Escrito para archivowagner.net, 2001

Crónica desde Bayreuth

Por Claudio Briones

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El día 13 de agosto, como ya muchos recordareís tomé el vuelo desde Estocolmo con rumbo a Frankfurt, donde arribamos a las 14.30. Teníamos que esperar hasta las 17.30 para tomar el vuelo que nos llevaria a Bayreuth, pero ya a las 17.00 se anunció que el avión había tenido problemas técnicos y no había podido despegar en Bayreuth. No disponían tampoco de un avión cercano a Frankfurt, y luego trataron de embarcarnos en el vuelo a Nürnberg, pero este estaba copado. Así que al final el personal de Lufthansa nos hizo recoger nuestro equipaje (eramos 30 personas) y dirigirnos a la estación de trenes que pasa por el aeropuerto. Allí mostrando nuestro boleto de avión tomamos el tren (primera clase) con rumbo a Nürnberg a las 18.00. Si hubiesemos tomado el vuelo correspondiente, habriamos llegado a Bayreuth a las 18.15. Además mostrando el boleto de avión en el vagón-restaurante se nos ofrecio una muy agradable cena.

Pues bien, el viaje fue muy agradable por la campiña alemana, dado que pasamos por Würzburg (a propósito de Tannhäuser). Desgraciadamente el tren sólo se detuvo un par de minutos y la posición de la estación no me permitía tomar una foto del castillo, el cual sí vi desde el tren...

Finalmente llegamos a Nürnberg (vaya viaje, ahora Nürnberg, no puede negarse que el ambiente wagneriano se fue creando paulatinamente), en donde hubimos de cambiar de andén para continuar nuestro viaje (algo de una hora) hasta Bayreuth. El tren desde Nürnberg a Bayreuth parecia como sacado de una película antigua. Sí era casi como volver atrás en el tiempo, y además como ya era tarde (22.30) la oscuridad imperaba fuera. Al final llegamos a Bayreuth, y ¿qué fue lo primero que ví desde el tren? Sí, el Festspielhaus iluminado... Ese día se estaba presentando “Götterdämmerung”...

Entre los pasajeros se encontraban tres de los musicos de la orquesta, que participarian en Meistersinger, Parsifal y Lohengrin. Tres personas muy agradables, uno de ellos de aproximadamente 26 años y los otros dos bordeando los 30 ó 35. Curiosamente, estos tres músicosvivieron, durante mi estancia en Bayreuth, en la habitación frente a la mía, así que algunas veces, caundo salía de la habitación, les escuchaba como ensayaban. Tuvimos varias conversaciones interesantes durante el viaje, al igual que con una pareja muy agradable de Escocia, que también venían al festival por primera vez...

Volviendo a Bayreuth. Bajamos del tren y los taxis estaban esperando para llevarnos a nuestros respectivos hoteles (Lufthansa pagaba ahora también). Mi hotel (Arvena Kongress) no quedaba muy lejos, pero obviamente uno no deseaba ya ponerse a buscar en donde quedaba el hotel, luego de tan cansador viaje, así que mi acompañante y yo tomamos uno de los taxis y pedimos nos llevaran al hotel, en menos de dos minutos ya estabamos allí.

El personal, muy atento, comenzó los registros y nos enviaron las maletas a nuestras respectivas habitaciones... Yo en lo único que pensé fue en tomar un baño para relajarme completamente, y luego me acosté... No desperté hasta las 8.00.

Luego de todo el ajetreo del día anterior uno ya se sentía mejor, más aún que uno ya se sabía en Bayreuth y que esa misma tarde me esperaba mi primera representación en Bayreuth. pero primero había que acumular energías... Luego de una agradable ducha, el cuerpo ya se sentía más fresco (durante toda la semana las temperaturas no bajaron de 26º C) y el desayuno que se servía en el hotel era magnífico: diferentes tipos de yogurts y jugos naturales, fruta fresca, ensaladas de fruta, diferentes tipos de panes y embutidos, y quesos. Bueno, no por algo era un bufet, y muy bien surtido he de decir. El personal muy agradable saludaba: “Grüß Gott” cuando uno ya estaba en su mesa con lo que había escogido y preguntaban si uno deseaba té o café...

Luego de tan agradable ambiente, y tan buen desayuno era hora de una primera visita por la ciudad... ¡Cuan increíble fue la experiencia de caminar por aquellas calles! La gente saludaba con “Grüß Gott” y naturalmente uno saludaba también. Nada de prisas, todo en un ambiente muy calmado, que también lo hacía a uno olvidarse de todo lo que llamamos estrés. Caminando y caminando descubrimos donde estaba el teatro barroco y de allí rápidamente llegamos al cruze de Maximilianstraße con Ludwigstraße y Richar-Wagnerstraße. Obviamente tomamos ruta Richard-Wagnerstraße, porque al final de ésta calle se encuentra Villa Wahnfried. Richard-Wagnerstraße es una calle animada con un par de restaurantes y algunas tiendas de flores, frutas y otras cosas.

Muy pintoresca en verdad.

Al llegar a Wahnfried fue agradable ver como el jardín se presentaba abierto, con sólo dos columnas que bordeaban el sendero que llevada directamente a la puerta principal de Wahnfried, donde también está el busto de Ludwig II. Es increíble la paz que se respiraba en aquel lugar, a pesar de haber varios turistas, la

calma era muy palpable. Pues bien, a recorrer la casa con la misma calma...

Pero primero hay que pagar entrada para recorrer el interior de la casa. Se recorren todas las habitaciones y está dispuesta de tal manera que uno la pueda conocer de arriba abajo, y al mismo tiempo descubrir aspectos de la vida de Wagner, y luego de la historia del festival hasta el final de la época Wieland. Trajes también de las primeras puestas en escena de Bayreuth y algunos de la época Cósima estan expuestos. Fue un viaje en el tiempo muy interesante e instructivo. Luego nos dirigimos al patio trasero, en donde está el jardín diseñado por Wagner y su tumba (para visitar la tumba no se necesita pagar entrada). En cierta forma fue impresionante ver aquella tumba, no por el hecho de ser una tumba, sino por lo sencilla que és. Una piedra cuadrada sobre un montículo de tierra que las enredaderas mantienen siempre verde. Y la lápida no tiene ni siquiera el nombre de quien reposa bajo ella.

Bueno, pues era hora de descansar un poco y nos sentamos en uno de los escaños del jardín de Wahnfried, junto a la fuente. Aún así, a pesar del ir y venir de los visitantes, el ambiente era de una calma increíble.

Pero ya era hora de comenzar a moverse un poco... Eran las 12.30. Así que era necesario comer algo y luego volver al hotel para prepararse ante la inminete función de aquella tarde.

Luego del almuerzo nos dirigimos tranquilamente por Maximilianstraße para llegar a nuestro hotel. Una vez allí, pues a tomar una ducha para refrescar el cuerpo y luego peinarse, ponerse guapo, y finalmente ponerse el smoking y hacer un último chequeo ante el espejo y en la billetera, para ver que llevaba las entradas correctas.

A las 15.00, como para muchos en todo Bayreuth, comenzó nuestra caminata hacia la Colina Verde. Desde el hotel Arvena Kongress toma entre 15 y 20 minutos el llegar hasta el Festspielhaus.

El hotel queda en Eduard-Bayerleinstraße, de allí se entra directamente a Munckerstraße, al llegar a Feustelstraße se doblaba hacia la derecha y luego de unos 20 metros se llegaba a Nibelungenstraße. Entonces fue como uno vio el casi peregrinaje que se había producido ya desde las 15.00. Grupos, parejas, personas solas, coches y taxis tomaban diferentes rutas para llegar hasta Nibelungenstraße (otros subian por una calle paralela: Bürgerreutherstraße). Ambas calles (Nibelungenstraße y Bürgerreutherstraße) convergen en un punto y desde allí comienza Siegfried-Wagnerstraße, y el ascenso a la Colina Verde se inicia.

La colina está llena de parques de una paz que llama a la relajación, más aún cuando luego de unos metros ya se ve claramente el edificio del Festspielhaus... El corazón me latía como nunca antes de emoción, y por

cada paso parecia como que latía más rápido. Todo parecía como un hermoso sueño, del cual uno no quiere despertar, y la emoción de estar subiendo la colina, luego de tantos años de espera, ya no podía ser mayor. Casi llegando a la cima pude ver con detalle el hermoso arreglo de flores que tantas veces había visto en fotografías, se respiraba el aire puro de los bosques del parque, de los campos sembrados detras del Festspielhaus, el escuchar diferentes idiomas en la terraza, ver gente vestida de fiesta, gente de diferentes edades preparados a recibir una experiencia especial: el escuchar Wagner en Bayreuthes Festspielhaus, el Templo Wagneriano por excelencia.

