La calidad de una
obra dramática se basa en toda una serie de detalles que llevan
a desarrollar completamente los sentimientos e ideas que deseaba el autor.
Si una obra es mal representada se pierde tanto como si la obra esta mal
concebida. No hay partes sino una Totalidad para poder juzgar la obra.
Por ello en un drama
es preciso que todos sus elementos tengan 'altura', sean capaces de dar
la talla necesaria, sin altibajos. Y uno de los temas importantes es que
los personajes no protagonistas estén bien dibujados, tengan motivaciones
y razones convincentes e inteligentes dentro de la concepción global.
La obra artística
busca expresar y transmitir sentimientos, y para ello o bien actúa
directamente sobre la capacidad sensible del hombre (como hace la música
pura) o debe actuar indirectamente, a través de la lógica
y el argumento. Incluso la música pura precisa de lo que entendemos
por 'lógica' en el momento en que pretende expresar sentimientos
ligados a algún tipo de descripción o situación. Si
Beethoven al componer su "Pastoral" o Strauss su "Sinfonía de los
Alpes" no hubieran tenido en cuenta la lógica, podríamos
tener unas descripción de una tormenta 'ilógica', o sea en
la cual no se siguiera el orden lógico de los acontecimientos naturales:
calma, preparación de la tormenta, lluvia, punto álgido de
la tormenta, descarga y sensación de final. Si la composición
se hace sin un orden lógico la música existiría igualmente
pero no tendría el mismo efecto grandioso en los oyentes que quedarían
desconcertados si pretendiesen 'sentir los acontecimientos'. Debería
sólo 'oir armonía' sin poder sentir algo más profundo.
Así pues la lógica
de cada personaje, de cada elemento de la obra artística es fundamental
si se pretende profundizar y alcanzar un Arte Total, que afecte a todas
las capacidades humanas.
Wagner se planteó
desde el inicio representar Tragedias, y a su través sentimientos
humanos. Música al servicio de una Tragedia humana. Por tanto su
intención era fundamentar profundamente el Drama y para ello era
preciso que los personajes expresaran sus motivos y sus sentimientos de
forma profunda y concisa. Mientras en 'El Cazador Furtivo' de Weber, o
'El Vampiro' de Marschner, aún hay una clara intención 'descriptiva'
en parte de la música, que busca describir la sensación del
ambiente, en Wagner esto es mucho menos frecuente, y la música trata
de describir más al personaje y sus sentimientos que el ambiente
externo. Así que la calidad de los personajes es vital en la obra
wagneriana.
En la mayoría de
los dramas wagnerianos nos fijamos mucho en las motivaciones de los protagonistas,
pero mucho menos en que papel tienen aquellos personajes que de alguna
forma se 'enfrentan' a los sentimientos y posturas de los protagonistas,
de alguna forma son 'los sin razón'. Y sin embargo este tipo de
personajes y sus relaciones con la obra son absolutamente fundamentales.
No hay valor en un personaje si su oponente no es así mismo de valor.
Nada decepciona más que una obra de 'buenos y malos' que lleven
a observar un combate espiritual en el que 'los malos' sean unos necios
sin calidad humana alguna. Por eso Wagner usa poco de 'malos', y cuando
los usa es normalmente en un plano 'mítico', como elementos representativos
de un 'mal demoníaco o total', no como personajes en sí mismos.
Klingsor, Ortrud y Alberic,
no son tanto personajes humanos como expresión del Enemigo del Mundo,
de las fuerzas del Mal, y como tal no tienen un tratamiento en base a sentimientos
humanos complejos, sino puramente malignos. Podemos ver que realmente las
dos obras donde el enfrentamiento es 'místico' más que humano,
son la Tetralogía y Parsifal. En ambas se representa un drama de
proporciones sobrehumanas. Fuera de estas dos obras sólo podemos
encontrar a Ortrud y Venus como personajes 'no humanos' en su tratamiento.
