Wagneriana, nº2. 1978
Entrevista a José Mestres Cabanes
Por Jordi Mota

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Visitamos a Mestres Cabanes. Es quizás el último gran escenografo europeo y desde luego, sin duda alguna, el último escenógrafo español. Tiene 80 años y sigue pintando. Cada día lo podemos encontrar en su estudio, sobre el techo del Liceo. Siempre amable y extramadamente simpático, se tiene una gran satisfacción cuando se habla con él y se comprueba el entusiasmo del verdadero artista. Jubilado por obligación a los 70 años de la Escuela del Teatro donde daba perspectiva, la absurda ley que obliga a la jubilación demostraba ser absolutamente ineficaz en el terreno artístico. Era jubilado un maestro, sin tener en cuenta lo que podía continuar enseñando. Le preguntamos si nos permite que le hagamos una entrevista y nos responde con la mayor amabilidad del mundo.



Algunos amigos que me acompañan y que no le conocían, quedan encantados. Las paredes del estudio con bocetos, cuadros y dibujos, algunos profundamente wagnerianos, entusiasman a mis acompañantes que no los habían visto. Empezamos a hablar del tema que nos ocupa.

¿Qué opina Vd. de las escenificaciones modernas?

Esto es engañar al público. Yo no quiero ni verlas. Cuando se hicieron los Festivales Wagner aquí en Barcelona, nos dijeron los nietos de Wagner, si quería trabajar en la decoración, pero ne negué categóricamente.

¿Es necesario conocer la obra que se va a pintar?

Naturalmente, es imprescindible. Incluso cuando Wagner hizo el Parsifal hizo viajar a un pintor para que le trajera diversos bocetos y escogió uno de estilo bizantino.

¿Vd. ha pintado el Parsifal?

No yo no. Hice sólo el II Acto.

¿Era de Rovirosa el resto?

No, no, era de Vilumara.

¿Debido al hecho de tener que sujetarse a las disposicioncs de Wagner, no se corre el peligro de ir siempre repitiendo lo mismo, haciéndose monótono? O Cree que la personalidad del pintor siempre crea algo nuevo.

Desde luego siempre se pueden hacer cosas nuevas. Cosas originales. Claro que se debe tener una buena base. Aquel que no sabe nada tiene que aclimatarse a lo poco que sabe, pero si se dispone de una buena cartera de ideas, entonces no hay problema.

¿Podría Vd. por ejemplo hacer una nueva escenografía de una obra de la que ya ha hecho una?

Sí, sí naturalmente. Siempre se pueden encontrar ideas nuevas. Yo por ejemplo he pintado 91 cuadros de la catedral de Burgos y siempre han sido distintos aunque sea la misma Catedral. Son puntos de vista distintos.

¿Cuáles han sido sus últimos decorados para obras de Wagner?


Tristan e Isolda. Me lo encargó el gobernador Acedo. Recibí una carta a fin de que me presentara en Gobernación. Fui a primera hora de la mañana, a las 9, y a la 1 ya tenía el boceto hecho.

¿Hizo Vd. también Los Maestros?

Sí y me documenté lo mejor que pude. Me facilitaron un dibujo de Nuremberg antiguo, me parece que de Durero y lo utilicé como fondo. Lo importante es querer hacer las cosas bien. Si uno quiere hacerlo bien se documenta y encuentra la información necesaria.

¿Cuántos cuadros ha pintado sobre tema wagneriano?

Unos treinta. Pero he dejado de pintarlos. Si los tuviera todavía los vendería. Pero lo he dejado porque representa mucho trabajo. Tengo que hacer la composición y después pasarlo, mientras que si voy a Venecia y pinto tres cuadros, ya tengo la composición hecha porque lo tomo del natural. Algunos de los de Wagner eran muy bonitos. El de Sigfrido cuando encuentra a Brunilda, con el resplandor del fuego, era muy bonito.

¿Es difícil hacer una decoración?

Naturalmente. Es muy laborioso, tiene más complicaciones de las que parece. Ha habido ocasiones en las que me he pasado noches enteras trabajando aquí con mi esposa, mi hija y unos conocidos, recortando y poniendo redes pues el estreno era a los pocos días. Si algún día ponen el Lohengnin ya lo verá. Hay unos árboles a los que toca el sol que son de color amarillo y al fondo otros oscuros, que hacen un efecto muy bonito. Lo estrenó Victoria de los Angeles.

El último decorado suya que hemos visto fue el de Tristán e Isolda, pero le faltaban algunas partes.

Es terrible lo que me hacen con los decorados. ¿Y el barco? La de cosas que suprimen: escaleras, cuerdas... ahora sólo ponen el palo en medio y una vela y ya está. Yo había pintado un barco entero. Y hay trabajo para pintarlo todo, con tantas maderas y toda la complicación de un decorado.

En el último Holandés que vi en el Liceo había un barco entero en el escenario.

Sí claro. Esto es lo fácil. Cuando no se sabe pintar se tiene que montar todo ahí realmente en el escenario, pero los decorados se tiene que guardar en una estantería y deben hacerse de manera que puedan guardarse muy bien, cuanto menos parte corpórea haya, tanto mejor. La gracia está en que una superficie plana tenga relieve. Yo pintaré un objeto y la luz puede venir de derecha, izquierda de frente, de arriba o de abajo, porque está pintado, pero lo de ellos es distinto. Según como lo iluminen quedará completamente plano y siempre tendrá que ser igual la iluminación. Recuerdo que para aquel espectacúlo que se llamaba Luces de Viena, se utilizaban unos adornos de yeso y yo les propuse que comparasen el mío pintado y el del yesero. Al verlos los dos creían que el pintado era el del yesero, pues el mío tenía más relieve, mientras que el auténtico quedaba plano. Yo las cosas las pinto ya con la sombra, así que la iluminación que se dé no tiene importancia.