Todo el público recorría el sector lleno de entusiasmo, la foto de rigor en la entrada del príncipe, para los que visitaban el teatro por primera vez no se hacía esperar, y no faltaba quien preguntaba, o en alemán o en inglés, si uno podía tomarle una foto. Todo el ambiente estaba lleno de vitalidad y espontaneidad. Uno se sentía parte de todo aquello y en cierta forma, se sentía participe de una experiencia única. Fue entonces que uno se preparó a recibir el prólogo para aquella experiencia: seis músicos, con sus trompetas y trombones aparecieron en el balcón e interpretaron el motivo de los Maestros cantores, clara señal que en 15 minutos comenzaria el primer acto. Debido a que mis lugares en el patio de butacas estaban en el centro mismo de la fila, entraba directamente después del primer aviso. Mientras subía las escaleras el corazón volvío a latir rápido... El ambiente tranquilo lo había calmado un poco, pero ahora la emoción no podía ser contenida más, estaba a pocos metros de la meta final: el auditorio del Festspielhaus.

Dos mujeres jovenes esperaban a ambos lados de la puerta. Ambas vestidas de la misma forma: blusa blanca y falda azul, larga y sencilla. Amablemente revisaban la entrada y luego indicaban cual fila era la que correspondia. Entonces llegó el momento más esperado, entré en el auditorio.

Y he de decir que cuando ya dí el primer paso, tuve que respirar muy hondo para poder darme cuenta de donde estaba. Ya no podía estar soñando, estaba por fín pronto a presenciar mi primera función en Bayreuth.

Allí estaban las 30 filas de butacas de madera, allí estaban las columnas de estilo corintio con sus lámparas circulares,los palcos dentro de la pared, ese techo plano color crema, y desde donde uno estaba, no importando que punto, la vista se dirigia directamente hacia el escenario, que aún estaba oculto tras ese telón que ha subido y bajado quien sabe ya cuantas veces. Allí estaba la concha acústica que cubría la orquesta, y uno se preguntaba como estarian los músicos allí, preparados para comenzar la interpretación.

Christian Thielemann también ya estaria sentado allí esperando comenzar.

Con una rapidez increíble el auditorio se llenó, y rapidamente las chicas que antes habían revisado las entradas, cerraban las puertas con llave (¡!) para impedir la entrada de alguien al salón durante la función. La luz ya había sido bajada hasta la mitad de su intensidad original, entonces comenzó a manifestarse un silencio en el público, como si de un mensaje telepático se tratase, y antes que las luces se apagaran totalmente, el silencio imperaba en el auditorio. Entonces sólo se escuchó que las chicas corrían las cortinas para ocultar las puertas de acceso, y entonces la luz desapareció por completo. Lo único que se mantenía iluminado era el telón con la poca luz proveniente del foso oculto de la orquesta.

El silencio seguía imperando, pero a los pocos segundos fue roto por la música que comenzaba a escucharse por todo el teatro: el preludio de ”Die Meistersinger von Nürnberg”.

Ya estando en el auditorio la vista sólo podía concentrarse en el telón. La música fluía desde el foso de la orquesta. Y el timbre no era estrenduoso como a veces acostumbra ocurrir con la música de Wagner en algunos teatros, sino que la orquesta tenía un sonido aterciopelado, con un balance perfecto en el cual ningún instrumento cubría al otro. A ratos uno pensaba que casi se trataba de una orquesta de cámara. La interpretación del preludio fue llena de vida, hasta un poco pícara, pero sin perder la compostura de la obra o el ritmo o la sensibilidad.

Finalmente llegaron los últimos compases y el telón comenzó a abrirse rápidamente, primero en el centro, como formando un diamante, para luego subir totalmente, y desaparecer por completo dejando ver la sencilla escenografía creada por Wolfgang Wagner. Y fue entonces que uno escuchó que maravilla de coro tiene Bayreuth, y como éste interpretaba impecablemente el ”Da zu dir der Heiland kam”. Las voces sonaban claras y bien moduladas demostrando que la tradición coral en Bayreuth todavía existe, mostrando su gran calidad y profesionalismo.

El acto transcurrió bastante bien con buenas aportaciones de todos los cantantes. Lo primero que me impresiono al subir el telón fue la ”cercanía” del patio de butacas al escenario. Yo estaba sentado en la fila 27 (de las treinta) y parecia casi como si uno estuviese muy cerca del escenario.

¿Efecto óptico de la perspectiva creada en el Festspielhaus?.

Mi gran sorpresa fue Robert Dean-Smith, a quien nunca antes había escuchado. Su voz era clara, vérsatil y llena de fervor juvenil. Su voz se modulaba con perfección por todas las notas, como si fuese lo más fácil del mundo. La hermosura física de Emily Magee se completaba más aún con la hermosa voz que dio a conocer al público (anteriormente tampoco le había escuchado). Era su Eva, una chica que se está convirtiendo en mujer. Llena de sensualismo y picardía juvenil. Su voz rápidamente mostró también que con esta Eva no se podía bromear. La Magdalena de Michelle Breedt (también desconocida para mi) era coqueta y juguetona, especialmente cuando secundaba las andanzas de Eva. Su voz muy agradable y bien enfocada... Entonces apareció el David de Clemens Bieber. Ya había leído en los comentarios de los que escucharon la retransmisión desde Bayreuth que su voz no era agradable, y hasta incluso un poco fea. No sé si dependeria que yo me encontraba en el mismo Festspielhaus u otra cosa, pero su voz no me parecio tan desagradable, al contrario pícara, bien modulada y con el peso necesario para interpretar al aprendiz David.

En la parte actuación todos se destacaban muy bien, incluso los aprendices que preparaban con dedicación desordenada la entrada de los maestros, hasta que David puso orden en todo. Fue entonces que Veit Pogner (Guido Jentjens) y Sixtus Beckmesser (Andreas Schmidt) hicieron su entrada. Jentjens mostraba nobleza en su actuación y canto, lo único curioso era que se ve bastante joven, así que uno podría pensar que se trataba del hermano de Eva... Pero bien sabemos que se trata del padre. Andreas Schmidt irradiaba vitalidad en cada nota, y como actor obtuvó un sobresaliente. No era el Beckmesser pedante y desagradable que muchas veces uno está acostumbrado a ver y escuchar en otras partes. Su Beckmesser era un hombre muy educado que tenía la pretensión de conseguir mayor estatus con la mujer que le gustaba. En pocas palabras, un hombre con todos sus defectos y virtudes. Finalmente llegaron todos los maestros, fue un agrado el escuchar interpretes tan inspirados en esa tarde. Todos daban su mejor prestación, sin dejar ningún punto débil, especialmente en el repaso de lista de asistencia y más aún en todo el final

polífonico del primer acto. Hans-Joachim Ketelsen presentó un Fritz Kothner muy simpático, con un fraseo impecable y gran musicalidad.

La interpertación de Jentjens de ”Das schöne Fest, Johannistag” fue muy viva y cargada de sentimientos. Si uno ya pensaba que Jentjens entregaba todo su corazón en aquel momento.

Hasta este momento la participación de Hans Sachs (Robert Holl) había sido mínima por tanto uno no se podía formar una gran idea de su interpretación. Mi única referencia era una retransmisión de hace dos o tres años, por tanto la voz no la podía recordar muy bien. Recuerdo que en los comentarios luego de la retransmisión de este año se escribia que su voz se escuchaba gastada y otras cosas. Pues en el momento que yo lo escuché no la tenía así, sino que fresca y bien enfocada.

Físicamente tenía una presencia escénica que muy bien se ajustaba al Hans Sachs histórico. La versión de ”Am stillen Herd in Winterzeit” fue vibrante de emoción y escenicamente muy llena de viveza y comicidad por parte de los maestros, los cuales a veces se tapaban las orejas o ponían cara de espanto por la prestación del joven Walther von Stolzing.

Al final, luego del caótico debut de Walther como ”cantante” ante los Maestros cantores el telón bajo rápidamente, mientras Beckmesser mostraba a Sachs la pizarra con todas las fallas del joven.

Mientras Sachs le miraba con mirada pícara, como diciendole ”no seas gilipollas”...

Entonces ”explotó” el público. Las ovaciones no se hicieron esperar. La presentación había sido tan perfecta que los aplausos eran pocos. Como buena tradición en Alemania, y en especial en Bayreuth, al aplauso masivo y a los bravos, se sumaron espontáneamente los golpes en el piso de los asistentes. Al salir a saludar los mayores aplausos se los llevaron Robert Dean-Smith y Andreas Schmidt. Los aplausos duraron algo de 10 minutos. Al salir del salón se sintio la agradable brisa que corría por la colina, y los comentarios no se hacían esperar. Se dio la casualidad que nos encontramos con la pareja escosesa en la cola para comprar Bratwurst, y comentabamos lo magnífico de la representación. Curioso es de contar que todo lo que se sirve para beber, incluso el agua mineral, ¡se sirve en copas! Así pasó la pausa entre comentarios y risas. Vimos pasar un avión por encima del Festspielhaus, así que con eso nos enteramos que los vuelos se habían reiniciado... Mientras comía las salchichas (venían dos en el pan tipo baguette en miniatura), que

por lo demás estaban sabrosísimas, me dirigí a comprar el programa libro del festival, ya que lo había olvidado entre tanto ajetreo al llegar hacía un par de horas, y ahora no se me iba a escapar...

