LA ILUMINACIÓN DEL
ESCENARIO
UNA
COMUNICACIÓN AL REDACTOR DE LAS BAYREUTHER
BLÄTTER
Por
Rogelio de Egusquiza
Incluso el escenario de Bayreuth, considerado por los alemanes como el teatro ejemplar, necesita resolver el importante problema de la iluminación. La iluminación del escenario del teatro de Bayreuth es el denominador común que tiene con otros teatros. La escenografía con la iluminación, llevan la naturaleza al escenario. La iluminación tiene la misma importancia que la audición y la visión en un drama musical. La solución de estos tres aspectos logra una fiel reinterpretación de la obra y por lo tanto la satisfacción del público.
El genio, un artista en todos los sentidos, no olvidó la iluminación en su obra, ya que indicaba en diversos momentos la hora exacta del suceso, incluso la música ayuda a expresar el tipo de luz que se necesita. El gran genio se dio cuenta del efecto que producía en el espectador, el alba, el amanecer, el sol de medio día y todos los cambios de luz hasta llegar a la oscuridad. Eran detalles que infundían realismo a la escena. El espectador, hechizado por la música, sentía como si hubiese descubierto la naturaleza. El drama musical es el complemento de un cuadro, es una imagen viva donde se funde el dramatismo con la expresión musical, intentando conseguir la verdad que surge de la inteligencia y de la cultura (lo bueno surge de lo hermoso).
Cuando contemplamos
directamente la naturaleza, la hora del día influye
involuntariamente en lo que vemos: en el color, en la fuerza, en
las propiedades de la luz,
en la dirección y en el carácter especial de la luz,
que matiza los objetos grandes y pequeños. A esta parte viva
de la escenografia es necesario darle más importancia, pues
mediante ella se puede lograr una emoción en el espectador que
le sirva de enseñanza para el resto de su vida.
Después de
comprobar que la iluminación del escenario es tan importante
como la decoración y las situaciones dramáticas
acompañadas de música, llegamos a la pregunta: ¿Cómo
se puede mantener una iluminación anticuada y anticonvencional
con una actualizada dirección musical? No hay que aceptar que
la iluminación es el único punto olvidado, que debe ser
reformado parcial y totalmente. No hay que olvidar que la iluminación
servirá tanto para la parte plástica como para la parte
musical del drama. La luz, como la música, debe ser un
resultado y no deben vislumbrarse los medios.
Este problema puede ser
abordado solamente por personas que mediante su inteligencia, su
experiencia y sus conocimientos del arte, estudien cuidadosamente el
drama musical y aporten soluciones. En algunos teatros en el
extranjero hemos observado que gracias a la iluminación se
pueden lograr resultados muy positivos en momentos determinados.
Aunque se trata de un comienzo y no sea definitivo, es la prueba de
lo que se podría conseguir mediante la técnica actual.
El primer paso hacia la
reforma, es la eliminación total de las candilejas. Este tipo
de iluminación es incómodo para los artistas y el
público. Preguntémonos ¿en qué situación
real la luz proviene del suelo?. Tanto en el interior de un templo,
en un palacio o en cualquier otro edificio, en el campo o en el lugar
ideal donde el compositor nos transporta para mostramos sus dioses y
sus héroes, la luz proviene de todos lados, excepto del suelo.
¿Por qué se ilumina a la gente en el escenario de forma
contraria a lo que ocurre en la naturaleza? ¿Qué es lo
que nos permite imaginarnos lo contrario? Sólo existen dos
situaciones donde se puede pensar que la luz provenga del suelo;
cuando nos encontramos en plena oscuridad y encendemos fuego o cuando
nos encontramos en un paisaje fantástico. A excepción
de estos dos casos la luz proviene siempre de todas partes menos del
suelo. Con este sistema de iluminación los actores no tienen
una expresión humana ya que se producen reflejos, cambios de
expresión, de fisonomía y por tanto cambios de aspecto.
Cómo prueba de lo dicho, los cuadros y las esculturas en los
museos son iluminados desde arriba con el fin de ensalzar la belleza
plástica de la obra. Esta iluminación confiere al
espectador un sentimiento de tranquilidad, una máxima
concentración y una unión artística que le aísla
del mundo material y lo lleva a la esfera del arte. La iluminación
lateral se puede aceptar claro está en función de la
obra artística. Ningún escenario tendría que
tener una iluminación fija ya que no concuerda ni con la
realidad ni con las emociones.
Hay abundantes puntos que
tratar de los cuales solamente expondremos el que es más
importante. Debería diferenciarse claramente si el sol ilumina
la escena o si tenemos un cielo cubierto; actualmente la iluminación
se limita a una única convencional, que es la de la luz de
gas.
Ahora
bien, la problemática de la escenografía (en la cual la
iluminación es el punto primordial) debe esforzarse en
satisfacer la voluntad del compositor y aunque nos parezca
complicado, no es imposible. Cuando nosotros cogimos la pluma para
tratar este tema, era nuestro deseo conseguir la atención de
hombres competentes y que se preocupasen del problema de la
iluminación del escenario. Escribimos este artículo con
el convencimiento de que algún día se obtendrá
la solución para sustituir este sistema de iluminación
por otro mejor que, por supuesto, también tendrá sus
pros y sus contras. El día que se consiga la solución
razonable y artística, convirtiendo el escenario en un cuadro
viviente, en armonía con el fondo de color, entonces el teatro
de Bayreuth habrá logrado la fusión de todas las artes
y su distinguido título de teatro ejemplar, junto con el de
templo de arte.
Paris 20 de diciembre de
1884.
SOBRE ROGELIO DE EGUSQUIZA:
Rogelio de Egusquiza fue el
único español miembro de las Asociaciones Wagnerianas
europeas, aunque desde su residencia de París. El presente
artículo fue publicado en el número de junio de 1885 de
las Bayreuther Blätter. Rogelio de Egusquiza, junto al Dr.
Letamendi, fueron los únicos dos españoles que
escribieron en aquella famosa revista;
Egusquiza
únicamente colaboró con este artículo, sin
embargo, su punto de vista, propio de un pintor, es muy interesante y
especialmente teniendo en cuenta la época en que fue escrito.
Naturalmente ahora no existe el tema de las candilejas, pero su punto
de vista no ha perdido nada de actualidad. Probablemente con los
medios luminotécnicos actuales Egusquiza podría haber
encontrado un lenguaje propio para la escenografía wagneriana.
Sabemos que Wieland Wagner fundaba su escenografía en el
color, pero más bien en el simbolismo de los colores.
Schnneider Siemsen ha dicho que él pretende pintar
con la luz, pero el punto de vista de Egusquiza no ha sido llevado
todavía a la práctica en la escenografía; es
decir la reproducción de la luz de la naturaleza o, quizás
también, el tratamiento de la luz cinematográficamente
hablando.
Esperemos
que aparezca un genio de la escenografía que quiera poner su
talento al servicio de Wagner, en vez de servirse de la fama del
Maestro para su popularidad.