“EL ANILLO DEL NIBELUNGO”. MÉXICO. 2005. SIGFRIDO
Por Manuel Yrízar


Crónica 1. LAS MÀSCARAS “GRIEGAS”.

Ya desde la conferencia sobre “SIGFRIDO” llevada a cabo en el “Club de Industriales” el pasado 29 de marzo le pedí a Sergio Vela, controvertido director de escena de la puesta del ciclo completo de “EL ANILLO DEL NIBELUNGO” de Wagner en México, que por favor me hiciera llegar fechas y datos. “Juliana te mandará toda la información”. La susodicha Juliana es la productora ejecutiva de esta producción. Eficientísima como siempre me hizo llegar el calendario de actividades. Realizados todos los trámites para mi asistencia a los ensayos me presente al teatro el viernes 1 de abril. Ya se ensayaba la tercera escena del tercer acto. Sobre las enormes rampas, allá en las alturas, una mujer dormía cubierta por yelmo y escudo. Una lanza descansaba a su lado. Un extraño caballo con armadura también dormía de pie a su lado. Todo se encontraba en silencio pues en ese preciso instante los trabajadores ajustaban el mecanismo electrónico que realiza los movimientos de las rampas. Recordemos que la historia se desarrolla dentro de un círculo, el anillo, situado intemporal en el espacio infinito del mito, donde todos los seres del mundo, enanos y gigantes, dioses y hombres, incendios y ríos, valquirias y nornas, cohabitan, nacen, viven, matan y mueren.

Situado entre piernas en el foro observo en las alturas al tenor Peter Svensson quien aún no conoce el miedo. El fornido austriaco rubio ya ha cantado Sigfrido cerca de treinta producciones. Empezó interpretando otro héroe wagneriano: Rienzi, tribuno romano.

En esas estoy cuando pasa a mi lado Guido María Guida, director concertador de todo el ciclo. “¡Ya te extrañábamos, Manuel, que gusto verte!”. Italiano cordial de fuerte carácter y recia personalidad. Amante de la música de Wagner ya trabajó en Bayreuth asistiendo a su paisano Giuseppe Sinopoli. Algo me comenta de los problemas enfrentados en la edición del vídeo de “La valquiria” que grabamos el año pasado y que transmitirá el Canal 22 muy próximamente. Todo tiene solución. Todo puede resolverse en el mundo de EL ESPECTÁCULO SIN LÍMITES. Eso lo sabemos y compartimos.

Aprovechando la pausa veo a Sergio Vela subir al escenario. Lleva en las manos dos máscaras empelucadas: son las que se pondrán los Sigfridos, Svensson-Kelso, éste último a quien escuchamos como Sigmundo el año pasado, tenor norteamericano que cantará la segunda función sustituyendo al titular de la agotadora tarea. “¡Tres y horas y media canta el personaje en este drama musical!” me comentaba Peter Svensson.

