Personajes: Anne Sofie von Otter = Perfección Sueca
Por Sebastián Spreng (desde Londres)

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En un mundo “contaminado” en la más amplia acepción del término, la desaforada irrupción de los medios también invade los últimos reductos que parecían a salvo. No hay que esforzarse para comprobar que en el campo de la lírica, hoy una cara vende más que una voz, que alguien decide cuantos tenores deben reinar mientras los sellos grabadores imponen a sus artistas ocupar el lugar de los astros del cine o del rock. En medio de esta pesadilla, Anne Sofie von Otter parece haberse librado de las presiones que acosan a los mas requeridos cantantes del momento adoptando una actitud que mucho recuerda a la última estrofa del Ich bin der Welt abhanden gekommen (Me he apartado del mundo) de Mahler: Vivo solo en mi paraiso, para mi amor, para mi cancion…Reservada por naturaleza, incluso en su Suecia natal quiere y sabe cómo pasar desapercibida. Hace ocho años que no actúa en la Opera de Estocolmo gozando de un anonimato que ve como su más valiosa adquisición. Celosa de su privacidad divide su vida entre la música y su familia compuesta por su marido-actor y director teatral-y sus dos hijos. Debido a eso -y al escaso tiempo que dispone- es un privilegio lograr entrevistarla, el que se acrecienta cuando el encuentro supera las expectativas más optimistas convertiéndose entonces en el mayor de los placeres reservados a un cronista. 
   

No es ningún secreto que Anne-Sofie von Otter es entre las mezzos líricas la número unode hoy, que en un traspaso nobiliario heredóel Octavian y Cherubino de otra cantante aristocrática: Frederica von Stade; que es la favorita de los directores mas exigentes -James Levine, Bernard Haitink, Colin Davis, Georg Solti, Claudio Abbado, John Eliot Gardiner o Carlos Kleiber- y que en corto tiempo llevó a cabo una extensa discografía que abarca de Monteverdi y Bach hasta Bartok y Kurt Weill pasando por Mozart, Handel, Purcell, Berlioz, Verdi, Brahms, Mahler, Korngold, Wolf, Richard Strauss y sus compatriotas. 
   

Llegada de Estocolmo esa mañana, finalizaba un ensayo que le había tomado el día entero para abrir la noche siguiente la temporada londinense en el prestigioso Wigmore Hall. La cita es en el foyer del teatro. La mezzo abandona la sala acompañada por Bengt Forsberg, el pianista con quien integra una de las más notables asociaciones artisticas de la música actual. Es alta, espigada, de una elasticidad y elegancia alejada del común denominador. Desde el cálido saludo inicial su aspecto andrógino se torna inmediatamente en una femineidad envolvente aunque distante, lo que cautiva aún más. Está agotada, pero se relajará en el sillón y responderá paciente a las preguntas, sonreirá halagada y algo incrédula al enterarse de que todas las cantantes entrevistadas por este corresponsal en estos últimos años coincidieron en considerarla simple y llanamente la mejor cantante del mundo. Una afirmación que un tiempo atrás nadie se hubiese atrevido a imaginar: Me impresionó tanto cuando vino a probarse -dice su representante inglesa- manejando su bicicleta con grandes anteojos negros. Parecia una comedia de errores, el pianista nunca llegó y se sucedían los percances. Anne-Sofie habia sido convencida por sus maestros de coro de que no tenia talento, de que su voz era impersonal. Asombra el rápido y exitoso camino recorrido en estos quince años pero lo mejor, es que sigue siendo la misma, sencilla y determinada. Con simpleza y seguridad, lejos de las poses de otras divas (losteenagers dirían queestotalmentecool ) así habló para Clásica:
   

Está dejando a un lado la ópera, tiene una mayor predilección por el recital?