Pero fuera de estos casos,
en la mayoría de las obras hay una serie de personajes no principales
que sin ser 'negativos', si podriamos llamarlos 'en oposición' al
elemento activo de la obra.
Una de las cualidades
del drama wagneriano es la calidad de estos personajes, su dibujo claro
e inteligente, sus sentimientos dignos aunque opuestos al protagonismo
de la obra.
Vamos pues a analizar
precisamente unos cuantos de estos personajes que aparecen 'sin razón',
pero que en realidad tienen mucho que decir y sentir.
ERIK DEL HOLANDÉS ERRANTE
Sin duda Erik no es uno
de los personajes mejor dibujados, dado que se trata de una de las primeras
obras wagnerianas. La relación de Senta y Erik es ambigüa,
le falta definición exacta. Parece dibujado sólo para justificar
la apariencia de traición de Senta al Holandés, más
que para profundizar en el carácter real de Erik: un personaje sincero,
amoroso, sencillo, que se encuentra enfrentado a acontecimientos superiores
a su intelecto, que no logra 'entender' la tormenta que asola a Senta.
Es evidente que Senta
ya estaba entregada al Holandés antes de conocerlo, ya declara en
la Escena I del II Acto, frente al retrato del Holandés, antes de
presentárselo su padre: "Sea yo quien te libere con mi fidelidad.
Por mi alcanzarás tu redención".
Pero esa entrega sensible
no es aún algo 'real', es sólo un presentimiento, una sensibilidad
que no se concretará como realidad hasta que conozca al Holandés
como persona. Por ello poco después de estas palabras, y antes de
chocar con la realidad de los hasta ahora sus sueños, prometerá
aun a Erik su amor: "¡Como! ¿Dudas de mi amor?. Dime, ¿Qué
causa tus dolores? ¿Quién infundió en tu alma tales
sospechas?"... para sólo muy poco después volver a comprometerse
en la labor redentora... estas dudas y vacilaciones son como el vaiven
entre el sueño y la realidad. Senta sueña con redimir a un
sueño, y su ser de balancea entre ese sueño y la realidad,
hasta que ésta última se concreta, y desde ese momento ya
no hay dudas en Senta.
El dolor, la honradez
y la sencillez de Erik creo que no están desarrollados en todas
sus posibilidades pero siempre que leo y escucho El Holandés me
queda una sensación de pena, de tristeza por Erik. Se queda sólo,
amando, golpeado por la mala suerte de un Destino incomprensible para él,
pero que lleva irremediablemente a Senta hacia su final redentor.
Erik no es un egoista,
no piensa en su felicidad sino en la de Senta, no siente celos sino miedo
por la suerte de Senta. Y como hombre sencillo valora la seguridad y futuro
de Senta, no su destino trágico en la Redención, cosa que
le supera totalmente.
FEDERICO DE TELRAMUND EN LOHENGRIN
Lohengrin ya es una obra
madura de Wagner, sus personajes están profundamente descritos y
sus sentimientos expresados sin dudas ni desdibujamientos. Federico de
Telramund siempre me ha sido profundamente cercano.
Creo un gran acierto
del drama Wagneriano no haber dejado en Ortrud la labor de enfrentarse
a Lohengrin. No, el contrincante de Lohengrin, el que debe dudar y presentar
lucha contra la Fe, debía ser un hombre sincero, valeroso y que
cree en su tarea. La Fe se enfrenta a la Razón, no a la traición
demoniaca de Ortrud. Elsa no es un juguete en manos de la magia de Ortrud,
cosa que debilitaría el drama, sino que debe decidir entre la Fe
y la Razón, algo que es mucho más difícil de asumir.
Federico de Telramund
acusa a Elsa convencido de su razón, dado que su esposa le ha dado
su palabra de testigo. Jamás puede dudar de su esposa, como es de
honor en un caballero. Por otra parte Elsa se comporta como una 'loca'
en el interrogatorio del Rey Enrique. Si leeis las palabras de Elsa ante
las preguntas del Tribunal se pueden comparar a las respuestas de Cristo
ante Pilatos, son incomprensibles para la Razón.