Estas máscaras han suscitado muchas polémicas. Los detractores de Vela argumentamos que las máscaras añaden un suplicio más, tal vez inútil, a los muchos que ya de por sí tienen que enfrentar los actores-cantantes. Conversando con el arquitecto Ballina, padre del laureado y talentoso escenográfo de ésta Tetralogía, y creador ejecutor de los diseños de las máscaras de todos los personajes discutíamos el asunto. “Quienes estudiamos canto –le decía recordando mis clases de vocalización con mi querido maestro Enrique Jaso- aprendimos que la técnica vocal más ortodoxa obliga al cantante a utilizar como RESONADORES todos los huesos del cuerpo; los de la cabeza, incluidos los de la cara, son importantísimos. Allí RESUENA la voz. EL cantante tiene que aprender a SUBIR a la “máscara”, a toda la zona frontal, nasal, etc. Con recursos audiovisuales Jaso nos explicaba el complicado mecanismo de la emisión y proyección de LA VOZ. Tema que sería largo y complicado explicar extensamente”. Le platicaba también que algunos de los cantantes que se enmascararon sentían ahogarse atrás de estos artefactos que les producían sudor, calor, sofoco, mareos, náuseas, y que algunos incluso llegaron a arrancarlas con enojo y violencia. Sonado fue el caso del tenor que iba a cantar el Sigmundo y que abandonó la puesta. Ballina me narra que en este caso particular fue más la vanidad del tenor presumido y narcisista quien se negó a enmascararse no por las dificultades que esto le produciría sino que la para él horrorosa máscara cubriría su bella efigie y alguien tan guapo como ese Heldentenor no lo soportaría. Por ello abandonó la producción. La anécdota es sublime y deliciosa. El mascarero me hace saber que ahora nadie se ha quejado. Las máscaras son elaboradas con un material mucho más ligero y las pelucas se han integrado al diseño y van juntas. Sergio Vela siempre ha defendido su idea. Para el “Regista” es ese símbolo lo que lo que le da el toque clásico: griego, a su propuesta, fuente matriz primaria y original del arte occidental de donde parte Ricardo Wagner. Todavía en la conferencia, sin que nadie se lo preguntara, defendió esta su postura inamovible. Mi querido Sergio siempre se ha caracterizado por esa tenacidad a toda prueba. Alguna vez le dije que ha llegado a convertir su terquedad en virtud. Si así no fuera su carácter nunca se hubiera llevado al cabo el ciclo wagneriano. Todo un personaje apasionado y contradictorio, calido, tierno, estudioso, puede ser querido o aborrecido. Él lo sabe y lo asume. Así es Sergio.

Ya el ensayo se reanuda. Abandonamos el foro y entramos en la platea de la sala. Ya se encuentra reunido todo el equipo de trabajo. En estos ensayos a piano se empiezan a ver los cuadros escénicos, los movimientos, se prueban y corrigen todas las ideas que previamente se han visto en un salón de ensayos todavía sin los recursos con los que cuenta un teatro. Los trazos apuntados previamente aquí se concretan y materializan. Los trazos dibujados en el piso que simulaban la roca donde duerme Brunilda esperando, como la bella durmiente del bosque, ser despertada por el príncipe, es ahora una de las plataformas enormes que suben y bajan por complicados mecanismos creados por la loca imaginación de Ballina hijo. Al centro de ella, ya lo dijimos, la soprano norteamericana SUSAN OWEN, disciplinada, aguarda la llegada del héroe.

Viendo de frente el escenario nos encontramos con este panorama: al centro el director concertador con su atril y la partitura de la obra. A su siniestra, con otra partitura el director asistente. A la derecha, sobre la escena, el pianista acompañante, también con su partitura. En el centro de la sala, ¿adivinan quién trae su partitura?, el director de escena y su equipo. Desde ese lugar da sus instrucciones, detiene la acción, sube al foro, escala las tarimas, le indica a Sigfrido y a Brunilda donde deben colocarse y como moverse. Como un alpinista sube las escalinatas que lo llevan a las alturas del círculo de fuego que atravesará el Welsungo con la Nothung en la diestra. Solo le falta enmarascararse el mismo para ver lo que se siente. ¿Le gustaría? Una sopa de su propio chocolate. Bromas aparte, el mundo de los ensayos es fascinante. Vemos paso a paso como se va construyendo LA OBRA: el edificio, el andamiaje, la estructura. En los ensayos lo que antes era solo potencia se convierte en acto. La acción dramática imaginada se materializa. Los personajes soñados se visten de piel humana, de huesos y músculos, de sudor y sangre. Crear la magia requiere de magos. Lograr la fantasía necesita de nervios. Bien templados. Los pusilánimes no tienen entrada en el mundo de los dioses. Los miles de nibelungos siguen infectando los laberintos sombríos de las grutas del inframundo. Los gigantes prefieren dormitar sobre el oro su pereza legendaria y asesina. Los héroes tan solo están llamados a la hazaña en la batalla. Sólo ellos.

