En varias oportunidades
he tenido la ocasión de hablar con la célebre pianista Alicia
de Larrocha, y si bien de momento no se ha fraguado ninguna entrevista,
sí me contó varias anécdotas, dignas de unas breves
lineas en esta revista. Me comentaba que, cuando era alumna de piano, tenía
un profesor que era muy wagneriano, el cual siempre le decía que
sólo cuando pudiese interpretar al piano el fragmento del “Preludio
de Amor y Muerte de Isolda”, del “Tristán”, entonces es cuando habría
llegado al culmen de su carrera pianística. También me contaba
que, gracias a su profesor, su amor por Wagner fue creciendo, hasta el
punto de que, cuando se casó, quiso que en su boda, en la ceremonia
religiosa, sonase la obertura de “Los Maestros cantores”, pero que desgraciadamente
no le dejaron, ya que lo consideraron poco religioso. Por último
quisiera comentar que en algunas ocasiones que hemos hablado de las buenas
épocas del Liceo, y de los decorados modernos, Alicia de Larrocha,
siempre ha desechado las “modernidades”, quedándose con los clásicos,
por su mayor comprensión y belleza.