Finalmente llegó la hora de anunciar que comenzaba el segundo acto... Y las fanfarrias tocaron el motivo del la canción de Beckmesser cuando se inicia la pelea callejera. Nuevamente a dirigirse a sus lugares, y nuevamente presentar las entradas a las agradables jovenes. Nuevamente el mismo ritual, luces a media luz, silencio absoluto, cortinas que se corren para ocultar las puertas, unos segundos de silencio al apagarse totalmente las luces y finalmente comenzó el segundo acto.

Rápidamente subió el telón mostrando una calle de Nürnberg. La escenografía era sencilla, pero uno reconocia las casas de Pogner y Sachs, allí estaban también los árboles, y en el horizonte circular sólo se veían los tejados de la ciudad. El efecto en su totalidad era hermosísimo. Y allí estaban nuevamente los aprendices haciendo de las suyas con David. Ahora sí se podía apreciar mejor a Holl, su primer monólogo importante fue impecable y muy inspirado. El dialogo entre Pogner y Eva muy cariñoso, y luego llegó la hora del dialogo entre Eva y Sachs. ¡Fue genial!

Tanto en actuación como interpretación estuvieron a tope. Especialmente cuando Eva, disgustada, se marchaba. Muy cómica la escena entre Eva y Magdalena y muy bien se veía como Sachs se enteraba de todo. Muy bien lograda la imitación de Beckmesser tocando el laud de Magdalena, muy claramente se escucharon risas a boca cerrada de aprobación por parte del público... Entonces llegó Dean-Smith, y qué pasión despertó entre él y Magee, sí uno ya creía que se trataba del duo de amor de ”Tristan und Isolde”, pero fue el cuerno del sereno (Attila Jun) quién nos devolvió a la realidad. Los enamorados se ocultaron y entró el patizambo sereno cantando muy claramente su parte, con una voz profunda y firme. Sachs seguía haciendo de las suyas cuando entró Beckmesser y comenzó a estropearle la serenata, mostrando como trataba de llamar la atención de Eva, y martillando por donde se le daba la gana, incluída al mesa...

La escena entre Sachs y Beckmesser fue una apoteosis de arte escénico total. Ambos cantantes (Holl y Schmidt) se complementaban totalmente, aúnque Schmidt lograba mayor atractivo a los ojos del público y entonces comenzó a cantar su serenata, y a cada momento más conscientemente Sachs se la estropreaba. En esta escena se demostró también la excelente acústica del auditorio.

Las cuatro voces (Sachs, Beckmesser, Eva y Walther) se escuchaban claramente sin ser tapadas entre ellas o por la orquesta. Beckmesser casi bailando a la melodía de su serenata, mientras la pobre Magdalena, siempre tratando de irse del balcón, bostezaba. Al final entró David y la pelea callejera comenzó. Poco faltaba para que el público riese a carcajadas, el efecto escénico había sido muy bien logrado y la pelea llena de humor, en especial cuando David se arrojaba sobre Beckmesser, y al final que todos se marchaban al finalizar el lío... Sachs a un borde del escenario miraba todo como si de un juego se tratase, pero bien vigilante que Walther y Eva no se escapasen.

Finalmente, Sachs mandó casi de una patada a David a la cama, envía a Eva a su casa y se llevó a Walther a la suya propia... Rápidamente entró el sereno, mientras Beckmessser se ocultó en donde antes estaban Walther y Eva. Cuando el sereno se marchó, Beckmesser se levantó como pudo y con su laud roto se fue marchando, no sin antes, a la luz de la luna, coger su boina y hacer una reverencia al balcón de Eva y luego marcharse a tumbos mientras el telón bajó hasta la mitad, de forma que las miradas sólo se concentraron en el Beckmesser que se marchaba, y con el último compás el telón bajó definitivamente.

Las ovaciones no se hicieron esperar, y fueron más vibrantes que las del primer acto, especialmente al aparecer Andreas Schmidt. Todos los aplausos que recibió fueron bien merecidos, y se notaba en su rostro la emoción del momento. Y al haber saludado todos, nuevamente se encendieron las luces y salimos al fresco aire exterior...

Más agua para apagar la sed que tantos ”bravos” gritados había producido, se hicieron agradables.

Entonces se dio la casualidad que me encontré con uno de mis vecinos de habitación del hotel: uno de los tres músicos. Aproveche de darle mis cumplidos y que los hiciese llegar también al resto de los miembros de la orquesta. Me lo agradeció, pero me advirtió que los cumplidos al resto de la orquesta los daría al día siguiente, ya que el sólo tocaba en los dos primeros actos, y para el tercero era reemplazado por un nuevo músico, más fresco y descansado.

Mientras concluíamos nuestra conversación se asomaron los músicos con sus instrumentos al balcón e interpretaron los primeros compases de ”Wahn!”, anuncio inminente que el tercer y último acto comenzaba en 15 minutos... De vuelta a los lugares, de vuelta a mostrar las entradas, y de vuelta a ese auditorio de acústica magnífica.

Y al apagarse las luces comenzó el preludio del tercer acto...

El preludio del tercer acto fue cargado de sentimientos enormes, si no me extrañaria que más de alguien se haya puesto a llorar por la belleza que respiraba en cada aspecto el preludio.

Al levantarse el telón me sorprendió la sencillez de la escenografía, pero una cosa no se me pasó por alto: en las fotografías que aparecen en la página webb del festival sólo se ve el interior de la casa de Sachs, pero no lo que está al fondo... Resulta ser que el ciclorama reproduce en suaves tonos azules opacos las casas de Nürnberg. Me parecio ver que se trataba de un dibujo de Durero.

Con esto se lograba de todas maneras una calmada adecuación a que todavía nos encontrabamos en Nürnberg.

Luego de la rápida, y bien lograda escena entre David y Sachs llegó uno de los momentos más esperados: la interpretación por parte de Holl de ”Wahn!” Fue bastante correcta, pero un poco inexpresiva en la parte de la actuación, ya que la dirección escénica de Sachs sólo le hacia estar sentado en su silla casi sin moverse, pero entonces ocurrió algo que embelleció el momento, justo antes de cantar ”mein liebes Nürnberg” Holl se pusó de pie y se dirigió a la ventana, entonando la frase directamente a la ciudad, la cual veía por la ventana.

Llegó entonces el momento de la narración del sueño de Walther. Sólo puedo decir una palabra: impecable, apasionada, llena de vida. La entrada de Eva fue la de una mujer enamorada, aúnque quizás un poco candorosa, y el quinteto, de los que llegan al corazón. El interludio fue vivo en cada nota, mientras se interpretaba a telón cerrado, y cuando fue momento de abrirse, la pradera se ofrecia para el disfrute de la naturaleza. Era hermosisima la solución escénica, a pesar de ser tan sencilla. Era una verdadera fiesta, si hasta a uno mismo le daban ganas de saltar al escenario y ponerse a bailar con los aprendices y las chicas de Fürth o de ir a saludar a los diferentes gremios al hacer estos su entrada. Al final ya todos los asistentes a la fiesta estaban bailando en el más hermoso cuadro que uno se pueda imaginar, y entraron los maestros, ordenadamente entre los saludos de la gente. Y entonces el momento que muchos esperan: ”Wacht auf”. ¿Cómo describir este momento? Es este uno de los coros de Wagner que más dentro me llega, y la interpretación del coro, que había sido impecable, ahora fue soberbia. Nunca antes había escuchado este coro ser interpretado tan de corazón, tan lleno de amor, tan hermoso. Las lágrimas de emoción no se hicieron esperar, no sólo de mi parte, sino que también de buena parte del público, que estaba con la sensibilidada a flor de piel.

El monólogo de Sachs fue bien interpretado, aunque hacia el final Holl, ”descansó” un poco la voz bajando su interpretación más o menos media octava. Pero no por ello fue menos hermosa, recordemos que ya había cantado durante casi todo el segundo acto, y prácticamente todo el tercero, y aún le quedaba su monólogo final. Y entonces el gran descalabro de Beckmesser.

Schmidt logró un momento muy cómico y a la vez daba hasta pena ver como el pobre Beckmesser hacia el ridículo ante sus conciudanos. Muy efectivo luego durante el momento que revela la verdad sobre la canción y Sachs se defiende, haciendo que el sereno y otro más del coro se muevan (siendo sujetados por sus respectivas esposas para que no se metan donde no les llaman) como queriendo ir a arrestar a alguien.

