ISOLDA O ‘‘LA
REALIZACIÓN DEL AMOR A TRAVÉS DE LA MUERTE”
Por la Dra. JACQUELINE
VERDEAU-PAILLES (1)
La leyenda de “Tristán e Isolda” constituye una de las grandes creaciones poéticas y espirituales, cargadas de símbolos y portadoras de Fe. Testinionio de los nobles sentimientos que honraban la Edad Media, aporta, por encima de la historia de un país y de una época, el testimonio de un amor-pasión más fuerte que las leyes, que la moral y que la vida misma, que alcanza el grado universal. El personaje de Isolda, convertido en mítico, encarna la unión indisoluble entre el amor y la muerte.
EL PERSONAJE DE ISOLDA
EN LA LITERATURA nos la muestra, cualquiera que sea el origen de
los poemas, como la heroina y la víctima de la fatalidad de un
amor más fuerte que la vida y que el honor.
Las
primeras fuentes son célticas: los textos anglo-normandos más
antiguos datan del siglo XII: se trata del “Tristrem” de
Thomas, después viene el “Tristán” del
normando Béroul, a los que sigue en el siglo XIII “Sir
Tristrem”, novela en verso que Walter Scott atribuye a Thomas
of Ercildoune llamado “the Rhymer”. Isolda es puesta en
escena en el siglo XV en “La muerte de Artis” de Thomas
Malory. Pero es sobre todo en el siglo XIX, en la época del
romanticismo, cuando la historia de Isolda conoce un resurgimiento
con Walter Scott, en 1806, al publicar un resumen de las antiguas
versiones de la leyenda, así como a través de los
poemas de Matthew Arnold, de Tennyson y, sobre todo, con A.C.
Swinburne, quien publica en 1882 un poema en nueve cantos y un
preludio, inspirado en “Sir Tristrem” de Thomas of
Ercildoune y en la compilación de Walter Scott. Pero la Isolda
de Swinbunie nada debe a la Isolda de Wagner.
La obra de la literatura alemana que atraerá nuestra atención es el “Tristan und Isolde” de Gottfried de Strasburg, uno de los poemas más famosos de la Alemania medieval y una de las principales fuentes para Richard Wagner. El absoluto poder y la fatalidad del amor son los temas dominantes. Pero aquí, Tristán encuentra dos Isoldas: Isolda la rubia, la Isolda de Wagner, e Isolda la de las blancas manos que Wagner no tendrá en cuenta. Mientras Wagner hace beber a Tristán e Isolda un filtro de amor en tanto que ellos creen compartir un veneno mortal, Gottfried de Strasburg hace beber a Tristán y a Isolda la rubia el filtro de amor en tanto que ellos creían estar apagando la sed con vino. El gigante Morholt de Gottfried de Strasburg se convierte en Wagner en Morold, el primer prometido de Isolda. Una vez descubiertos por el rey Marke, los dos amantes huyen al bosque en el relato de Gottfried de Strasburg, mientras que en el de Wagner son separados, quedando Isolda junto al rey Marke y partiendo Tristán, mortalmente herido, hacia Kareol, su castillo de Cornualles, acompañado por Kurwenal. El episodio de la boda de Tristán con Isolda la de las blancas manos no existe en el poema de Wagner. El papel de Brangania difiere en uno y otro. En ambos casos, Tristán muere desesperado en el momento de la llegada de Isolda la rubia o de Isolda y ésta se desploma sobre el cuerpo de Tristán, muriendo a su vez. El rey Marke de Gottfried de Strasburg manda sepultar los dos cuerpos en Cornualles. De su tumba brotan dos árboles que entrelazarán sus ramas. Durante los siglos XII, XIII, XIV y XV van apareciendo otros poemas titulados “Tristán”o bien “Tristán e Isolda”; encontramos asimismo alusiones a su leyenda y por último una obra de vulgarización. Es necesario esperar hasta el siglo XIX para encontrar la leyenda en la literatura alemana aparte del libreto escrito por Wagner. Cada uno de los autores siguientes merece ser citado: August Wilhelm Schlegel (“Tristan”), August von Platen-Hallermünde (“Tristan und Isolde”), Friedrich Rückert (“Tristan und Isolde”), Christoph Martin Wieland (“Tristan”), Karl Zimmermann (“Tristan und Iseut”), Hermann Kurz (“Tristan und lseut”, Romance), Friedrich Roeber (“Tristan und lseut”, Tragedia) y A. Follen (“Tristans Eltern”, Poema).