No, no. Amo la ópera tanto como el recital. Sin embargo, debo confiarle que en el comienzo la detestaba, prefería el oratorio y los grandes ensembles corales. Pero luego aprendí a amarla, me entusiasma el trabajo, cambiar de estilos, su dinámica y sus personajes. El problema -y volviendo a su pregunta- es que en estos tiempos hacer ópera supone estar saltando de teatro en teatro, sin los suficientes ensayos y con una agenda muy apretada. Hacer ópera bien, toma mucho tiempo, es un asunto delicado y si eso no es posible lo rechazo. Cada cosa tiene su tiempo y si hay que apurarse con el riesgo de sacrificar la calidad prefiero decir no. En mi caso hay otro obstaculo aun mayor: mi familia. Ese fue el motivo por el que dije no cuando fui apalabrada por el Colón, un teatro en el que definitivamente me interesa cantar. Pero, está tan lejos y en este momento mi prioridad es cuidar a mis dos hijos todavía muy pequeños. Por eso, cuando canto ópera trato que sea lo más cerca de casa. De vez en cuando voy hasta New York e incluso viaje a Tokyo con la Opera de Viena para el Rosenkavaliercon Carlos Kleiber . Quizá me anime a viajar hasta Argentina para un recital, veremos que sucede

En que condiciones prefiere trabajar?

Necesito un entorno bien conocido, familiar, que me permita relajarme, que me lleve hacia adentro. Y si eso me sucede hasta con salas y ciudades imagínese cuando se trata de colegas. Me gusta establecer asociaciones estables con las que puedo trabajar tranquila, donde siento que me conocen y compartirmos los mismos puntos de vista.

De allí la colaboración con Bengt (Forsberg) y John Eliot (Gardiner). John Eliot sabe exactamente lo que quiere, y como sabe rescatar con su mirada seria y refrescante la esencia romántica en obras como el Requiem de Verdi!. O el equipo fantástico que integramos con las otras dos damas de Rosenkavalier , Felicity Lott y Barbara Bonney; una obra que literalmente le pertenece a Kleiber

Teniendo el fisico y porte ideales para roles masculinos, no está cansada de ellos? Hay algún papel al que no desea volver?

No me cansa vivir en pantalones arriba del escenario, sin embargo, no tengo mas ganas de cantar Cherubino, es un papel superado. Tampoco tengo mucho interés en volver a Dorabella. En lo posible canto sólo lo que me gusta, lo que mueve. No puedo obligarme, forzarme a algo que no siento. A veces desecho obras y personajes que han cumplido su ciclo o que directamente me aburren. Lo mismo me sucede con ciertos Lieder, de pronto quedan atrás y ya no me atrae retornar a ellos. 

Que compositores y personajes piensa incorporar a su repertorio?

Amo Berlioz, le sienta perfectamente a mi voz y temperamento. La Didon deLes Troyens es un projecto largamente acariciado, es un papel para el que me estoy preparando y para el que algún dia estaré lista, en cambio Casandra no me interesa en absoluto. El repertorio francés me atrae muchísimo. En unas semanas haré en concierto la Charlotte de Werther, pero creo que sólo por una vez. Quizás algún día le llegue el turno a Carmen , pero desde ya sería una Carmen atípica, alejada de todo convencionalismo, experimental. El Ariodante de Händel es otro rol muy ansiado. Amo la Judith de Bartok, me va perfecta!

Piensa mantenerse dentro de los límites estrictos del repertorio de mezzo lírica o intentará en algún momento transgredirlo?

Por ejemplo, Donna Elvira me gusta, pero después de un rato la alta tessitura conspira contra mi tranquilidad de mezzo, me ensucia la voz y eso no me gusta. Algo semejante aunque opuesto sucede con Dalilah, muy baja. Soy una mezzo lírica y punto, ni más ni menos.(sonrie)….Hubiese querido ser como Christa Ludwig!. Es mi ídolo, esperé y esperé que mi voz se oscureciera, que se volviera mas sólida para moverme hacia otros repertorios pero nada! . Pasan los años y sigue igual: clara. No tengo la menor intención en transgredir mis límites vocales, estoy contenta con mis medios naturales. Claro que hubiera querido cantar Waltraute o Kundry, pero ya veo que no será posible. Quiza las Wesendonk Lieder pero por ahora solo hasta allí podría llegar.

Su elección del repertorio de cámara se aleja de lugares comunes aunque recientemente grabó Frauenliebe und leben. Es una versión reveladora.

Es una versión frontal y sincera, simple, sin afectaciones. De una mujer enamorada y cuando una mujer se enamora no mira los costados, se entrega, va de frente con inocencia. Estoy convencida de que hay que cantarlo mientras se es joven. Detesto el ciclo por una señorona con vibrato, es ridículo.

