EL PENSAMIENTO WAGNERIANO
EN EL MUNDO DE HOY
Por
Ramón Bau
El artista es el
que es consciente del inconsciente
Opera
y Drama, Richard Wagner
Seguramente la primera barrera que hay que derribar para poder comprender el wagnerianismo en nuestros días sería acabar con la identificación de Wagner como músico brillante, e incluso como artista genial, de forma que por encima de estas dos afirmaciones, evidentemente ciertas pero insuficientes, la aportación del wagnerianismo a la Redención del mundo moderno pasa por entender el wagnerianismo de ayer a hoy como pensamiento, como forma de entender el mundo, expresada a través del Arte, y que esta es la faceta que hoy en día es preciso desarrollar.
El Wagnerianismo de ayer
Si analizamos como nace en
España, hace ahora precisamente unos 100 años, el
movimiento wagneriano, o sea la concienciación de que ser
wagneriano es algo que merece una acción concreta en el mundo,
una asociación y un trabajo, veremos que la primera
publicación wagneriana La Empresa Musical nace en
1866 para dar a conocer a Wagner que ya es aplaudido en
Europa, y la Sociedad Wagneriana creada poco
después trataba de dar a conocer los progresos de la
música moderna. En estas empresas pioneras que se
concretan definitivamente en la formación en 1901 de la
Associacio Wagneriana, de la que celebramos el Centenario en nuestra
continuidad de su obra, los objetivos estaban divididos en dos
grandes áreas:
Fundamentalmente
promocionar el conocimiento de la obra wagneriana, que era muy
deficientemente conocida, por no estar traducidas las obras teóricas
de Wagner y porque las representaciones que se hacían no
contaban con el rigor del Drama Musical wagneriano en muchos casos.
Combatir y polemizar
agriamente con los entonces aun omnipotentes partidarios de la ópera
italiana que denigraban y atacaban a Wagner en todo momento.
Pero si es cierto que la
Associació consiguió en ambos temas victorias totales,
al traducir algunas de las obras teóricas wagnerianas y
editarlas, difundir el sentido profundo de la obra de Wagner y
combatir gracias a la presencia en la prensa de wagnerianos de la
altura de Joaquim Pena a los recalcitrantes operistas
como Barbieri, logrando que el wagnerianismo artístico
dominase en Barcelona, sin embargo no hemos de olvidar que en el
Estatuto de la Asociación está definido como objetivo
primero:
Estudiar
a conciencia la obra wagneriana a través del análisis
poético, musical y filosófico de sus obras escénicas
y teóricas
Desde
el principio personas de la calidad de un Josep Letamendi o Joaquim
Pena eran absolutamente conscientes de que el wagnerianismo tiene una
vertiente filosófica, o para ser más acertado, diríamos
que de concepción del mundo.
Sin embargo la labor de las
asociaciones wagnerianas de los primeros años del siglo no
tenían que centrarse básicamente en este tema sino en
la consolidación del sistema artístico que Wagner había
fundamentado, el Drama Total frente a la Opera..
De
alguna forma se asumía que el entorno filosófico
no era hostil al wagnerianismo, existía un entorno de
pensamiento que en Catalunya venía dado por la Reneixença
donde no se ponía en duda el valor del Arte y los valores
esenciales dramático, perfectamente presentes en el Teatro de
Guimera, por ejemplo, y que tenían un paralelismo
perfectamente asumible en las corrientes teatrales europeas,
dominadas por Ibsen y Shaw, un teatro dramático y serio.
Tras los primeros años
de combate contra la ópera como espectáculo,
la Grand Opera, y contra el uso de la voz humana como
mera cuerda vocal orquestal, la música romántica
giró claramente hacia el wagnerianismo, de la música
descriptiva del ambiente de un Weber o Marschner se pasó a la
expresión íntima de sentimientos de toda una generación
de músicos post wagnerianos de la importancia de DIndy
hasta Strauss, pasando por Pfitzner, Orff, etc
.
