EL TEATRO REAL POR DENTRO
Por Luis Paris (1)
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Con este título obligado me pide “El Teatro” una breve reseña, cuatro cuartillas... y no necesito esforzarme mucho para asegurar que dos gruesos volúmenes infolio no serían acaso suficientes para contener todo lo que acerca de este asunto y con ese título podría escribirse.
Es achaque frecuente hablar del Teatro Real sin conocerlo. No hay madrileño, aristócrata, plebeyo, artista o burgués enriquecido, que no se crea autorizado para dar su opinión infalible, cuando delante de él, en la mesa del café, o en el foyer del teatro, o en la antecámara del ministro, salta el tema obligado en esta época del año del abono, de la lista de compañía o del programa artístico de la temporada próxima del Real y desgraciadamente ¡qué pocos lo conocen por dentro!
Es creencia muy general la de que este Teatro está subvencionado por el gobierno y por la Real Casa; pero no es así. El Teatro Real es el único de sus congéneres de Europa que no recibe ni un sólo céntimo de subvención. Desde el Liceo de Barcelona, hasta el último teatro municipal de Italia, todos disfrutan de pingües subvenciones que se aplican al mayor esplendor de sus espectáculos. El Real, confiado a una empresa particular, mediante concursos que se verifican ordinariamente cada diez años, sostiene por medio del pago de sus alquileres a un buen número de empleados que el Estado nombra para la custodia y conservación del edificio... y ahí empiezan sus gabelas, que en la explotación del teatro, propiamente dicha, pueden dividirse en los dos grandes grupos sancionados por la costumbre administrativa teatral: Hoja y Compañía.

Cobijados por la sombra de la empresa del Real viven más de ochocientas familias... A saber:

- Ciento diez profesores de orquesta, que cobran un sueldo diario que oscila entre cinco y veinte pesetas.
- Cien coristas que cobran de cuatro pesetas a siete francos.
- Cincuenta bailarinas que ganan desde tres a seis pesetas.
- Noventa educandas de las Academias de canto y baile con gratificaciones de una a tres pesetas.
- Sesenta carpinteros y maquinistas que ganan jornales de una, cuatro y seis pesetas.
- Un taller completo de pintores que cuesta veinte mil pesetas cada temporada en sueldos y jornales.
- Un taller completo de sastre y modista que consume un presupuesto anual de otras quince mil pesetas en jornales y más de doce mil en telas.
- Veinticinco electricistas con dos jefes de servicio, pagados a jornal diario.
- Dos pirotécnicos.
- Copistas de música a las órdenes de la Casa Vidal y Llimona que por derechos de propiedad y alquiler de materiales de orquesta recauda unas sesenta mil pesetas por temporada.

Agréguense a esto las compras de lienzo para decoraciones, madera para su construcción (y no hay que olvidar que en este capítulo hay partidas como la construcción de la escala de la ópera “Hänsel y Gretel”, o la montaña rusa del tercer acto de “La Walkiria”, que en madera solo, a precio de almacén, han invertido cada una siete mil pesetas), clavazón, herraje, alfombras, esteras, papeles pintados, cristalería, lámparas eléctricas, cuerda de cáñamo para colgar telones, que se compra por arrobas, tubería para el vapor que se aprecia por tonelada de hierro, etc. etc. sin olvidar el importante y numeroso personal artístico, desde madame Darclée, que cobra tres mil quinientos francos por cada representación, hasta el modesto Tanci, que gana setecientas pesetas mensuales...
El Teatro Real consume un presupuesto verdaderamente formidable, en los cuatro meses y medio que permanece abierto y actuando.
Hay que tener en cuenta que lo relacionado anteriormente es lo que aparece comprendido en el presupuesto ordinario. A esto hay que agregar la partida de gastos imprevistos que suma una cantidad respetable.
Vienen luego los gastos imprescindibles de los tributos, contribuciones, derechos de timbre, etc. y aunque este último corre a cargo del público, como quiera que alcanza una cifra importante, la empresa siempre tiene necesidad de preocuparse de esto rebajando la localidad, como se ha hecho ya, a fin de que los precios de abono no resulten exorbitantes, reduciéndose, por consiguiente, la suma total de sus ingresos.
Esto supone un nuevo sacrificio a la dirección del Teatro, porque las exigencias de los artistas son cada vez mayores y es imposible ofrecer al público un cartel mediocre, ni limitarse a representar obras de poco gasto...
Una ópera nueva por escasa que sea su importancia, ocasiona gastos enormes.
¿Organización de todos estos servicios? ¿Coste aproximado de todos ellos?
Para reseñar la primera no dispongo de espacio bastante. Para calcular el segundo y sus consecuencias mercantiles me limito a copiar las dos últimas partidas del libro de caja en la temporada anterior:
Gastos: 1.050.974
Ingresos: 729.900
 

NOTAS:

(1) Artículo publicado en la revista “El Teatro” número 12. Octubre de 1901. Número dedicado íntegramente al estreno de “Sigfrido” en el Real. Luis Paris era en aquella época el empresario del Teatro Real y el artículo que publicamos estaba profusamente ilustrado. Entre las Ilustraciones se puede ver al autor “en su despacho”, modestísima mesa de madera sin omamentación alguna y de la mayor sencillez imaginable. Encima una pintura que parece religiosa a primera vista. Fíjándose bien se descubre a Wagner y mirándola con una lupa se puede ver encima de la cabeza del compositor, como en una especie de aureola de santidad, el texto: “San Ricardo Wagner”.

Nota de Wagneriana: Sería muy de agradecer que nuestros teatros publicasen periódicamente artículos como el presente que con tanta claridad y sencillez muestran el funcionamiento teatral.