Sergio Vela se sobresalta. Grita en el micrófono. Detiene el ensayo. La pareja de Sigfrido y Brunilda, enamorados ya para su desgracia eterna, entonan el himno de amor más bello que compusiera Wagner. (Digo que es el más bello porque es el que escucho ahora. Lo mismo diría si escuchara hoy el de La Valquiria, y eso repetiría si fuera el de Tristán e Isolda.) Pero surge un incidente. El mecanismo que los hace subir y descender al ritmo de la música maravillosa sobre las plataformas no funciona con la precisión y exactitud que se requiere. Eso no puede permitirse. El responsable de la puesta se los hace ver. Los conmina a tener mayor atención y cuidado. Puede incluso resultar peligroso y dar al traste con tanto esfuerzo, con trabajo tan riguroso y difícil. Los tramoyistas lo escuchan atentos. Pondrán más cuidado en este movimiento.

Por fortuna no es sino una de las múltiples peripecias que hay que enfrentar. El asunto es sólo anecdótico. No pasó nada que no pueda ser reparado. Para eso son los ensayos.

Todas las partituras, ¿Cuántas llevamos detectadas?, vuelven a abrirse al unísono.
“Zerreist, ihr Nornen
Das Runenseil!

¡Cortad, Nornas,
la cuerda de las runas!”

El welsungo y la valquiria cantan a dúo el himno de amor, de deseo y de muerte.

Atrás del maestro Guido Maria Guida vemos a otro personaje haciendo anotaciones en su partitura. Lleva al compás al unísono que el director concertador. Es un niño. Reconocemos en ese infante al hijo de Guido: Gianluca. De trece años solamente platicamos con él al finalizar el ensayo. Recuerda que tenía sólo cuatro cuando vino a México por primera vez acompañando a su padre. Desea ser músico. Ha estado presente en todo el ciclo que dirige su progenitor. Es otro de aquellos que han sido tocados por la maldición de Alberico.

Al salir a la calle esa noche todos los periódicos dan la noticia de que el papa Juan Pablo II se esta muriendo. “SE VA“. “ESTÁ EN EL CIELO”. De estos ingredientes esta hecha la ópera: la vida y la muerte. Cielo e infierno. De nada y eternidad.


Crónica 2. “Mi FRATELLO Jesús Suaste.”

El lunes 4 de abril por la tarde asistimos nuevamente al teatro. Ensayan el segundo acto en el “BOSQUE IMPENETRABLE” donde el Dragón habita.

Asistir al trabajo preparatorio de una ópera es penetrar en los laberintos, en los secretos consagrados a los iniciados, a los ritos de otro mundo alejado, sí, un poco quizás a este, pero tan cercano y parecido que las fronteras entre ambos mundos son a veces tan delgadas e imperceptibles que muy fácil es no darnos cuenta de que lado nos encontramos. Si creemos que es real lo que miramos en ese mismo instante nos percatamos de que en verdad no lo sabemos con certeza ninguna. Las distancias se acortan, lo lejano se acerca, se aleja lo que presentíamos más próximo. La magia existe. Existe el arcano. Dioses y hombres conviven su ficción eterna. Son y no son. Coexisten y se desvanecen en la oscuridad, en “Finstere Nacht”, NOCHE NEGRA donde nada se distingue. Allí, recostado en la pared rocosa, Alberico medita sombriamente.

“¡Fratello!”, escucho la voz profunda, grave, varonil, dichosa de mi querido amigo el barítono Jesús Suaste. Nos llamamos FRATELLOS, hermanos en italiano, pues ya casi tenemos un cuarto de siglo de compartir esta loca vida farandulesca. Yo empecé a trabajar en el medio en 1980 cuando grabé mi primera función operática para la televisión. Chucho debutaría unos pocos años después empezando su exitosa carrera. Hoy tiene encomendado el papel de Alberico, el nibelungo que renunció al amor más no al sexo. “Aléjate de mí, maldito, que renegaste del amor”, le contesto a manera de saludo. “Sí, y estoy orgulloso de ello.” Afirma convencido y ya no es él sino el elfo negro, el que le robó el oro a las ondinas que despreciaron sus caricias lascivas. El ensayo está retrasado y nos invita a pasar a su camerino. Tiene que vestirse y enmascararse. Todavía no esta listo su calzado por lo que sale a escena de zapatos tenis.