Tras este interrogatorio
Federico no puede dudar de la culpabilidad de Elsa.
Cuando se presenta Lohengrin
en medio de actos extraordinarios, mágicos para los presentes, los
caballeros le indican a Federico: "Si algún encanto le protege ¿de
que te sirve ser valiente?", pero él no acepta retirar la acusación
de la que sigue convencido: "Vale más morir que ser cobarde, sea
cual sea tu raza, llevaré a cabo mi tarea. Nunca mis labios mintieron!".
Pero sin duda donde Federico
se enfrenta al gran dilema es en el Acto II, en su conversación
con Ortrud.
Tras la derrota en el
Juicio de Dios frente a Lohengrin, Federico está convencido de que
Ortrud le engañó, puesto que Dios ha dado la victoria a Lohengrin.
Su fe en Dios no le permiten otra conclusión. Se comporta una vez
más como un caballero y acepta el Juicio de Dios: "Tu Ortrud me
indujistes a acusar la inocencia. Dios castiga mi falta".
Ortrud comprende enseguida
que Federico jamás actuará contra su Honor de Caballero,
y por tanto sólo puede lograr que siga luchando si le convence de
que lo hace por su Honor. Por ello el único argumento es hacerle
ver que Lohengrin forma parte del mundo de lo mágico, del engaño
y lo demoníaco, de forma que Federico deje de considerar el Juicio
de Dios como algo válido.
En realidad esto es fácil,
Lohengrin ha dejado una tremenda duda abierta sobre su origen y ha dado
muestras de un acontecer mágico (su llegada sobre el Cisne). Por
ello las palabras de Ortrud son perfectamente 'lógicas' para Federico.
Por ello resume "Creí sufrir el fallo divino. Pero he combatido
sin poder defenderme, sobre mi valor pesaba un hechizo". Según la
razón de la época la conclusión es absolutamente lógica,
Federico desde ese momento no considera ya a Lohengrin como un caballero
sino un hechicero astuto, y por tanto se comportará contra él
en adelante sin exigirse las reglas de la caballería sino como se
combate a la magia.
Federico comprende que
sólo hay dos formas de vencer la magia de Lohengrin: Hacer que Elsa
le pregunte sobre su origen, pero deja esta labor a Ortrud. Y lograr herir
siquiera un rasguño a Lohengrin. Ortrud y las creencias de la época
sobre encantamientos eran que : "Cuando uno se defiende por medio de un
amuleto, basta la más leve herida para aniquilar su fuerza. Esta
es la Ley. Si le hubieras hecho un rasguño en la lucha hubiera quedado
en tu poder". Estas palabras, coherentes con las creencias del momento,
las asume Federico como su labor en la lucha: Debe herir a Lohengrin aunque
sea un rasguño.
Federico aun trata una
vez más como caballero a Lohengrin, al reclamar que diga su nombre
en público, pero ante la negativa de éste, que sólo
responderá ante Elsa, se decide a actuar contra el hechizo por su
cuenta.
Muchos pueden ver un acto
de traición en el ataque de Federico y sus hombres a Lohengrin en
su alcoba, en la Escena III del III Acto. Nada más lejos de la realidad.
Federico ha asumido el deber de hacer una herida a Lohengrin para vencer
su amuleto. Pero sabe que no lo logrará en combate abierto pues
Lohengrin está protegido por la magia. Por tanto sólo puede
hacerle una herida por sorpresa. En esas condiciones no le repugna a su
sentido del Honor usar el ataque en superioridad numérica y sin
aviso, no se trata de una pelea noble sino de eliminar un amuleto diabólico.
