WAGNER Y LA VOLUNTAD DE
PODER
Por
Ramón Bau
Nombrar las palabras
Voluntad de Poder se identifica inmediatamente con F. Nietzsche, y
sin embargo cuando me aplico a entreveer en la obra de Wagner los
destellos de la Voluntad de Poder debo indicar antes que nada que en
modo alguno Wagner tomó o se sintió influido por las
ideas Nietzschesianas sobre la Voluntad de Poder. Es más,
Wagner solo sintió un sincero aprecio por su entonces
discípulo Nietzsche durante el corto tiempo en el
que éste estaba aun bajo la influencia de Schopenhauer y
trabajó para basar la concepción de la Obra de
Arte Total wagneriana como continuación de la esencia de
la Tragedia Griega.
Cuando
Nietzsche dejó su etapa de camello, según
su propia expresión, cuando dejó cargar con las ideas
de otros para empezar a crear las suyas, cuando empezó
realmente a concebir la esencia de la Voluntad de Poder, chocó
de inmediato con Wagner, y su separación fue absoluta,
traumática diríamos, por lo que respecta a Nietzsche,
despreciativa en Wagner.
Así pues al analizar
en la obra Wagneriana la existencia de una concepción de
Voluntad de Poder avant la lettre, hay que entender que
no es un reflejo del pensamiento de Nietzsche sino precisamente su
antecesor artístico.
Wagner
sintió en sus primeras lecturas y pensamientos la esencia del
hombre nuevo, de quien no tiene mala conciencia pues crea
su propia norma con valor y decisión, sin sujetarse ni aceptar
las reglas preestablecidas.
La
lectura de Feuerbach y sus propias experiencias revolucionarias,
expresadas perfectamente en Arte y Revolución, son
la fuente de esa concepción optimista y
dominadora que luego fue abandonando bajo la influencia
decisiva de Schopenhauer y del cristianismo.
Para Wagner la inocencia
primordial del hombre nuevo se acerca bastante, pero sin alcanzar su
radicalidad, a la que luego fuera la concepción del
Superhombre, del Héroe sin ataduras, de la Voluntad de Poder
pura de Nietzsche.
No
solo hablaremos de Siegfried, prototipo absoluto de ese sentimiento,
sino de toda una serie de destellos de ese mismo ideal inicial que
sin duda había atraido tremendamente al Wagner joven.
Es sin duda en la
Tetralogía donde Wagner nos dibuja más perfectamente el
sentimiento y la esencia del hombre nuevo, del triunfo de
la Voluntad de Poder, con el personaje extraordinario ,en ese sentido
nietzschesiano, que es Siegfried.
EL ESTADO LIBRE INICIAL
También en otras
obras hay referencias claras a la Voluntad de Poder y el Héroe
libre de ataduras externas, incluidas las morales establecidas,
seguro de si mismo, dueño de su destino. Pero en casi todas
ellas ese estado es solo inicial, un instante antes del drama, de la
renuncia o el sentimiento de culpa, antes de descubrir que esa
libertad total de la Voluntad es una trampa
Es
como si Wagner quisiera resaltar que todo lo importante, lo dramático
y a la vez lo profundamente humano nacen de la ruptura de esa
infancia feliz, de ese estado inicial del Héroe
sin problemas ni mala conciencia, que de tan libre es más bien
sobre-humano, frío en su falta de drama humano.
Tanhauser o Tristan
tuvieron un instante inicial en el que fueron héroes sin mala
conciencia, reían y luchaban con su espíritu libre,
pero en ambos casos este estado inicial de alegría en la
propia confianza es anterior al drama, allí cuando Tanhauser
se peleó con los caballeros de Turingia y sin dudas ni miedos
fue en busca de Venus. Pero la obra se inicia cuando ya ha sentido en
su alma el arrepentimiento y ha conocido su error, cuando vuelve
fracasado de su ruptura con todo, y ya no volverá nunca más
a reir sin mala conciencia. Tristan era un héroe libre de toda
pena cuando luchaba contra Morold y conquistaba las tierras para su
rey Marke, pero pronto se debe enfrentar al dilema de su amor y su
lealtad.
Ya
al inicio Isolda reconoce la mala conciencia en Tristan:
Del héroe que allá a mi mirada oculta la suya, de
vergüenza y baja la vista temeroso.
Parsifal también se
inicia como héroe libre de toda atadura, niño que rie y
corre por los bosques, con su arco y su tranquila conciencia, pero
pronto conocerá la compasión y ya no podrá
nunca más reir sin pena ni dolor en el alma.