Las dificultades de una puesta en escena tan complicada como ésta hacen que ningún tiempo alcance. Nos encontramos con Guido, director concertador, quien bromea con Suaste.”¡Un nibelungo con ADIDAS!”. Me invita, y a él nada puede negársele, a que asista a los ensayos con orquesta y cantantes “a la italiana” al Teatro Regina. “Allá estamos llevando a cabo el trabajo pues en Bellas Artes se prepara toda la producción escénica. Será hasta el jueves cuando por fin se junten todas las fuerzas. Hoy se verán algunas escenas del acto segundo para probar los movimientos de las plataformas y empezar a trabajar la iluminación. Jesús Suaste se muestra preocupado pues es el primer ensayo ya en el foro que tendrá. Siempre riguroso, estudioso, responsable, sube a las plataformas desde donde se vislumbra, a través de los árboles del bosque, una escarpada pared rocosa, como pide Ricardo Wagner en las acotaciones de su partitura.
“In Wald und Nacht
vor Neidhöhl ich Wacht:
es lauscht mein Ohr,
mühvoll lugt mein Aug.

En el bosque y de noche,
Hago guardia ante Neidöhl:
Mis oídos escuchan,
Mis ojos acechan fatigados…”


Crónica 3. “¡HABEMUS SIEGFRIED!”

El teatro de ensayos REGINA en la calle del mismo nombre centro histórico de la ciudad nos recibe para presenciar el ensayo “a la italiana” del “SIGFRIDO” de Wagner.

Guido María Guida empuña la batuta y dirige concertando las huestes wagneritas sonoras. Una orquesta sinfónica reforzada, la del teatro de Bellas Artes, llena totalmente el foro. La colocación de los instrumentistas como el maestro prefiere para lograr ese balance y sonido WAGNER. Viendo de frente el instrumento orquestal: violines primeros a la izquierda y atrás a de ellos los contrabajos. Violonchelos y violas al centro y los violines segundos a la derecha. Los alientos maderas en filas al centro detrás de las cuerdas. Los metales a la derecha y las percusiones a la izquierda. Cuatro arpas a diestra y siniestra por pares. Los cornistas tocan también las famosas tubas wagnerianas. La dotación es grande y poderosa pero permite matices y sutilezas. La partitura, difícil y de riqueza exuberante, suena moderna y elocuente. El uso leitmotivico llega a terrenos insospechados y audaces aún para nuestro tiempo. El cromatismo ya clásico fue un adelanto y una aportación del genio wagneriano y en “SIGFRIDO” es autentica revolución sonora. Nunca música alguna había sonado así en los siglos PRE-wagnerianos. Aportación cimera en la historia de la música universal.

Ver trabajar a un profundo conocedor del sonido WAGNER, y el maestro Guido Maria Guida lo es, constituye un placer y un privilegio. Su manera de preparar a la orquesta es bastante sui generis. Primero explica su concepto, aclara la IDEA esencial del pasaje estudiado: la base rítmica, el estilo, la melodía principal y las secundarias o armonizantes. Que instrumentos llevan la VOZ cantante y cuales otros complementan, sugieren, acompañan, colorean. Como deben sonar los acordes o el cromatismo o las atonalidades. Luego de trabajar por familias singularizadas va agregando uno por uno a los diversos grupos hasta lograr el resultado deseado. Es exigente pero amable. Permite incluso alguna broma de aguda agilidad o sarcasmos inteligentes y chispeantes. Anote estas frases que ejemplifican: ”Ese es un FA natural, PARA CUALQUIER PERSONA…”. Al escuchar una falla evidente: ”Uno de ustedes, maestros, esta mal”.

Toca el turno de ensayar la escena de la forja de la espada. Un todo nervio tenor se prepara. Atlético, musculoso, fuerte. En mangas de camisa. Ya la orquesta a todo volumen acomete el tema magnífico y elocuente:
“Hoho! Hoho! Hojo!
Hahei!
Schmiede, mein Hammer,
Ein hartes Schwert!