En realidad Federico
de Telramund es culpable sólo de una cosa: de no tener Fe, de no
creer en la evidencia del carácter divino y bondadoso de Lohengrin
pese a su aspecto 'mágico'. Sin esa Fe la Razón impone su
conducta y actúa siempre como caballero y hombre de bien.
Federico, como Fricka
ante Wottan, representan la Ley Tradicional, conservadora, incapaz de entender
lo nuevo, lo extraordinario, la necesidad del genio. Federico actúa
como un noble enfrentado a hechos extraordinarios que no puede aceptar,
le falta la Fe y la capacidad de captar lo sublime en su valor, y por ello
lo juzga bajo la mentalidad 'tradicional', lo que le lleva a considerar
mágico y demoníaco lo que es sublime en exceso. Como Fricka
que no puede aceptar al Amor por encima de la Ley que sustenta su propia
divinidad.
El enfrentamiento es
siempre de lo Nuevo, lo Sublime y extraordinario, sobre lo Convencional.
MELOT DE TRISTÁN E ISOLDA
No es Melote, el amigo
íntimo de Tristan que 'le traiciona', un personaje simpático,
y sin embargo no es tan fácil en catalogarlo simplemente como malvado.
Su papel es esencial para entender la relación del drama con Marke.
En 'Tristán e
Isolda' hay dos grandes dramas en juego: el Amor Imposible entre Tristán
e Isolda, y el sentimiento de traición y pena de Tristán
y Marke. Ambos dramas son fundamentales. Melote actúa en el segundo
tema de forma necesaria.
Desde luego Melote debe
considerarse un villano si Tristán tiene razón cuando ,al
verse descubierto, acusa a Melote de haber actuado en base a celos, de
haberle movido el despecho por no poder ser el amado de Isolda. Pero esa
acusación no debería ser cierta. Nada en la obra refleja
esta idea, Melote no interviene en nada junto a Isolda ni en nada se asume
que actúe por ese motivo.
Para entender mejor el
drama del Rey Marke era necesario un Melote, que una vez más actua,
a mi forma de ver, como representante de la Ley Tradicional frente al amor
filial y la comprensión de Marke ante el Tristán que le traiciona
por amor.
La fidelidad al Rey o
a su Amigo sería la duda en Melote. Pero Melote no tiene el corazón
de Marke sino el de Fricka, duro y riguroso. Melote dice a Marke: "He salvado
del oprobio tu nombre y Honor". Melote de alguna forma obliga a Marke a
actuar como Rey antes de como hombre compasivo. Sin Melote, Marke podría
enternecerse, como Wottan sin Fricka apoyaba a los Welsas. Pero la Ley
está ahí, fría, incompasiva, ignorante del Amor.
Marke no agradece a Melote
su descubrimiento, como Wottan no agradece a Fricka que le recuerde su
Deber. Pero ¿Qué sería de la Ley si no hubiera quien
la recordara?.
No es Melote un personaje
agradable, incluso tiene un cierto aire de miseria conspirativa, pero es
necesario entender que siempre ante la ruptura de la Ley por el Amor, hay
el personaje frío que representa lo establecido. No son los celos
sino su Ley la que fuerzan a Melote.
LOS MAESTROS Y LA LEY EN EL ARTE
Si Sachs y Eva son los
protagonistas de la dulce, pero dolorosa, renuncia al amor del primero,
hay otro tema que resalta en Los Maestros Cantores de Nuremberg: la lucha
entre el Arte nuevo y las Normas artísticas de la Tradición.
No es Beckmesser el que
representa estas Normas, por más que lo parezca en una visión
superficial. Beckmesser aparece como el 'juez' de Walter en su prueba para
entrar como Maestro, pero no es Beckmesser el personaje que representa
a los Maestros ni el que realmente "juzga" a Walter. Beckmesser es ridículo,
es incluso jocoso para los propios Maestros, representa en todo caso la
exageración última de la Norma. No, el combate real se presenta
entre Sachs y los demás Maestros (excluido Beckmesser).
