Ritmo Año LIV, Junio 1983 - Nš 534
LA «TETRALOGIA» EN TVE
OPERA Y TELEVISION: UNA RECONCILIACION POSIBLE
Por Arturo Reverter
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Entre los meses de abril y mayo últimos, Televisión Española se ha apuntado en lo musical lo que no es muy frecuente- un buen tanto al emitir la grabación completa, dividida en las cuatro jornadas correspondientes, de «El Anillo del Nibelungo», de Richard Wagner. En el presente artículo se realiza un análisis de lo que tal emisión ha supuesto, tanto desde la óptica estrictamente televisiva como de lo que representó en su sentido musical.
A lo largo de cuatro sábados, en tandas de dos y dos, desfilaron ante los telespectadores de la segunda cadena
-pasarán muchos años antes de que este tipo de programas puedan proyectarse en la primera - los personajes dioses, semidioses, monstruos, hombres- que pueblan la leyenda de los Nibelungos en la que, tomando elementos de aquí y de allí, espigó el compositor y libretista para construir un magno y singular edificio dramático-musical, que constituye sin duda una de las obras cumbre del arte moderno occidental, tanto por sus cualidades propiamente musicales, por las novedades del lenguaje que presenta, cuanto por lo sugerente que resulta todavía hoy el mensaje literario e ideológico al que sirve el pentagrama, mensaje que, como todo el que artísticamente posee algún valor, no deja de ser ambiguo.
El simbolismo, los arquetipos, las ideas abstractas y la referencia a toda una compleja problemática humana, social y política, que en el fondo siempre subyace, son valores que se encuentran, más o menos presentes, según el planteamiento de la realización que se escoja, en el ciclo. Su montaje y realización supone siempre un gran esfuerzo musical, teatral y vocal. De ahí que Televisión Española, aunque de forma un tanto inopinada y sin la debida preparación, se haya decidido, en las circunstancias que posteriormente se estudiarán, a acercar a nuestro público, forzosamente despistado ante un evento de este tipo, el singular espectáculo. Bueno es asimismo, que se haya emitido a lo largo del año dentro del cual se cumple el centenario de la muerte de Wagner.
CARACTERÍSTICAS DEL MEDIO TELEVISIVO
La emisión de la Tetralogía nos lleva forzosamente, a practicar una serie de consideraciones respecto a la idoneidad del medio televisivo en relación con la ópera. Hay que tener en cuenta las limitaciones espacio, angulación, tamaño de pantalla, iluminación, sonido, etc. que posee la televisión para recibir, adaptar o readaptar y proyectar una producción operística. Si ésta está tomada, en directo o en diferido, de un teatro, con sonido real no en <<play back>> -, y aun cuando se realice una planificación previa pensando en su retransmisión por la pequeña pantalla, existirán una serie de obstáculos para que el producto pueda ser eficaz y funcionalmente proyectado, para que llegue al telespectador el mismo mensaje, con toda su carga expresiva, que llega o ha llegado en su día al espectador que asiste o ha asistido en el teatro a la representación.
Por supuesto, la cosa cambia y mejora cara a la televisión, aunque pierda en fluidez y en verdad dramática, cuando la ópera de que se trate se monta de manera específica para el medio televisivo, pensando en él; montaje que puede realizarse en el teatro o, con mayores ventajas, en un estudio de televisión o de cine. Técnicamente las tomas pueden realizarse en película cinematográfica o en vídeo. Sobre todos estos aspectos y
otros muchos conectados con la televisión y la ópera recomiendo al lector que consulte el excelente y extenso trabajo publicado por Fernando Peregrín, con el título Opera y Televisión: una relación «peligrosa» de nuestro tiempo, en los números 496 y 497 de RITMO, noviembre y diciembre de 1979.