Hojo…
¡Forja, martillo mío,
una dura espada!”

La voz de Peter Svensson resuena limpia, brillante, esplendente, calida, poderosa, dorada. Mi mujer y yo nos volteamos a ver al unísono gratamente sorprendidos. Hacia mucho tiempo que no escuchábamos una voz así. Un auténtico tenor wagneriano. En la pausa para el descanso me acerco a Peter y a Guido quienes comentan contentos lo sucedido: toda la orquesta aplaudió al portentoso artista al finalizar su escena. Llego con ellos y abrazándolos exclamo alborozado: “¡HABEMUS SIEGFRIED! Luego converso con el Heldentenor quien me confiesa su amor y admiración por los tenores wagnerianos “A LA ANTIGUA USANZA” sobre todo por su ídolo: MAX LORENZ.


Crònica 4. UN DRAMA DE SOLEDAD.

No es el “SIGFRIDO” de Wagner una de sus obras más populares. Si por ello entendemos aquello de número de representaciones y de seguidores fanáticos al estilo postmoderno el drama dista mucho del “RATING” de los medios masivos o del fenómeno comercial de los “BEST SELLERS” fruto genuino y bendito de la globalización. A pesar de lo espectacular que pudiera ser la escena de la lucha con el “Dragón”, más al estilo del San Jorge de las estampitas piadosas que al simbólico anarquista bakuniniano, o a la forja de la espada mágica a la manera de cualquier película galáctica para adultos párvulos, o del final feliz con beso incluido al mejor modo Hollywood, no goza el título de ese supuesto privilegio. Salvo esos tres instantes de acción toda la ópera transcurre más bien en el soliloquio interno e intimo, el diálogo largo y conceptual, el monólogo interior, la reflexión, la contemplación meditativa de la naturaleza, la búsqueda de respuestas a preguntas que ninguna tienen, y, destacadamente, a esa soledad ominosa y terrible que viven todos los personajes. Dispuestos en sucesión de anécdotas concurrentes y concatenados los episodios se nos presentan sin embargo en un fluir continuo perfectamente eslabonado.

La estructura de la narración de la historia del héroe que no conoce el miedo no tiene fisura alguna. Tienen mayor fuerza los pensamientos, los sentimientos, los recuerdos, las interrogantes del alma, por llamarlas de alguna manera, que lo obvio aparente. Es la música la que narra entre líneas. Es la música de augurios y de premoniciones, de profecías fatalistas, de augurios visionarios cada vez más sombríos y oscuros, la que se mete en los resquicios del cerebro del oyente, observador atento es el oído más que la vista. Es por ese resquicio que nos permite todavía ver la mirada de Freia la bella por donde el compositor nos manda el mensaje misterioso de la orfandad cósmica de todos los personajes. Próximos a la extinción, al fracaso, al crepúsculo u ocaso de sus existencias, fatalmente atados a la rueda del destino, amarrados al hilo que las Nornas tejen en el fresno vulnerado, observados por el ojo del dios que lo dejo perdido en las profundidades del agua primordial, los seres todos huérfanos y solitarios ya no tienen ningún asidero donde sostenerse. Condenados fatalmente al fin, a la muerte, al retorno al caos primario, a la nada original y primigenia, todos los actores de este drama de soledad no son ya las marionetas del destino sino los perdidos actores desolados de su propia angustia. Es la música la que avisa y pone alertas a estos frágiles seres. Y a nosotros que los representamos y reflejamos en ese espejo que nos devuelve como somos y no como aparentamos ser.

Los antecedentes a la concepción dramática de este episodio que iba a ser el joven Sigfrido son de sobra conocidos. Las barricadas de Dresde en el 1848-9. La amistad con Bakunin, líder y personaje memorable. La destrucción de formas y fondos caducos y sofocantes. El destierro. El exilio. La soledad y el hambre. La desesperación. El fracaso. Es este Ricardo Wagner el que concibe claramente la obra. Es ese el espíritu real que queda impreso indeleblemente en su ser. Ese es el problema que estudia y nos plantea.