Y uno de los momentos más esperados llega: ”Morgendlich leuchtend im rosigem Schein”. Dean-Smith

logro una modulación clara, rozando la perfección; por cada nota se acercaba más a altitudes que otros grandes cantantes han impuestos, demostrando que puede dar una interpretación de la calidad que el momento se merece, más aún cuando el coro, siempre perfecto le acompaña hasta el final. Y así cada vez más cerca del final, un Sachs firme da consuelo a Pogner y especialmente a Eva, demostrando que intentara convencer a Walther de unirse a los maestros cantores. Fue entonces que Holl tomó todas sus fuerzas y entregó un monólogo lleno de autoridad y paternalismo con respecto a salvaguardar los valores del arte, y el coro final reafirmó la sentencia con su intervención, y finalmente la orquesta. Había leído anteriormente en el foro, con respecto a las retransmisiones que el coro alargaba las notas hasta el final, esto no se dio en la representación a la que asistí, sino que fue como uno está acostumbrado...

Y entonces, no pasaron más de cinco segundos desde el final de la música que el auditorio se llenó de ovaciones. Todo, los bravos, los aplausos, las patadas fueron más intensivas que las producidas durante los dos actos anteriores. Si uno ya creía que la Festspielhaus se vendría abajo, y la temperatura subía más aún cuando apareció el coro a telón abierto, siendo los primeros en recibir aplausos intensísimos, luego se cerró el telón y hubo de abrirse de nuevo. El coro recibia sus muy merecidas ovaciones, demostrando como Bayreuth tiene un coro de primera línea. Luego se cerró el telón y fueron apareciendo los solistas. Los aplausos más intensos se los llevaron Magee, luego Dean-Smith, cuando Andreas Schmidt apareció casi se vino el suelo abajo de las ovaciones. El artista se notaba emocionado por el momento, casi como si fuese un sueño.

Holl sacó grandes ovaciones también, pero no logró opacar las de Schmidt. Era definitivo, con respecto a los cantantes, la noche había sido de Schmidt. Nuevamente se abrió el telón y mostraba nuevamente el coro, pero ahora con su director: Eberhard Friedrich, quien también obtuvo sus merecidisimas ovaciones. Friedrich demostró ser un fiel seguidor de la tradición de Pitz, y luego Balatsch, de mantener un coro en una posición de calidad indiscutible. Pero todavía quedaba el plato fuerte: Christian Thielemann, al aparecer las ovaciones volvieron a subir de volumen, y Thielemann agradecia por el afecto del público lanzando besos al público, y con una sonrisa que demostraba su seguridad de haber conseguido una noche de triunfo, tanto de los músicos como de la obra en sí... Y luego vino la manzana de la discordia: Wolfgang Wagner salío a saludar, se le aplaudío por el triunfo que había logrado esa noche, también obtuvo sus ”bravos”, y alguien del sector de la galería (al menos eso creo) le comenzó a abuchear, pero fue rápidamente ahogado por las ovaciones, finalmente salieron todos juntos, incluído el coro a recibir los aplausos... ¡Y así seguimos por media hora!

Curioso es contar que cuando iba saliendo del salón me apoyé en una de las butacas para ajustarme un zapato, y ésta (como todas las demás) estaba humedecida por el sudor del espectador que la había ocupado durante la velada... Y si ha esto sumamos como subió la temperatura al finalizar la función ya os imaginareís como estaban las butacas.

Al abandonar el teatro ya eran las 23:00 y nos recibió el frescor de la noche. Uno caminaba casi como entre nubes. Aún era increíble la experiencia que uno había recibido, y no sólo eso, sino que también uno se reafirmaba en el porque de la idea sobre la obra de arte total, pensamiento central de la concepción artística de Wagner. Todo encajaba, más aún en Bayreuth, alli cada rincón de la ciudad, y especialmente la Festsspielhaus (más aún que Wahnfried) respiraba Wagner en su máxima esencia.

Los veinte minutos de caminata hacia el hotel se hicieron cortisimos al ir comentando lo vívido en las últimas horas. Más agradable aún era el disfrutar de una noche tibia, con un cielo claro que nos dejaba ver las titilantes estrellas. Una noche calmada, el mejor remedio para reponerse luego de la primera experiencia en Bayreuth.

Al llegar al hotel, pues que mejor que tomar una ducha para sacarse el cansancio físico de las duras butacas del Festspielhaus, el cual ahora se hacía presente. Pero luego, al acostarme no podía dormir, la emoción no me lo permitía. Así que me decidí a acercarme al escritorio y escribir las postales que había comprado esa mañana... Pensé que escribiendo cansaria un poco la mente y dormiria mejor, pero al final terminé escribiendo las 30 postales, como si de lo más sencillo del mundo se tratase, además tuve incluso tiempo para pegar las estampillas correspondientes. Cuando hube terminado mire el reloj, ¡Eran la 1:00 de la madrugada! No estaba tan cansado, pero me tumbé en la cama... Luego no recuerdo más, sólo que las 8:05 abrí los ojos y vi el reloj que estaba en la mesa de noche.

Nuevamente una agradable ducha y un magnífico desayuno en el hotel... Pero este día queríamos pasarlo un poco más calmado, especialmente porque habían sido tantos mis aplausos y patadas la noche anterior, que el cuerpo me dolía como si hubiese entrenado algún deporte todo el día anterior. ¡Y qué decir de mi garganta! Amanecí totalmente afónico... Pero ya para mediodía había recuperado la voz por completo.

Con mi amiga Elisabeth nos dedicamos a recorrer, ahora con más calma, Maximilianstraße, conocer la farmacia antigua y la casa del concejo. Ambas obras son hermosas joyas arquitectónicas de Bayreuth, cuando vayas a Bayreuth no dejes de visitarlas. Luego nos metimos a algunas tiendas (siempre uno quiere comprar algún recuerdo de la ciudad que visita o comprar un regalo a alguien que estima). Pues bien entre tienda y tienda, nos metimos a una tienda de discos para comparar los precios con Suecia. Pues bien, yo ya sabía que los precios en Alemania correspondian más o menos a un 60% ó 70% de los precios en Suecia (con respecto a libros y discos especialmente), pero ahora lo comprobaba más.

Cual no fue mi sorpresa al ver entrar en la tienda al mismísimo Robert Holl, que venía a comprar una grabación de no recuerdo que cosa... Pues aproveche la ocasión y le salude, además de estrechar su mano y felicitarle por la fina prestación del día anterior. Él me lo agradecio de muy buena gana, y ¿qué me ha dicho? ”¿Quieres un autógrafo?”... Obviamente no me negé a recibirselo, y rápidamente compré una postal en la misma tienda y entonces escribió en ella: ”Claudio, Alles Gutes gewünscht von Robert Holl, Bayreuth 2001” (Más o menos: ”Claudio, Buenos deseos de Robert Holl, Bayreuth 2001). Curiosamente, cuando me preguntó por mi nombre, yo le dije simplemente: ”Claudio”, y el respondió ”¡Ah! Cómo los maravillosos

Claudio Abbado y Claudio Arrau.” Como persona, me dió la impresión de un hombre muy risueño y agradable. Ni parecía que hubiese pasado toda la tarde anterior cantando.

Al hablar su voz era más grave que cuando cantaba.

Pues así pasó el tiempo y llegó la hora del almuerzo, que rápidamente tambien dio paso a que el día siguiese corriendo, pero ese día (miércoles 15 de agosto) era un día un tanto especial. Ese día volveriamos a la Colina Verde, al Festspielhaus. Pero esta vez sería una experiencia un tanto más esperada que Meistersinger. Era hora de escuchar la obra de Bayreuth por excelencia: ”Parsifal”.

Así fue nuevamente el mismo ritual del día anterior: ponerse guapo y a las 15:00 comenzar de nuevo el peregrinaje al Festspielhaus. Pero antes de entrar no podíamos dejar de escuchar las fanfarrias. Como teníamos tiempo, aprovechamos de dejar nuestras postales en el quiosco del teatro, en donde está una oficina de correos especial en donde las postales reciben el ”timbre de correos oficial” del festival.

Aprovechamos también de visitar el busto de Cósima Wagner y tomar la foto de rigor. Y he de decir que la escultura ha capturado una Cósima que bien podría verse como una guardiana del patrimonio del festival. Se levanta imponente como guardando el templo musical de su amado Richard. Fue justamente aquí que me encontré con un chico muy agradable que estaba muy nervioso. Esa tarde también veria ”Parsifal”,

pero su amigo, que vivia en Hamburgo (el chico era de Münster), aún no llegaba... Le había llamado rápidamente al hotel diciendole que le esperara junto al busto de Cósima.

