“Cuando la nebulosa idea anotada en lápiz se me peresenta repentinamente clara y nítida”. Con estas palabras caracteriza Wagner las notas tomadas en el curso de su largo bosquejo inicial de la composición del “Anillo” y que han sido preservadas en el archivo de Bayreuth en 470 hojas de cuaderno de notas (a una cara). Gracias a la benevolencia de la señora Winifred Wagner pude, no sólo examinar el original, sino incluso obtener un juego completo de fotocopias con la ayuda de la archivera señora Gertrud Strobel. El resultado de este trabajo fue publicado por mí el año 1973 con el título de “La Génesis del Anillo” (edición inglesa de 1976 con el título de “The Forging of the “Ring”).
La justificación de mi iniciativa de cotejar estos esbozos con la partitura definitiva la encontré posteriormente en los Diarios de Cósima. Se dice allí bajo la fecha del 15 de Mayo de 1873: “Estamos estudiando los esbozos de Beethoven para la Novena Sinfonía, publicados por Nottebohm... Richard dice que le gustaría poder hacer lo mismo con sus primeras notas, de las que casi nunca ha podido servirse con tanta comodidad...” (Diario, I, pág. 917).
Esto puede aplicarse ya a la introducción orquestal para la primera escena del “Oro del Rhin”. El tema se le ocurrió súbitamente durante un momento de somnolencia en La Spezia el 5 de Septiembre de 1853: “Despierto con la idea de la introducción orquestal al “Oro del Rhin” (Tritono en Mi bemol mayor): Me abstraigo en el murmullo del agua. Regreso inmediatamente con la resolución de ponerme inmediatamente al trabajo”. (“Anales”).
Los esbozos de la composición, que empieza a anotar el 1 de Noviembre en Zurich, se inician efectivamente con el conocido motivo de la Naturaleza en crescendo interrumpido del tritono en Mi bemol mayor de las trompas, pero las “figuras melódicas” que lo acompañan en las cuerdas aparecen muy distintas de como figurarán después en la partitura; así:
Núm. 1a. Esb.

Es sorprendente comprobar que este movimiento de variaciones de la introducción ha recibido su actual substancia temática sólo a posteriori, y concretamente de la aparición de Erda (escena cuarta) y su mención de las Nornas.
Núm 1b. Esb.

Lo que llama la atención en los esbozos de “El Oro del Rhin”, ante todo, es la breve duración del período de composición: si descontamos diez días en que se vió acometido por una dolencia febril, Wagner empleó sólo nueve semanas en completar la tarea. Este sistema elimina de entrada reproches tales como los de “componer al piano” o de “artificialidad en el procedimiento” Tras cinco años de no haber compuesto nada, esta concepción surge en él como un fenómeno natural: “Créame —le escribe a Liszt— si le digo que la composición propiamente dicha aún no ha empezado. Creo que mi música es terrible; es como una charca llena de horrores y de grandezas”. (15 de Enero de 1854).
En estos esbozos puede apreciarse ya con gran firmeza el especial colorido con que Wagner reviste a los contrastes. El tema del Walhalla elaborado definitivamente como un pequeño fragmento al principio de la segunda escena, se adjudica aquí también a los trombones (dolce y a las trompetas en tresillos —el quinteto de tubas sólo fue incluído en la partitura—, en tanto que la rica armonización de la frase musical ilustra ya la visión de los Altos Alpes que experinientó el 16 de Julio de 1853 en el trayecto de Chur a St. Moritz: allí, donde todo calla, sitúa los dominios de Wotan y de Fricka.
Frente a estos momentos de “grandeza” aparecen, ya en los esbozos, los por él llamados “horrores”: en el interludio a la cuarta escena descubre Loge por primera vez su verdadera naturaleza en la “triunfal carcajada burlesca” de las tres flautas (en la partitura adjudicada a toda la madera en staccato y ff . “Como gran parte de lo esencial de mi concepción poética —escribe a August Röckel el 25 de Enero de 1854— también aquí mi propósito queda solamente revelado al tomar forma en la musica”.
Y acerca de la conclusión dice, significativamente: “Ahora que la composición ha quedado definitivamente trabada en una sola unidad, podrá advertirse que la orquesta apenas expone un compás que no desarrolle motivos preexistentes”
Sin embargo, el procedimiento compositivo en sí sigue siendo un secreto, incluso para el propio autor, que en el mismo lugar indica: “Pero sobre esto es imposible generalizar”.
Con “La Walkyria” pasa Wagner del mundo de las fuerzas elementales de la Naturaleza al mundo de los hombres, y los “motivos plásticos de la Naturaleza” que se encuentran en el “Oro del Rhin’ se transforman aquí en “exponentes de tendencias pasionales” “Por vez primera se libera ahora todo —le escribe a Liszt con fecha 3 de Julio de 1854—: “Qué extraño constraste el que forma la primera escena de amor de la “Walkirya” (Siegmund y Sieglinde) con la de “El Oro del Rhin” (Alberich y las Hijas del Rhin)”.
Muy significatívo de
la estrecha relación entre su vida y su obra resulta el conjunto
de 16 homenajes a Mathilde Wesendonk bajo las siglas “G.s.M” (“Gesegnet
sei Mathilde”) que figuran en los esbozos del primer acto, así
como sobre la música del preludio.
De la abundancia de significativos
paralelismos entre esbozo y partitura se dan a continuación unos
pocos ejemplos:
Acto I, Escena 3ª:
Núm 2a. Esb; suprimido
Núm 2b. Esb; suprimido
Núm 2c. Esb; correspondiente
en lo esencial con la partitura.