Pese a los inconvenientes aludidos, lo cierto es que en los últimos tiempos y, desde luego, desde que se publicó el mencionado artículo de Peregrín hasta ahora, han sido muchas las producciones operístico-televisivas que se han llevado a cabo, dando la razón a lo que se aventuraba en el repetido trabajo. Hoy en día existe un importante mercado pirata de vídeo operístico, obtenido directamente de las exhibiciones en la pequeña pantalla. Existen también multitud de películas realizadas directamente para la televisión que, con mayor o menor fortuna, con independencia de su valor interpretativo, han tratado de sortear algunos de los peligros técnicos comentados. En cualquier caso, todo ha evolucionado desde que en 1936 la BBC retransmitió diversas escenas de Pickwick, ópera de Albert Coates. Se han superado muchos problemas y hoy puede contemplar uno, sin especiales sobresaltos, una retransmisión, en directo o en diferido, realizada desde algún teatro importante. Hace poco contemplábamos en Televisión Española la que se ofrecía desde el Metropolitan Opera House, de Nueva York, de Don Carlo, en realización técnica bastante afortunada, con buena señal acústica, aun cuando la interpretación musical en sí dejara que desear.
UNA HISTORIA POCO EDIFICANTE
Las relaciones de Televisión Española con la ópera no han sido, al menos hasta ahora, demasiado buenas. No cabe hablar, en efecto, en relación con ello, de una historia demasiado edificante. Se han dejado pasar lastimosamente años y años sin que se estableciera la necesaria unión entre uno y otro medio; años que se han perdido para la cultura; años en los que, una vez más, el telespectador español: ha quedado fuera de juego. Las cosas en este sentido, aunque a veces se ha tenido buena intención, no se han hecho normalmente bien. Por un
lado, se programaba la retransmisión -durante una representación, con las consiguientes incomodidades para el público asistente en la sala- de tres o cuatro óperas incluidas en el coro festival madrileño de primavera. Después, éstas, realizadas con escasez de medios y a veces tanteando poco a poco en busca de un ajuste teatro-televisión, no se llegaban a emitir, y si la emisión se llevaba a efecto, en solamente muchos meses después. Y ello con independencia de la normalmente mediocre calidad de los montajes.
Por otro lado, cuando Televisión Española, casualmente, decidía adquirir los derechos de una retransmisión o los derechos de proyección de una película, la forma en que la emisión se llevaba a cabo era la menos indicada para captar audiencia. Recuérdese la retransmisión del famoso Don Carlo de la Scala de 1978, en donde la obra, de larga duración y de complejo argumento, se ofreció a palo seco, sin el más mínimo comentario ni presentación. Es lógico que el público, incluso el aficionado, que es muy minoritario en todo caso, no se sintiera atraído por el espectáculo al no facilitársele al menos alguna de las claves de tan importante obra verdiana. Y no digamos aquella retransmisión desde el Liceo de Barcelona de un Fidelio, de Beethoven, también sin comentarios de ningún tipo, pero con el agravante de que la interpretación era de bajísima calidad.
Nos encontramos, por tanto, con que Televisión Española, hasta hace muy poco, no se ha cuidado la parcela operística - no hablamos ahora de la música instrumental o sinfónica, sobre la cual tendremos que hacer también algún comentario en otra ocasión-, no se ha planificado con una base didáctica, pensando en que el público, en su gran mayoría, ni conoce el género ni se encuentra interesado por él. Y no se diga que la Televisión, pese a sus limitaciones, no puede ser un medio apto para la difusión del mensaje cultural del que estamos tratando.
¿NUEVOS TIEMPOS?
Y decimos hasta ahora porque parece -sólo parece- que desde hace algunos meses, concretamente desde el
verano de 1982, antes de que entrara en acción el gobierno socialista, ciertos aires de renovación empezaron a tomar cuerpo. Se adquirió un lote de trece producciones operísticas de distinto signo ,- en ellas había desde las realizadas específicamente para la Televisión hasta las tomadas en una representación- que fueron programándose semanalmente. Entre ellas se encontraban auténticas joyas, ya conocidas por telespectadores de otras latitudes, como El barbero de Sevilla, dirigido escénicamente por PonneIle y musicalmente por Abbado. y Las bodas de Fígaro, también realizada por Ponnelle y dirigida musicalmente por Bohm. Producciones que en su mayoría poseían una calidad alta y una aceptable presencia sonora; producciones que servían -seguramente han servido- para satisfacer a los exigentes aficionados y para incitar el deseo de ampliar sus conocimientos de los curiosos, de los no cerrados a cal y canto ante un espectáculo artístico de primer orden. Sucede que, en esta oportunidad, Televisión Española -representada a estos efectos por Francisco Cano, dependiente de la jefatura de programas musicales de la Segunda Cadena - previó, con buen acierto. la emisión escalonada y la utilización. antes de cada proyección, de un presentador, de un crítico o comentarista que pusiera en antecedentes, técnicos o estéticos y argumentales, de la ópera en cuestión a los que se supone no muy avisados telespectadores. Durante varias semanas, por lo tanto. siempre a través de la segunda cadena, se pudo contemplar en buenas
condiciones ópera de calidad generalmente bien presentada y realizada. Era evidentemente, un primer paso.