En
la Cabalgata de Las Walkirias se respira también ese estado
libre de Voluntad sin mala conciencia, pero es solo un reflejo de su
estado primigénito. Ya las Walkirias están inmersas en
su propia decadencia, la de Wottan. Tras la llegada de Brunilda
acosada, todo el mundo inicial de las Walkirias se hunde, ya nunca
más cabalgarán con la risa y la despreocupación
de su propio Poder, nunca podrán ya olvidar la culpa de
Wottan, obedecerán pero no reirán.
Pero si que nos podemos
encontrar con un personaje que no va a conocer limite a su Voluntad
de Poder: Walther de de los Maestros Cantores. Walther no acepta
desde el inicio ninguna barrera en su Voluntad de Cantar y de Amar.
Trata de ser Maestro con la inocencia del seguro de sí mismo,
y ante las trabas ni se acobarda ni se somete, rompe despectivamente
con ellos. Ved su último verso del canto de Walther al final
del I Acto: Que me importa que no le guste al cuervo el
inspirado canto del trovador!.... adiós maestros pedantes.
Tampoco su Voluntad se
para ante los impedimentos a su amor por Eva, y no duda es preparar
la huida conjunta. En ningún momento duda de su derecho a Eva
y su valía como Cantor, ni siquiera al triunfar en el Concurso
final muestra su aceptación a las reglas de los Maestros. Y
cuando Sachs le recuerda en el último verso de la obra a
Walther que no debe despreciar a los Maestros pese a sus errores,
Walther no responde ni nada nos indica que vaya a aceptar en adelante
someterse a la tabulatura y sus reglas.
Walther
es un hombre nuevo, que está libre de reglas y
solo se atiene a su propio valor, pero pese a ello acepta la maestría
de Sachs.
LA TETRALOGÍA: CAMINO PARA ENTENDER LA VOLUNTAD DE PODER
No es Siegfried el centro
de la Tetralogia, en realidad el sentido de Siegfried es paralelo a
otros temas centrales: el Oro y sobre todo Wottan. Lo puramente
humano está reflejado mucho más acertadamente en el
dilema de Wottan y la renuncia de Brunilda, la maravillosa tragedia
del Oro y el Amor. Siegfried está por encima de lo humano, en
todo el drama es un reflejo puro de lo sobre-humano.
En realidad Wottan es la
antítesis de Siegfried, su Voluntad está repleta de
mala conciencia y de renuncia, algo que lo hace
tremendamente humano, y a la vez completamente distante al modelo del
Héroe Sobre-humano.
Con
la Tetralogía aparece el estilo del Héroe libre, dueño
de si mismo, y con ello la música heroica que lo acompaña,
reflejando perfectamente su alma.
Podemos presentir la
Voluntad de Poder libre y fuerte por primera vez con Sigmund, al
tomar a Nothung y sentir su seguridad y su fuerza, su Voluntad de
Vida. Pero en Sigmund hay un sentimiento trágico, hay algo aun
humano.
Sin
embargo su raza cumple el designio de Nietzsche, oid a Hunding en el
I Acto de la Walkiria: Conozco una raza salvaje para la que no
hay nada sagrado, todos y yo particularmente la odiamos.
Nada podría definir
mejor el concepto de bueno nietzschesiano que esta
descripción. En el cuerpo de los buenos el bien es
hereditario. Los buenos son una casta, los malos una masa semejante
al polvo (Humano, demasiado humano). Una raza de héroes
salvajes, que no respetan normas previas, odiados por la masa vulgar.
Y para recalcar la
ruptura, Wagner no duda en exponer a Sigmund a la acusación de
incesto, incluso explicitándolo claramente en varias partes
del texto esposa y hermana eres para tu hermano, surja pues de
nosotros la sangre de los Welsa. La ruptura de la prohibición
moral secular refleja de forma radical la nueva escala de Valores que
contrae la raza de los Welsas. Y la música, como refleja la
brillante y apasionada música con la que Sigmund arrebata a
Nothung y expone su vigor y futuro.
Será preciso esperar
a Siegfried, hijo de esa raza, para alcanzar el paroxismo del Nuevo
Hombre, el que no tiene conflictos internos, no es que no tenga
miedo, es que no tiene dudas, ni siquiera entiende que se pueda dudar
de su derecho y su Voluntad.
Ya
la primera aparición de Siegfried nos enlaza con la principal
característica del Hombre Nuevo, la risa y su jovialidad.
Siegfried entra en la
cueva de Mime con un Oso, jugando y dominándolo, su entrada es
salvaje y jovial.
