticioso padre le está permitido creer en los sueños.
Ya que Adalbert se opone, se pelean él y el duque. Agnes soluciona
el conflicto: anuncia que Helferich está libre de culpa; él
había guardado silencio, pero ella lo sabe porque él había
estado con ella por la noche. Helferich trae a Heinrich, que le entrega
al duque el pergamino y la carta. Así se cumple el mandato de las
estrellas. Mientras que Helferich se aleja, Agnes le explica al desprevenido
Heinrich su habilidad. O sea que ella le era destinada, pero ella sólo
amaría a Helferich donde y cuando fuere: "Más alto que cualquier
mandato de las estrellas hay otro que prevalece: ¡El mandato del
corazón!".
6. BANADIETRICH (1909)
Personajes: Dietrich (barítono) - Schwanweiss (soprano) - Wittich (tenor) - Dietleib (tenor) - Ute, su madre (alto) - el diablo como Raunerath (1º acto), como curandero (2º acto), en su propia persona (3º acto) (bajo-buffo) - Etzel (tenor) - un cura (barítono) - una ninfa (soprano) - la muerte (muda) - la voz del Señor (bajo). Lugar: I acto: el patio del castillo de Dietrich. II acto: cortijo y jardín de Ute. III acto: bosque y lago - Sobre una roca - En el fondo del lago.
PRIMER ACTO
Dietrich de Berna da la inhumana
batalla por perdida: Wittich ha demostrado ser un traidor, que estaba confabulado
con Ermenrich y había robado a Dietrich la espada Balmung. También
los hijos de Hildebrand y Etzel caen en la batalla. Ni siquiera Schwanweiss,
una ondina que en una ocasión salvó a Dietrich de morir ahogado
y que le ha prometido su amor, puede consolarle. Sólo le queda la
ayuda del infierno. Raunerath le aconseja sacrificar lo más querido,
pero es Schwanweiss. Raunerath recuerda a Dietrich, que hasta el cura rehuye
a Schwanweiss y el pueblo la maldice. Finalmente entrega lo más
querido a las fuerzas del infierno - y la batalla se tronca. Dietleib lleva
al encadenado Wittich al patio del castillo y devuelve a Dietrich su espada.
Tras la súplica de Wittich, Dietrich y él se vuelven a hermanar.
Raunerath aparentemente muy apedo por Schwanweiss, confiesa a Wittich,
que Dietrich va a repudiar a su propia dama a cambio de la victoria y pide
a Wittich que le ayude. Wittich explica a Schwanweiss lo que le ha dicho
Raunerath y le ofrece su custodia. Raunerath despierta en Dietrich celos
de Wittich. En un duelo, Dietrich hiere a su renovado amigo. Wittich promete
venganza. Ante el pueblo que se acerca, acusa Dietrich a Schwanweiss de
infidelidad. Schwanweiss contesta que quiere hablar con Dietrich, ya que
el que se encuentra delante de ella no es Dietrich y sobre todo que Raunerath
se aparte. Como Dietrich sigue escuchando sólo a Raunerath, Schwanweiss
se aleja con Wittich para curarlo. En la catedral tiene lugar un requiem
por Hildebrand. Delante de la iglesia Raunerath se despoja de su disfraz
y aparece como diablo. Para estorbar a Dietrich de su oración, baila
en las escaleras de la catedral un baile grotesco saltando como las cabras
y con un saco de piel de cabra hinchado. Al verlo, Dietrich se parte de
risa, y todos se precipitan extrañados fuera de la iglesia. El párroco
le exige arrepentimiento, pero Dietrich no teme a la excomunión,
porque él mismo ya se ha maldecido al querer sacrificar a Schwanweiss.
El párroco pronuncia la excomunión. Dietleib anuncia la llegada
de los Hunos, Etzel quiere vengar la muerte de sus hijos. Dietrich explica
a Dietleib que como compañero de Satán, no precisa protección,
pero Dietleib ha de huir a través de un túnel bajo la tierra.
Raunerath presta a Dietrich un abrigo que le hace invisible. Con él
se burla de Etzel. Hace bajar un dragón, sobre el que toma asiento.
Deja caer el abrigo, para que los Hunos lo vean y se va volando. Al mismo
tiempo se derrumba el castillo en llamas. Los Hunos asustados, caen sobre
sus rodillas rezando.