En la literatura francesa,
el personaje de Isolda aparece en los siglos XII, XIII y XIV, bajo la
forma de relatos o de romances, o bien bajo la forma de alusiones a
la leyenda, en el caso de los poetas provenzales y franceses. Después
de un eclipse, volvemos a encontrarlo en el siglo XIX con Francisque
Michel en “Tristán, compilación de lo que queda
de los poemas relativos a sus aventuras”. Debemos citar sobre
todo, en 1900, la notable versión del medievalista Joseph
Bédier del “Roman de Tristan e lseut”, refundición
en prosa de la antigua leyenda, siguiendo con fidelidad los textos de
los antiguos poetas.
La
literatura italiana consagra igualmente desde el siglo XIII
narraciones populares a la leyenda de Tristán e Isolda, el
“Tristan” de Riccardiano y el “Tristan” de
Corsiniano. En el siglo XIV se publican varios poemas y durante los
siglos XV y XVI, Isolda aparece evocada por Dante en el capítulo
V de la Divina Comedia, “El infierno”, por Petrarca en
“Los triunfos”, por Tremezzini en un poema. Más
próximo a nosotros, Gabriele d’Annunzio habla de Isolda
en “El triunfo de la muerte”.
En
la literatura española, encontramos a Isolda en “El
cuento de Tristán”, versión fragmentaria en prosa
del Tristán francés. (ver apéndice)
La última Isolda
cronológica la debemos al poeta americano Edwin Arlington
Robinson, quien publica en 1927 un poema titulado “Tristram”
pero que se singulariza describiendo un mundo gobernado por el odio y
no por el amor; insiste en el tema de la renuncia y ofrece una
interpretación muy psicoanalista de la leyenda.
Conviene ahora pasar a
estudiar LAS INFLUENCIAS EJERCIDAS SOBRE RICHARD WAGNER EN SU
CREACIÓN DEL PERSONAJE DE ISOLDA. Estas influencias son,
en parte indirectas, en parte directas.
Las
influencias indirectas son las corrientes del pensamiento literario y
filosófico que encontraron eco en él: se trata ante
todo del teatro de Calderón, lectura
cuasi cotidiana de Wagner durante la época en que trabajó
en la elaboración de “Tristán e Isolda”. Se
trata a continuación de la influencia de Schlegel para quien
la existencia no es más que fantasía y sufrimiento, de
aquí la nostalgia de la muerte y la aspiración a la
nada unificadora. La influencia de Feuerbach se traduce en la
concepción que Wagner expresa del amor del hombre y de la
mujer que tiende hacia la fusión, resultado de la renuncia
fundamental al egoismo y del sacrificio del individuo en provecho de
la colectividad. Wagner, asimilando Isolda a la música y
Tristán a la poesía, los convierte en el símbolo
de la fusión entre música y poesía, estadio
preparatorio para el nacimiento de una sociedad comunitaria en la
cual el arte y el genio pertenecerán a todos y la obra de arte
será producto y patrimonio del pueblo. Otra influencia viene a
añadirse a la creación artística de Wagner, la
del romanticismo de Novalis que exalta la relación entre el
amor, la noche y la muerte en su obra “Los himnos a la noche”
y que canta a la muerte como “una noche nupcial, un secreto de
dulces misterios”. Si Wagner se vio influenciado por los poemas
de Novalis, a Mathilde Wesendonck, la inspiradora de Isolda, le
ocurrió lo mismo en sus cuentos, sus dramas y sus poemas.
Después de Feuerbach y Novalis, es a Schopenhauer a quien
Wagner alude. Thomas Mann afirma que el personaje de Isolda se
encuentra imbuido del carácter al mismo tiempo erótico
y pesimista de la metafisica de Schopenhauer, tal como la expresa en
“El mundo como voluntad y representación”. La
negación de la voluntad individual, la afirmación de la
voluntad universal, la fusión en el todo convierten a la
muerte en una necesidad, condición indispensable para la
realización del amor.