Y
su canto al forjar Nothung refleja esa jovialidad y risa primordial,
dura y libre de remordimiento, que es la base de la Voluntad de
Poder:
Forja
martillo mío, forja la resistente espada. Hubo un tiempo en
que la roja sangre tiño tu pálido azul: ¡Tu te
reías con frialdad! ........ ¡Cómo me alegran
estas chispas brillantes!. La cólera es un adorno para el
valiente, alegre me sonríes aunque parezcas enojada.
Frente a la risa de
Siegfried recordemos las palabras de Alberich a su hijo Hagen Hagen,
hijo mío, odia a la gente jovial.... yo que siempre viví
reñido con la alegría. La alegría de vivir
frente a la mala conciencia.
Arrogancia
será la acusación de Fafner ante la decisión de
Siegfried. Arrogancia es la acusación del rebaño a los
que se muestran superiores.
Ni
uno solo de los versos que adornan a Siegfried deja de reflejar esa
Voluntad de Poder, esa jovialidad heroica y alegre, libre de mala
conciencia. Pero sin duda es en su diálogo con El
Viajero, Wottan, en el III Acto de Siegfried donde
se refleja mejor esa esencia del Superhombre.
El
Viajero: Paciencia muchacho. Ya que te parezco viejo, debes
tenerme respeto
Siegfried:
En toda mi vida siempre se me puso un viejo por medio. A ese de
hoy, Mime, lo he barrido del camino. Si sigues oponiéndote con
esa arrogancia a mi paso mira que note ocurra como a Mime
El nuevo hombre no puede
respetar lo viejo ni lo establecido, una vez más la ruptura es
completa.
Cuando
Siegfried rompe la lanza de Wottan, el Poder establecido, la fuerza
del pasado, no siente ni siquiera respeto Con el arma
destrozada huye el cobarde. No hay en Siegfried un pequeño
rastro de respeto o compasión por el vencido, porque no duda
ni un instante en la razón de su Voluntad de Poder, no tiene
mala conciencia ni dudas.
LOS FILTROS DE AMOR Y LA MALA CONCIENCIA
En la obra de Wagner hay dos grandes momentos en los que se usa el recurso al Filtro de amor, la bebida mágica que hace enamorar a los que la beben juntos. Es curioso porque mientras el tema del Filtro dado por Brangania a Tristan e Isolda representa sin duda de uno de los momentos cumbres de la Tragedia y está perfectamente logrado, en el Crepúsculo de los Dioses, el uso del Filtro por parte de Gutruna para Siegfried es quizás el aspecto menos logrado de toda la obra wagneriana.
Tristan e Isolda se aman
antes y sin necesidad alguna de filtro mágico, y la copa
de reconciliación que Isolda ofrece a Tristan es sin
duda uno de los aspectos más profundos de la obra. Tristan e
Isolda aceptan la muerte como única salida a su amor imposible
y aun no explicitado. Al aceptar morir redimen su culpa y
quedan libres para expresar su amor. Han pagado el precio para ello.
De alguna forma el filtro de amor no existe, es solo la liberación
del silencio una vez pagado el precio: aceptar el drama y la muerte.
Libre del Mundo yo
te poseo dice Tristan justo tras beber lo que cree veneno
mortal. Si, no es el filtro lo que da el amor a Tristan, eso sería
ridículo, el filtro solo aporta la liberación para
expresarlo, pues cree haber pagado el alto precio a esa liberación,
haber renunciado al mundo.
Todo
lo que sigue a ese instante hasta la muerte final de los amantes es
solo un intermedio, un tiempo añadido, un instante
ganado a la muerte una vez aceptada como precio inevitable.
No hay nada de artificial
ni hay concesión a la magia o el truco en ese uso del filtro
como símbolo. El filtro no tiene acción, es solo el
símbolo de la aceptación del precio trágico de
su amor.
En
cambio en el Crepúsculo el uso del Filtro es absolutamente
artificial, un truco teatral para JUSTIFICAR que Siegfried deje a
Brunilda por Gutruna, hecho que no tiene lógica alguna en un
pensamiento moral, y que solo puede ser aceptado por el
espectador como producto de una magia imposible.
Pero
lo más interesante es ver que aunque Siegfried cambia ,olvida,
y pasa de Brunilda a Gutruna en un instante, lo hace con la misma
simple y completa falta de mala conciencia, no tiene un
instante de duda ni de recuerdo, aborda su nuevo amor por Gutruna con
la misma pasión y decisión que antes había
tenido con Brunilda. Siegfried no tiene nunca un instante de duda o
mala conciencia.
En ese sentido Tristan es
lo opuesto a Siegfried. En Tristan el amor se sabe culpable, la mala
conciencia corroe el héroe y solo tras pagar el precio más
alto, la renunciación total a la vida, queda liberado
parcialmente de sus ataduras.