De esta forma las
asociaciones wagnerianas eran perfectamente conscientes del substrato
filosófico y sensible de la revolución wagneriana pero
no centraron su actuación en esta faceta del wagnerianismo
sino en consolidar y desarrollar su realidad artística.
El entorno filosófico
¿Qué pasaba
mientras en la filosofía?.
El
romanticismo había sido una reacción gigantesca y
arrolladora contra la filosofía racionalista que nace en
Descartes y que alcanza en el optimismo desarrollista de Leibniz,
siguiendo la senda del sentido de seguridad en lo material de Spinoza
y la creencia en el progreso, su apogeo como substrato ideológico
del capitalismo y del desarrollo material industrial.
El romanticismo fue ante
todo una reacción artística, sentimental, popular, en
la que tenía más importancia Beethoven o Shubert, el
teatro de Schiller o los cuentos de Grimm que la propia filosofía.
De forma que mientras se
estaba gestando lo que iba a ser la gran revolución del
pensamiento romántico, en la superficie aun seguía la
filosofía racionalista, apoyada por la escolástica
moderna, que alcanzaba con Kant su mayor cota de profundidad.
En ese momento es cuando
se inicia la revuelta que iba a conmocionar el pensamiento del mundo
y que produciría la quiebra de la cosmovisión en dos
grandes bloques irreconciliables, que pelearían y se
debatirían hasta la mitad de este siglo XX: El racionalismo
lógico y materialista y el vitalismo antiracionalista, que
nace como una explicación del sentimiento romántico.
El racionalismo ya en la
época de Wagner estaba en expansión y a punto de
iniciar su ofensiva global: Hegel había dado el paso hacia la
racionalización de la Historia, las llamadas perspectivas
históricas y la dialéctica, que junto al materialismo y
los afanes cientifistas y progresistas de la economía
y la mecánica industrial iban a tener su continuación
extrema en Marx y Engels.
Pero
frente a esta tendencia que llega a nuestros días ,como
veremos, había surgido ya la gran renovación vitalista
con Feuerbach por un lado y Schopenhauer por el otro, seguidos más
tarde por Nietszche y Kierkegard entre otros, podríamos poner
a Unamuno en España por ejemplo.
Para ellos el Mundo es como
el velo de Maia, la esposa de Brahma, una pura ilusión.
Wagner se sitúa de
forma clara y decidida en esta tendencia vitalista y
antiracionalista, por la que no solo toma partido sino a la que va a
aportar lo que creemos que debe ser su futuro: el arte y el
sentimiento como Redención.
En este combate filosófico las asociaciones wagnerianas de inicio de siglo no tenían gran participación, pues mientras se recrudecía el enfrentamiento en las concepciones del mundo, en cambio en las Artes el dominio del vitalismo y sus diversas tendencias era absoluto, de forma que las entelequias materialistas y racionalistas que imponían sus principios en el capitalismo e iban gestando lo que sería el gran estallido materialista de los años 20 a 30 no tenían aun al principio una influencia significativa en las representaciones del sentimiento y del arte en general.
Wagner se enfrentaba con los partidarios de la gran sinfonía, de la música pura, con Brahms como ejemplo, mientras recibía el apoyo incondicional y reverencial de Bruckner, pero en ambas partes reinaba un sentimiento idéntico en lo profundo. Tanto para Puccini, Brahms o Bruckner el arte era una expresión sensible y profunda del sentimiento más puro, alejado totalmente de la influencia del dinero o la economía.
El pesimismo activo en Wagner
El movimiento romántico
se opone sentimentalmente al optimismo progresista que es
la base del racionalismo.