Las influencias directas
ejercidas sobre Wagner durante su creación del personaje de
Isolda son, a su vez, de dos tipos: unas, las influencias literarias
directas, las otras los acontecimientos de su vida que han convertido
al personaje de Isolda en la proyección de una de las mujeres
a quien más amó. Conocemos las fuentes literarias de
inspiración desde el momento en que fue posible acceder a la
biblioteca que poseía en Dresde entre 1842 y 1849. Sabemos así
que en su poder obraban varias versiones de “Tristán”
y que se inspiró en ellas: fragmentos de los poemas galeses,
“Sir Tristrem” en inglés antiguo de Thomas of
Ercildoune, “Tristan e Isolda” en francés antiguo
y, sobre todo, el texto de Gottfried de Strasburg y su traducción
al alemán moderno.
En
cuanto a las influencias directas personales, se refieren a su
encuentro con el matrimonio Wesendonck dentro de un contexto de
relaciones difíciles entre Richard Wagner y su primera esposa
Minna. Es, pues, en febrero de 1852 cuando, según las propias
palabras de Wagner “Otto y Mathilde Wesendonck entraron en su
mundo sensible”. Mathilde tiene 23 años, es hermosa, de
una belleza grave y melancólica, posee una mirada taciturna y
profunda... “Sabeis vos lo que sucedió” escribe
Wagner a Mathilde sobre la partitura de la sonata que compone para
ella. Lo que sucedió fue una pasión amorosa nacida de
una intimidad cada vez mayor que encontró su expresión
sublimada en el personaje de Isolda.
Finales de octubre de 1854,
en el contexto de su naciente pasión por Mathilde, Wagner
esboza el primer bosquejo de “Tristan und Isolde”. En
diciembre de 1854 escribe a Liszt: “Como en el transcurso de mi
vida no he saboreado jamás la verdadera felicidad que el amor
otorga, quiero elevar a este sueño, al más hermoso de
todos los sueños, un monumento en el que este amor se verá
ampliamente satisfecho de un extremo a otro. He esbozado en mi cabeza
un “Tristán e Isolda” con la más sencilla
pero al mismo tiempo la más amplia de todas las concepciones
musicales y después me envolveré con los pliegues del
negro velo que flota sobre su desenlace y moriré...”
Richard Wagner ha tomado la costumbre de visitar cada tarde a
Mathilde. Ella le recibe en su salón... Wagner se sienta al
piano, le toca la música de “Tristán” que
acaba de componer, ambos se miran, se comprenden, escuchan caer la
noche... juntos viven el sublime duo del segundo acto de “Tristán”.
El ES Tristón, ella ES Isolda... Otto Wesendonck interpretará
muy a pesar suyo el papel del rey Marke. Los Wesendonck han alojado a
la pareja Wagner en una casita, cercana a su villa, “el Asilo”.
El 31 de diciembre de 1857, el esbozo del acto I de “Tristán
e Isolda” está terminado. Wagner se lo envía a
Mathilde con esta dedicatoria:
“Deposito
todo esto a tus pies con el fin de que estos bosquejos celebren al
ángel que tan alto me ha transportado”.
El ambiente conyugal entre
los esposos Wagner se va degradando. Por su parte, Otto Wesendonck
empieza a disgustarse ante las relaciones cada vez más íntimas
entre su esposa y Richard Wagner. Este estima necesario alejarse por
algunas semanas. A su regreso, en abril de 1858, concluye el Preludio
de “Tristán” y se lo hace llegar a Mathilde con
estas palabras: “Hoy acudiré a tu jardín. Espero
que en el mismo instante en que te vea, podamos encontrarnos a solas
por unos momentos sin que nadie venga a molestarnos. Toma toda mi
alma a modo de saludo matinal”. Minna intercepta el mensaje,
amenaza con entregárselo a Otto Wesendonck y exige una
explicación. El escándalo se evita por los pelos pero
el incidente ha puesto fin a este periodo feliz de cálida
intimidad favorable a la creación artística.