Drama autobiográfico consciente o inconscientemente aceptado, es Ricardo Wagner el que se retrata en todos y cada uno de los seres mitológicos que suben al escenario. Es Mime que no puede forjar la espada. Es el Viajero o Viandante que huye de país en país perseguido por los acreedores a quienes ha vendido la libertad por míseras monedas consoladoras. Es el maestro de Capilla, vestido con la librea infamante. El incendiario hacedor de discursos contradictorios. El fugitivo. El paria. El vagabundo. El deseoso de amor y de triunfo. El engañado. El miserable. El habitante de las pocilgas que no tendrá pan al día siguiente. El escalador de montañas que sale al bosque a cazar osos y a conversar con los pájaros. Es ese solitario gusano inmundo y mundano que dormita y bosteza sobre el tesoro áurico que quiere y anhela. El que hace de un carrizo una fanfarria de tubas, trompetas y trombones. El que permite que bebamos la sangre del monstruo para entender idiomas antes cerrados y enigmáticos. Es la doncella virgen que duerme rodeada de fuego bienhechor y protector. El maldito que maldijo. El rencoroso. El astuto burlador burlado. El dios fragilísimo y abandonado por pactos y runas. Es el hombre Ricardo Guillermo Wagner, huérfano, solitario, triste.

La música es elocuente y pide que la oigamos dentro de nosotros. No es allá afuera donde brilla el oropel falsificado. Es a nuestro ser interior, gemelo al suyo, al que se dirige la música. La música interna y desgarradora de este drama intimista de Ricardo Wagner.


Crónica 5. LOS QUE NO SALEN A ESCENA PERO ESTÁN ALLÍ.

El resultado final de cualquier espectáculo escénico termina en aplauso o rechifla. Salen al frente, dan la cara, son ovacionados, les avientan flores, o los abuchean. Así debe de ser. Son LOS ARTISTAS. Los protagonistas. Los estelares. Los famosos.

Pero atrás de ellos, ANÓNIMOS pero con nombre propio, existen muchos otros personajes importantes para la consecución del drama. De ambos hablaremos ahora.

Entre los cantantes que todavía no hemos nombrado tienen papeles protagónicos los siguientes. Como WOTAN el bajo barítono norteamericano STHEPHEN WEST. Ya había participado en el primer titulo del ciclo, la víspera o prólogo “EL ORO DEL RIN” en el mismo rol aunque aquí viaja disfrazado por el mundo como Viandante. El enano nibelungo ALBERICO es el tenor alemán Stuart Patterson. Buen actor tiene a su cargo el rol más largo y difícil luego del protagonista SIGFRIDO de quien ya dijimos lo canta el tenor austriaco Peter Svensson. La función del 19 de abril cantará el tenor norteamericano David Kelso, como SIGFRIDO. Como ERDA la diosa de la tierra, siempre omnisciente y poderosa, la cantante islandesa Elsa Waage. Nuestro amigo el barítono Jesús Suaste, ya lo dijimos, es el nibelungo desamoroso ALBERICO. El bajo alemán Patrick Simper canta al gigante FAFNER convertido en gigante gusano por el poder del yelmo mágico. Irasema Terrazas canta el delicioso papel del Pájaro del Bosque, Stimme der Waldvogel. Esta soprano mexicana es la única que ha participado en los tres títulos hasta ahora presentados. Y hay un cambio de último momento: la soprano alemana URSULA PREM sustituye a la norteamericana Susan Owen en el papel de BRUNILDA. Todos bajo la batuta concertadora del maestro Guido Maria Guida y la dirección de escena de Sergio Vela.