Acto II, Escena 3ª:
Núm 3a, Esb.
Núm 3b, Part. (en adelante
usaremos esta abreviatura)

Acto III, Escena 1ª:
Núm. 4a. Esb. (con la
señal indicadora de modificación posterior).
Núm. 4b. Part.

Excepcionalmente empieza el primer acto directamente con el monólogo de Mime “¡Forzoso tormento!”. A primera vista y en un examen descuidado parecería que el esbozo se correspondería exactamente con la partitura, pero al observar con mayor atención ambas versiones pueden advertirse algunas divergencias:
Acto I Escena 1ª:
Núm. 5a. Esb.
Núm. 5b. Part.

En el segundo acto encontramos un par de compases, que sólo cuando son ligeramente modificados en la partitura, alcanzan todo su conmovedor poder expresivo:
Núm. 6a. Esb.
Núm. 6b. Part.

Pero aquel año se transformaría en doce, y sólo el 1 de Marzo de 1869 reemprendería en Tribschen el esbozo de la composición, con el tercer acto de “Siegfried”.
“Me siento excelentemente dispuesto para el tercer acto del “Siegfried” —declaraba en una carta de 30 de septiembre de 1864 dirigida a Bülow— y particularmente para la primera escena de Wotan: la veo como un preludio, corto pero... ¡con acento!”. Sólo la catástrofe de su vida en Munich impidió que se pusiera al trabajo.
Al reemprender sus notas, explica al rey Luis no sin cierta satisfacción: “Una interrupción de doce años en la gestación de una obra es algo absolutamente inaudito en la historia del Arte. Si los hechos demuestran que en esta interrupción no ha podido alterar el frescor de mi concepción, los esgrimiré como prueba irrefutable de que esta concepción está dotada de vida eterna, y que no pertenece al ayer ni al mañana”. (23 de Febrero de 1869).
Wagner denominó al preludio “La última cabalgata de Wotan, que una vez más desciende al mundo de las profundidades”. El estilo totalmente nuevo de esta música queda ya perfectamente definido en la lapidaria escritura manuscrita del bosquejo. El momento crucial del primer cuadro, la serena renuncia de Wotan a la voluntad del poder, lleva también consigo la “emancipación” de un motivo orquestal, y esta vez con una insólita dinámica:
Acto III, Escena lª:
Núm 7a. Esb; eliminado.
Núm 7b. Esb; eliminado
Núm 7c. Part.

Antes de haber terminado la
partitura del tercer acto de Siegfried, empieza —el 2 de Octubre de 1869—
los esbozos de la composición de “El Ocaso de los Dioses”. También
aquí la introducción orquestal figura añadida con
posterioridad (el 9 de Enero de 1870). El problema principal consistía
en hacer el preludio corto y palpitante, pero en cualquier caso basada
en temas ya conocidos.
Acerca de la despedida entre
Siegfried y Brünnhilde declaró: No contendrá ningún
tema del dúo de amor del tercer acto de “Siegfried”, porque toda
la escena mira hacia el futuro y no hacia el pasado, y aquí la disposición
anímica del personaje principal es muy distinta a la del “idilio
heroico” que es el “Siegfried” (Diario de Cósima, I, Pág.
177).
En realidad la composición deriva temáticamente del bosquejo hecho veinte años atrás de la transcripción literal del texto de la “Muerte de Siegfried”, primitiva versión del “Ocaso de los Dioses”. Como ejemplo basten unos compases en los que se puede seguir perfectamente el desarrollo de la técnica de composición de Wagner.
Núm. 8a. Esb 1850 (actualmente
en la Biblioteca del Congreso de Washington).
Núm. 8b. Esb. 1869/70