Tristan
está ligado a las normas del Honor, como Wottan lo está
a Fricka.
Si
Siegfried estuviera en el barco de Isolda, sin duda su comportamiento
hubiera sido radicalmente distinto, hubiera luchado contra todos sus
tripulantes, arrebatado a Isolda y vencido en duelo al Rey Mark para
reinar él con su reina Isolda.
Siegfried
no tiene mala conciencia pues su Honor está en su Voluntad de
Poder, no conoce ni tiene normas externas que le obliguen, solo su
propia nobleza y voluntad juvenil e irrefrenable.
Por
ello para hacer cambiar o renunciar a Siegfried es
imposible recurrir al DEBER, a una Obligación o Necesidad
moral o de honor, la única salida es el burdo recurso al
Filtro. Siegfried no hubiera dejado a Brunilda ni por los dioses ,ni
por un Rey ni por un matrimonio o compromiso previo, ni un parentesco
cercano, nada le hubiera comportado una mala conciencia
ni una obligación de renuncia.
Por ello mientras en el caso de Tristan el Filtro es un símbolo de una gran verdad esencial, la muerte como renuncia total, la liberación que la renuncia concede al hombre de sus deseos y pasiones, como Renunciar a la Vida nos libera de nuestras miserias y nos da la libertad de Amar y Ser de forma profunda, mientras en Tristan el Filtro es un reflejo de Schopenhauer y su filosofía de renuncia a los deseos para conseguir la verdadera libertad, en cambio en Siegfried el Filtro es un mero truco sin lógica, quizás una expresión ,sin quererlo, de que solo mediante la trampa es posible doblegar al Hombre Nuevo, a quién es dueño de sí mismo y de su propia norma.
WAGNER: UNA VOLUNTAD DE PODER AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
En Nietzsche todo es
extremo. Es un pensador violento para tomar en pequeñas
medidas. Su consumo en estado puro es peligroso.
Sin
embargo ha sido el descubridor de grandes secretos del hombre, el
investigador más perspicaz de la psicología humana, el
destructor de la Filosofía racionalista y estéril que
convertía al hombre en una mera máquina lógica
sin Vida.
Su
descripción del Nuevo Hombre coincide perfectamente con ese
carácter primigénito del hombre libre, salvaje e
inocente, del niño grande que rie ante la vida y que se siente
capaz de conquistarla, que describe sensiblemente, artísticamente,
Wagner.
La alegría
brota donde existe el sentimiento de poderío.
La felicidad consiste en
la conciencia de Poder y de la Victoria que ha llegado a imponerse.
El progreso es el
fortalecimiento de los hombres con gran capacidad de Voluntad: lo
demás es error y decadencia.
Más
Vida, más auténtica, más libre, más alta
y elevada, más intensa, una vida que requiera osadía y
aventura, riesgo y coraje
La
Voluntad de Poder, F.Nietzsche
Pero en Nietzsche la
Voluntad de Poder está a servicio del individuo, del egoismo,
del Yo. Yo combato la idea de que el egoismo sea nocivo y
perjudicial (La Voluntad de Poder). Y lo que es más
contrario a Wagner, esa Voluntad de Poder está al servicio de
los fuertes para desprecio de los débiles, sin distinción,
sin compasión por los que son débiles sin culpa, los
que sufren la tragedia de la vida, los que padecen la dureza
inmisericorde de la Naturaleza.
Que
los débiles y fracasados perezcan, primer principio de nuestro
amor a los hombres. Y que se les ayude a morir.
Deseando destruir a los
débiles culpables, a los rencorosos de la bajeza, a los que
quieren entronizar la decadencia para justificar su debilidad, reduce
la fuerza a brutalidad y falta de sensibilidad. Wagner destruye esta
visión cruel de la vida con su Arte, aceptando la esencia del
Hombre Nuevo, de la Fuerza y la Alegría, de la ruptura con la
moral establecida y la creación de Valores nuevos, pero todo
basado en la sensibilidad y la compasión, el sacrificio y el
Amor.
Sin
Wagner la Voluntad de Poder quedaba en manos de los héroes
bárbaros, del individualismo de las élites. La obra
wagneriana ha sabido dejar un camino a esa Voluntad de Poder,
guardando su esencia y su fuerza, en manos del Héroe
compasivo, del que comprende lo que el mismo Wagner escribió
en Arte y Revolución:
La
Belleza y fuerza como atributos de la vida social no pueden conseguir
una estabilidad venturosa sino cuando son patrimonio de todos los
hombres