Pero son muchos otros más los que trabajan incansables, nuevos esclavos nibelungos escondidos en el centro de la tierra, sacando el oro de las vetas. Todos ellos tienen a su cargo una importante responsabilidad para el buen fin de la heroica proeza, de la hazaña de llevar a buen puerto al buque fantasmal. Todos ellos asisten diariamente a todos los ensayos, llegan a veces mucho antes que los otros y algunos se quedan después de que los artistas se han retirado. No paran nunca. Siempre atentos a su responsabilidad participan activamente en todo lo necesario. Las más crueles tareas ellos las realizan. Suben y bajan, corren, se afanan, sudan y se acongojan, luchan, nunca desmayan, esforzados, atentos, sumisos, trabajadores especializados, hombres y mujeres, ¡bravas!, ahora hay muchas mujeres, que resuelven cualquier problema o dificultad que se presente. Estos son los trabajadores a que nos referimos:

A manera de homenaje y reconocimiento a todos ellos hoy incluyo sus nombres y mi felicitación. Les mando un fuerte abrazo.


Crónica 6. EL ARTE PROFUNDO DEL SILENCIO SONORO.
(RW a Matilde Wesendonk, desde Venecia, 12 de octubre de1858)

Ya lo apuntó muy lucidamente Sergio Vela en su primera conferencia sobre “SIGFRIDO” en el Club de Industriales. El compositor dejó abandonado a su Sigfrido debajo de los tilos desafinando una caña quebradiza tratando de imitar al pajarillo antes de enfrentar a Fafner metamorfoseado en monstruo. Muchos años se quedo guardada la partitura manuscrita del Joven Sigfrido antes de que el compositor la retomara de nuevo. Durante esa pausa de tiempo compuso “TRISTÁN E ISOLDA”. Vela hacía ver que la evolución del lenguaje musical de Wagner es notoria. Evolucionado y revolucionado. Esa negritud de algunos pasajes, esa densidad en la orquesta, ese cromatismo diferente, no son ya iguales a lo que había compuesto con anterioridad. Como le sucedía siempre la vida personal del artista del porvenir llamado Ricardo Wagner está siempre ligada íntimamente con su estética: poética y filosófica. Marcado e imbuido con el pensamiento de su tiempo su obra de arte que el quería y pretendía INTEGRAL mezcla por tanto, en un caldo venenoso como el que pretende hacer tragar Mime a Sigfrido, las ideas que considera más pertinentes para sustentar su doctrina, su credo, su IDEA personal.

Todos estos pensamientos me llevaron a buscar entre mis libritos wagnerianos uno que me acompañara en mi juvenil ardor de los años 60s y 70s de, ay de nosotros, del ya muy lejano Siglo XX. Publicado en la Colección AUSTRAL, el amarillento volumen que consulto fue acabado de imprimir en Argentina el 15 de noviembre de 1947 y se titula: RICARDO WAGNER, EPISTOLARIO A MATILDE WESENDONK. El delicioso volumen es un resumen muy seleccionado de las cartas de Wagner a su querida Matilde. La primera esta fechada en Zurich, el 17 de marzo de 1853 y culmina con la escrita en Viena el 28 de septiembre de 1861. En las escasas 158 páginas podemos percatarnos de lo variados estados de ánimo del artista Wagner en esa etapa difícil, ¿tuvo alguna que no lo fuera?, de su vida sentimental y creativa. Estas cartas dan un retrato psicológico fascinante del carácter y manera de ser del músico y dramaturgo genial. Sus lecturas: Schopenhauer, su cercanía y admiración al Budismo, sus sueños, sus sentimientos, sus anhelos, sus tormentos. Como hombre de teatro Wagner crea a otro de sus personajes, Ricardo Wagner, siempre digno de nuestra admiración cercana o lejana. Todo menos permanecer ignorado. Recomiendo el libro a quienes deseen pasar momentos gratos e inolvidables de este histrión maravilloso. No dejen de leerlo.

Ayer que Pablo Varela, director mexicano asistente del titular Guida, lo sustituyera en la escena del Dragón-Serpiente Fafner, constatamos lo que ya habíamos notado en ensayos anteriores. Nos hemos acercado con mucha atención a él, luego de verlo trabajar dirigiendo y repasando la dificilísima obra de Wagner con gran seguridad y talento. Posee nuestro paisano oficio y técnica rigurosa, gran seguridad en la batuta, dinámicas claras, precisas, matizadas. Verlo en el foso de la orquesta enfrentado a las dificultades extremas que presenta partitura tan compleja nos brinda una sensación de estar ante a un músico dotado y preparado. Los mismos cantantes y músicos me han comentado que entienden sin problema sus instrucciones claras, perfectamente entendibles. Esperemos que continúe su carrera por buen camino. Tenemos talento en nuestro país, sin ninguna duda.