¿Puede lograrse bien el efecto de un amanecer a través de la pintura?

Sí, claro. En el Lohengrin cuando tocan la diana, que se va haciendo de día. Aquello era muy bonito. Y aquel de la Walkiria -nos señala un cuadro en la pared- tengo todo un decorado de fondo, sin ciclorama, que representa un amanecer, todo transparente, que es colosal. Por detrás se ponían las luces y realmente parecía que salía el sol. Ahora con el ciclorama proyectan una película con unas nubes, y sale así. En cambio con telón de fondo, se hace transparente y detrás se colocan los focos y el efecto es perfecto. Pero ahora los directores de escena hacen lo que quieren. El Tristan e Isolda, por ejemplo, estan tres cuartos de hora y siempre viendo aquella marmota allí. Y es que es feo así. El Sigfrido, por ejemplo, hay aquel bosque pintado por mí. Aquello es bonito, ya mirando te entretienes.

¿Ahora sigue haciendo decoraciones?

No. Últimamente había trabajado mucho para Sorozabal, Guerrero etc., pero ya no.

Pese a todo una decoración debe costar mucho dinero ¿no?

Cuesta más a veces una decoración moderna que una clásica. Pensemos que cuando se trata de decoraciones corpóreas todo es madera y es un material caro, mientras que pintado todo es liso y la madera es mínima.

¿Así pese a no ser caro no se hacen decoraciones?

No, no se hacen porque hay una decadencia general, una decadencia en escuelas, profesores, alumnos, discípulos.

¿Se podía hablar antes de una escenografía catalana?

Naturalmente, antes estaba Soler-Rovirosa, Vilumara, Alarma -mi maestro-, Batlle. Todo esto se ha terminado.

¿Y si en este momento alguien quisiera hacer una escenografía ?

Yo en este momento si me la encargaran, pese a todo, sin ayudantes no podría hacerla. Se necesita la parte de mano de obra, el que dibuja, el que pega el papel, el que recorta. Yo por lo menos necesitaría dos o tres ayudantes.

Sin embargo aunque a Vd. no le resultase rentable económicamente ¿haría una escenografía?

Sí, sí, claro. Aunque gano más de un cuadro que de unos decorados, preferiría hacer unos decorados porque me gusta el trabajo...

Antes de hacer una escenografía wagneriana, por ejemplo, ¿estudiaba Vd. lo que había dicho Wagner?

No faltaría más. El indica claramente en el libreto lo que quiere. Antes de empezar una escenografía me lo conocía de memoria. Ahora nadie hace caso. Yo me ceñía siempre a lo que decía Wagner, y si era un abeto o un roble, hacía lo que él indicaba. Es así como hice el Canigó. Fuí allí para documentarme, para conocer el paisaje.

Vd. lo que desearía es que si Wagner viese sus decorados estuviese de acuerdo con ellos ¿no es así?

Me hubiese felicitado sin duda, porque siempre he interpretado lo que él quería.

Hace algún tiempo hablando con su hija, me dijo que en la última representación del Tnistán (no la de 1978 sino la anterior, aunque poco diferían), habían cambiado de tal modo su idea inicial que exigió que le fuese borrado el nombre como autor de los decorados.

Ya lo creo. En ese cuadro había 80 piezas y lo hicieron con 10 u 11. Quedaba todo desmantelado. Yo no estaba pero enseguida pedí que quitasen mi nombre.

¿Y esto se puede hacer?


Claro, el director de escena hace lo que quiere. Yo entrego la decoración y después él hace lo que quiere. Además el nombre del pintor apenas es tenido en cuenta.

Nos despedimos del maestro. Es un honor para nosotros, todos jóenes, la mayoría muy jóvenes, haberle conocido. Es un auténtico wagneriano, crea unos decorados sugerentes, perfectamente adaptados al espíritu de la obra en cuestión. Cuida todos los detalles, les da un ambiente de fantasía, rebosan espíritu romántico por doquier. Son como portentosas obras de arte a tamaño gigantesco. Nos ayudan a comprender la obra y nos introducen en el mundo wagneriano con un realismo sorprendente. El maestro sigue ahí, dispuesto a trabajar, y sin nadie que se preocupe de él. El maestro sigue infatigable creando, pero a diferencia del simple pintor, del poeta, del musico, y exactamente igual que el escultor, no pueden trabajar sino cuetan con pedidos. Ellos mismos no pueden financiar sus obras de arte. A nuestro modesto entender Mestres Cabanes es un buen pintor, tiene verdaderamente oficio, pero en ocasiones algunos de sus cuadros nos parecen demasiado vivos, poco reales, pero sus escenografías, sus decorados, son perfectos, sus bocetos admirables, sus teatrines perfectamente sugerentes e incluso sus cuadros sobre tema wagneriano, son wagnerianos, que es el mayor elogio que puede tributársele.

Solo ocasionalmente se reponen sus decorados. Los presentan mutilados y pese a todo son extraordinarios. Dentro de unos años quizás se olvide totalmente a nuestro artista y como los decorados de Rovirosa, Alarma y Vilumara quedarán para los museos, por eso queremos en este número rendir homanaje a la escenografía wagneriana, a través de las obras inmortales de estos geniales artistas que hemos tenido la dicha de conocer a través de el último pintor escenógrafo español.