Schopenhauer
lo define perfectamente: El progreso es vuestra quimera, es el
sueño de nuestro siglo, como el de la resurreción de
los muertos fue la quimera del siglo X. Cada Tiempo tiene su utopía
(El Mundo como Voluntad y representación),
Y acorde con ello Wagner
en su obra Kunstwerk der Zukunft dice Todo lo que
la civilización llamada moderna trae consigo, el gusto por el
lujo, lo superfluo que nos hacen olvidar las necesidades profundas,
la moda que es la peor de las tiranías
Nos hemos
convertido en un pueblo lector de la prensa, esto ha sido nuestra
pérdida. El progreso en este sentido material y social
tomado como valor en sí es un desastre que lleva a
la decadencia.
Esta crítica del
progreso como utopía histórica
inevitable, centrada en el desarrollo científico y técnico,
es constante en todos los pensadores vitalistas y es la esencia de
cientos de obras de arte románticas.
Sin
embargo esa tendencia vitalista antiracionalista tendrá dos
grandes tendencias: el optimismo vitalista de Feuerbach y Nietszche,
y el pesimismo radical de Schopenhauer y Kierkegaard, por poner
algunos ejemplos. En ambos lo vital y sentimental es la base de lo
humano, pero mientras en Nietszche la Vida es una lucha que debe
asumirse con ilusión de triunfo y deseo de Poder (entendido
como realización, absolutamente alejado del tema económico
o material), en Schopenhauer la Vida es un engaño del Dolor y
el Deseo. Si seguimos al deseo y sus trampas solo lograremos dolor y
desengaños, toda felicidad es solo superficial y temporal.
Schopenhauer y Wagner indicaban que el conocimiento lógico de Hegel (más tarde Marx y con ello el mundo actual materialista) es puramente utilista, no descubre la esencia de las cosas ni el Valor de la Vida, sino que es solo una herramienta para el tiempo y el lugar, no para la esencia y el sentido de una existencia. El conocimiento lógico no va a evitar el dolor y la Tragedia, ni dará sentido a su actuación.
Wagner se sitúa
intelectualmente con Schopenhauer pero corrigiéndolo de forma
fundamental al asumir la idea de Redención por el Amor y la
Compasión, la posibilidad de superar la herida de Amfortas.
Esta posición que
llamaremos pesimismo activo es sin duda la aportación
fundamental de Wagner al pensamiento y la cosmovisión del
mundo, y la mejor salida a la Tragedia del Mundo Moderno, como vamos
a analizar más tarde.
Basta
escuchar el canto de alegría de vivir del tercer acto de Los
Maestros Cantores o la esperanza del Encanto del Viernes Santo para
comprender que Wagner tiene una concepción de la Redención
completa, real, no solo individual, no se trata de lograr que
Parsifal supere las tentaciones de Klingsor, se trata de que Parsifal
redima al mundo.
Para Wagner la solución
está expresada en su Sachs o el Rey Mark, en la Renuncia y el
Amor compasivo por los demás, en negar el Deseo egoista y
asumir el dolor superándolo en el sentimiento del alma. Sachs
puede lograr el deseo, pero sabe que eso no le dará
la felicidad, pues la única felicidad permanente es la del
espíritu, la que nace del interior, no la que se logra con la
adquisición de elementos de la Representación (según
la terminología schopenhaueriana), o sea materiales sujetos al
Espacio y Tiempo.
Es
pues un pesimismo ante los engaños del Mundo, pero al mismo
tiempo una propuesta activa en el amor y la compasión, que
hace que Sachs apoye activamente (redención en tanto que
supera su dolor y egoismo por el bien de los otros) una solución
al dolor ajeno, no se resigna, no ve invencible el dolor, lucha no
por su poder sino por compasión.
Wagner no niega la
posibilidad de progreso, pero el progreso para Wagner
solo tiene sentido rector en el mundo del conocimiento y el
sentimiento, no en lo material.
Este pesimismo
activo wagneriano, expresado profundamente en todas sus obras,
tanto escénicas como teóricas, está concretado
especialmente en 3 áreas de definición vitales:
El plano Metafísico,
donde se analiza la Tragedia de la Vida y el valor de la intuición
y el sentimiento frente a lo material y la Razón.
