Pocos cantantes pueden afanarse de combinar como Alfredo Kraus y de un modo tan especial, la elegancia y el porte caballeresco, a la hora de actuar y de vivir. Kraus es en la vida real tal y como nos lo imaginamos en uno de los múltiples papeles que interpreta. Es todo un caballero.
A sus diversas cualidades, une una cordial simpatía y amabilidad, que hace que quien le escuche -hablar o cantar- se prenda de sus palabras, todo ello velado con ese tenue acento canario de su tierra natal.
XAVIER NICOLÁS: Me parece que Ud. nunca ha cantado Wagner.
ALFREDO KRAUS: Efectivamente, nunca.
X.N: Imagino que por su textura de voz, pero, ¿le hubiera gustado hacerlo?
A.K: Sí, como siempre que escucho una música que me gusta y que me interesa. Pero claro, hay cosas que se pueden y otras que no se pueden. Yo tengo un tipo de voz que, desgraciadamente Wagner no contempló en su obra. No puedo cantar ninguna obra suya.
X.N: Al menos le queda el recurso de escuchar su música...
A.K: Sí, aunque no tenga mucho tiempo para escuchar música. Yo a Wagner le tengo presente durante toda mi vida, desde que era muy joven. Precisamente recuerdo que estaba yo estudiando aquí en Barcelona, cuando hubo una temporada especialmente dedicada a Wagner, creo que en el 48 ó en el 49. Incluso adaptaron el escenario y el foso del teatro a tal efecto.
X.N: ¿Y qué destacaría de Wagner para escuchar?
A.K: Bueno, sin lugar a dudas el “Tristán”, obra cumbre de Wagner y de toda la música.
X.N: Sí, eso creo yo también. Y ya que Wagner no canta, ¿dónde y con quién disfruta cantando?
A.K: Probablemente Donizetti. Yo canto y he cantado muchas obras de él, y para mi tipo de voz, creo que es el mejor, pues permite un gran desarrollo de la voz, y es uno de los exponentes principales del belcantismo. Y luego del repertorio francés, pues está el “Werther”, el “Fausto” o el “Romeo y Julieta”, óperas muy bellas y donde el lucimiento de la voz es especialmente patente. Con ellas he tenido siempre gran éxito.
X.N: Pese a que a veces los decorados, digamos, "poco convencionales", no acompañan mucho...
A.K: Bueno, hay que tener mucho cuidado con este tema, pues así como yo creo que Wagner puede permitir un cambio radical en sus obras para todo tipo de escenografía; hay óperas que no veo que esto se pueda hacer, ni siquiera que estos cambios de época aporten nada a la propia obra, sino todo lo contrario. Más bien opino que estos escenarios de ahora y estos cambios del tiempo original le quitan valor a la ópera en sí. Y esto encierra siempre un peligro, por ello creo que debería existir una entidad que controlase en cierta manera todo esto. Puesto que a veces estos desmanes son terribles.
X.N: ¿Cree usted que estamos asistiendo al fin del Arte? Todo esto, en todos los conceptos artísticos, estas abstracciones, estas posmodernidades, ¿no están acabando con el Arte?
A.K: Yo modestamente creo que sí. Desgraciadamente, sí. Todo el mundo habla de popularizar el arte. Y el arte no es popularizable. Nunca lo ha sido. Lo que hay que hacer es culturizar a la gente. Y entonces pasa que todo el mundo se cree en la obligación de participar en esa popularización; y entonces llega el ignorante -que lo hay por todas partes- y se le dice que es una obra de arte lo que sea, y él asiente, dice que sí, que muy bien.
Entonces se propaga en todos los ambientes esa manera de manifestarse, esa manera de pensar, que tal obra es una obra de arte. Y eso va a misa. Porque los periódicos, los críticos, sólo escriben sobre lo que está de moda, y la gente signe esa corriente que es demagogia pura. Sobre todo políticamente, pues aquí aprovechan cualquier cosa para politizarlo todo.
X.N: ¿En su tintero de deseos, le ha quedado alguna ópera por cantar?