La obra titulada “SIGFRIDO” va tomando forma. Toda la semana anterior y ésta los ensayos han sido fuertes y pesados. Día tras día los problemas se van resolviendo. Las fuerzas vivas afinan sus armas. Como si de una batalla se tratara. Se afilan las espadas Nothung invencibles. Se afinan las gargantas de tenores, sopranos, bajos, barítonos y una contralto. Todos estamos ya un poco impacientes por que llegue el estreno. La PRIMA. El tenor David Kelso, Sigfrido II, ha tomado el lugar del Sigfrido I quien debutara el domingo con tan terrible personaje. El austriaco es ya un gran conocedor del papel y el norteamericano debuta aquí en ese rol. Conversando con Kelso nos confesaba que si conoce el miedo. Con la mano se jalaba la camisa del lado del corazón, ese lugar que tan bien debe conocer para matar al Dragón, y con mímica nos hacía saber que la víscera cardiaca sentía salirse del pecho. Imaginamos los nervios y la tensión que debe sentir un tenor cuando se enfrenta por primera vez a un papel tan demandante. Yo no sentiría ningún miedo como el robusto Heldentenor gringo. ¡Sentiría pánico, terror!

Ayer se ensayó la primera parte desde el Acto I hasta la escena donde Sigfrido mata a Fafner con la Nothung. Estuvimos muy pendientes de escuchar como el bajo alemán Patrick Simper trabajaba su parte. De su camerino surgía la voz oscura y sonorosa:
“Wer bist du, kühner Knabe,
der das Herz mir traf?

¿Quién eres tú, audaz muchacho,
el que me atravesó el corazón?”

Primero se colocó al cantante en la puerta lateral izquierda que da al escenario. Allá se le puso un atril con su parte y se le proporcionó una bocina (como pide el propio Wagner para amplificar acústicamente la voz de la bestia rugiente y sollozante) construida en el taller de utilería. No convence al maestro Guido ese sonido. En el intermedio me encuentro con Juliana y el bajo Patrick. Llega el director concertador. Pide probar otro MEGÁFONO. Se niega terminantemente a usar un micrófono electrónico. Pregunto a Fafner como lo ha cantado otras veces. Nunca lo ha hecho. Es su primer Fafner. Lo noto preocupado. Lo animo a que no se amilane y le digo que hallaremos la solución. Al siguiente ensayo Guido decide hacer la prueba colocando al bajo en el foso de la orquesta. El artefacto amplificador ha sido perfeccionado. La boca es más ancha y se le ha adaptado una embocadura semejante a las que utilizan los instrumentos de metal. Ya vemos al Dragón en el foso. Lanza la voz. En medio de la sala escuchamos el resultado. No nos convence todavía. Cambia el cantante la manera de emitir el sonido, ahora elevando la corneta hechiza, otra posición. Suena mucho mejor. Ya se hará la prueba con toda la orquesta. El director concertador decidirá lo mejor. Lo mismo sucede con la voz del pajarito del bosque. La soprano Irasema Terrazas es colocada en un palco del segundo piso. Su voz surge poderosa. Nos comenta que el palco de mármol amplifica el sonido que rebota en el interior. No le gusta el resultado a Guido María. En el siguiente ensayo la soprano entra al foso de la orquesta. Todas estas fascinadoras circunstancias dan a los ensayos una belleza especial. El arte esta formado de todos esos pequeños maravillosos detalles. Lo mínimo es lo máximo. Mañana jueves 14 de abril se llevara al cabo el ensayo general de “SIGFRIDO” de Wagner. ¡Los dioses del Walhalla nos cojan confesados!.



Ir a la página principal
Comunicar erratas


Valid HTML 4.01! Valid CSS!