En el plano Etico,
asumiendo la Piedad, la Redención y la unidad de todos los
seres en el dolor y el Amor.
En
el plano Estético al centrar en el Arte y la obra Trágica
el camino estético para la redención del Hombre sumido
en el Dolor. Concebir la Música como esencia de la Voluntad
sin Tiempo ni Espacio, o sea liberada de lo Mundano, de las ataduras
de lo individual y unir el arte musical al entorno Dramático y
Poético, creando una forma de Arte Total capaz de expresar
sentimientos y a la vez una cosmovisión del mundo.
Es pues una visión TRÁGICA de la vida en el Dolor, en la Piedad y el Amor, profunda, sensible, totalmente elevada, y sin contacto alguno con eso que llamaremos optimismo de la felicidad material que poco a poco va a dominar la cosmovisión del mundo actual.
La diversión como "arte" de la filosofía racionalista
En los años 20 se
inicia la aparición de los primeros intentos del racionalismo
materialista y progresista para expresarse en el mundo del Arte.
Si hasta entonces su
acción fue sobre todo social y política, apoyando a las
dos parte del combate de lo económico (al
capitalismo a través del optimismo progresista en la técnica
y la Razón, y al marxismo por el desarrollo post-hegeliano
hacia la racionalización de la historia y la cientificación
de la economía como motor del mundo) en esos años
empieza su desarrollo en el área del sentimiento y el arte.
Si analizamos la
cosmología que comporta este optimismo progresista, hemos de
entender que se basa fundamentalmente, tanto en el capitalismo como
en el marxismo, en que el ser humano busca sólo el
placer y la felicidad en su vida, el objetivo es vivir plácidamente
logrando satisfacer las necesidades físicas en su mayor nivel
posible. Una visión materialista del hombre visto
como máquina económica, que pretende
obtener los medios para vivir feliz, reproducirse y obtener el
placer, asumiendo como bien el que se le deje este camino
a la felicidad por la satisfacción del deseo de forma libre.
En el capitalismo libre por las leyes de la competencia del Mercado,
en el marxismo libre por la imposición de los deseos de
satisfacción material como dictadura que elimine cualquier
oposición.
Vemos pues una escalera descendente: La Razón conduce a la Ciencia, ésta a la Técnica, y de ahí a la Utilidad, para en plena representación ilusoria de la realidad, caer por fin en la Felicidad y el Placer como fin único capaz de alcanzarse en ese camino de lo aparente.
Cuando a alguien se le pregunta cual es su objetivo en la vida, cada vez son más los que contestan ser felices y la esencia de esa felicidad es la ausencia de dolor, el cumplimiento de las necesidades (las utilidades) y la Posesión de elementos representativos, materiales, capaces de dar ese placer. Y en todo caso satisfacer necesidades psicológicas como seguridad y autoaprecio, sin ninguna referencia a cumplir algún Deber o mejorar su calidad humana.
Esta cosmovisión del mundo determina un arte de la diversión, y como toda diversión se basa en la originalidad, lo diverso y distraido, que no exige meditar sino ver.
Decía Buero Vallejo que Si Uds va al teatro solo a divertirse, puede que acabe embruteciéndose, y así ha sido. Por un lado el teatro convertido en circo y por otro el absurdo. Por un lado el teatrucho para reirse y hacer la digestión, y por la otra el teatro que refleja los traumas psicológicos de la gente del mundo materialista que se ve abandonada en un mundo sin valores ni sentido, ese teatro de personajes negros y obscuros que se retuercen por el suelo sin razón, atormentados por algún dolor insondable (pues no se entiende nada de toda la obra).
Lo mismo que la pintura se convierte en decoración de manchas y colores, ese infantilismo de cuadros con una raya de colores chillones para decorar despachos de ejecutivos bancarios, y por el otro lado las imágenes de tétrica composición como decía el jesuita progresista Freidhelm Mennekes ,conservador de la Catedral de Colonia, Los creyentes esperan del arte religioso un mensaje de serenidad, paz y esperanza, mientras que las obras modernas que tenemos en la Catedral ahora tienden a recordar la angustia y los miedos del hombre de nuestro siglo.