Después de la serie de trece óperas no puede decirse que haya habido nada especial, esa es la verdad, hasta la emisión de la Tetralogía, si se exceptúan algunas retransmisiones aisladas. Recordemos, por ejemplo, un Idomeneo, desde el Metropolitan, y el Don Carlo ya citado desde el mismo teatro. Para esta retransmisión, en directo, se previó un amplio coloquio entre cuatro especialistas. Este tipo de presentaciones tiene un lado malo (cierto confusionismo, divagación, desorden) y su lado bueno (sugerencias, significación de aspectos poco
usuales, contraste de pareceres) pero, en cualquier caso, son ilustrativos. Lástima que, por ejemplo, en la retransmisión de la segunda ópera no se calculara bien -quizá por defecto de la fuente emisora- el tiempo de los entreactos y no pudiera leerse en todos ellos el argumento, con lo que la mayoría del público se quedaría «in albis». Después de la Tetralogía, de la que ahora trataremos, no se ha vuelto a emitir ninguna ópera. Oficialmente nada se ha dicho tampoco de los proyectos que existen. Esperemos que el camino, con tan buen pie iniciado, no se abandone y que se mantenga al menos una actividad constante, un ritmo permanente que permita abrigar la esperanza de que, poco a poco, nuestra Televisión pueda servir para dar a conocer al gran público, que cada vez lo demandará con más fuerza si se hacen bien las cosas, un producto cultural de primer orden cual es la ópera. Y la ópera bien hecha en concreto.
EL ANILLO DE CHEREAU-BOULEZ
Esta producción, que recientemente nos ha ofrecido Televisión Española, se debe a la entente establecida entre la Radiodifusión de Baviera y Unitel. Se filmó durante los ensayos generales correspondientes a los festivales de 1979 (por lo que respecta a El ocaso de los dioses) y de 1980 (por lo que se refiere a las otras tres jornadas). En relación a la calidad artística y valores interpretativos de la representación llevada a cabo en el teatro del Festival de la ciudad alemana, RITMO publicó ya en su momento extensos y documentados comentarios, no muy halagüeños, debidos a Angel F. Mayo (RITMO núm. 466) y José Luis Pérez de Arteaga (RITMO núm. 476). Fue, en todo caso, un montaje polémico y por ello vivo que, al abandonar en buena medida los presupuestos planteados años atrás por Wieland Wagner fundamentalmente, y banalizar en cierto modo -aunque no se trataba de eso- la problemática tratada en la compleja obra, determinó las iras de los más tradicionales guardines de las esencias wagnerianas y, al contrario, el júbilo de los amigos de lo nuevo, con independencia del camino que se siga para alcanzarlo y con independencia del resultado final y de lo que cueste llegar a él. Producción que, con sus pros y sus contras, estuvo representándose en el Festpielhaus hasta 1981 y que ha servido para dar a conocer a un "enfant terrible: Patrice Chéreau, así como para confirmar, dentro de unos presupuestos musicales determinados, a Pierre Boulez. La producción ha pasado también al disco y la casa Philips editó el pasado año un álbum en el que se contienen las cuatro óperas.
La proyección de este Anillo ha permitido conocer al fin en nuestro país, aunque por el támiz de la televisión, las
características del tan polémico montaje del que tanto se ha hablado en Europa en los últimos años. Una vez visto, y con la distancia que proporciona el tiempo, ya en frío, cabe matizar en relación con este empeño artístico algunos puntos interesantes.
En primer lugar, se trata de una producción que, sin traicionar lo básico del libro y de la música, pretende desmitificar no unos valores, sino la forma en que éstos han venido dados usualmente.