Creo que el centro de
todo este debate vital, quizás el más 'ideológico'
de los descritos en todos los Dramas wagnerianos, es lo que dice el Maestro
Kothner (Acto I): "El Arte está amenazado de ignominia y decadencia
si busca el aplauso del pueblo!".
Esta frase refleja perfectamente
el problema fundamental al que se enfrenta Walter y su protector Sachs.
El canto de Walter va dirigido al Pueblo, pero la Norma desconfía
del Pueblo. Y la respuesta de Kothner no es en absoluto inocente ni nímia.
Si el Arte sólo
busca el aplauso popular, es fácil imaginar su decadencia. Es la
nivelación por lo bajo en vez de elevar al Pueblo. El camino del
aplauso conduce del Arte al Circo. Pero ,y eso es lo que no entienden los
Maestros, el camino del Arte sin
el Pueblo conduce del Arte
al Basurero (cosa que podemos bien comprobar en estos tiempos actuales).
Sachs tiene la llave
del rompecabezas, y debe imponerla tanto a los Maestros como a Walter:
Respeto a la Tradición pero haciendo llegar el arte al Pueblo.
Los Maestros son de espíritu
noble, aman el Arte y no son de corazón impasible. Sólo Beckmesser
sigue su papel ridículo, fuera en realidad de los Maestros. El mismo
Kothner será quien aplauda al final a Walter "Que sublime!, algo
raro en verdad, pero bien pensado y bien cantado".
Desgraciadamente siempre
hay algún necio que trata de desfigurar el Drama wagneriano con
sus interpretaciones absurdas. Y en los Maestros han sido varios los escenógrafos
que no han podido evitar la tentación de convertir a los Maestros
en 'Capitalistas' que oprimen al Pueblo, y a Walter en el 'Proletariado'.
Nada se entiende en ese caso de toda la obra, y menos la escena final,
cuando Pueblo, Maestros y Walter se unen en un canto ferviente de Unidad
y de Respeto al 'Eterno Arte Alemán'.
Nada más lejos
de Wagner que plantear la relación de Tradición y Evolución
como un enfrentamiento de 'clases' similar a tal como entiende el marxismo
la 'evolución'. Wagner propone la Unidad de ambos conceptos en una
Tradición creativa, nunca la ruptura y menos el odio.
--------------------
De todos los personajes
que de alguna forma encarnan los sentimientos de lo establecido, del comportamiento
'oficial', sin duda Fricka es el más claro, es el prototipo de ello.
No vamos a tratar aquí
el caso de Fricka pues sería demasiado largo para este texto, merece
un análisis por sí mismo. Fricka es un personaje vital, y
el II Acto de la Walkyria es en sí mismo todo un mundo del que nunca
se dejarán de sacar comentarios. Tratar de Fricka nos llevaría
muy lejos.
Pero realmente toda el
sentimiento sobre el Amor y la Ley, todo el espíritu de que hacer
con lo establecido, con loque es necesario para 'lo general' pero que puede
ser dramático en 'lo excepcional', toda la concepción wagneriana
de la Moral establecida, está en el diálogo de Fricka y Wotan.
Hemos visto diversos
personajes a los que les mueve esa voluntad de escudarse en las Normas,
y en Fricka esto llega a su expresión máxima.
La riqueza del drama wagneriano
está pues tanto en los temas y sentimientos que expone como en las
razones de aquellos que de alguna forma se 'oponen' a la acción
principal del drama. Wagner enriquece cada detalle, cada personaje, nada
es fortuito. Y por ello elige para cada héroe un oponente a su altura,
un contrincante espiritual que esté en condiciones de plantear los
problemas en su profundidad.
Si tuviera que sacar
de todo lo dicho una sola conclusión, me gustaría que fuese
la de considerar siempre a Wagner como un autor Dramático, en el
que la música es una faceta más. De nada sirve 'interpretar'
bien la música de Wagner si no se deja captar el Drama.