Uno de los neumáticos se había pinchado, así que era mejor encontrarse directamente en el teatro... El pobre chico, claro, estaba nervioso de perderse la representación, que por lo demás sería la primera de su vida, pero luego cuando sonaron las fanfarrias, me volvio a saludar, presentandome a su amigo y suspirando de alivio.

Y en el momento de las fanfarrias ya no fueron seis, sino ocho los músicos que se asomaron al balcón e interpretaron el motivo del Grial. Nuevamente el ritual, nuevamente mostrar las entradas, nuevamente entrar a ese auditorio en donde sólo hace algunas horas había presenciado Meistersinger. Pero ahora el ritual seria diferente, se trataba de la consagración del escenario, de la redención por la compasión... El misterio de porque ”Parsifal” ha de ser escuchado en Bayreuth.

Y las luces comenzaron a apagarse.

El silencio fue roto sólo con la música del preludio de ”Parsifal”. La música surgía casi como una oración dentro del auditorio. La acústica experimentada el día anterior era ahora diferente. Más directa y más envolvente. El preludio transcurrió impecable, como una elevación espiritual de los sentidos, pero manifestando de todas maneras la naturaleza humana de la obra. Cada segundo hacía que la música llegase más directamente al corazón, pero no sólo eso, varias veces parecía como si la música emanase de uno mismo.

El telón se abrió y elevó lentamente, sonando entonces las llamadas desde lo alto del templo, pero ahora sonaban como si estuviesen en alturas celestiales, no ya dentro de un teatro. Mattias Hölle (Gurnemanz) se acercaba lentamente a los dos escuderos que se hayaban durmiendo, y les incitaba a la oración. La escenografía de Wolfgang Wagner no puede ser tildada de belleza sin par, pero su sencillez le hacía tener un aire especial. Principalmente pensando en como la luz fue utilizada, dando la verdadera sensación de un amanecer en el claro de un bosque. El juego de luz siguió actuando durante el resto del acto hasta el momento de la música de transformación, haciendo la escena cada vez más iluminada. Pero aún estamos en el principio.

Los caballeros hicieron su entrada y cantaron correctamente su entrada, y entonces arribó Kundry, interpretada por Violeta Urmana. Sus primeras palabras no dan obviamente las mejores referencias para descubrir el potencial de esta cantante, tendriamos que esperar hasta que haya concluído el segundo acto para poder dar una opinión más valida. En la parte actuación, en cambio, podía verse claramente sus dotes de actriz durante todo el acto, haciendo no sólo una figura más, sino que una especie de imán para las miradas del público, sin necesidad de hacer perder la concentración en los demás cantantes o la música.

La entrada de Amfortas fue formal y acongojada. Andreas Schmidt retrataba a un Amfortas con fuertes deseos de morir. Un personaje totalmente diferente a su Beckmesser del día anterior. La escena bastante cargada por la congoja de Amfortas fue interpretada de manera muy expresiva y con el pesimismo de Amfortas dominando. Hölle se mantuvó bastante bien durante la duración del acto, en especial en su narración. Los escuderos correctos en todo minuto. Y entonces llega la aparición de Parsifal. Primero vemos el cisne que cae vertiginosamente debido a la flecha del joven, y luego es llevado al escenario por los escuderos (y el cisne está hecho de una manera muy real). Parsifal (Paul Elming) al realizar su entrada se veía como un joven vital y con voz bien enfocada. Lástima que la dirección escénica le hizo permanecer casi estático durante toda su participación en el primer acto. La escena entre Gurnemanz, Parsifal y Kundry fue tanto musical como escénicamente muy bien lograda, pero si tuviesemos que escoger a uno de los interpretes ese uno seria Violeta Urmana, especialmente en su últimas líneas en este acto.

La procesión desde el lago con el enfermo Amfortas cruzó el escenario, y la luz comenzó a bajar de intensidad, finalmente la famosa frase de Gurnemanz: ”Du siehst, mein Sohn, zum Raum wird hier die Zeit.” nos llevó completamente a la magnífica transformación, que en cierta forma ya había comenzado, que nos haría penetrar al templo del Grial. Los montículos de cuarzo (¿?) que llenaban la escena y habían dado la ilusión (gracias a la iluminación) de una foresta, ahora se movían, primero dos hacia el centro, casi como creando la entrada a una montaña, para luego alejarse del centro y comenzar a elevarse hasta desaparecer totalmente. Los demás bloques al mismo tiempo habían también a moverse por el escenario, creando la sensación de espacio que por el que se iba ascendiendo, y repentinamente estos bloques se habían comenzado a girar empezando a formarse en líneas bien delimitadas. El templo del Grial estaba tomando forma. He de agregar que todos los cambios de escenografía en Bayreuth se producian en el máximo silencio, nunca se escuchó la maquinaria que podría estar detrás de tales prodigios, sólo la música. Aún como en una penunbra entraban Gurnemanz con el un poco asustado Parsifal, pero al final este último confiandose del anciano accede a permanecer. Y entonces el momento más mágico de la música. Durante toda la tranformación la música sonaba como de otro mundo, más profunda, más ”entendible” que como la he escuchado en otros teatros, pero cuando las campanas comenzaron a sonar, no sonaban desde el foso o desde el fondo del escenario... Uno tenía la sensación que estaban sobre uno. Era algo así como si hubiesen colgado del techo del patio de butacas unas campanas invisibles que repicaban con todo el fervor requerido para la ocasión. Y entonces entraron las voces del coro de los caballeros, los cuales no se hicieron visibles hasta el segundo verso. Y formados entraban al templo, dos filas por la derecha, dos por la izquierda. Así quedaron luego estas cuatro filas alineadas en forma circular a ambos lados del pequeño altar en el centro.

Y los otros coros cantaban desde las alturas correspondientes creando una atmósfera llena de fervor y amor.

Los pajes y escuderos entraron por la derecha llevando las anforas con el vino y los canastos con el pan, listos para ser consagrados. Por la izquierda Amfortas, llevado en su silla de manos.

Finalmente fue depositado ante el altar y al finalizar el coro un silencio casi de ultratumba reino en todo el auditorio... Entonces se escuchó la profunda voz de Alfred Reiter (Titurel), bien delineada y que en cierta forma hacia entender el temor de Amfortas por su padre. Amfortas recorría el templo pidiendo compasión, pero todos los caballeros le ignoraban, y cuando se abrazó a Parsifal implorando piedad, Parsifal sorprendido intentó ayudarle, pero no sabiendo como.

La congoja de Amfortas se hizo entonces más evidente en la actuación de Schmidt. Hasta que al final hubo de ceder y aceptar oficiar una vez más. El cáliz fue extraido del altar y entonces, mientras la música seguia, los caballeros que se encontraban en la fila anterior se fueron moviendo para estar todos los caballeros presentes en un sólo círculo, que permitia a los hombres estar exactamente a la misma distancia del altar. Gurnemanz calzaba exactamente en el centro del círculo, dandole la espalda al público, y Parsifal a un costado. Entonces ocurre el milagro de la iluminación del Grial, llenado todo el escenario con un hermoso tono púrpura que también se reflejaba en el público, haciendo a todos participes de la consagración. Al mismo tiempo los escuderos y pajes levantaban el pan y el vino para permitir su consagración.

Finalizada la consagración se distribuyó el pan y el vino, haciendo a todos caballeros participar de esta ”comida en el amor”. Durante el coro de los caballeros en la celebración, Gurnemanz se acercó a Parsifal ofreciendole el pan y el vino, pero Parsifal, conmovido y asustado dio un paso atrás. Luego se retiraron todos, prácticamente ignorando el dolor de Amfortas. Entonces la pregunta de Gurnemanz a Parsifal, sin darse cuenta que este muestra verdaderamente la compasión necesaria. Parsifal abandona, corriendo, el templo, y rápidamente se escucha el solo desde lo alto ”Durch Mitleid wissend, der reine Tor.”

Gurnemanz, dandose cuenta de lo ocurrido sólo atina a reclinarse sobre el altar, demostrando su impotencia al haber perdido a quien podía redimir a la hermandad, el telón comenzó a bajar lentamente, y antes del último compás, se detuvo, para caer justo antes de la última fermata.

Y entonces el silencio fue absoluto. Fieles a la tradición de Bayreuth, nadie aplaudió al finalizar el primer acto dejando en el aire un aire de espiritualidad díficilmente describible.

Luego ya en la terraza y los jardines se escuchaban los comentarios, nuevamente salchichas o pasteles

en el café, o quizás un helado. Agua y cerveza era lo que más se consumía, ese día era igual de caluroso que el día anterior, pero el ambiente era distinto. Casi como si el haber asistido a aquella consagración en el mismísimo Bayreuth nos hubiese invadido a todos. Se respiraba una paz muy especial en el público, que no terminaria hasta finalizar la función del día.

