No hace mucho una editorial
nos encargó a mi esposa y a mí, la redacción de unos
fascículos dedicados a diversas óperas. Entre ellas había
Wozeck y una de Offenbach cuyo nombre no recuerdo. Se trataba de un trabajo
profesional y, consecuentemente, retribuido, pero consideramos que no sería
correcto que nosotros nos ocupásemos de las aludidas obras de Berg
y Offenbach toda vez que no eran de nuestro agrado, y renunciamos a escribir
los textos considerando que era mucho más lógico que se ocupara
de estas obras alguna persona que las apreciara debidamente e incluso que
fuera entusiasta de las mismas pues, es de suponer que aquella persona
que adquiere un video de una determinada ópera, muestra un interés
por dicha ópera en cuestión y resultaría grotesco
que al leer el fascículo correspondiente, el autor del mismo le
dijera que la obra que acaba de comprar es malísima y que se ha
equivocado totalmente al adquirirla.
Estas consideraciones todos
nuestros lectores las compartirán e incluso algunos se preguntarán
a que viene tal reflexión. La respuesta es sencilla. Lo que no pasa
nunca con otros compositores, ocurre con cierta frecuencia en lo referente
a Wagner. Ya hace años cuando fue editado en España la ópera
“Palestrina” de Pfitzner, ya nos sorprendió que el álbum
que acompañaba a la grabación, se dedicara a criticar al
compositor. Ahora en el programa de la Orquesta Municipal (1) de Barcelona
se ha llegado a lo grotesco. Veamos lo que dice N.C. (2) en el programa
de un concierto wagneriano los días 15, 16 y 17 de mayo (entre otras
cosas, claro):
«... parece que aquella
música, lo que cantan, lo que dicen los personajes ha de ser de
una sublimidad excelsa, de una profundidad nunca vista. Por suerte sabemos
que es preferible que no vayamos a mirar el libreto porque quedaríamos
decepcionados... su valor poético es nulo; un tópico “literario”
detrás de otro, todo ello obstaculizado por unas historias increíbles.
Historias, primero; después, leyendas; más tarde, mitos;
y finalmente, esa empanada pseudosacramental que es Parsifal».
Si el autor pretendía
ser original no lo ha conseguido y si además quiere ser moderno,
menos todavía. Lo que él dice, es lo que repiten como loros,
todos los intelectuales de tres al cuarto, desde tiempos de Wagner. Algunos
autores se han dedicado a recopilar melonadas como éstas pronunciadas
por “eminentes” críticos que evidentemente ahora nadie conoce. El
libro de Wilhelm Tappert, “Richard Wagner im Spiegel der Kritik” (Richard
Wagner en el espejo de la crítica), editado en 1915, nos presenta
106 páginas de “genialidades” como las de N.C.
Pero resulta que si por un
lado los críticos desconocidos y que quieren ser “progres” están
de acuerdo en su postura sobre Wagner, hay que constatar que los grandes
y eminentes artistas, inmortalizados por la historia, también coinciden
en sus puntos de vista:
«De igual modo los poemas
de Wagner, aunque revelan un gusto sincero y una perfecta inteligencia
de la belleza clásica, participan también, en fuerte dosis,
del espíritu romántico. Si hacen soñar en la majestad
de Sófocles y Esquilo, constriñen al mismo tiempo al espíritu
a acordarse de los Misterios de la época más plásticamente
católica... y no es sorprendente que los hombres de letras, en particular,
se hayan mostrado simpáticos para con un músico que se gloria
de ser poeta y dramaturgo».
Charles Baudelaire.
«Todos conocen sus óperas
por el gran renombre que han conquistado, pero lo que muchos ignoran es
que Wagner, al mismo tiempo que un músico sublime, fue un gran escritor.
«Hombre de inmensa cultura,
conocedor profundo de la historia y muy dado a los estudios filosóficos
como buen alemán, Wagner tenía condiciones sobradas para
conseguir el renombre literario si le hubiera faltado el portentoso genio
musical que le colocó al lado de Beethoven e hizo de él una
de las primeras figuras del siglo XIX.
«Wagner fue un poeta
que puso en música las concepciones de su imaginación.
«Esta cualidad de poeta
unida a la de músico fue la que le colocó por encima de todos
los compositores que venían cultivando la música dramática.
«Los dramas líricos
de Wagner, leídos y sin el encanto divino que la música presta
a los versos, resultan verdaderas obras literarias dignas de un gran poeta».
V. Blasco Ibáñez.
«Para juzgar la parte
musical de la reforma de Wagner, reconocemos desde luego nuestra absoluta
incompetencia: la parte literaria nos agrada, y su principio general nos
parece inatacable... convertir el libreto en verdadera obra literaria,
darle la misma o mayor importancia que al texto musical, levantarle de
la mísera postración en que había caído, escoger
argumentos que por su enlace con las tradiciones y mitos nacionales, por
su carácter legendario y fantástico, se muevan en las regiones
de un idealismo vaporoso, verdadera atmósfera del drama musical,
sin perder por eso el sello de realidad y de vida que exige toda composición
escénica, es lo que Wagner ha defendido, y lo que él mismo,
verdadero e inspiradísimo poeta, quizás poeta antes que músico,
ha ejecutado con la mayor brillantez».
M. Menéndez y Pelayo.
(3)
Como puede verse, todo se reduce
a cuestión de gustos. Gustos malos que sustentan los ignorados e
ignorantes críticos que quieran parecer originales, y gustos buenos
compartidos por grandes y eminentes literatos.
Ya se sabe que sobre gustos
no hay nada escrito.
NOTAS:
(1) Su nombre actual es Orquesta Sinfónica de Barcelona i Nacional de Catalunya, pero como su nombre va cambiando -y alargándose- con los años, dando la impresión de que es de reciente creación, prefiero seguir utilizando el primer nombre para contribuir a dar la solera que tienen todas las orquestas europeas que mantienen sus denominaciones a través de los años y adquieren así un prestigio internacional.
(2) Ponemos únicamente las iniciales para no contribuir a la inmortalidad del autor, sin embargo no se preocupen nuestros lectores pues en caso de poner el nombre completo tampoco ganarían nada pues es un perfecto desconocido.
(3) Este hombre estudioso y
erudito, que fue siempre un gran admirador de la cultura catalana, ha vistó
cambiado el nombre de la calle que llevaba su nombre por el “Torrent de
l’ Olla”. Así es la vida.