Así al arte del
mundo del progreso está entre la diversión y el horror
psicológico.
Incluso
hace poco Josep Mª Ballarin, capellán pasado a
periodista, declaraba La Iglesia es infinitamente aburrida
(La Vanguardia 15/4/2000), es evidente que sin Fe, sin entender la
esencia espiritual una misa es algo aburrido, así
que se quiere hacer divertida, como esas misas repletas de guitarras
y donde todo el público canta y baila enloquecidos como si
estuvieran en un festival de Eurovisión, de manera que tratan
de divertirse porque han olvidado el sentido profundo y místico
de lo que se celebra.
Por
eso un Alonso Santos deforma la obra de Calderón de la Barca
La dama Duende indicando: lo he hecho en la
perspectiva de no respetar nada de Calderón, ni el verso, ni
la época, .... buscando un Calderón juvenil y festivo.
Y un impotente compositor sin público como Carles Santos se
dedica a corromper en el último festival de Perelada El
Barbero de Sevilla de Rossini bajo el aplauso de la crítica
palaciega (no del público claro) que alaba el auténtico
alud de estímulos imaginativos, divertidísima
galería de gags. Se trata de convertirlo todo en
divertido, distraido, original.
¿Y Wagner?, en esta época lamentable la obra wagneriana es lo más aburrido para el espectador acostumbrado a la diversión televisiva. Sin entender nada, y sin ganas de pensar en nada, sin interés siquiera por sentir algo, una obra de Wagner se convierte en pura música, pues todo lo demás aburre. Solo la gran música wagneriana logra atraer, aunque no sea de forma permanente durante las 3 o 4 horas de representación.
Así que la
deformación y prostitución de la obra Wagneriana se ha
generalizado para hacerla original y divertida.
Por ello entre las cartas
o críticas de la polémica en presa por la necia puesta
en escena del Lohengrin de Konwitschny, las pocas a favor eran de
críticos y profesionales del mundo politico-musical, y
planteaban que en el segundo acto se había logrado
movimiento y animación en vez del relativo estado de quietud y
aburrimiento que tiene ese segundo acto en la versión
de Wagner. Incluso en la Radio la dirección del Liceo
hablaba del gran movimiento escénico que daba K. a
la obra, animándola y haciéndola alegre y divertida.
Si no se entiende la obra
wagneriana como un conjunto de Drama Total, se convierte en un
concierto musicalmente wagneriano unido a un espectáculo
circense del director de escena. Circo con Hilo Musical.
Pero no es tan sencillo,
el tema es más profundo.
El lobo con piel de oveja: un arte popular para el racionalismo
Aunque sin duda la crítica
habla de esta excusa de diversión y originalidad, en realidad
el problema al que se enfrenta el wagnerianismo actual es más
sútil.
La
filosofía del optimismo progresista siente un vacío
en su intento de dominio general: el Arte. De una filosofía
materialista y economicista no puede salir lógicamente un arte
que llegue a la sensibilidad espiritual de las personas. Así
sus intentos artísticos quedan en el feismo, la representación
del horror o el trauma psíquico, el divertimento de color o
decoración, o las obras extrañas y complicadas que
afean nuestro teatro actual, siempre en post de la droga, el Sida, el
trauma, el absurdo y el sexismo más extremo. Y en música
los bailables de percusión constante junto a unos intentos de
música clásica absolutamente insoportables
y a los que no asiste nadie.
Todo este mejunje no atrae
el pueblo que sigue apegado a la música de Mozart o los
conciertos de Beethoven y se ausenta radicalmente de los estrenos
operísticos modernos, estrenados gracias a enormes
subvenciones oficiales y que solo obtienen el beneplácito de
los críticos a sueldo, entre los bostezos (y la promesa de no
asistir nunca más) del público. Véase por
ejemplo el estreno reciente de Facing Goya, pseudo-opera
de un tal Michael Nyman en Perelada 2000, que ha logrado que incluso
los críticos reconocieran su aburrimiento más completo.
