Me pongo en contacto por primera vez con Kurt Moll por teléfono, y ya tan sólo oírle hablar impresiona. Su timbre es increíblemente grave, profundo, cavernoso.
Después de escucharle la noche anterior en “La Flauta Mágica”, obra especialidad de Kurt Moll en el papel de Sarastro, uno tiene la impresión de estar ante uno de los mejores bajos de la historia de la música.
Me concede la entrevista para WAGNERIANA en seguida y quedamos en su hotel, muy cerca del Teatro del Liceo. El día previsto y a la hora prevista, me presento ante él. La primera impresión, que es la que cuenta, es para mí valiosísima. De enorme altura, como casi todos los “bajos” es excelente. Es una persona extremadamente abierta y amable, con muchas ganas de conversar y de muy buen humor.
Ante él uno parece un auténtico Nibelungo, un enano, pues a su presencia física y su potente voz, une un halo de omnipotencia que realmente impone. Se me antojó el perfecto Fafner.
La entrevista se desarrollaría,
pues, en un clima de extraordinaria predisposición y condescendencia.
Javier Nicolás: ¿Es Sarastro su papel favorito?
Kurt Moll: Es uno de los papeles que más he cantado. Lo canté por primera vez en 1963, hace ya 29 años. Ignoro cuantas representaciones llevo ya cantadas de este papel, pero deben ser unas 400 ó 500.
J.N.: ¿Qué otros papeles ha cantado, en quién más se ha especializado?
K.M.: He cantado muchísimos personajes wagnerianos: Gurnemanz, Velt Pogner, el Rey Marke, Fafner, Fasolt, Hunding, Langraf, etc.. El único papel que no canto, por mis posibilidades vocales, es Hagen.
J.N.: ¿Por qué?
K.M.: Primero pienso que mi voz es demasiado suave para cantar el papel de Hagen. Yo estudié este papel en su día para “El Anillo” en París, con Solti. Pero de esta representación del Anillo, sólo se pudo llevar a cabo “El Oro del Rhin” y “La Walkiria”. Luego llegó el escándalo que fue tan grande que se anuló “Siegfried” y “El Ocaso de los Dioses”. Pero nos pagaron todo por adelantado, y entonces pensé que con Hagen no iba a ganar más dinero, así que seguramente no cantaré este papel en mi vida.
J.N.: ¿Le gusta Wagner como compositor?
K.M.: Sí, por supuesto. Mi voz es típica de bajo alemán y Wagner está predestinado para este tipo de voz. Creo que a Wagner hay que cantarlo como cualquier otro tipo de ópera, como a cualquier otro compositor. Pienso que es incorrecto el decir que se tiene que cantar a un volumen más alto, pues cuando se hace así no es bonito. Wagner se puede cantar tan bien como una ópera de Verdi.
J.N.: ¿Escucha Wagner en su tiempo libre?
K.M.: Sí, lo escucho a menudo, pero el tiempo libre es muy escaso, pues aparte de mi actividad profesional como cantante, soy asimismo profesor de canto. Y para ello debo escuchar a Wagner constantemente. De todos modos, para mí Wagner es la vida en si.
J.N.: ¿Su actividad en Bayreuth?
K.M.: Ya no sé cuántas representaciones llevo hechas en Bayreuth. Pero más o menos unos 10 años, del 1967 al 1976, pues después tuve que elegir entre Bayreuth, Salzburg y Munich; Los Festspiele de Bayreuth no se pueden compaginar con Munich pues se hacen en la misma época. Así que decidí hacer Munich y Salzburg, pues aquí empieza algo más tarde. Durante un año compaginé los tres, pero fue físicamente inaguantable.
J.N.: ¿Sus compositores favoritos para cantar?
K.M.: Hay dos campos, el de la ópera y el del lied. En ópera es Mozart, Strauss y Wagner. En el lied, los románticos alemanes: Schubert, Schumann, Brahms, Loewe...
J.N.: ...Mahler...
K.M.: Mahler menos, pues no hay muchos lieders para voz de bajo. Casi siempre son barítonos y mezzo.
J.N.: ¿Le gusta la escenificación moderna tipo Chéreau o Kupfer?
K.M.: Siempre que sean competentes y no molesten o destruyan el espíritu de la obra, sí, los acepto. Pero hoy en día se da más importancia a la decoración y al director que a lo que pasa en la ópera o a la música. Y hay muchos directores en la actualidad que han perdido la confianza en la música. No puedo concebir un Parsifal, con decoración moderna, o con cualquier otra escenificación que vaya en contra de la propia música. Ahora he cantado en Hamburgo con la escenificación de Bob Wilson y me he sentido, naturalmente, muy extraño, pero al menos no iba en contra de la música. Era aceptable. El “Anillo” de Munich no lo acepté así, pues la sensación de vacío era demasiado grande, y la Idea no estaba clara. Chéreau estuvo bien, al principio fue muy conflictivo. También depende de la idea que tiene el público en sí de la obra, de su costumbre en la relación vista/oído, y para acostumbrarse se tarda cierto tiempo. Pero mientras no se vaya en contra de la música, está bien. Pero, en general, hoy se presta demasiada atención al aspecto en sí, más que a la expresión y a la intensidad. Como por ejemplo, Wieland Wagner en su día, era algo muy nuevo. Pero él no cambió nada, tan sólo presentó las relaciones entre los personajes a través del movimiento o dirección de los mismos.