Aprovechando la pausa, visitamos Elisabeth y yo el busto de Wagner, que se encuentra ante el Festspielhaus, pero no mirando a la ciudad o al teatro, sino que su vista está dirigida hacia el busto de Cósima, aúnque desde allí no se ve. Al igual que el busto de Cosima, el retrato del artista excelentemente logrado... Pero el tiempo pasaba, y pronto fue hora de escuchar las fanfarrías que llamaban al segundo acto.

Así que nos dirigimos a la terraza, y con la precisión de un reloj volvieron a aparecer los ocho músicos en el balcón cuando quedaban 15 minutos para que comenzase el segundo acto. El tema interpretado fue ahora el tema de Parsifal, cuando este entra en el jardín encantado de Klingsor.

Y luego del ya conocido ritual, nos preparamos a ser participes del acto de Kundry, su intento de redención y el despertar de la conciencia de Parsifal, pero primero conoceríamos los planes de Klingsor...

El preludio del segundo acto fue cargado de nerviosismo, preparando la tensión necesaria para entrar en los dominios de Klingsor. Un mundo oscuro, la única iluminación era dada por las dos columnas iluminadas en tenues tonos verdes. Klingsor (Hartmut Welker), en una plataforma elevada entre las columnas, vestido derojo y ante el espejo observaba lo que estaba ocurriendo, po rmedio de su espejo mágico, y vecomo Parsifal se aproxima. Un misterioso tono verdoso se comenzó a hacer latente en el centro

del escenario en donde apareció una Kundry desesperada de no poder hacer frente a los poderes de Klingsor.

Tanto Welker como Violeta Urmana (Kundry) ofrecieron una musicalidad sin límites, que además completaba las actuaciones de ambos cantantes. Welker casi diabólico en su prestación se contrastaba fuertemente con la desesperación de Kundry. La voz de Welker, profunda y enfocada, especialmente matizaba los tonos como si de un auténtico ser diabólico se tratase. El maquillaje y su túnica roja aumentaban más aún su figura. La música seguía fluyendo en forma ininterrumpida, acompañando muy bien a los cantantes, siendo el tempo un poco más lento que el del primer acto, excepto en los momentos de mayor tensión dramática.

Urmana cada vez más desgarradora mientras se iba dando cuenta para lo que había despertado, hasta que finalmente desaparecía al mismo tiempo que la misteriosa luz verdosa que la vio aparecer.

La plataforma de Klingsor había bajado durante los momentos que se dirigio a Kundry, pero ahora se iba elevando hasta su altura original, y finalmente desapareció, luego de las últimas palabras de Klingsor. Entonces la escena se oscureció a medias, para rápidamente verse como las muchachas encantadas de Klingsor entraban corriendo, al compás de la música, en túnicas blancas y disponiendose a lo largo del escenario que ahora comenzaba a tomar tonos púrpuras y rojos intensos. Entonces comenzó la ”escena de seducción”. Músicalmente la escena fue magnífica, no así la dirección escénica de Wolfgang Wagner, que presentó una muchachas encantadas casi estatuarias, frías, díficilmente seductoras, pero las voces seducían de otra manera, eran envolventes y sensuales, envolviendo también con sus cuerpos y túnicas a Parsifal, que no se enteraba de nada, puesto que creía que se trataba de un juego de niñas.

Repentinamente surgió la Voz de Urmana, seductora, envolvente y resonaba por todo el teatro.

Las muchachas encantadas se hicieron a un lado dejando ver a Kundry envuelta en un traje de seda, reflejando los tonos de las paredes púrpuras de cuarzo. Las muchachas encantadas desaparecieron rápidamente por la derecha, y comenzó la escena entre Kundry y Parsifal.

Parsifal, como atontado por el haber sido llamado por su nombre se acerca a Kundry. Esta, aún sentada y sin moverse comienza su narración. Ya no seductura, sino que con cierto dolor, como si ella misma hubiese sufrido lo que narra. Y entonces Elming casi transfigurado entregó todo de si en su intervención, acercandose más a Kundry, entonces el ofrecimiento de un beso por parte de esta se hace inevitable. Él prácticamente lo aceptaba, pero al reaccionar la alejaba bruscamente.

Entonces aparecia un nuevo tipo de seductora que no dejaba los pensamientos de Parsifal tranquilos.

Mientras éste sólo estaba de rodillas en el centro del escenario, Kundry lo rodeaba, no sólo con su cuerpo , sino que también con su sensualidad, a pesar del dolor de Parsifal, primero creyendo que se trataba de la herida de Amfortas, para luego entender que era el corazón el que ardía.

Kundry se mostraba ahora triunfadora, creyendo haber logrado su objetivo, pero entonces volviendo a ser rechazada comenzó su ”Grausamer!” Desgarrador, por primera vez Urmana mostraba aquella faceta de Kundry que todos conocen, pero nunca ven: la desdichada que no puede morir, y cuyo único deseo es precisamente el ser redimida, para poder finalmente descansar.

Urmana reflejaba el dolor y la desesperación de Kundry de manera excelente. No sólo con su voz, sino que con todo su cuerpo. Podemos hablar de una digna sucesora de tantas fantásticas Kundrys habidas en Bayreuth, como por ejemplo Marta Mödl, Waltraud Meier o Leonie Rysanek. La diferencia es que Urmana está a la misma altura de sus predecesoras, sin tener que envidiarles nada, ni viceversa. Todas excelentes en su caracterización del papel, pero cada una con su particular visión del personaje. Y cuando llegó a ”Und... Lachte...!”, el silencio se apoderó del auditorio unos segundos. Si hasta se podría decir que nadie se atrevió a respirar para no romper el dramátismo del momento. Este silencio ya había sido también logrado por Eschenbach, Knappertsbusch, Krauss y otros directores en años anteriores, Thielemann también lo logro, sin perder en ningún momento el control de la orquesta. Allí ya Kundry no podía seguir mostrandose como la seductora que intentaba ser, sólo la desesperación la movia, y el momento fue tan logrado que el público se hacía participe de su dolor. Y también en cierta forma de su triunfo cuando se referia a que justamente su beso había despertado al conciencia de Parsifal. Elming, un poco frío (según la dirección escénica) para con ella, finalmente le decía que le mostrase el camino. Pero entonces Kundry ya no era una seductora o penitente, ahora Urmana mostraba una furia con todo su poder, negandole a Parsifal encontrar el camino y pidiendo a Klingsor ayuda para detener al ”tonto inocente”. Entonces se manifestaba Klingsor, como al iniciarse el acto y arrojaba la lanza.

Parsifal (Elming) se había subido sobre el monticulo en el que Kundry había aparecido, cogiendo rápidamente la lanza. Y la destrucción del jardín encantado se produjo entre relámpagos lila tras los montículos de cuarzo, dejando el jardín convertido en una masa de cuarzo sin vida y gris.

Klingsor colgando sin vida de su plataforma y Kundry sólo mirando desde el suelo hacia donde Parsifal se dirigia, alargando su brazo implorando clemencia... El telón cayó rápidamente.

Los aplausos no se pudieron contener, apenas acabada la música, pasaron quizás sólo un par de segundos. Las ovaciones eran enormes, y las patadas en el piso semejaban a las del día anterior.

Entonces aparecieron las muchachas flor y recibieron sus merecido a aplausos, luego Welker recibió muy merecidas ovaciones, y finalmente aparecieron Urmana y Elming a saludar juntos.

Entonces subió la temperatura al doble, se escuchaba público aplaudir de júbilo enorme, las patadas eran más intensas, los aplausos más cargados, los bravos más altos... Luego aparecieron todos los interpretes a agradecer los aplausos y hubimos de salir al fresco de la noche para la segunda pausa.

Ya fuera, el calor había desaparecido, y el aire estaba un poco fresco y agradable. Uno necesitaba salir al

frescor luego de tanta pasión y drama que se había experimentado durante el pasado acto. Pero aún así

la paz experimentada luego del primer acto estaba allí, colgaba del ambiente sin poder ser eliminada. Fue entonces que, gracias a una visita al baño de mi acompañante, mientras esperaba a que saliese del tocador en el mismo Festspielhaus (hay también en los dos restaurantes junto al teatro) voltee mi vista al sencillo servicio de guardaropa, y ¿con qué me encuentro? Pues que uno podía alquilar un cojín para la espalda, para así no tener que soportar la dureza de la butaca. Resulta que las butacas son de madera, y solo la asentadera está cubierta por una delgada tela rellena con algo suave, lo suficiente para estar sentado un par de horas. Pero el respaldo de la butaca es sólo madera, sin revestimiento alguno... Cada día se aprende algo nuevo.

Nos encontramos con los escoseses, que estaban maravillados por el sonido, ya que también era primera vez que asistian a ver ”Parsifal”... Yo en cambio ya tenía la experiencia de varias representaciones en Estocolmo y una en Berlín.

