Discos:Entre Munich, Dresden y Paris - Wagner cerca de Bayreuth
Por Sebastián Spreng

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Der Ring des Nibelungen: Hildegard Behrens, Julia Varady, Lisbeth Balslev, Nancy Gustavson, Julie Kaufmann, sopranos; Marjana Lipovsek, Waltraud Meier, Hanna Schwarz, mezzosopranos; Rene Kollo, Robert Schunk, Robert Tear, Helmut Pampuch, tenores; Robert Hale, Ekkehard Wlaschiha, Hans Gunther Nocker, barítonos; Kurt Moll, Jan-Hendrik Rootering, bajos. Orquesta y Coro de la Opera del Estado de Baviera. Dirección: Wolfgang Sawallisch. 14 CD DDD EMI. Grabacion: Opera del Estado, Munich, XI-1989

Siegfried-Idyll, Der Ring des Nibelungen (extractos): Staatskapelle Dresden.
Dirección: Donald Runnicles. Teldec 0630-17109 DDD. Grabación: Dresden, en vivo, diciembre 1996.

Wagner en francés: Der Ring des Nibelungen (Extractos) Registros históricos ADD Romophone 54238 80012, Grabación: 1928-1933

Der Ring: An orchestral adventure Orquesta de la Radio Holandesa. Dirección: Edo de Waart. RCA 74321-447842 DDD. Grabación: Concertgebouw, Amsterdam, 1992.
 
 

Hace veinte años quien hubiese adivinado- o siquiera soñado- que en tan poco tiempo se dispondría de una docena de Anillos  en  compactos?.
Hoy día la oferta es extraordinaria, desde ya, más de lo que el público puede absorber  con versiones que abarcan más de medio siglo en la interpretación wagneriana. Desde aquellos con Furtwängler en la Scala y la RAI a los del Bayreuth de Wieland Wagner dirigidos por Clemens Krauss, Hans Knappertsbusch, Joseph Keilberth y Karl Böhm hasta los mas recientes con Pierre Boulez y Daniel Barenboim sin dejar de lado los concebidos en estudios de grabacion -desde la primera completa, y hoy mítica, con Georg Solti, y las de Herbert von Karajan, Marek Janowski, James Levine y Bernard Haitink. Pasa ahora a integrar la nómina esta conducida por Wolfgang Sawallisch en el Teatro Nacional de Munich en 1989.

La grabación esta originada en la controvertida regie de Nikolaus Lenhoff-Erich Wonder estrenada en 1987-aunque la toma es posterior y con algunos cambios en el elenco original: Hale por Morris como Wotan, Varady por Studer como Sieglinde y Meier por Fassbaender como Waltraute-a la que este cronista tuvo oportunidad de asistir a su estreno. En Europa se dispone comercialmente del video de esta costosa puesta (una delirante aventura futurista con enfasis en lo visual que  adolecía de fallas conceptuales como para  pasar a integrar el panteón de las grandes puestas del siglo)y que ahora EMI con buen criterio decidió lanzar  al mercado en 14 compactos como un Anillo digital a bajo precio.

Sin el constante asalto visual al que Lenhoff sometía al deslumbrado espectador los valores musicales y la homogeneidad  lograda desde el foso por el experimentadísimo Sawallisch emerge con una claridad que resultaba difícil de apreciar en el teatro e incluso en el video. La calidad de la orquesta de la ópera muniquesa es irreprochable y si bien no tiene el nivel excepcional alcanzado por Levine con la del MET neoyorkino en ningún momento decepciona. Su director de tantos años-atento mas que nunca a los cantantes, por otra parte ya bien entrenados en  la puesta y sus requerimientos musicales-la conduce como a un solo hombre con la solidez del ensemble como otra de sus incontestables virtudes.