SEGUNDO ACTO
Schwanweiss y Wittich viven
en un pueblo. Ute, la hostelera, alimenta por orden de Schwanweiss a los
pastores. Ute es de todos modos la madre de Dietleib. Este regresa a casa
de Berna y relata lo que allí ha sucedido. Cuando la madre le habla
de la extraña pareja que hospeda, Dietleib tiene sospechas. Pero
Schwanweiss lo tranquiliza: Wittich le ama, pero ella no le corresponde
a su amor y sólo está dispuesta a curarle completamente su
herida, si él renuncia a la venganza contra Dietrich. Ruega a Dietleib
que robe la espada a Wittich y se la devuelva a Dietrich, en el cual todavía
confía. Disfrazado de curandero, visita el diablo a Ute y aviva
su desconfianza hacia la pareja que se aloja en su casa. Finalmente le
confiesa quiénes son los huéspedes. Schwanweiss abre la puerta
al curandero y le reconoce. Del medicamento que le trae para la herida
de Wittich se escapa una serpiente. De otra botella que le da, cae fuego
a tierra. Schwanweiss exige al curandero que la deje en paz, ya que ella
conoce las bromas de Lucifer. Esto colma la paciencia de la Sra. Ute, que
ya tiene suficiente desgracia. Schwanweiss conduce a Wittich a un almacén
de heno bajo el tilo. Wittich alaba al sol, pero no entiende por qué
su herida se ha vuelto a abrir tres veces, ni por qué Schwanweiss
no responde a su amor. En el momento que Schwanweiss está curando
definitivamente su herida, escuchan una conversación de la casa
entre Dietleib y su madre que quiere impedir que coja la espada. Wittich
se reafirma en su plan de venganza y persigue a Dietleib. Ute le habla
a Schwanweiss acerca de su esposo Dietrich. Debido a las habladurías
de los vecinos y la última petición de su marido, no le es
posible alojar por más tiempo a una pareja de solteros. Schwanweiss
se despide del mundo, bendice la naturaleza y desaparece en la corriente
del río. La naturaleza brilla y cae una lluvia dorada. Ute recoge
el polvo dorado en un cesto. Pero los vecinos le hacen ver que solo recoge
hojas secas, y el diablo se le ríe a la oreja. Ute echa a los recién
llegados pastores. Se da cuenta que ha actuado tontamente.
TERCER ACTO
Banadietrich -así se
llama el paria y asalvajado Dietrich- caza en el bosque a una sílfide
y la quiere besar. Pero ella se burla de él, ya que él ha
alejado de su lado la mujer más hermosa. Dietleib le lleva a Banadietrich
la espada y le pide que vuelva a su pueblo y que mate a Etzel y Ermenrich.
Banadietrich responde que su sacrilegio en la catedral es reparable, pero
no el que ha cometido contra Schwanweiss. Dietleib le informa de que Schwanweiss
le ha perdonado, pero Banadietrich no cede. Wittich que ha seguido a Dietleib,
aparece repentinamente ante Banadietrich y pide que le devuelva su propia
espada, pero Banadietrich ya no la tiene. Banadietrich le pide a Wittich
de hacer las paces, ya que Schwanweiss le ha perdonado. Pero Wittich está
decidido de luchar contra Banadietrich. En el mismo instante que quiere
enzarzarse en la lucha, ve detrás de Banadietrich un caballero con
la cabeza en la mano, que parece secundar a Banadietrich. Wittich escapa
presuroso en dirección al lago. Banadietrich cree verlo cómo
se ahoga cogido de Schwanweiss. Esto despierta nuevamente sus celos y su
tozudez. Él también quiere echarse al lago, pero el diablo
lo retiene por el abrigo. Le recuerda todo lo que ha hecho por él.