El 16 de agosto de 1858, antes de abandonar definitivamente el “Asilo”, Richard Wagner, acompañado por Hans von Bülow y por su esposa Cosima, quien más tarde abandonará a su marido para casarse con Richard Wagner, acude a despedirse con lágrimas de Mathilde Wesendonck. Minna abandonará el “Asilo” el 2 de septiembre, dejando a Mathilde un mensaje amargo y duro: “¡Honorable Señora! El corazón me sangra por tener que deciros una vez más antes de marcharme que vos habeis conseguido alejar de mi a mi marido después de 22 años de vida conyugal. ¡Qué tan noble acción sirva para contribuir a vuestro sosiego, a vuestra felicidad!”. Sin embargo, no habrá ruptura brutal con Mathilde-Isolda. Wagner seguirá escribiéndole, expresándole en sus cartas sus sentimientos amorosos y manteniéndola informada de su trabajo en la composición de “Tristán”. Así, escribe el 8 de diciembre de 1858: “Desde ayer, me dedico de nuevo a “Tristán”. ¡Sigo en el segundo acto pero qué música está surgiendo! Podría trabajar en él durante el resto de mis días. Nunca hasta este momento he compuesto nada igual. Pero es que vivo totalmente dentro de esta música... Vivo en ella eternamente”. Así se entreve el proceso de sublimación del amor en la obra de arte. Mathilde Wesendonck devolverá desde este instante, sin abrirlas, las cartas que Richard Wagner continuará enviándole.
Sus relaciones se
transformarán en unas relaciones de amistad muy espaciadas.
Cuando el 13 de agosto de 1876, Otto y Mathilde Wesendonck asistan a
la apertura del primer festival de Bayreuth, Wagner apenas reconocerá
a Mathilde, totalmente eclipsada por el personaje de Isolda que ella
ayudó a crear... De este modo concluye sin choque la
apasionada relación que dio origen a esta obra maestra,
“Tristán e Isolda” y que asocia para siempre el
nombre de Mathilde Wesendonck al de Isolda.
Entonces, ¿QUIÉN ES LA ISOLDA DE RICHARD WAGNER? Es, acabamos de verlo, la “proyección lírica” de Mathilde Wesendonck. Las exaltadas palabras que Tristán-Wagner le decía o le escribía se han transformado en magníficas y turbadoras armonías, expresión del deseo no saciado, especie de sueño transportado sobre el plano estético más que realidad de una experiencia vivida. Mathilde es sin duda alguna Isolda pero una vez acabada la partitura, quien existe es Isolda. Richard Wagner deja de pensar en Mathilde y acaba olvidándola.
La Isolda de Wagner es una heroína medieval que encarna el amor cortés en el cual Henri Rey-Flaud distingue tres registros: la pasión narcisista es el primero. Cada uno de los dos amantes encuentra en el otro su imagen idealizada. Todo ocurre como si se hubiese enamorado de su propio reflejo. Esta fusión conduce a la negación de la dualidad, al fantasma de la indiferenciación, a la confusión de sexos. El segundo registro es el del amor caballeresco y el tercero el del amor cortés propiamente dicho que une al dominio de la dama, la perpetua búsqueda del goce y la imposibilidad de su realización. La mujer amada refleja la imagen maternal. El deseo del hombre se acrecienta, los obstáculos y las pruebas se multiplican. La única posibilidad de realización la ofrece la muerte. La Isolda de Wagner encarna estos tres aspectos del amor cortés. Se trata sin duda de la Isolda de la leyenda y de la historia medieval.
La Isolda de Wagner es, al
mismo tiempo, la heroína romántica germánica, de
este Romanticismo que lleva en si el culto por la noche y por la
muerte y que se complace en la reviviscencia de la época
medieval. La emoción predomina sobre la razón.
En un artículo
titulado “El amor en Tristán o el Romanticismo
sobredimensionado”, Edouard Sans escribe: “Al crear el
personaje de Isolda, Wagner participa en el siglo XIX alemán,
el siglo de la adivinación del inconsciente, del sueño
incansablemente perseguido de lo absoluto y la unidad y del
subjetivismo melancólico”.
La
Isolda de Wagner es ante todo una heroína mítica cuyo
análisis en referencia con las corrientes psicoanalíticas
aporta a nuestra reflexión una dimensión nueva.