En el rubro vocal, las sopranos son las más flojas y la protagonista -Hildegard Behrens- la más evidente. Que la alemana haya soportado estoicamente casi dos decadas de Brunnhildes en todos los grandes teatros del mundo con un instrumento importante pero discutible-cuando no inadecuado-desafía todo pronóstico adverso. La indómita Behrens siempre es una caja de sorpresas. Por momentos podría considerársela la mejor Brunnhilde de los últimos treinta años, aunque en la mayor parte del agotador periplo no se supera a sí misma (con Levine) y en otros es una de las peores grabadas-especialmente en el Todesverkundigung donde sus graves forzados, ahuecados se hacen insufribles. Del canto plano al vibrato incontrolado (y exasperante) muestra una voz que funciona en fragmentos pasando por todos los estados imaginables para  una vez mas coronar un Ocaso notable con una estupenda Inmolación a la que sabe llegar después de una función muy despareja (siempre ha sido Gotterdämmerung  la que mejor se adaptó a sus medios naturales). Con la  personalidad e inteligencia que la convirtió en el mayor exponente del personaje de la década pasada. Pero Behrens parece confundir dramatismo con histeria, expresividad con una desesperacion irritante que transmitida al instrumento emerge como una queja más apropiada para ciertas operas del siglo XX que para el belcanto pedido por Wagner; a ello suma una emisión abierta y en muchas instancias se “desgañita”(termino poco musical pero en este caso apropiado) con efectos indeseables. Si este “estilo plañidero” rinde sus crecidos dividendos sobre un escenario, al no estar respaldado por el desbordante temperamento artístico y musicalidad de una Varnay, Modl o Rysanek (aunque esta nunca fue Brunilda) en discos no termina de convencer.  Después de escuchar a Behrens y a otras Brunnhildes modernas (Jones, Marton, Altmeyer, Evans, Schnaut), el aficionado actual-que resignadamente se ha ido acostumbrado a la declinación de los standards vocales wagnerianos- se pregunta si volverá a repetirse el milagro de una Birgit Nilsson, quizá la única que en tiempos modernos pudo conquistar las tres heroínas sin esfuerzo aparente gracias a  técnica y medios supremos vocal e interpretativo, con la sonoridad-y seguridad- de un clarín no exento de matices y profundidad expresiva.

Al quitarle el apoyo visual , la escénicamente elogiada Sieglinde de Julia Varady, tampoco brilla particularmente en discos y su contribución es muy eficiente pero menos destacable de lo esperado. Mucho menos lo es Lisbeth Balslev,  poco atractiva en lo vocal que no logra dibujar la de por si pálida Gutrune (sin gran ayuda del solo  eficaz  Gunther de Hans Gunther Nocker).

Por el contrario, las mezzos se destacan en las filas femeninas encabezadas por Marjana Lipovsek que encarna una formidable Fricka- ácida y autoritaria, encontrando en una voz difícil todos los matices necesarios (posteriormente será una ominosa Primera Norna). Al igual que con Barenboim y Haitink, Waltraud Meier retorna con su impecable -aunque distante- Waltraute (por una vez y ya que este es un Anillo light  hubiese sido fascinante contar en su lugar con la  concepción de la siempre polémica e inteligente Fassbänder), por su parte Hanna Schwarz (a una década  de su notable Fricka con Boulez) pese a un vibrato acentuado-en Siegfried-cumple con una soberbia Erda.

Si Rene  Kollo nunca tuvo el peso vocal necesario para afrontar Siegfried  su trabajo es más sólido y mucho más impactante en este registro de lo que quien escribe recuerda. Kollo convence con su presencia y autoridad. Robert Schunk es un Siegmund seguro y Robert Tear un peculiar Loge, sin la autoridad de otros grabados, pero con intención y detalles sobresalientes.

El mayor beneficiado de la toma en vivo y la dinámica escénica es  Robert Hale que con su histrionismo y seguridad vocal brinda un  muy logrado  Wotan . Por derecho propio Hale ya pertenece a la gran tradición de los Wotan americanos como Jerome Hines, Thomas Stewart y su contemporáneo James Morris.

No obstante, es la familia de los nibelungos ( y parientes) la más destacable de todo el elenco. Desde Ekkehard Wlaschiha-un Alberich absolutamente memorable -al notable Mime de Helmut Pampuch y al aterrador Hagen de Matti Salminen,  este cronista se atreve a asegurar  que el libreto erróneamente lo atribuye a Kurt Moll, quien por su parte es una vez mas un magnifico -casi aristocrático- Hunding y en Rheingold un estupendo Fafner que se agiganta -valga la licencia- en Siegfried mientras que su hermano Fasolt es el relevante Jan-Hendrik  Rootering.