Curiosamente, en la producción de Berlín cantaban Elming y Hölle (además de Waltraud Meier), y he de decir que ambos cantantes habían desarrollado sus personajes bastante bien desde esa velada berlinesa. Ahora además incluso se entregaban más a sus papeles, claro que uno pensaba aún que la escena con las muchachas encantadas fue un poco fría, pero la totalidad, la obra de arte total de Wagner estaba allí, era evidenciada por las magnificas aportaciones de cada uno de los interpretes, no sólo los cantantes, sino que también los componentes de la orquesta, los directores, tanto musical como del coro, y en cierto grado también el escénico.

Y se avecinaba ya la hora de presenciar el tercer acto, así que abandonamos el jardín en donde nos habíamos sentado a conversar sobre la función, acompañados de unas buenas salchichas bávaras y agua mineral, y nos dirigimos a la terraza, queriamos escuchar el último llamado al festival sacro de Wagner. Y al salir los músicos al balcón interpretaron los primeros compases del preludio del acto en cuestión, el tema de la peregrinación de Parsifal.

Ya habiendo mostrado las entradas y tomado lugar, sólo nos basto esperar al ritual ya conocido, ahora el silencio era más intenso, si se podría decir que apenas se escuchaban las inhalaciones o exhalaciones del público.

El preludio rompió ese silencio casi religioso, llenando nuevamente todo el auditorio. Pero en ningún momento era un preludio pesimista, como ocurre con algunos directores... El preludio se sentía más como un peregrinaje humano del alma, profundo y meditativo.

El telón se abrio lentamente dejando ver a Kundry junto al manatial. La escenografía muy parecida a la del primer acto, con la única diferencia que el manantial se encontraba en el centro. El manantial era una esfera de la que manaba agua real durante toda la escena. Tras el manatial una especie de escaño sin respaldo. Entonces entró un Gurnemanz muy cansado, mostrando como los años habían pasado por el, pero que ágilmente se hacía de fuerzas para despertar a Kundry.

Esta primero aterrada al ver a Gurnemanz, pero luego todo un reflejo de humildad y dispuesta a servir, como ya tantas veces lo había hecho.

La luz seguía representando un alba, pero al escucharse los compases de entrada de Parsifal, la escena se tornaba más azulada, pero siempre aumentando en luminosidad. Parsifal en una casi auténtica armadura negra, entraba desde la derecha, lentamente, deteniendose junto al manantial.

Kundry sólo observaba, Gurnemanz intentaba recibir algún saludo, pero Parsifal sólo se limitó a tomar la lanza y ponerla en posición, retirandose luego tras uno de los monticulos de cuarzo, para aparecer luego totalmente desarmado y arrodillarse ante la lanza, al mismo tiempo que Gurnemanz le reconocía y se lo comentaba a Kundry.

La acción transcurria pausadamente, sin prisa alguna, llenando al público de una paz desgarradora.

Nunca he sentido esa compenetración entre lo que ocurre entre la escena y el foso de la orquesta, es decir, que pueda llegar tan directamente al auditorio, y que además éste se sienta participe de lo que está viendo y escuchando. Y entonces tiernamente, como un hijo a un padre, Parsifal abrazaba a Gurnemanz al mismo tiempo que cantaba su ”Heil mir, daß ich dich wiederfinde!” Hölle ahora mostraba un Gurnemanz dichoso, no sólo de volver a ver a Parsifal, sino también consciente de lo que su vuelta suponía. Kundry, durante todo la escena, sentada entre el escaño y el manantial miraba en máximo recogimiento lo que ocurría.

Elming entonces destapó el jarro de las esencias y se entregó al papel como nunca antes lo había visto o escuchado. Él estaba totalmente transfigurado, y recordaba el dolor que había causado, y como ahora era necesario redimir y curar la herida de Amfortas. Hölle le ponía al día de lo acontecido con la hermandad, Amfortas y la muerte de Titurel, con un dolor en la voz al recordar todo que conmovía de sobremanera. Entonces el desvanecimiento de Parsifal hizo rápidamente actuar a Kundry recogiendo agua del manantial, ofreciendosela humildemente a Parsifal, pero también mirando a Gurnemanz que le indicaba que la redención era de otra manera.

Parsifal, reaccionando aceptaba su misión con entereza, al mismo tiempo que Kundry le quitaba las botas y luego lavaba sus pies. Entonces el mismo Gurnemanz recogia agua del manantial y mojaba la cabeza del cansado Parsifal, bautizandole. Y luego la gran muestra de humildad de Kundry al ungirle los pies a Parsifal y luego secarselos con sus propios cabellos. Y allí permaneció Kundry por unos momentos, humilde ante Parsifal. Siendo luego ungido por Gurnemanz como nuevo rey, su primera acción es la de dirigirse al manantial y recoger agua, con la que bautiza tiernamente a Kundry, y esta al recibirlo rompe en llanto sincero, siendo al mismo tiempo consolada por el abrazo de Parsifal, quién lentamente levanta la cabeza al ver que la naturaleza despierta y recibe la explicación de Gurnemanz que se trata del encantamiento del Viernes Santo.

De la lejanía se escucharon luego las campanas que llamaban al servicio en el templo del Grial, y Gurnemanz se ofrece guiar a Parsifal. Éste avanza tras el anciano, pero antes de continuar se vuelve hacia Kundry y le ofrece que vaya ante él, junto a Gurnemanz. Kundry, primero conmovida, luego agradecida accede, y los tres desaparecieron del escenario, por la izquierda.

Durante la música de transformación, los bloques de cuarzo comenzaron a delinearse de la misma manera que en el primer acto, siendo la única diferencia que ahora la luz disminuyó casi totalmente, dejando la escena vagamente iluminada. La música ya no era solemne como en el primer acto, sino que pesada y triste. Finalmente hicieron su entrada las campanas, ahora duras y lúgubres, pero al igual que en el primer acto, como si se tratase de campanas invisibles colgadas del techo del auditorio.

Al aclararse un poco el escenario se veía las sombras de los caballeros que desordenadamente entraban al templo, mientras que Amfortas era llevado al altar en su silla de manos. La música cada vez más agobiante, al igual que las voces del coro. Finalmente, al mismo tiempo que Amfortas era puesto ante el altar, el sarcófago con el cuerpo de Titurel era depositado frente a él, al otro lado del altar.

Amfortas, más acongojado ahora que en el primer acto, se movia pesadamente por el escenario, y cuando el sarcófago fue abierto, todos los caballeros le dieron la espalda, volteandose sólo para prepararse a asaltar a Amfortas, que pedía desgarradoramente la muerte, de pie sobre el altar, como un cordero dispuesto a ser sacrificado. Y entonces entró Parsifal, detieniendolos a todos, curando también la herida de Amfortas y ordenando que el Grial nunca más debera estar oculto.

Preparandose para la consagración, los pajes abren el altar, y depositan el Grial ante Parsifal, y él antes de cogerlo mira hacia a Kundry con una mirada cariñosa y la invita a ser participe de la ceremonia. Los caballeros la siguen con la mirada mientras ella se acerca al altar, y entonces, entre los dos (Parsifal y Kundry) cogen el Grial y lo elevan iluminandose todo el templo de la luz consagradora. Todo el templo se envolvío en un intensisimo tono púrpura, al mismo tiempo que los caballeros comenzaban a arrodillarse, mientras más avanzaba la consagración y el coro cantaba a la gloria del redentor, el Grial comenzó a irradiar una luz cada vez más clara, hasta ser blanca, y llenando el templo de un fulgor nunca antes conocido por la hermandad.

Y, lentamente, el telón se cerró.

Los aplausos no se hicieron esperar. Las ovaciones fueron tan intensas como en Maestros cantores el día anterior. Primero subío el telón varias veces para mostrar al coro, junto con Elming, Schmidt, Urmana y Hölle en las posiciones que tenían al finalizar el acto. Luego de varias súbidas de telón, comenzaron los solistas a aparecer, primero Hölle, luego Schmidt y finalmente Urmana y Elming juntos. Las ovaciones iban subiendo cada vez más, que decir de los bravos y las patadas. Y obviamente al aparecer Urmana y Elming, tomaron las ovaciones mayor fuerza, nuevamente aparecio el coro, pero ahora solo, luego con su director Eberhard Friedrich, que animadamente apuntaba hacía las alturas, indicando los lugares en el resto del coro se encontraba, y que por razones obvias no alcanzaba a bajar para recibir sus merecidos aplausos. Y finalmente apareció Christian Thielemann. Ahora más seguro que el día anterior, nuevamente agradeciendo al público por los aplausos. No ahora con besos, sino que reverenciandose ante el público.