Y presenta ante él la imagen de la muerte. Banadietrich se ha imaginado
su muerte de otra manera y destroza en pedazos a esta muerte. Le pregunta
al diablo por el mayor pecado. Ya ha llevado pan en la suela de los zapatos,
pero no le parece suficiente. El diablo le aconseja pisar adrede una flor
a medio florecer, esto sería el mayor pecado. El diablo recoge los
huesos de la muerte y se marcha. A Banadietrich la flor le hace recordar
a Schwanweiss, pero la pisa igualmente. Resuenan tres gemidos de dolor
de la flor. La voz del Señor le pide arrepentimiento, pero Banadietrich
no cede y es condenado por el Señor a pertenecer para siempre a
las fuerzas salvajes. Un huracán de animales salvajes se lleva a
Banadietrich consigo. Ante un castillo en llamas sobre una roca será
cortada la cabeza de Banadietrich, pero entonces resuena la voz de Schwanweiss
del fondo del lago: "¡Arrepiéntete, Banadietrich!". Y lo que
no ha conseguido ningún hombre, ningún satán, ni ningún
Dios, lo consigue la voz de la mujer. Banadietrich se arrepiente y se encuentra
tendido en un almacén rodeado de juncos en las profundidades del
lago y en los brazos de Schwanweiss. Lo saludan un coro de ondinas y de
doncellas de los cisnes y despierta a una nueva vida.
7. SCHWARZSCHWANENREICH (1910)
Personajes: Hulda (soprano)
- Liebhold (tenor) -Ursula, la hermana de Liebhold (mezzo-soprano) - Oswald
(barítono) - La hechicera (contralto) - El guardián de la
cárcel (bajo) - El diablo (barítono) -Un joven (tenor) -
Una muchacha (soprano). Época: siglo XVII. Lugar: Bohemia.
PRÓLOGO
Durante la época de
la Guerra de los Treinta años existían aún en Bohemia
muchas supersticiones sobre los muertos, y sobre las historias de brujas,
cuyos procesos normalmente acababan en la hoguera. Por miedo a la Inquisición,
Hulda había matado a su hijo ilegítimo y lo había
enterrado en lo más profundo del bosque. La culpa le atormenta,
pero confía en un soñado príncipe azul el cual a través
de su amor le redima de su pecado.
PRIMER ACTO
Hulda está cantando
una canción y Liebhold la escucha atentamente. Su hermana Ursula
con su amado Oswald los espían. Ursula conspira contra Hulda y le
cuenta una terrible historia: en el Reino de los Cisnes Negros (Schwarzschwanenreich),
un temible paraje en lo más profundo del bosque, Hulda ha escondido
el cuerpo del delito de su pacto con Satán. Oswald quiere una prueba
de que Hulda, que en ese momento se aproxima a la casa, ha cometido tal
pecado. Y le dice que le extraña mucho, pues Hulda siempre está
cantando y alegre, y eso no tiene nada que ver con un alma demoníaca.
Oswald queda fascinado con la presencia de Hulda, y Ursula quiere que Oswald
le ayude a alejarla de su hermano; aunque Oswald por su parte quiere también
conquistar a Hulda. Para alejar a Liebhold, Oswald falsea un documento
militar por el cual Liebhold se deberá alejar de la ciudad y cumplir
una misión en el frente, lejos de allí. Ursula, mientras
Liebhold se aleja, llama a la hechicera para que exorcize a Hulda y le
aleje los demonios. Entre las dos y Oswald la atan y la hechicera empieza
con sus preguntas. A los gritos de Hulda se acerca Liebhold quien había
sospechado de que aquel documento era falso, desata a Hulda y amonesta
a la hechicera, a Ursula y Oswald. Hulda sale corriendo hacia el río
como poseída, y Liebhold va tras ella, y finalmente logra alcanzarla
y la trae desmayada a casa. Hulda despierta poco a poco y reprende a Liebhold
de no haberla dejado morir en el río. Hulda le dice que la deje
pues ella es una pecadora, pero él no la cree, “pues el que canta
no puede ser malo”. Hulda, de nuevo, y como cantando para sí, narra
en tono impersonal una historia de una redención por amor. Liebhold
le dice que no la abandonará nunca.
SEGUNDO ACTO
En un florido jardín,
rodeado de flores resplandecientes, Hulda y Liebhold inician un duo de
amor eterno. Se han casado y todo respira felicidad. Muchachas y jóvenes
van a cantar la ronda a los recien casados. Liebhold se va y aparece Oswald
demacrado y con una azada al hombro. Por la falsificación del documento
ha pasado una temporada en la carcel. Ahora le dice a Hulda que se dedica
a sepulturero, y más concretamente a desenterrar huesecillos de
niño. Hulda empieza a ponerse nerviosa, aunque aparenta frialdad.