J.N.: ¿Cuáles son para Vd. los mejores tenores hoy en día?
K.M.: Es muy difícil de decir...
J.N.: ... ¿qué opina de los españoles?
K.M.: Hay tenores españoles muy buenos: Kraus, Carreras, Domingo, Aragall... Creo que técnicamente Alfredo Kraus es el mejor. Ellos tienen mucho sentimiento. Pavarotti, por ejemplo, tiene la voz más segura. Pero en todo caso, todos son excelentes.
J.N.: ¿Hay realmente mucha diferencia entre ellos y los de la vieja escuela, como Max Lorenz, Franz Völker o Lauritz Melchior?
K.M.: Sí, mucha. Pero el porqué es otra cosa. La razón es que hoy en día los jóvenes tenores no quieren o no pueden esperar. Quieren ser tenores heroicos antes de haberlo conseguido. Yo conozco a gente como Hans Hopf, por ejemplo, que empezó allá por los años 40 a cantar Wagner. Pero antes había hecho todo el repertorio de Mozart, después el italiano, y lentamente se educó en este campo. Pero ahora funciona así: uno tiene una voz natural y se le dice en seguida que es un tenor wagneriano o heroico. Cantan durante dos años y luego se acabó. Véase el caso de Peter Hoffmann por ejemplo.
J.N.: ¿Podría contamos alguna anécdota divertida que le haya sucedido en su larga carrera operística?
K.M.: Tengo que pensarlo un
poco. Hay muchas. Le voy a contar una específicamente wagneriana.
Hace unos 10 años, en Salzburg, durante las fiestas de Semana Santa,
representamos “Parsifal” y Karajan siempre ensayaba durante largo tiempo.
Teníamos que estar muchas
veces durante horas en el escenario, haciendo prueba tras prueba. A veces
ni cantábamos, sólo hacíamos acto de presencia. Un
día, y aprovechando el tiempo de Pascua, le pusimos a Jose Van Dam
un huevo de pascua de muchos colores en la copa del Grial. El hacía
de Amfortas. Cuando entró en el templo y vió el huevo, no
se rió pero le faltó poco... Karajan dijo: “¿Qué
pasa allá arriba?”. Nadie dijo nada. Pasó. Y al día
siguiente en la próxima prueba, Jose Van Dam se vengó y le
puso a Peter Hoffmann el mismo huevo en su Grial, pues Peter hacía
de Parsifal. Más tarde se lo explicamos a KaraJan y también
se moría de risa.
J.N.: ¿Cuál ha sido el mejor director de escena?
K.M.: Los mejores ya están todos muertos. Le voy a nombrar un par: Günther Rennert y Jean Pierre Ponnelle; Straeder todavía vive por suerte, a él también lo incluyo entre lo mejores, del resto ya hay que tener cuidado...
J.N.: ¿Y los mejores directores de orquesta?
K.M.: El mejor es Karajan, hay que aceptarlo ciegamente si se ha trabajado mucho con él, no se puede pensar de otra manera, después de él, hay un gran agujero o espacio, y después ya vendrían Böhm, Solti, etc...
J.N.: Su opinión de la música “moderna” o dodecafónica.
K.M.: Hoy en día ya no existe la música, desgraciadamente se cerró el círculo hace unos 30 años. Lo que vino después creo que no hay nada nuevo y también hay mucho bluff. También al respecto puedo contarle una anécdota. Hace unos 20 años hicimos una representación de Mauricio Kagel en Hamburgo que se llamaba “Teatro Estatal” y había una escena en la cual había algo compuesto para los cantantes en cada campo musical. Era una hoja llena de fragmentos de palabras inconexas, tan sólo tonterías. Y nos lo teníamos que aprender de memoria; él estaba ahí delante nuestro sentado con un frac verde y una cabellera estilo Beethoven, dirigiendo. Y le puedo prometer, y se puede comprobar pues está grabado en disco, que sólo memoricé cuatro compases. El resto lo improvisé. Y él estaba allí delante, y no pasó nada.
J.N.: ¿Qué opina de Hans Pfitzner?
K.M.: Tiene unos lieders fantásticos. De “Palestrina” he cantado tres papeles: el del Papa, el del Cardenal Madruscht y uno de los Maestros del Arte, ambos en la misma representación y en Munich. También canté en una ocasión “Die Rose von Liebesgarten”.
J.N.: Bueno, pues eso es
todo. Gracias.
Aún conversamos un rato más sobre ópera, y especialmente sobre “La Flauta Mágica”, de cuyos decorados en el Liceo comentó que los encontró un tanto “desangelados”.
Nos despedimos, y con su enorme
figura de Gigantón wagneriano, decimos adiós a este grande
de la música, quien desea al equipo de Wagneriana mucho éxito
con la revista.