El psicoanálisis freudiano pone en evidencia varios conceptos que permiten comprender el porqué Isolda no puede existir más que en el mito: ella encarna a Eros, la libido, el deseo sin fin y Thanatos, la muerte liberadora. El drama wagneriano hace de su historia una aplicación del complejo de castración y una variante del mito de Edipo. Encarnación del amor narcisista, ella es para Tristán la “mujer-espejo” en la mirada de la cual encuentra él su propia imagen idealizada como en otros tiempos la había encontrado en la mirada de su madre. Cuando Tristán e Isolda se abrazan, es su imagen en el espejo lo que buscan abrazar para perderse el uno en el otro, en la abolición de la diferencia. La indiferenciación conduce a evocar el tema de lo andrógino. Y en esta fusión andrógena es la mujer, Isolda, quien juega el papel activo de mediatriz.
El psicoanálisis
jungiano muestra que por encima del inconsciente individual existe un
inconsciente colectivo constituído por arquetipos psicológicos
fundamentales y, entre ellos, el binomio animus-anima. J. Matter
aplica el estudio de la pareja animus-anima a la relación
entre Tristán e Isolda y, como la escuela freudiana, subraya
la prevalecencia del componente femenino.
La
doctrina estructuralista, con Levi-Strauss, reconoce en Wagner al
padre del análisis estructural de los mitos y realiza un
apasionante estudio comparado de las parejas Isolda-Tristán y
Brunilda-Sigfrido en su estructura, su contexto y su evolución.
Después de haber
analizado al personaje de Isolda tal como Wagner lo creó, bajo
sus aspectos histórico de heroína medieval, proyectivo
en el contexto de los acontecimientos de la vida del compositor
(Isolda-Mathilde Wesendonck) y de su siglo (Isolda heroína
romántica germánica), bajo sus aspectos psicoanalítico
y mítico, conviene estudiar ahora la manera en que Wagner lo
ha representado.
He aquí, pues, a
ISOLDA TAL Y COMO SE NOS APARECE EN EL LIBRETO Y EN LA MÚSICA:
Del texto poético
escrito por Wagner y de las grandes lineas del drama, relataremos
sobre todo la historia de Isolda y de Tristán, reduciendo al
mínimo la evocación de los demás personajes.
Isolda, princesa de
Irlanda, se halla a bordo del barco que la conduce hacia el reino de
Cornualles en donde, como prueba de reconciliación entre los
dos países, ha sido prometida al rey Marke, cuyo sobrino
Tristán ha sido designado para venir a buscarla. Ahora bien,
Tristán e Isolda se conocen. Nos enteramos, a través
del relato que Isolda hace a Brangania, que ella estuvo en otro
tiempo prometida a Morold y que este último sucumbió en
un combate singular. Poco después, Isolda dio cobijo a un
guerrero gravemente herido a quien curó con ayuda de bálsamos
cuyo secreto conocía. Este guerrero, que decía llamarse
Tantris, no era otro que Tristán, el asesino de Morold. Isolda
renunció a su venganza en el instante en que su mirada se
cruzó con la de Tristán. Ella se ha enamorado pero él
no la ama. Brangania le propone que haga beber a Tristán el
filtro de amor. Isolda se niega y, por el contrario, ordena a
Brangania que les traiga el filtro de muerte que ella desea compartir
con Tristán. Espantada, Brangania substituye el filtro de
muerte por el filtro de amor. Tristán e Isolda se contemplan
extasiados. El barco atraca poco después en Cornualles. Isolda
se casa con el rey Marke.
Nos encontramos ahora ante el palacio real. El rey Marke ha salido de cacería con su séquito. Una antorcha ilumina la escena. Cuando se apague, será la señal para que Tristán pueda reunirse con Isolda. Haciendo caso omiso de las exhortaciones de Brangania que teme una trampa, Isolda apaga la antorcha. Tristán se reúne con ella en sublime duo de amor. Han abandonado la realidad, cantan su amor imposible que únicamente puede realizarse en la unión eterna e indisoluble a imagen del esplendor y la paz de la noche... Regresando antes de tiempo a instancias del pérfido Melot, el rey Marke les sorprende. Condena a Tristán al exilio. Entonces Tristán pide a Isolda que le siga. Melot se interpone, saca su espada y se precipita sobre Tristán a quien hiere gravemente.