La forma en que tal finalidad se obtiene no es siempre afortunada. Se tiende, por ejemplo, a exagerar, a dar cuerpo de manera excesivamente concreta, a ideas muchas veces abstractas: representación de los gigantes. Otras veces se banaliza, hasta rozar lo infantil -intelectualmente buscado-: representación del dragón. O se agudiza hasta el extremo, de manera quizá excesivamente esquemática, una determinada psicología: la de «Mime», que resulta siempre bufo e histriónico; bien trazado, pero demasiado de una sola pieza.
Tales planteamientos producen innegables incoherencias. Se ha de mantener, o intentarlo al menos, un equilibrio
entre el lenguaje literario y musical wagneriano auténtico, y las novedades que a partir de él se obtengan. Lo más llamativo es la falta de concordancia entre texto -al menos a nivel primario- y determinados momentos en la acción. Por ejemplo, comienzo de El oro del Rhin.
En todo caso, el planteamiento de origen es sólo relativamente revolucionario. Hay afán de desmitificar, sí, y a veces se consigue con excelentes efectos (parte final de El oro del Rhin), pero hay una cierta tendencia a lo ingenuo, un excesivo apego a una manera de hacer demasiado «naif». Quitando la primera jornada y partes de la última en ésta de forma más incoherente -, es quizá aventurado hablar de aproximación auténticamente marxista, como se ha señalado en diversos medios.
Hay que alabar la cuidadosísima y cuidadísima composición de planos y colores, el fino olfato eurrítmico de Chéreau, el excelente y preciso movimiento de figurantes, la espléndida dirección -dentro de los planteamientos elegidos- de actores: el gesto más mínimo está previamente codificado.
La tremenda crisis vocal queda evidenciada al escuchar la interpretación de los solistas, elegidos entre los mejores de hoy en día. Brilla, por encima de todos, Heinz Zednick, que ofrece un tortuoso y complejo Loge" y un acabadísimo (dentro de la idea comentada, quizá discutible) Mime. Magnífico actor, y dentro de un instrumento muy lírico y no especialmente atractivo, buen cantante. Mediocre como voz Mclntyre, engolado y temblón, aunque de timbre adecuado a "Wotan, pero bien de presencia, de empaque y de gesto. Aceptable la Fricka" de Hanna Schwarz y muy comprometida, con agudos desabridos y feamente metálicos, aunque con un centro importante, la Brünnhilde" de Gwyneth Jones, de buena presencia en todos caso. Correcto Peter Hofmann en un lírico "Siegmund e impresentable Manfred
Jung como "Siegfried». Mal el "Gunther del ajado Franz Mazura, y gris y demasiado opaco el "Hagen" de Fritz Hubner.
MAGNIFICOS MOMENTOS MUSICALES
Con estos mimbres, de todas formas, Boulez, apoyado en una espléndida y brillante orquesta, consigue algunos
momentos magníficos desde un punto de vista puramente musical y, en todo caso, mantiene un encaje foso escena aceptable. Los planteamientos del director y compositor francés son, sin embargo, bastante discutibles por su excesiva tendencia a la clarificación, a la nitidez y a la separación tímbrica, que no deja nada a la imaginación. Su fraseo es cortante, alicorto y poco sugerente. Su orquesta está llena de aristas.
Este montaje, con sus pros y sus contras, con sus indudables bellezas plásticas y sus equivocaciones y con sus en ocasiones feos planteamientos aparece impecablemente recogido en la cuidadísima realización cinematográfica, evidentemente pensada para televisión, del inglés Brian Large, que entre otras cosas
ha realizado, también para televisión, con anterioridad, una Luisa Miller representada en el Covent Garden de Londres. La planificación está muy pensada y cada detalle, cada mirada y cada gesto son implacablemente observados por el ojo de la cámara, que nos trae así, nos lo acerca, el mundo legendario, pero real al tiempo, al mostrarnos cruda mente arquetipos. Se huye en general de tomas panorámicas, impropias en televisión -lo que, por ejemplo en El ocaso, puede empequeñecer la grandiosidad y la vastedad de un determinado momento escénico-. La calidad sonora es excelente, sin distorsiones graves y con permanente claridad polifónica. En la realización de El oro del Rhin, de manera muy afortunada, se intercalan en los intermedios orquestales tomas a cámara lenta que van ofreciendo a los ojos del telespectador el cambio de las decoraciones.