Bayreuth a vivido grandes momentos con sus directores: Levi, Muck, Strauss, Toscanini, Furtwängler, Karajan, Knappertsbusch, Krauss, Levine, Sinopoli, Barenboim, y tantos otros han hecho su aporte al festival de Wagner en Bayreuth, y Thielemann demostraba ser un digno sucesor de tantos ilustres directores que han dejado el alma y el corazón en el foso de la orquesta del Festspielhaus. Y ahora recibia su mayor reconocimiento, por el público que aplaudía a reventar, no sólo a él sino que a todos los participantes. Pero claro no debemos olvidar que mucho del ”marketing” que respalda a Thielemann es el de ser alemán, y por tanto hace sentir orgullosos a la gran parte de asistentes al festival, que al fín y al cabo son alemanes.

Los aplausos seguían, siempre en aumento de intensidad. Finalmente apareció nuevamente Wolfgang

Wagner, quien fue recibido por una calurosa ovación, pero rápidamente desaparecio para dar espacio a los

interpretes y el coro, que vez tras vez debían salir a recibir las ovaciones de un público que nos les queria

dejar... Al final, luego de más o menos una media hora o más, sólo salieron Urmana, Elming y Thielemann.

Urmana les dio un beso a cada uno, siendo Thielemann el primero en abandonar el escenario, dejando a los

cantantes recibir solos el resto de las ovaciones. Y así concluyó aquella noche de consagración...

Por fín había sido participe de la magia que se oculta en una representación de ”Parsifal” en Bayreuth. Uno

participa en la consagración, la música se nota hecha para la especial acústica del teatro, la paz se respira

durante toda la representación, incluídas las pausas. Y la paz le acompaña a uno hasta que deja Bayreuth. Por primera vez en mi vida comprendí que mi ”manía” de sólo tener grabaciones de ”Parsifal” hechas en Bayreuth, tenía su motivo. El estudio, por perfecto y atmósferico que pueda ser, no alcanza ni a la mitad de

lo que una experiencia grabada desde Bayreuth posee... Pero una grabación aúnque sea de Bayreuth, no llega ni siquiera a la mitad de la calidad musical que ”Parsifal” obtiene en el mismo Festspielhaus.

Seguimos luego en calma nuestro camino al hotel, ya despidiendonos de aquel auditorio, desgraciadamente no habiamos conseguido entradas para ”Lohengrin”. Pero tanto Elisabeth como yo decidimos visitar el teatro al día siguiente, para escuchar las fanfarrias de llamada para”Lohengrin”.

Al día siguiente nos levantamos como de un sueño, recordando la experiencia casi espiritual del día anterior, pero en este día 16 de agosto ocurría algo más, y que al suceder en Bayreuth fue como la culminación de un sueño...

Ese día cumplía años (33), y que mejor regalo había obtenido realizando uno de mis sueños. Pero todavía quedaban cosas por hacer. Queriamos visitar la tumba de Liszt, para rendirle el merecido homenaje que como músico ha ganado. Además debemos recordar que era el suegro de Wagner y además uno de sus apoyos en sus primeros tiempos, por ejemplo cuando fue hora de estrenar ”Lohengrin”. Así que nos dirigimos al cementerio de Bayreuth a visitar su tumba, con un pequeño ramo de rosas rojas (7, para ser exacto). Desgraciadamente no pudimos hacer la visita con calma, estaban saneando el cementerio, pero el guardia nos indico amablemente donde quedaba la tumba, pero diciendo que sólo podiamos depositar las flores y marcharnos rápido, para no interferir en el trabajo de los saneadores. Así que dejamos las rosas en su tumba sin alcanzar a verla bien, con excepción del nombre, para estar seguros: Franz Liszt, pero al menos habíamos cumplido con el pequeño homenaje. El guardia nos agradecio el gesto, ya que no son muchos los visitantes que le dejan flores a Liszt... ”Todos los extranjeros sólo le dejan flores a Wagner, casi nunca a Liszt.

Gracias, muchas gracias”.

Ahora era hora de comer algo, y Elisabeth me invitó a una cafeteria, con deliciosos pasteles y otras cosas bávaras... Teniamos que festejar mis 33 años, y por lo menos algo dulce debía comerse por la ocasión.

Luego volvimos a caminar y hacer unas últimas compras por las ya conocidas calles. Fue entonces que en una tienda nos encontramos con Andreas Schmidt. El pobre hasta se sonrojo cuando, dandole la mano, le felicitaba al mismo tiempo por el magnífico (y fantástico) Beckmesser, y luego por su interpretación tan llena de dolor y misticismo de su Amfortas. Más se sonrojo al saber que yo le había escuchado en su concierto de Lieder en Estocolmo hace algunos años. Y se reía cuando le pregunté si tenía planeado cantar nuevamente en Estocolmo.

-”No aún, pero en el futuro no es imposible. Tengo muy buenos recuerdos de Estocolmo”.

Nuevamente le agradecí por los minutos compartidos y recibí su autografo en una postal que me apresuré a comprar (al igual que en el caso de Robert Holl.)

Seguimos con nuestras compras, pero al ver la hora decidimos que era hora de asistir al Festspielhaus y escuchar las fanfarrias para ”Lohengrin”.

Nos sentíamos raros al no ir arreglados al Festspielhaus, pero sabíamos que no podríamos entrar, así que nos hicimos de ánimos y nos sentamos en uno de los escaños de la terraza. Entonces llegó el momento, y sólo cuatro músicos hicieron su aparición, interpretaron el llamado al duelo por el honor de Elsa... Como es natural en Bayreuth, el tema se interpretó una sóla vez, pero luego se interpreta dos veces cuando quedan 10 minutos y finalmente tres veces cuando quedan sólo 5 minutos para que comienze el acto. En nuestras anteriores visitas, sólo alcanzabamos a escuchar la primera fanfarria, para alcanzar a entrar con calma a nuestros lugares. Luego que las últimas fanfarrias se interpretaron ya no quedaba nadie en la terraza. Sólo nosotros y algunos turistas más que habían ido con el mismo objetivo.

Entonces vimos lo que ocurre en el Festspielhaus cuando una función se lleva a cabo. Cuando los actos terminaban y el público salía a los entreactos, las jovenes que revisaban las entradas cerraban las puertas con llave, para impedir la entrada al auditorio antes del momento requerido. Pero ahora, cuando la función comenzaba, el personal cerraba todas las puertas de ingreso al teatro. Y allí en el teatro, totalmente cerrado a las influencias externas, la magia de Wagner se manifestaba por enésima vez ante un público subyugado ante el músico de Leipzig.

Al bajar de la colina, descubrimos otra cosa: todo el tráfico alrededor del Festspielhaus es desviado durante las funciones, por tanto, ningún sonido externo molesta la representación.

Luego quisimos visitar el museo de Liszt, el cual queda junto a Villa Wanhfried, pero era el día que estaba cerrado, así que sólo vimos la casa de ladrillo por fuera, pero en cierta forma ya le habíamos rendido un homenaje, aunque apresurado, en el cementerio, ahora quedaba la última ”obligación”, rendirle homenaje a Wagner, sobre cuya tumba también depositamos siete rosas rojas...

Caminamos por Hofgarten con calma, pensando que por allí pasearon Wagner, Liszt, Cosima, Nietzsche, los descendientes de Wagner y tantos más. La magia de Bayreuth es verdaderamente díficil de romper. Al llegar al hotel sólo nos quedaba empacar y comenzar a despedirse de la ciudad.

Reservamos un taxi en la recepción, para ir al aeropuerto a la mañana siguiente. La única forma de llegar a Bayreuth desde su aeropuerto, o viceversa, es en taxi, toma algo de 15 minutos y el costo es de unos 27 ó 30 marcos. Dormimos bien y ya a las siete de la mañana estabamos en pie. Tomamos un buen desayuno, pero sentiamos un poco de tristeza de abandonar esa ciudad en donde habiamos disfrutado de Wagner hasta extasiarnos. Finalmente registramos nuestra salida del hotel, y esperamos el taxi que nos llevaría a la colina en que está el aeropuerto.

En menos de 15 minutos ya estabamos en el pequeño aeropuerto que no habíamos conocido debido al incidente ocurrido el día lunes... Este aeropuerto tiene sólo un sala de espera y una barra para chequear los pasajes. Un avión de la segunda guerra mundial esta de adorno a uno de sus lados. Finalmente llegó nuestro vuelo, un avión de hélices, para 37 pasajeros...

Rápidamente abordamos, y mirando a Bayreuth desde la ventana me despedí de esta ciudad, prometiéndome volver lo más pronto posible. En menos de una hora estábamos aterrizando en Frankfurt am Main, y en una hora más partía nuestro vuelo a Estocolmo. A las 14.35 aterrizo nuestro avión y ya me encontraba de vuelta en Suecia, pensando en los maravillosos días que había disfrutado en Bayreuth, la ciudad del Festival Wagner.


Estocolmo, 24 de agosto de 2001