El escudero Kurwenal ha conducido a Tristán moribundo a su castillo de Kareol. Kurwenal manda avisar a Isolda. Tan sólo ella podría salvarle. En el instante en que ella desembarca por fin en Kareol, Tristán muere pronunciando su nombre. Isolda se derrumba sin sentido sobre el cadaver de Tristán. Otro navío seguía al de Isolda: Trae al rey Marke acompañado de Melot y de Brangania quien había confesado al rey el secreto de la substitución del filtro. El rey venía a otorgar su perdón y unir a los dos amantes. Es demasiado tarde: Tristán acaba de expirar e Isolda, en un último canto de amor, se reúne con Tristán en la muerte, más allá de los límites de espacio y tiempo.
La representación musical de Isolda es de una gran complejidad y de una profundidad estupefaciente en lo que se refiere a la escritura musical. La partitura de “Tristán e Isolda” es una de las más conmovedoras del repertorio lírico. Se puede vacilar en comentar esta música, como si su análisis unicamente pudiera perjudicar a cuanto de sublime posee, como si las palabras unicamente consiguieran reducirla. El análisis de la partitura del personaje de Isolda nos permite, sin embargo, abordar una mejor comprensión de la creación artística. Pero nunca nos ofrecerá la clave de la comprensión de la emoción musical que lleva consigo. Este análisis comprende varios aspectos:
- La significación que Wagner concede a las notas, es decir, “la escala mística de Wagner” parece a ciertos musicólogos una primera proposición en la comprensión del personaje. Así, escribe Dauven “la última frase de Isolda es para decir que se hunde (si y mi, indicios de movimiento) en la noche (si) sin pensamiento (sol natural de la serenidad y del sueño) con alegría inefable (fa sostenido). Es en la feliz serenidad de un acorde coronado por este mismo fa sostenido en la que reposan los amantes después de que el rey Marke haya bendecido sus cadáveres.
- La dimensión simbólica de las tonalidades da lugar a hipótesis que pueden ser confrontadas con escritos de Richard Wagner (“Opera y Drama” entre otros), con cartas a Mathilde Wesendonck, con su autobiografia (Mein Leben), así como con los Diarios de Cosima. El musicólogo Gut tuvo la intuición de que el acorde de Tristán resumía lo simbólico del conjunto de la obra. El estudio del encadenamiento de las tonalidades de Isolda en el contexto de las secuencias sucesivas de la obra constituye un trabajo largo y minucioso, que varios musicólogos alemanes han realizado y que podemos resumir así: la tonalidad de do es la de la muerte de Tristán; cuando Isolda llora sobre su cuerpo, la tonalidad es sol menor; la de si mayor simboliza la transfiguración; las tonalidades de re y fa simbolizan la separación de Tristán e Isolda.
- Los leit-motive de la obra son,, según Lavignac, un total de 29 pero ninguno de ellos se denomina especialmente Isolda. Cuando Lindenberg realiza el análisis temático de “Tristán e Isolda” para el folleto de la versión de Furtwängler en EMI, hace observar que, si bien no existe un leit-motiv de Isolda, todos los leit-motive están relacionados con ella, “imágenes vistas por sus ojos o reflejos de las creaciones de su sueño”.
- La construcción melódica es innovadora por el abandono de los puntos de referencia armónicos y la movilidad de los temas y de las tonalidades que elevan la transición musical al más alto grado artístico. Wagner escribe a Mathilde Wesendonck el 29 de octubre de 1859: “Mi arte, en lo que posee de más refinado y de más profundo, quisiera denominarle el arte de la transición... Tal será en adelante el secreto de la forma musical que he adoptado y afirmo resueltamente que hasta el momento, nunca se ha tenido el menor presentimiento de una tal coherencia, de una tal limpidez en la construcción de un vasto conjunto donde cada detalle se encuentra englobado”. La utilización de los movimientos ascendente y descendente de la línea melódica y del cromatismo traduce la tensión dolorosa y la exacerbación del deseo. El movimiento de las líneas musicales en la voz y después en la orquesta sigue una progresión que, en el canto de muerte de Isolda, llega a su apogeo en un punto melódico culminante en sol, hasta la emisión del grito melódico. En el segundo acto, según Michel Poizat, “la espiral ascendente del duo entre Tristán e Isolda prepara para la emisión de un grito puro. Después de que los dos seres se abismen el uno en el otro, un acorde violentamente disonante recubre toda la orquesta, coronado por el grito de Brangania”.