Naturalmente, y esto hay que resaltarlo de manera muy clara como algo quizá fundamental para el éxito de esta
emisión en nuestro país, muy probablemente esta Tetralogía no hubiera tenido la acogida que ha tenido si no hubiera sido por la afortunada idea -en principio discutible, todo hay que decirlo- de subtitular el texto cantado. Se ha hablado muchas veces de la conveniencia o inconveniencia de utilizar subtítulos. El principal inconveniente debe ser el de la calidad y oportunidad de los mismos. Los preparados por Angel F. Mayo, utilizando su propia traducción, son en general muy buenos, tanto por la justeza de su inclusión en la imagen, siguiendo en todo momento la acción, cuanto por la corrección sintáctica, gramatical, que ofrecen. De esta forma, aunque quizá
algunas expresiones puedan considerarse pasadas de moda, el telespectador medio, tanto el aficionado como el desconocedor, tanto el curioso como el profesional, ha podido seguir con facilidad, con una buena visión de los subtítulos, que se destacaban generalmente con nitidez sobre la imagen, el desarrollo de la a veces compleja trama, y ha podido hacerse su composición de lugar sobre ella y sobre la interpretación; en definitiva, ha podido degustar, con independencia del valor polémico de la versión, de su mayor o menor fortuna, de una obra indiscutible de la cultura contemporánea.
Todo lo dicho más arriba y, sobretodo, la feliz emisión de El Anillo del Nibelungo, y el éxito que ha tenido entre
nosotros, alcanzando una audiencia media muy alta, impensable hace unos años, debe hacer nos ser optimistas en relación con el binomio ópera-televisión que aparece en el título de este trabajo. Aunque con todas las reservas del mundo, creemos que puede afirmarse que todavía es posible una reconciliación en tres los dos medios.EL
FESTIVAL DE BAYREUTH 1983 EN R.N.E.
Pocos son los "privilegiados que asistirán en vivo a las representaciones del Festival de Bayreuth. No obstante,
los melómanos no asistentes podrán disfrutar de las emisiones que Radio Nacional de España efectuará en cone
xión directa con la catedral del wagnerismo. Ofrecemos a continuación el calendario y los horarios en que se retransmitirán las distintas obras, siempre por Radio 2, Frecuencia Modulada (93,2 y 98,75 MHz).
Domingo, 24 de junio
-LOS MAESTROS CANTORES DE NUREMBERG, de R. Wagner
Intérpretes: Bernd Weikl ("Hans Sachs»), Manfred Schenk ("Veit Pogner»), Andras Molnar ("Kunz Vogelgesang"),
Martin Egel ("Konrad Nachtigall"), Jef Vermeersch (..Fritz Kothner), Udo Holdorf Balthasar Zorn"), Toni Kramer Ulrich Eisslinger), Helmut Pampuch ("Agustín Moser), Sandor Solyom-Nagy ("Hermann Ortel), Heinz Klaus Ecker ("Hans Schwarz), Dieter Schweikart ("Hans Foltz"), Siegfried Jerusalem ("Walther), Graham Clark ("David), Mari Anne Haggader ("Eva), Marga Schiml ("Magdalene) y Matthias Holle (un sereno").
Orquesta y Coro del Festival. Director: Horst Stein.
Horario
15,35'-Presentación
15,55'-Acto 1
17,40'-Entreacto. Espacio Musical
18,15'-Acto 11
19,45'-Entreacto. Espacio Musical
20,20'-Acto 111
22,35'-Despedida.
Lunes, 25 de Julio
EL ORO DEL RHIN, de R. Wagner
Intérpretes: Siegmund Nimsgern ("Wotan), Heinz-Jürgen Demitz ("Donner), Maldwyn Davis ("Froh), Siegfried
Jerusalem ("Loge), Manfred Schenk ("Fasolt), Dieter Schweikart Fafner), Hermann Becht ("Alberich) Peter Haage (Mime), Doris Soffel ("Fricka), Anita Soldh (Freia), Anne Gjevang ("Erda"), Agnes Habereder ("Woglinda), Diana Montague ("Wellgundo) y Birgitta Svenden (Flosshilda).
Orquesta del Festival. Director: Georg Solti.