Premios y galardones oficiales no faltan pero público
entusiasta
. Ni rastro.
Para
que nos hagamos una idea de hasta que punto la mentalidad mercantil
es estéril, recordemos que cuando se ha querido valorar que
artistas de esta era son más importantes se
encargo esta labor a la una revista de ECONOMIA, Capital,
jocoso!, y esta revista basó su estudio en un análisis
de cuantas exposiciones hacía cada artista (pero solo valían
las de museos oficiales y todos de arte abstracto o neurótico,
de España solo valían la Fundación Miro y el
Macba) y el precio de las obras. Así salen gente absolutamente
desconocida para el pueblo y con obras realmente jocosas, uno de los
primeros era ,por ejemplo, un tal Kabakov cuya obra genial es una
cama rodeada de macetas con el título de Duermo en el
jardín.
Ante esta situación
aparece el Teatro de Dirección aplicado a las obras clásicas
que conservan ese mensaje espiritual y sensible que hoy
en día la filosofía materialista no sabe ni puede
lograr, pero que es la que el pueblo entiende y recibe con intuición
directa.
El
Teatro de Dirección parte de la idea de recrear la
obra por medio de la voluntad del director, de forma que sea la
sensibilidad del Director global de esa representación la que
se exprese de forma independiente al texto o sentido original de la
obra. En realidad no se representa al autor original sino se
interpreta a ese autor a través de la idea
que esa obra ejerce en el director.
La
esterilidad absoluta del arte progresista a nivel popular se intenta
disimular a través de la apropiación de las obras de
todos los tiempo como piel de cordero.
Jaume Radigales, un
Beeckmesser actual, decía apoyando totalmente a
uno de esos montajes nefandos: cuando una obra de arte pierde
su función social, pierde innegablemente su dimensión
estética y en consecuencia su finalidad ética
(Avui 18 abril 2000), de forma que en tanto el progresismo
materialista considera que la obra de Wagner o Mozart ya no tienen un
valor social, una función en el entorno de
valores económicos y sociales, democráticos
o progresistas, son simples restos a utilizar. Así su música,
o el argumento de un Calderón, deben ser complementados
con un entorno que les añada valores progresistas,
y de esa forma se genera la utilización del caramelo
popular que tenía esa obra, pero usandolo dentro de un
montaje nuevo que, por su cuenta y sin cuidado alguno con
el autor primigénito, incruste en esa obra un mensaje de
valores acorde al nuevo estado dominante materialista.
De esa forma el Sr.
Mortier, director del Festival Mozart de Salzburgo, ha declarado usar
este año a Mozart para criticar al político Haider
mediante el teatro yuxtapuesto a la música
mozartiana. Y de esa forma se multiplican los disparates siempre en
la línea de usar la `popularidad que tenía la
obra sentimental para usarla como disfraz al nuevo estado de valores,
que por sí mismo es estéril e incapaz de producir una
obra de arte sensible, seria y popular.
El Wagnerianismo oficial en el mundo actual
Toda esta situación
filosófica moderna ha llevado al wagnerianismo oficial
a recluirse en posiciones que no choquen con la cosmovisión
establecida, de forma que las personalidades que gustan de
Wagner puedan satisfacer su afición sin tener que
enfrentarse con lo socialmente incorrecto.
Las Asociaciones
Wagnerianas oficiales tienen pues ante si dos
posibilidades aceptadas por el sistema de pensamiento
actual:
1-
Adoptar y aprobar el Teatro de Dirección y por tanto aceptar
la pérdida del mensaje filosófico y ético de
Wagner bajo su interpretación actual. Mantener
pues la cáscara musical y eliminar todo el contenido de Obra
Global.
