Ritmo, año LI nš 509, marzo 1981
QUERIDO FEDERICO*
Por Angel Fernando Mayo
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Te
fuiste como deseabas, de improviso, en tu casa, sin tumultos ni demoras,
a la vez aceptado y sorprendido por tu muerte. Apenas un mes antes habías
compartido mi mesa y la de mi familia, en Madrid; y mi hija Elena, de
cinco años de edad, que es el «mensajero alado» de
nuestra tribu, te había canturreado una canción infantil
que tiene por protagonista a un tal Federico. Tú te reías
divertido, y por una extraña asociación de ideas, pensaba
yo en tu viudez prolongada, desde hacía casi treinta años.
Habías peregrinado como neófito a Bayreuth en 1953, aún
con el dolor en los ojos, en la palabra y en los sueños. Lloraste
allí al escuchar la despedida de «Wotan» y «Brunilda»
en las voces de Hans Hotter y Martha Mödl. Tu perseverancia en
tu catarsis hizo que nos conociéramos
en 1962, cuando yo era tramoyista de pacotilla y tu acudías a
felicitar a Victoria de los Ángeleslírica «Elisaheth»
en compañía de tu hija Tere y de los matrimonios Cantín
y Torné.
Tras
los ripios, de sobremesa algunos comentarios sobre la situación
política y económica, y en seguida a lo nuestro: los programas
de Pro Música en la primavera de 1981, tus viajes previstos a
Munich y a Salzburgo, la posibilidad de coincidir este año nuevamente
en Bayreuth disipadas en parte las pesadillas de la desmitificación
y la audición de «bocados» exquisitos: cosas del
Tristán bayreuthiano de Jochum; Martha Mödl en el
también bayreuthiano Tristán de Karajan; el «Rosenkavalier»
muniqués de Knappertsbusch tu obra definitivamente favorita
en comparación sensible con las grabaciones «legales»
de Erich Kleiber y Herbert von Karajan...; y, al final, la mágica
frase de «tu» «Eva» Elisabeth Grümmer,
al coronar al «Walther» con el inefable trémolo:
«Nadie como tú...».
Si
esta tarde estuvieras aquí, conmigo, la dimisión de Adolfo
Suárez, la tejerada y la aventura del nuevo y melómano
presidente del Gobierno habría prolongado algunas lógicas
demandas tuyas sobre mi decisión, tomada hace varios meses y
hoy cristalizada, de dejar la subdirección de RITMO y renunciar
a la responsabilidad de sostener la línea editorial que se ha
prolongado en la Revista desde enero de 1977 hasta el primer número
de 1981. Sabes que yo alimentaba la ilusión de llegar a 1983,
para dedicar «lógicamente» a Wagner mi particular
manía dentro de mi generalizada melomanía un número
extraordinario «comm'il faut». Pero también sabes
que desde julio pasado la suerte estaba echada, porque RITMO se ha hecho
siempre gracias al esfuerzo desmesurado de muy pocas personas, y al
no poder yo continuar mi actividad de destajista por causas profesionales,
era inconveniente y hasta inútil alimentar ilusiones poco realistas.
El cambio debe producirse en el momento oportuno, y sinceramente, creo
que éste es uno de esos momentos cruciales.
Recordarás que llegué a RITMO justamente cuando se iniciaba
a transición política. Desde el principio vi claro que,
en esa circunstancia, la razón de ser de esta Revista casi cincuentenaria
debía hacerse fuerte en su especialización e independencia.
Si en algo había de significarse RITMO, ese algo debía
ser más que nunca la Música y su devoción. Con
ideas buenas, medianas y malas; con aciertos y errores, procuré
dirigir el esfuerzo de la Redacción a esta meta: crear un entrelazado
de relaciones con los musicos vocacionales y con los aficionados, con
los enamorados de la Música. El «Correo de Ritmo»
es hoy la cabal expresión de que ese objetivo se ha alcanzado.
Alguien me dijo muy al principio:«No te preocupes; si no llegan
cartas, las escribiremos nosotros». Afortunadamente, no ha sido
necesario acudir a tan cuestionable procedimiento. Nos han sobrado las
consultas, las adhesiones, las puntualizaciones, las discrepancias «constructivas»
y hasta las airadas o de ruptura. En estos años, creo que es
justo reconocer que RITMO alcanzó su cincuenta aniversario en
un clima de libertad, renovación e inquietud que contrasta con
la atonía, la confusión o el sensacionalismo de muchas
publicaciones. Pocos nombres dejaron la Revista. De estos pocos, la
mayoría por inevitables razones profesionales: contados fueron
los casos de incompatibilidad o disonancia. A veces, no es soportable
la independencia crítica ejercida con todas las consecuencias.
Pero uno de los legítimos orgullos de esta etapa ha sido la incorporación
nutrida de nuevas voces y entusiasmos, que ahora quiero, precisamente,
resumir o simbolizar en la constitución de la Redación
de Barcelona, que ya había ganado tu sincero aprecio y en el
de otros numerosos aficionados catalanes.
RITMO-Institución
ha perdurado cincuenta años más allá de las circunstancias
y las personas. Avizorante hoy desde la tercera generación dentro
de la unidad en el destino familiar que la señala desde el inicial
y casi mítico 1929, pronto vamos a escuchar la voz de una Redacción
de nuevo ilusionada y, probablemente, más profesional que la
que yo tuve el honor y hasta el placer de «domesticar»
a lo Saint-Exupéry. Sólo me queda desear a esta Redacción
que no le falte un o muchos Federico Marimón, como
tú, atento a consultar la Revista para programar sus viajes musicales
o para compulsar un grado de discrepancia. Hasta siempre, querido Federico,
con mi añoranza y todo mi afecto.
ANGEL.-F. MAYO.
(Reproducido con la autorización
de los herederos de Ángel Fernando Mayo Antoñanzas)