Horario
17,30'-Presentación
17,55'-EI Oro del Rhin
20,45'-Despedida
Martes, 26 de Julio
LA WALKYRIA, de R. Wagner
Intérpretes: Dennis Bailey (Sigmundo), Matthias Holle ("Hunding), Siegmund Nimsgern (Wotan), Jeannine Altmeyer (Sieglinda), Hildegard Behrens ("Brunhilda), Doris Sotfel (Fricka), Anita Soldh ("Gerhilda), Anne Evans (Ortlinda) Ingrid Karrasch (Waltrauta), Anne Wilkens ("Schwertleita), Agnes Habereder (Helmwiga), Diana MontaQue (Siegruna), Ruthild Engert-Ely (Grimgerda) y Anne Gjevang (Rossweissa).
Orquesta del Festival. Director Georg Solti.
Horario
14,45'-Presentación
15,55'-Acto 1
17,25'-Entreacto. Espacio Musical
18,OO'-Acto 11
20,O5'-Entreacto. Espacio Musical
20,40'-Acto 111
22,10'-Despedida.
Jueves. 28 de Julio
SIGFRIDO, de R. Wagner
Intérpretes: Reiner Goldberg ("Sigfrido), Peter Haage (Mime), Siegmund Nimsgern (El caminante), Hermann
Becht ("Alberich), Dieter Schweikart (Fafner), Anne Gjevang ("Erda), Hildegard Behrens ("Brunhilda).
Orquesta del Festival. Director: Georg Solti.
Horario
15,35'-Presentación
15,55'-Acto 1
17,40'-Entreacto. Espacio Musical
18,20'-Acto 11
20,O5'-Entreacto. Espacio Musical
20,40'-Acto 111
22,30'-Despedida.
Sábado. 30 de julio
EL OCASO DE LOS DIOSES, de R. Wagner
Intérpretes: Reiner Goldberg ("Sigfrido), Bent Norup (Gunther), Aage Haugland (Hagen) Hermann Becht ("Alberich), Hildegard Behrens (Brunhilda), Maria Ewing (Gutruna), Brigitte Fassbaender ("Waltraute), Anne Gjevang, Anne Wilkens y Anne Evans (Nornas), Agnes Habareder (Woglinda), Diana Montague (Wellgunda) y Birgitta Sevenden (Flosshilda).
Orquesta y Coros del Festival. Director: Georg Solti.
Horario
15,35'-Presentación
15,55'-Acto 1
18,30'-Entreacto. Espacio Musical
18,55'-Acto 11
20,35'-Entreacto. Espacio Musical
20,35'-Acto 111
20,35 '-Despedida.
Domingo 31 de Julio
TRISTAN E ISOLDA, de R. Wagner
Intérpretes: Spas Wenkoff (Tristán), Matti Salminen (Rey Marke), Johanna Meier (Isolda), Hermann Becht (Kurwenal), Graham Clark (Melot), Hanna Schwarz (Brangäne), Graham Clark (Seemann) Helmut Pampuch (Pastor) y Martin Egel (Timonel).
Orquesta y Coro del Festival. Director: Daniel Barenboim.
Horario
15,35'-Presentación
15,55'-Acto 1
17,40'-Entreacto. Espacio Musical
18,15'-Acto 11
20,00'-Entreacto. Espacio Musical
20,40'-Acto 111
22,10'-Despedida.
Lunes, 1 de Agosto
PARSIFAL, de R. Wagner
Intérpretes: Simon Estes (Amfortas), Matti Salminen (Titurel), Hans Sotin (Gurnemanz), Peter Hofmann (Parsifal), Franz Mazura (Klingsor), Leonie Rysanek (Kundry) Toni Kramer y Matthias Holle (Caballeros), Ruthild Enger-Ely, Sabine Fues y Peter Maus y Helmut Pampuch (Escuderos), Monika Schmitt, Anita Sold, Hanna Schwarz, Dorothee Reingardt, Deborah Sasson y Margit Neubauer (Floristas).
Orquesta y Coro del Festival. Director: James Levine.
Horario
15,35'-Presentación
15,55'-Acto 1
18,15'-Entreacto. Espacio Musical
18,50'-Acto 11
20,35'-Entreacto. Espacio Musical.
21,05'-Acto 111
22,45'-Despedida.
Presentación y comentarios: Rafael Taibo