- La orquestación,
señala Lindenberg, sirve al compositor para comentar la acción
a través de los ojos y el alma de Isolda. Los otros personajes
aparecen tal como los ve Isolda: “En tanto que sus emociones
permanecen ocultas para Isolda, no despiertan un eco en la orquesta,
tan dispuesta por otra parte a subrayar los menores latidos del
corazón de la heroína”. Los caracteres de la
orquestación y la elección de los instrumentos se
asocian a las voces o las substituyen para traducir todos los
símbolos musicales que contiene la obra. Tomaremos aquí
un solo ejemplo, el del símbolo musical del encantamiento del
segundo acto: en el instante en que la composición musical
alcanza el colmo de la complejidad, una especie de oleada sonora lo
invade todo, 15 voces de cuerdas envuelven por completo el canto de
Brangania; Tristán e Isolda se callan; se expresan por
mediación de la orquesta.
La
orquesta invisible, tal y como se encuentra en Bayreuth, crea la
deslocalización espacial.
- Por último, el
papel de Isolda marca la prevalecencia de la música sobre el
texto. Las palabras se convierten en una especie de encantamiento que
se asocia a la música de las voces y de la orquesta y la
música se convierte en lenguaje. Es el texto el que se halla
al servicio de la música y no a la inversa. “En
“Tristán” se abandona completamente a la música”
escribe Cósima en su diario el 4 de octubre de 1881. Ahora
bien, Wagner asimila la música a lo femenino. ¿Quiere
eso decir que Wagner, después de escribir “Opera y
drama”, modificó las relaciones jerárquicas tal y
como las describía entonces entre la poesía y la
música, otorgando prevalecencia a la música, principio
femenino representado por Isolda? ¿Podemos suponer, partiendo
de este hecho, que Tristán, principio masculino, quedaría
asimilado a la poesía? Nattiez resume así la concepción
del papel de Isolda: “La unión de Tristán e
Isolda significa el triunfo de la música y de la mujer que,
renunciando a vivir, muestra al hombre el camino de la redención”.
EN CONCLUSIÓN
Isolda encarna la
presencia de la muerte liberadora como coronamiento necesario del
amor. El papel de Isolda en la partitura musical del drama wagneriano
se encuentra extraordinariamente cargado desde el punto de vista
emocional. Sobrepasa el caso particular de una heroína de
leyenda y de una época para convertirse en portadora de
mensajes de alcance universal. En las condiciones óptimas de
ejecución esta música abole el espacio trasciende el
tiempo y ofrece idea de la eternidad. Los que son sensibles a todo
esto, entran en correspondencia con ella de una manera hasta tal
punto íntima, hasta tal punto fusionada en un estado tan
cargado a la vez de tensión y ensueño, que se puede
hablar con toda justicia de un poder hechicero con toda su fuerza
pero, quizás también, con todos sus peligros.
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1994). p. 9-10.
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WARNEWSKI Peter. “Der traurige Gott: Richard Wagner in semen
Helden”. Ed. Munich. 1978.
NOTAS:
(1) SOBRE
LA AUTORA
La
Doctora Verdeau-Pailles es neuróloga, psiquiatra y
musicoterapeuta. Imparte clases en la Universidad Paris V - Réné
Descartes, en el marco del diploma de arte-terapia y de la formación
de musicoterøpeutas Es asimismo vice-presidente de la sección
francesa del ISME (Sociedad Internacional para la Educación
Musical) y presidente de la comisión de musicoterapia del ISME
internacional. Es autora de varios libros, entre ellos “la
troisième oreille et la pensée musicale” (en
colaboración) que trata el tema de las ricas y complejas
relaciones que se establecen entre la música y el espíritu.
El libro incluye un capítulo dedicado a Richard Wagner. El
formato es de 1 5x22 cm. y el precio 150,00 Francos. Se puede pedir
directamente al editor: M. Jean Marc FUZEAU
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Boîte Postale 6 - 79440 Courlay (Francia) - Tel: 49 72 22 13.
