Una inédita
melodía de Richard Wagner y su curiosa historia.
Wagneriana,
nº32. 1999
EL
PORAZZI-TEMA
Por
el Dr. Otto Strobel, Bayreuth
A FINALES de julio de 1931
gran parte de la prensa nacional y extranjera publicó una
noticia que despertó gran interés: «Arturo
Toscanini, tras dirigir en Bayreuth Parsifal, recibió,
de la señora Eva Chamberlain, el regalo de una partitura
autógrafa de Richard Wagner. Dicho documento había
permanecido durante años oculto dentro de la partitura
original de Parsifal y era la última ofrenda
musical que Cósima recibió del maestro».
En aquel momento no se dio
ninguna explicación sobre el misterioso manuscrito aparecido
súbitamente a la luz desde su callada y oscura existencia. Lo
único que se dijo fue que esta cuartilla contenía una
inspirada e inédita melodía creada bajo unas curiosas
circunstancias.
La, hasta el momento, desconocida melodía está escrita en la mayor, su compás es el de 4/4, consta de 13 compases y según información procedente de Wahnfried lleva el título de Porazzi-Tema. Este insólito título se debe a la circunstancia de que Wagner compuso el tema durante su estancia en Palermo, hospedado en la Villa del príncipe Gangi, situada en la Piazza dei Porazzi. Según el Diario de Cósima, el 2 de marzo de 1882, pudo escuchar a su marido que improvisaba al piano en el piso inferior de la villa; al entrar en la habitación donde él se encontraba, vio que el maestro anotaba la melodía a la que al fin, según ella, había encontrado la línea deseada. El 13 de marzo repite de nuevo que el maestro había dado la inflexión deseada a la Melodía Porazzi y el 27 de marzo dice que Wagner, antes de acostarse, había improvisado nuevamente al piano unas melodías que le fluían de los más íntimos secretos del alma. El 18 de abril dice que ha encontrado sobre su mesa la pieza que el maestro había compuesto para ella, sin duda la misma que hoy está en poder de Toscanini.
Las confidencias de la señora Cosima Wagner no dejan entrever nada especial en la melodía Porazzi. Pero cuando escuchamos con atención los 6 primeros compases, los que estamos algo versados en la materia, tenemos la absoluta certeza que estos compases -y también el décimo y el décimoprimero- proceden directamente del reino espiritual de "Tristán". Pero recuerden: el 6 de agosto de 1859, Tristán ya estaba terminado, y según demuestra la copia dedicada a Cosima, el Porazzi-Tema fue esbozado a principios de la primavera de 1882; esto nos plantea unas incompatibilidades que en principio son difíciles de compaginar.
Pero por una feliz
circunstancia nos ha sido posible descubrir que en el archivo de
Wahnfried existía otra partitura que nos ha perniltido poner
en claro, de manera sorprendente, estas contradicciones.
Esta partitura muestra por
un lado el rápido apunte, escrito en lápiz, de un
fragmento del segundo acto de Tristán: «Al
que tú embrujas, al que tú sonríes, ¿puede
dejar de sentirse feliz?». En el otro lado se encuentran 8
compases, escritos con tinta de un intenso color tostado; los siete
primeros compases corresponden exactamente a los siete primeros del
Porazzi-Tema. A continuación del octavo compás
encontramos un etc. -o sea que no existe un auténtico final-
subrayado con tinta lila y con la misma tinta siguen cinco compases
más, que de nuevo corresponden nota a nota a los comprendidos
entre el octavo y el décimosegundo del Porazzi-Tema.
Quien haya visto la partitura original de Parsifal,
terminada el 13 de enero de 1882, sabe que también esta obra
está escrita en tinta lila, e inmediatamente descubre lo que
ésto representa: mientras Wagner compone el segundo acto de
Tristán -el esbozo de este acto se empezó
el 4 de mayo de 1858 y su orquestación se terminó el 9
de marzo de 1859- concibe un tema musical que no cree adecuado para
la obra, pero que le parece lo suficientemente importante como para
no desecharlo. Así guardó la hoja entre sus papeles y
allí quedó durante años; en la primavera de
1882, justo al poner el punto final a Parsifal, la
encontró de nuevo. Tras 24 años redescubre el viejo
tema, se sienta al piano y lo completa, este es el momento en que
Cósima escribe que el maestro había encontrado la
inflexión deseada.
Así nos encontramos ante el curioso hecho de que en la melodía Porazzi se encuentran juntos dos momentos creadores muy alejados entre sí: el mundo de Tristán y el de Parsifal reunidos en unos pocos compases.
Para terminar un pequeño comentario. C. Fr. Glasenapp nos cuenta lo que sucedió el día anterior (12 de febrero de 1883) a la muerte de Wagner. «Poco antes el maestro se había sentado al piano y había interpretado una preciosa melodía (escrita en una cuartilla) que hacía poco había encontrado entre sus papeles y que quería se adjuntase a la partitura para piano de Parsifal que estaba dedicada a Cósima...».
No creemos equivocamos si relacionamos las palabras de Glasenapp con la copia del Porazzi-Tema, cosa que nos parece sumamente interesante ya que éste sería quizás el último tema musical que conmovió el espíritu de Wagner antes de su muerte.
***
Publicado por primera vez con la especial autorización de la señora Winifred Wagner, en la «Guía de los Festivales de Bayreuth» del año 1934.
(Traducción de
Rosa María Safont)