La sorprende el éxito de sus recitales escandinavos?

Si, y me hace muy feliz porque en un principio -con Bengt- era sólo un gusto que nos queríamos dar y terminó abriendo puertas insospechadas. Me siento muy sueca y nuestro repertorio apenas se conoce, diría que me da un cierto recelo el difundirlo tanto, es como compartir un tesoro oculto. Son canciones plenas de imágenes, evocadoras de un universo especial.

Esta sorprendente combinación suya de versatilidad y privacidad parece ser una virtud de la región….

Más que una virtud es una necesidad. Debemos manejar varios idiomas desde el vamos y eso ayuda, nos hace más flexibles que otros, más versátiles. Es una condición natural, innata, que en un cantante es altamente beneficiosa. En cuanto a la reserva de la que habla… puede ser. Nos mostramos fríos y distantes. No sonrío demasiado, pero en el escenario puedo ser un torbellino. Puedo morir de amor como Dido o divertirme con Mariandel.

Su discografía crece por minutos, hay cantantes que odian grabar.

No es mi caso. Es una de las facetas de mi carrera que más me fascina. Me gusta la tranquilidad, la concentración del estudio de grabación. Me da libertad, me permite explorar todas las posibilidades de una frase, de un color, es una tarea de laboratorio. Además puedo estar en jeans y zapatillas, cerca de mi casa, lejos de lo mundano de los centros musicales.
   

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No sorprende que Anne Sofie von Otter haya sabido imponer un nombre algo difícil- en sus comienzos el público americano la confundia con la violinista alemana Anne-Sophie Mutter - ni que la noche siguiente deslumbrara a una sala repleta que la considera una de sus propiedadesmás valiosas. En la acústica perfecta del Wigmore Hall mostró su dominio en el difícil arte del Lied exhibiendo naturalidad y facilidad en la emisión, expresividad soberana y una personalidad que no avasalla sino que cautiva en virtud de su calidad. Una voz ubicada ejemplarmente, ni espectacular ni afectada, de cristalina transparencia , limpia en los ataques, con un fraseo exquisito que contribuye a una nítida sensación de perfección emergiendo como imagen final. 

Desde la bellísima miniatura del Jag mins (Recuerdo) de Hugo Alfven que abrió el programa confirmó su hegemonía en el repertorio escandinavo. Mas de Alfven -por el que tiene una devoción justificada- y un Sibelius revelador, de un oscuro dramatismo y épica intensidad finalizaron con el Opus 48 de Grieg. Son contadas -hoy en dia casi únicas- las ocasiones en las que un intérprete en vivo suena mejor (mucho mejor) que en discos y este halago es doble si se tiene en cuenta que su Grieg se llevó el premio de la Gramophone al mejor CD de 1993. La deliciosa intención detrás de cadaTandaradei! en El ruiseñor discreto, - el único testigo de un secreto encuentro amoroso- fue sólo uno de los muchos toques encantadores en los que brindó una lectura por cierto, paradigmática. 

La segunda mitad prosiguió en el mismo nivel con Lieder de Schubert -espléndida en DerWanderer an den Mond y der Jungling an der Quelle y con rotundo efecto dramático Totengrabers Heimweh - para terminar con un soberbio Richard Strauss. Deleitando con la nobleza de Ich trage meine MinneDas Rosenband y desplegando la comicidad justa en un Hat gesagt-bleit’s nicht dabeidonde por unos minutos Octavian fue la mas irónica de las Mariandel. 

Con cuarenta años recién cumplidos von Otter se encuentra en la absoluta plenitud de sus medios. Es una intérprete completa que aparta la espectacularidad como recurso fácil esgrimiendo en cambio musicalidad de altísima factura y una fogosidad interpretativa que echa por tierra cualquier reparo. Contemplando el camino recorrido en los quince años que la separan de su debut en Basilea -y aunque podemos aguardar todavía por más en su evolucion artística- bien valdría la pena recordar la apreciación de sus colegas cuando afirmaron Anne Sofie von Otter esla mejor cantante del momento. No estaban erradas.