A.K: Pues creo que no. En cuanto a mi tipo de voz, y por mi repertorio, pienso que no. Hay otras óperas que sí me interesaban, pero por mi tipo de voz, de mi tesitura, pues ya las desechaba. Aunque mi deseo o sueño hubiese sido cantarlas, físicamente no podía, por lo que puedo afirmar que he cantado todo aquello que nis posibilidades de voz me permitían.
X.N: ¿Qué opina del derecho al pataleo en el Arte?
A.K: Bien, no estoy muy de acuerdo, y creo que a veces raya en la falta de educación por parte del público. Lo ideal sería que éste cuando no le ha gustado la obra por lo que sea, pudiera ir a la taquilla y decir; “tenga, la obra no me ha gustado, devuélvame el dinero”. Pero esto es inviable. Aunque sí estoy de acuerdo con una pataleta, o una protesta adecuada y educada. Sí, por supuesto. Y creo que los primeros que tenemos la obligación moral de controlar la calidad que se le da al público en una ópera, somos nosotros, los cantantes, al margen del entorno. Y entonces se evitarían muchos desastres. Pero los artistas no somos libres, estamos atados de pies y manos. Es decir, que nosotros pudiéramos decir -como a veces hacemos- a mí no me gusta esta producción y me voy. Pero hay una serie de compromisos, pues si me voy y dejo al teatro sin otro cantante, pues no es serio tampoco, hay que ser responsable. Si pretendes ser un profesional, hay que saber cumplir con los compromisos. Entonces se buscan soluciones intermedias, como hablar con el regisseur para intentar cambiar esto o aquello, pero a veces esto es muy difícil. Hay ocasiones en que si ninguno de los dos cede un punto, entonces hay una ruptura. Y por eso pienso que muchas veces la responsabilidad está más en manos de los artistas que en los directores de los teatros. Pues éstos muchas veces son tan sólo funcionarios que no tienen por qué saber de qué va tal o cual obra, ni son especialistas, ni han vivido el teatro de cerca como nosotros. Se dedican tan sólo a su labor de funcionarios y no saben o no quieren saber de la problemática de ciertas obras.
X.N: Ciertamente. Y a todo esto, ¿cómo es su relación con el tema de la música moderna?
A.K: Bueno, hay cierta música que escucho, algo incluso de la clásica/moderna, aunque no mucho. Y en cuanto para cantar, pues la verdad, no mucho, ya que para mí lo que se aparte de un lucimiento de la voz, cosa que no existe en este tipo de música, pues no me gusta. Y para mí ha de existir cierta melodía, y una ópera en que no se puede seguir un cierto ritmo melódico, pues para mí no es válido, ya que para mí la ópera es sagrada...
X.N:...Yo pienso que con Strauss se acabó la ópera...
A.K: Efectivamente, desde Richard Strauss todos los intentos que han habido no han valido nada. Todo ello ha tenido una vida bien efímera. Se presentan estas obras en el estreno, y prácticamente nunca más se vuelven a representar.
X.N: Para acabar ya, por favor cuéntenos alguna anécdota de su vida operística.
A.K: Bueno, pasan tantas, y en cierto modo a mí me parecen cosas o situaciones muy naturales. Son situaciones que te pasan a cientos allá arriba. A mí se me han caído muchas veces los decorados. Se me han caído varias veces “muros y casas” encima. La más simpática, quizás, es un “Werther” en París, donde siempre los cambios de los escenarios son rapidísimos, y muchas veces casi no da tiempo a ello. Recuerdo que yo yacía en el suelo, pues me acababan de dar el tiro en la obra, y veo que lentamente se me viene el escenario encima. Yo levanté mi pie para aguantarlo hasta que me lo quitaran de encima. Y contrariamente a lo que yo esperaba, pues pensaba que el teatro se vendría abajo de risas, pitidos, etc, ya que el público parisino es de una intrasigencia feroz, y no hay noche que no haya una pitada por esto o por lo otro. Pero no, no se oyó ni el vuelo de una mosca. Y alli estaba yo, medio muerto artísticamente, defendiéndome de una segunda muerte en forma de decorado, de una muerte que el libreto no había contemplado...
X.N: ... Y de esa forma el muerto estiró la pata...
A.K: Exacto. (Risas)
Me despido de Alfredo Kraus
deseándole que nos siga deleitando con su voz otros 68 años,
a lo que responde que soy muy optimista pero me lo agradece.