2-
Convertirse en Círculos de vida social, dedicados a organizar
viajes, cenas, conciertos y banquetes, algún homenaje y las
consabidas visitas de lujo a Bayreuth, dejando una cierta libertad
personal para no gustar de las extrenticidades que
los mandarines del progresismo hacen con Wagner, siempre que no sea
ese un objetivo ni un tema central en la vida de esa Asociación.
De esta forma tenemos
Asociaciones Wagnerianas oficiales que publican textos absolutamente
anti wagnerianos y otras que simplemente dan una de cal y una
de arena entre cena y cena, manteniéndose en ese Limbo
de los inocentes que es a la vez el de los cobardes.
Critican soto voce las estupideces cometidas con Wagner
por los directores artísticos pero sin que esa
crítica pase del comentario de salón. Todo el afan
combativo de los viejos wagnerianos de principio de siglo por
defender el arte wagneriano contra el operístico ha
desaparecido totalmente en esta nueva etapa.
No
se protesta en parte por una conciencia de inutilidad ante los
poderes del mandarinato cultural del progresismo racionalista,
y en parte por eso que se llama buenas formas sociales,
que indican que toda protesta activa es una forma de expresar una
posición no correcta respecto a la media,
una forma de significación que pone en peligro la nota
sobre la salud mental del sujeto.
Hoy
en día las Asociaciones wagnerianas en su mayoría no
podría asumir aquel estudio filosófico que
proponía la Associacio Wagneriana en Barcelona en 1901 de la
obra de Wagner. La Filosofía del pesimismo activo wagneriana
es hoy incorrecta y ha sido sustituida por el progresismo optimista
del materialismo.
El Wagnerianismo como Redención del futuro
Los caballeros del Graal,
faltos de la visión del alimento espiritual, del ideal, mueren
de inanición, algo similar le pasaría al wagnerianismo
falto del contenido sensible y profundo para el que fue concebido.
En esta situación
la Associacio Wagneriana en su Centenario debe ser consciente de la
enorme labor que le queda por realizar, precisamente aquella que ha
sido prohibida, ignorada y prostituida por el pensamiento correcto:
la de estudiar y promover las consecuencias éticas y
metafísicas del wagnerianismo, devolver la seriedad al Arte y
el contenido profundo a la obra total wagneriana, el Drama Trágico.
Redención, esta es
la misión, la que muestra Wagner en sus obras, un sacrificio
del egoismo por compasión al dolor y la esterilidad de esta
época, para redimirla de sus lacras.
Hoy
en día lo heroico no es el acto singular de valor
sino asumir la vida como un acto Trágico. De alguna forma el
debate está entre lo Vulgar y lo Trágico, entre la
Utilidad y lo Heroico, entre Representación y Voluntad.
Una persona actual tiene
la posibilidad de orientar su vida a lo util, o sea a
esforzarse en cumplir sus necesidades y deseos. El Sentido Trágico
de la Vida es superar esa tentación y orientar la vida contra
el egoismo, en la seriedad y la superación. Y este camino es
una Tragedia en sí mismo.
El
Héroe con ello no sólo redime sus culpas individuales,
sino que combate además el rebajamiento vulgar de la
humanidad, nos enseña el camino de redención.
Necesitamos héroes wagnerianos, redentores.
No se trata de una opción
política en sí, lo político es una degradación
del sentido de la vida. Decía Ernst Jünger en El
autor y la escritura, que Para el artista lo que cuenta,
sea en las monarquías o en las democracias, es la afición
del poderoso a las artes. No importa el partido o las formas de
gobierno sino que éstas lleven un mensaje artístico,
sensible, elevado y ético al pueblo.
De
esta forma el wagnerianismo en el mundo de hoy debe ser una actitud
heroica para conseguir un nuevo renacer artístico pues para
Wagner solo el Arte puede expresar perfectamente la necesidad de
Redención y Amor, las palabras no llegan al alma, el Arte sí.