La composición del “Ocaso de los Dioses”permite plantear una serie de consideraciones retrospectivas y abre nuevas perspectivas, cuyo examen pormenorizado excedería de los límites de este trabajo. No obstante, haremos una consideración especial sobre los compases finales de la Tetralogía.
Como es sabido, en el transcurso de los veinte años que duró la composición de la obra (desde 1852 en que termina el poema del “Anillo” hasta 1872 en que termina el bosquejo orquestal del “Ocaso”), Wagner esbozó varias versiones de las frases conclusivas de Brünhilde. Entre ellas, una en la que “hombres y mujeres —por primera vez en toda la obra— participan y se expresan en más amplia proporción” (1856). No obstante, la desechó luego “por no corresponder al estilo del conjuto”: cosas tales como un coro final no tienen razón de ser en una obra como ésta. (Diario de Cósima, I, pág. 180).
Fue en 1872 cuando pensó en la segunda versión, que en sus Escritos y Poemas figuraba del texto final. Fue Cósima quien le sugirió que suprimiese todo el pasaje, ya que los términos de “Wunschheim” (morada del deseo) y “Wahnheim” (morada de la ilusión) resultaban artificiosos. Una alusión a este episodio podemos hallarla en una anotación marginal al esbozo de la orquestación: “¡Final!. Todo según quiere Cósima”.
Lo decisivo sin embargo, fue la consideración hecha por Wagner de que la simbología del mito no podía quedar debidamente expresada con una declaración abstracta. Consideró además que debía acabar aquella obra monumental como músico: más que una escena cantada le parecía que lo apropiado era una conclusión sinfónica, en que los motivos principales de todo el conjunto aparecieron con sinfónica, en que los motivos principales de todo el conjunto aparecieran con una nueva relación entre ellos.
Algunas primeras tentativas
han llegado hasta nosotros: un breve primer esbozo, los bosquejos de la
composición y una variante de los mismos, hasta que por fin, encontramos
ya el proyecto de orquestación completo que, tras algunas breves
correcciones, pasa íntegramente a la partitura.
El principal problema desde
el principio, era el de hacer claramente perceptible la evolución
de la acción musical, con la fundamental transición del tema
heróico de Siegfried al motivo de la redención por el amor.
En el suplemento a los esbozos de composición ,Wagner demuestra
haber alcanzado este objetivo, precisamente al plantearse el problema de
la orquestación, mediante la elevación en una cuarta del
tema de Siegfried; pero va más allá del objetivo inicialmente
propuesto y para resolver la dificultad intercala dos compases, como el
impetuso motivo del crepúsculo de los dioses, para —por medio del
llamado “Acorde napolitano de sexta” como instrumento modular— llegar al
Re bemol mayor de la redención por el amor de un modo inesperado
y poderoso. Esto parecerá algo complicado, como ocurre en todos
los análisis armónicos. Pero lo importante es que Wagner
ha conseguido “hablar” a la sensibilidad, como si lo hiciera con palabras,
de la transformación esencial que viene a resumirse en este final:
el mundo de los mitos perece y en el horizonte apunta el presentimiento
de un mundo nuevo.
Núm. 9a. Bosquejo de
composición (suplemento).
Núm. 9b. Esbozo de orquestación
(con corrección) (Extracto).

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CURT VON WESTERNHAGEN. Nació en Riga el año 1893. Realizó estudios humanísticos en Riga y Brounschweig, al mismo tiempo que clases de música. En Riga donde residía conoció al famosísimo escritor wagneriano Glasenapp quién le facilitó la posibilidad de asistir a los Festivales de Bayreuth en 1912, a sus 19 años. Allí conoció a Siegfried Wagner y a Hans von Wolzogen quienes le animaron a sus primeras colaboraciones en las “Bayreuther Blätter”. En 1914 conoció a la señorita Senta Klindworth, hoy Winifred Wagner, desde cuya fecha mantiene una gran amistad con ella. Después de la primera guerra mundial, formó parte de la “Bayreuther Bundes” de Kiel, creada para la difusión de la obra de Wagner entre la juventud. En 1939 el Dr. Otto Strobel le llamó para colaborar en el recientemente creado Centro de Estudios Wagnerianos y en 1943 dicho centro inició su primera publicación en la cual colaboró, pero la guerra puso fin a la labor emprendida. En 1965 pudo localizar la biblioteca que Wagner había poseído en Dresde y que se creía perdida. Hizo un libro sobre ella en el cual se detallaban los libros que poseía entre los que se hallaban dos historias del teatro español, de Schack y Schlegel, 8 tomos de obras de Calderón y 10 de Cervantes. Es autor de varios libros entre los que destacan: “Richard Wagner, Sein Werk, sein Wesen, seine Welt”, “Die Entstehung des “Ring”, “ Wagner” (reciente biografía editada en Alemania, Italia y Japón), “Richard Wagners Dresdener Bibliothek“, también ha colaborado en el apartado “Wagner” de las siguientes enciclopedias: “Die Musik in Geschichte und Gegenwart”, “Dictionnaire de la Musique”, “Sohlman's Musiklexikon”, “Grove‘s Dictionary of Music”, “Wagner Companion” y “Brockhaus Enzyklopädie“.