Wagner:Los Maestros Cantores de Nuremberg. Jose van Dam, Karita Mattila, Iris Vermillion, Ben Heppner, Rene Pape, Alan Opie, Herbert Lippert, Albert Dohmen, Roberto Sacca, Gary Martin, Richard Byrne.
Siempre marcando rumbos el equipo Solti -sello LONDON- es una de las colaboraciones más fructiferas y largas en la historia del disco. Para festejar las Bodas de Oro de tan distinguida asociación nos llega el registro de la versión de concierto en Chicago en una lujosa caja de edición numerada con un libreto de 400 páginas.
Dos décadas atrás, el director húngaro grabó una excelente versión en Viena, con la Filarmónica de esa ciudad y hoy, a los ochenta y cuatro años el aparentemente infatigable conductor vuelve a la carga, en este caso con su amada Orquesta de Chicago -entidad que llevara a un lugar de privilegio entre las orquestas del mundo. La suya es una lectura donde demuestra que por más años que cumpla las marcas de fábrica que le dieron fama siguen intactas: vigoroso, impulsivo, excitante, audaz, intenso y energético aunque en muchas instancias esos rasgos se vuelvan en su contra y hasta conspiren contra la fluidez del discurso.
Con todas sus virtudes, que son muchas, a la hora de adquirir una versión, esta se enfrenta con el mismo inconveniente que la reciente -y admirable- lectura de Sawallisch para EMI: la reciente exhumación de la traspapelada estereo de Rafael Kubelik de 1967 que ya marca un hito entre las versiones modernas.
El Hans Sachs de Jose van Dam presenta un trabajo de orfebreria en la mejor tradición del personaje. Bien pasados los cincuenta, su instrumento ha perdido brillo y riqueza pero no deja de ser un ejemplo. Mas vibrante que Weikl (para Sawallisch) sin embargo no puede competir frentre a la excepcional encarnacion brindada por Thomas Stewart para Kubelik. A Stewart literalmente -y como mal nos acostumbró a Schwarzkopf en Lieder- no se le pierde una; cada oportunidad está aprovechada al máximo, cada instancia iluminada con una naturalidad y disfrute soberanos sin restar belleza en la emisión. Además, el belga debe luchar contra Solti que por momentos no solo ahoga su voz con el torrente sonoro de la orquesta sino que parece no darle el espacio necesario para completar su retrato. En pocas palabras van Dam es un notable intérprete pero Stewart (como antes fueron Schoffler, Hotter o Frantz) esHans Sachs.
ParaWalther von Stolzing Solti acudió al canadiense Ben Heppner -hoy por hoy y con justificacion, la gran esperanza entre los wagnerianos- siendo este el segundo Meistersinger para el tenor en muy poco tiempo. En ambos registros su canto es impecable; más aún con Sawallisch donde la voz aparece más cuidada aunque con Solti exhibe mayor soltura e interés en el rol.
A su lado, la estupenda Karita Mattila no desentona pero tampoco brilla lo esperado y el inconveniente se halla básicamente en cierta opacidad de timbre y en una visión ajustada pero algo rutinaria deEva. Joven y bella, sorprende por la falta de frescura e inocencia, condiciones sobresalientes en otras intérpretes como Elisabeth Grümmer, Schwarzkopf, Gundula Janowitz y Helen Donath. Iris Vermillion es una atractiva Lena y Herbert Lippert un adecuadísimo David.
Con Sawallisch, el joven Rene Pape hizo una breve, estupenda, intervencion como el Sereno. La vertiginosa carrera del bajo alemán nos permite disfrutar ahora de uno de los mejores Pogner llevados al disco ( y vocalmente, lo mejor de la versión) que desde ya presagia un Sachs de gran nivel para los años venideros. El Beckmesser de Alan Opie es también digno de mención como el Kothner de Albert Dohmen, otro nombre para recordar. Podrá notarse entonces que los bajos conforman el grupo más homogéneo y destacado en lo vocal.
No defrauda la siempre espectacular Orquesta de Chicago, de hecho, el arma más poderosa con la que cuenta Solti. No obstante, su brillantez y precisión en otras orquestas se aprecia un refinamiento e individualidad más acorde con el espíritu de la obra. Para esto, la Staaskapelle de Dresden ( Karajan) y la Orquesta de la Radio Bávara (para Kubelik y Sawallisch) emergen imbatibles en su pulida combinación de transparencias y texturas mate.
En definitiva, nos referimos a una versión de gran nivel -quizá demasiado esperada- donde Solti se pinta a sí mismo pero que queda apenas atrás cuando de primera opción se trata.
Elcuarteto de EMI integrado por Karajan, Sawallisch -la única digital que le hace frente- y los clásicos de Kempe y Karajan (Bayreuth, 1951) siguen manteniendo un lugar de privilegio sólo perturbado por la antológica de Kubelik arriba señalada. (Myto y Calig).