Amén de los disculpables ruidos escénicos  el  sonido es óptimo con las voces predominando claramente por sobre el foso orquestal. Para una edición económica la presentación (pese a carecer de libreto) es visualmente muy atractiva y bien resuelta.

Teniendo en cuenta que Behrens es el mayor reparo en el rubro vocal y  que el teatro muniqués no posee la acústica e inconfundible sonoridad de Bayreuth, que la orquesta del teatro no es la de la Radio de Baviera y que el venerable Sawallisch no exhibe un sello más personal como Karajan, Bohm, Levine o Barenboim, es este un Anillo con muchísimas virtudes, vivido, con suficiente impacto dramático y de inobjetable homogeneidad.  Si por precio, nivel, sonido y presentación merece una franca recomendación, la primera opción todavia se divide entre el impetuoso Solti con su tradicional versión en “technicolor” (obra maestra del productor John Culshaw) y  Böhm en Bayreuth 1966-67 -ambos con la sobrehumana Nilsson. Escogiendo lo mejor de otras versiones integrales hay que destacar la exquisita Walkiria de Karajan (con Crespin, la mas diferente y femenina entre las Brunildas, el inmenso Siegmund de Vickers y el penetrante Wotan de Stewart) y la digna de Haitink (con Morris, Studer, Meier y Marton esta ultima en desparejo estado vocal que se agrava a medida que el ciclo avanza) y volviendo a los integrales pese al sonido primitivo, las celebres lecturas de Clemens  Krauss en Bayreuth 1953 -con los incomparables Hotter y Varnay- y de Furtwängler con la madura -pero única- Kirsten Flagstad.

Sin menospreciar su envidiable tradición wagneriana, no puede ocultarse que la orquesta bávara sufre en comparación con la maravillosa Dresden Staaskapelle liderada fervorosamente por Donald  Runnicles. El joven director escocés, ya un avezado wagneriano, continua demostrando su afinidad por el compositor y podría afirmarse que no es aventurado pronosticar un registro integral bajo su dirección -el proximo verano lo dirigira en San Francisco con un elenco sobresaliente. En esta bien pensada selección de momentos orquestales del Anillo sólo faltan las voces. El compacto se completa con una impecable lectura del Idilio de Sigfrido. Recomendado.

Menos acartonado y sin duda mucho mas polémico es la aventura musical emprendida por Edo de Waart en un intento por acercar al publico general con los temas mas importantes del Anillo, Parsifal y Tristán. El resultado es agradable y por momentos imponente (todo el mérito todavía se lo lleva Wagner). Si la presentación es más atrevida que el contenido, todo sea por los caprichosos dictados del marketing y no tardaremos en oirlos o verlos en algún aviso televisivo. No obstante, la menos aventurada empresa de Runnicles en el verdadero terreno wagneriano es mucho más reconfortante.

En todo caso fascinante es la recopilación de extractos del Anillo en francés de la época de oro de la lírica francesa. Aunque no lo especifica como debiera en la portada, el registro literalmente le pertenece  a la gran Germaine Lubin testimoniando porqué Flagstad la consideraba una wagneriana incomparable. Lubin -alumna de Felia Litvinne y de quien Crespin fue pupila- fue  gran estrella en París y en Bayreuth y su relación con el régimen nazi -o al menos lo que se argumentó- la condenó arruinando su carrera y su vida privada. Al menos en este registro  no impresiona tanto como Sieglinde -de la que fue una célebre exponente- y en cambio deslumbra como Brunnhilde, especialmente en un curioso Ewig war ich de Siegfried traducido como “Des l’origine jusqu’a cette heure”. Otra razón para adquirir este compacto (que debió haber incluido más material o justificar una edición doble) es la ejemplar lectura de Siegmund del recordado Cesar Vezzani y un conmovedor Adiós de Wotan por el veterano Marcel Journet. Mucho menos valiosas son las contribuciones de Charles Rousseliere y la ínfima aparición de Marjorie Lawrence en una Cabalgata de las Walkirias irrelevante.

En síntesis, una pequena fiesta wagneriana para el aficionado que en esta época del año no puede darse el lujo de asistir a los festivales de Bayreuth.