• TRISTÁN EN LA
LITERATURA ESPAÑOLA
Tomamos
el siguiente texto del libro de Adolfo Bonilla y San Martín,
“Las Leyendas de Wagner en la Literatura Española con un
apéndice sobre el Santo Grial en el “Lanzarote del Lago
Castellano”. Editado por la Asociación Wagneriana de
Madrid en 1912. Páginas 31 y siguientes:
«Antes
de que el poeta Godofredo de Estrasburgo escribiese la obra que
principalmente utilizó Wagner, la leyenda de Tristán
era conocida en España. La referencia más antigua que a
ella encontramos en nuestra patria, es una poesía del trovador
Guiraldo de Cabrera, que vivió en tiempos de Alfonso II de
Aragón. En esa poesía, escrita hacia 1170 y dirigida al
juglar Cabram censura a este por tocar mal la viola “y peor
cantar desde el principio al fin, y no saber terminar con la cadencia
usada por los músicos bretones”. Alli también le
vitupera porque nada sabe
“Ni
del vilan,
Ni
de Tristán,
C’amava
Yceut a lairon”.
«Las
alusiones se suceden en la literatura catalana de los siglos XII,
XIII, XIV y XV, siendo seguro que en el último de dichos
siglos, por lo menos, existía una versión catalana del
Tristán (francés), hoy perdida. Llegó a ser tan
popular que se hicieron simulacros de su historia en fiestas públicas
(como en el solemne acto de la entrada del rey don Martín en
Valencia, el año 1402).
«También
existen numerosas alusiones al Tristán en las literaturas
gallega y portuguesa de la Edad Media, siendo una de las más
antiguas la del rey don Alfonso X el Sabio (1252-1284), en un descort
que se lee en el Cancionero Colocci-Brancuti, donde constan también
cinco lays de Bretanha, de los cuales los cuatro primeros se refieren
a Tristán. Todos estos lays son versiones libérrimas
del francés; pero no creo que arguyan el conocimiento de la
novela francesa en prosa, o, por lo menos, la traducción
íntegra de ésta en lengua galaico-portuguesa. Si en la
época en que los lays de Bretanha fueron escritos, existía
una novela en prosa galaico-portuguesa, esta novela no era la misma
cuyo texto conservamos hoy en castellano, porque las aventuras a que
las rúbricas de los lays aluden, no aparecen en el Tristán
que ahora conocemos, aun cuando constan en la versión cíclica
francesa (excepción hecha del episodio a que concierne la
composición número II). No encuentro motivo fundado
para asegurar terminantemente que el Tristán portugués
en prosa existió; pero tampoco lo encuentro para negarlo;
antes bien me parece probable, por lo mismo que hubo un Tristán
castellano, y que el Marqués de Santillana, en su Carta al
Condestable de Portugal (escrita antes de 1449) dice que “non
ha mucho tiempo, cualesquiera decidores o trovadores destas partes,
agora fuesen castellanos, andaluces o de la Extremadura, todas sus
obras componían en lengua gallega o portugesa”.
«En cuanto a
Castilla, la más antigua referencia que al Tristán
hallamos, consta en el Libro del Buen Amor (terminado en 1343) del
inmortal Arcipreste de Hita. Dice éste, en la copla 1703, al
final de su obra:
“Ca
nunca fué tan leal Blancaflor a Flores,
nin
es agora Tristán con todos sus amores”.
«El advervio agora
da a entender claramente que, para Juan Ruiz, el Tristán era
nuevo en aquella fecha. En efecto: había, no uno, sino dos
Tristanes castellanos en la primera mitad del siglo XIV, y fueron de
las obras más leídas durante dicha centuria y toda la
XV decayendo su boga después del primer tercio del XVI, cuando
la perversa e inaguantable moda de los Amadises y Palmerines
sustituyó a la vieja y solemne sencillez de las novelas de
Bretaña.
«A
mi entender, la leyenda penetró en España por la región
catalana, que siempre estuvo en relaciones estrechas con la Galia
meridional, y especialmente desde que Ramón Berenguer III el
Grande contrajo matrimonio con doña Dulce (1112), heredera del
condado oriental de Provenza (aunque ya, antes de 1080, Armengol de
Gerb, conde de Urgel, se había casado con Adelaida, heredera
de la Provenza occidental). La redacción castellana del
Tristán que hoy poseemos, debe colocarse entre los años
1271 y 1343. De esa redacción se conservan dos fragmentos
manuscritos del siglo XIV: uno, que tuve la fortuna de encontrar y
que concuerda con el libro impreso; otro, que se conserva en el
Vaticano y que indudablemente procede de un texto francés algo
diferente del que sirvió de original al primero».