Ritmo Año LIV, Noviembre 1983 - Nš 538
MUSICA DE PIANO EN CASA DE WAGNER
Por Luis Sales
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WAGNER:
Gran Sonata para piano, en La mayor Op. 4. Fantasía en Fa sostenido menor. Sonata para el álbum de Frau Wesendonck. Hoja de álbum «Züricher Vielliebchen» (Vals en Mi bemol mayor). Hoja de álbum en Do mayor para la Princesa Metternich. Hoja de álbum en Mi bemol mayor para Betty Schott.
HANS VON BULOW:
Balada Op. 11.
LISZT: Am Grabe Richard Wagners. La góndola lúgubre I Czarda macabra. Nubes grises.
Werner Genuit, piano. Acanta-Edigsa, 11AO374, 2 discos.
Interpretación:* * *
Sonido: * * *
Sabido es que, a diferencia de otros compositores que han nacido prácticamente dominando el lenguaje musical, Richard Wagner hizo su aprendizaje musical bastante tardíamente. No menos de dieciocho años tenía el compositor cuando comenzó a estudiar seriamente los rudimentos de la música, de la mano de su maestro Weinlig, aunque ciertamente le bastaron escasos meses para dar por concluido su período oficial de instrucción. Fue precisamente en el curso de esta etapa formativa cuando compuso, muchas veces a instancias de su profesor, sus primeras obras instrumentales, y entre ellas -menos conocidas que la célebre. Sinfonía en Do mayor- algunas curiosas composiciones para piano.
La Sonata en La mayor, Op. 4, segunda de las dos que compuso en 1831, es un evidente EJERCICIO DE PRACTICAS de un alumno que trata de aprender los secretos de la forma sonata. Destaca en ella la mayor facilidad del adolescente Wagner para los primeros temas que para los segundos, siempre más difuminados y débiles, y una tendencia muy beethoveniana a la profusión de amplios desarrollos y episodios modulatorios. Lo más notable es la influencia clara y evidente del primer Beethoven (sobre todo el de aquellas sonatas con especial fogosidad y potencial prospectivo, como la Op. 10/3 o la Op. 31/2), que es perceptible en los temas principales de los movimientos extremos, así como en el segundo tiempo, <Adagio molto e assai espressivo>, el más hermoso de la obra. En cambio, el movimiento final incluye una desconcertante introducción que consiste nada menos que en una cuadriculada fuga, propia de manual de conservatorio, que no viene a cuento lo más mínimo. La Sonata es, con todo y a pesar de los defectos propios de la inmadurez de su autor, una pieza bonita y de grata audición.
El mismo año, pero ya sin intención docente, compuso Wagner la Fantasía en Fa sostenido menor. La obra, que responde totalmente a la libre inspiración, es sin duda la más interesante de las contenidas en esta grabación, primero, por lo que significa el hecho de contraponer, ya tan tempranamente, una estructura libre y poemática a la forma sonata heredada y recién estudiada; y segundo, porque esta página precoz nos introduce súbitamente en un mundo sonoro en el que reconocemos la atmósfera sombría del futuro Tristán. Efectivamente, toda la composición se desarrolla a partir de un tema, cuya célula generatriz -un verdadero <leitmotiv>, que recorre de arriba a abajo toda la partitura- está íntimamente relacionada con la idea que abre el preludio del tercer acto de Tristán e Isolda.
Pero además, en uno de los recitativos encontramos una cita literal del motivo que aparecerá en el primer acto de dicha ópera, cuando el protagonista pronuncia las palabras Zu König Markes Land? (¿Cómo quieres que conduzca suavemente esta nave hacia el país del Rey Marke?), motivo que luego repiten Brangania, e Isolda. Constatamos así que treinta años antes de componerla, Wagner tenía ya en la cabeza algunas ideas para su famosa ópera. Aparte de esto, la Fantasía incluye, además de recitativos (en los que abundan infinidad de motivos basados en un intervalo de sexta con el clásico «gruppetto» ornamental, figura típica de la música de Wagner) y otras disgresiones, un bello segundo tema, con aire de siciliana, que introduce un poco de luz y reposo en el clima tenso y dramático de la composición.
Escrita ya en 1853, la Sonata para el álbum de Frau Wesendonck es, a pesar de su título, otra fantasía, o mejor dicho, otro poema. Estructuralmente se trata de una meditación libre sobre un tema de partida (que en esta ocasión se basa claramente en el de la Opus 26 de Beethoven), a través de un desarrollo que hace pensar ya en la influencia pianística de Liszt. Desde luego se observa el paso de los años y la madurez cobrada con respecto a las obras anteriores; la calidad constructiva es mayor y la riqueza expresiva es también superior. La obra simboliza un arco evolutivo muy interesante trazado desde Beethoven hasta Liszt, tanto desde el punto de vista formal (de la sonata al poema), como desde el expresivo y tímbrico.
Por lo que se refiere a las tres piezas breves incluidas (compuestas en años posteriores), baste decir que la primera de ellas es un breve vals lleno de gracia e intención, la segunda un modelo típico de romanza sin palabras (figura tan querida de los románticos), y la tercera, quizá la más prolija, un ejemplo de hasta qué punto Wagner estaba obsesionado por el intervalo de sexta.
El álbum incluye además una poco afortunada Balada de Hans von Bülow y cuatro notables piezas de Liszt; ni la una ni las otras vienen a cuento (más bien desentonan) y su relación musical con las obras que acabamos de estudiar es totalmente marginal. Su forzada inclusión se debe a la pretensión de convertir el álbum en una evocación de lo que pudo ser, en el ocaso de la vida del maestro, una de las veladas musicales de Villa «Wahnfried», y de ahí el título general de Música de piano en casa de Wagner. Hubiera sido mucho más interesante aprovechar este espacio para grabar también, por ejemplo, la otra sonata de Wagner, la Sonata en Si bemol mayor Op. 1, dando a la producción un carácter abiertamente monográfico, dedicado a esa curiosidad cultural que es la producción pianística del autor de Parsifal.
La interpretación del pianista Werner Genuit, sin ser nada excepcional, resulta correcta y adecuada a las obras de Wagner, así como a la Balada de Von Bülow, pero no alcanza a dar la nota de virtuosismo y brillantez que demandan las cuatro páginas de Liszt. El sonido de la grabación, bueno y timbrado, se halla parcialmente empañado por un prensado mato. -Por otro lado, la presentación del álbum es bastante pobre. El artículo del Doctor Egon Voss (que contiene errores de bulto, tales como atribuir los hijos de Cósima a su matrimonio con Von Bülow) se ajusta más al título del álbum que al contenido real, y así nos habla, un tanto vagamente, de Bayreuth y Villa Wanfried, pero nada dice acerca de las obras presentadas en la grabación. Cuando se trata, como en este caso, de composiciones desconocidas, es necesario que el disco -como agente cultural que debe ser- ayude al oyente aportando información, siquiera elemental, acerca de la historia, carácter y significado de las obras en cuestión. La traducción del artículo al castellano es, además, defectuosa, siendo más correcta la versión catalana (que también se incluye). Finalmente, el minutaje de las cuatro caras es bastante bajo, lo que en todo caso es un factor muy criticable.
La producción resulta, a pesar de todo, muy interesante, pues permite conocer aspectos insólitos de la obra y de la personalidad de ese músico fundamental que fue Richard Wagner