Oswald apasionado la coge de las manos y le declara su apasionado amor,
chantajeándola con la historia de su hijo enterrado en el Reino
de los Cisnes Negros. Aparece entonces Ursula. Al verles abrazados, Hulda
se da cuenta del engaño de Oswald, quien al abrazarla forzadamente
delante de Ursula, crearía una escena de infidelidad para luego
contárselo a Liebhold. Hulda lanza una proclama violenta a ambos,
y pide el perdón finalmente a Ursula, para hacer las paces. Pero
Ursula le contesta que prefiere su odio. Hulda se retira triste y Ursula
invoca una maldición contra Hulda tachándola de bruja y adúltera.
En ese momento vuelve Liebhold quien se encuentra a Ursula llorando. Le
exige explicaciones, pero no contesta. Entra en la casa a buscar a Hulda,
pero no está. Ursula se ofrece a buscarla juntos. En lo más
profundo del bosque, en el Reino de los Cisnes Negros se ve a Hulda, en
una pálida noche de luna llena buscar algo por el suelo, se arrodilla
en un montículo finalmente y da un grito de terror al ver un brazo
de niño que sobresale del mismo. Es el hijo ilegítimo, su
hijo. Rompe a llorar. Hulda canta su pena y su culpa en la que no ve ya
perdón posible. Pensaba que en Liebhold había encontrado
la redención, pero ahora ve que no. Ursula y Liebhold quedan petrificados,
y se la llevan de allí.
TERCER ACTO
Ursula ha puesto en aviso a
la Inquisición, y han llevado a Hulda al calabozo. Hulda aparece
allí, sola, triste y con ganas tan sólo de morir. Sólo
espera la llegada de la muerte para redimir su pena, y tan sólo
siente haber fallado a Liebhold, su amado. En su delirio, ve cómo
unos cisnes negros la arrastran hacia un lago negro de profundas aguas.
Las paredes de la celda se transforman y aparece el lago de los cisnes
negros. Aparece un caballero vestido de negro, el diablo, con forma de
apuesto joven, quien con una cohorte de espectros, tienta a Hulda. La llama
hacia sí, hacia su reino, con cánticos suaves. Hulda, quien
está a punto de sucumbir, finalmente con un grito desgarrador aleja
al diablo de su sueño, y la cárcel aparece de nuevo ante
sí. Hulda aparece aferrada con las uñas en los muros de la
misma. En la siguiente escena el guardián de la cárcel se
ríe de Hulda y le coloca en el cuello una botella negra de hierro
muy pesada, la que los reos deben llevar hasta la hoguera. Es la botella
del castigo o piedra de la verguenza. El guardián la llama bruja
y le incita a que le hable sobre el diablo, se acerca la hora. En un montículo
está preparada la pira, la muchedumbre se amontona alrededor y alborota.
Liebhold implora aún a Ursula para que se dirija al tribunal diciendo
que Hulda es inocente. Ursula no quiere y Liebhold se lo pide en nombre
del Dios del perdón. Ursula no cede. Hulda se aproxima con la botella
al cuello, Las mujeres gritan y se burlan, la insultan. Liebhold se pone
en medio y dice que se callen, que ella es inocente. Hulda le dice a Liebhold:
“Si tú crees que yo no soy culpable, entonces estoy libre de culpa!
“. Liebhold duda de su culpabilidad, y Hulda piensa que él no cree
en su inocencia. Y se dirige al patíbulo. Le atan el pelo y encienden
la hoguera. El cielo se oscurece, la voz del diablo se le aparece de nuevo
a Hulda y le dice que vaya con él y la salvará. Pero Hulda
le rechaza: “¡Aléjate! ¡Cristo, Redentor! ¡Sálvame!
“. Las llamas aumentan, y Liebhold en el último instante se lanza
a la hoguera diciendo que quien ha invocado al Redentor no puede ser culpable,
y cree en ella. Las llamas rodean a los dos. Pero de repente el fuego va
disminuyendo, las brasas desaparecen y el milagro se produce. La hoguera
se ha apagado del todo, y se ven los cuerpos de Liebhold y Hulda, intactos
y sanos, que yacen muertos entrelazados. Los leños humeantes se
convierten en lirios que los rodean. El palo al cual estaba atada Hulda
se convierte en una cruz. Puesta de sol. El pueblo se arrodilla.