Martha Mödl, la insigne cantante wagneriana, uno de los más firmes pilares del resurgimiento de Bayreuth en la postguerra, ha venido a Barcelona para participar en el estreno de la versión concertante de la ópera "Edipo y Yocasta", de Soler. En los momentos de máximo dramatismo, ya en el acto segundo, cuando Edipo comprende que el oráculo decía la verdad, y que su madre y su mujer son una misma persona, la figura de Yocasta-Mödl -mujer y madre- se engrandece a cada paso y llena el escenario con su vibrante voz de soprano dramática, como en sus mejores tiempos. Al final, ovaciones interminables.
Después
del concierto, me la presentan. Se la nota cansada, y no es para menos.
Acaba de cantar un papel erizado de dificultades. Al oír que soy
redactor de una revista wagneriana, parece de repente renacer: la mirada
le brilla, como lade aquel que vuelve a casa tras un largo camino. Las
pocas palabras que podemos cruzar en medio de la confusión normal
en tales instantes: felicitaciones, presentaciones, fotografías...,
son sobre los personajes wagnerianos que ha interpretado -la mayor parte-.
Cuando nos citamos para el día siguiente en el hotel, ya he tomado
partido: sólo hablaremos de temas wagnerianos.
Me recibe
amablemente en una salita, le entrego unos ejemplares de MONSALVAT que
he llevado para ella y empezamos la conversación.
¿Qué le gusta más cantar, la Kundry, la Marie del Wozzeck o la Yocasta de Soler?
Verá, usted sabe que
la voz tiene sus épocas determinadas, distintas, en las que resulta
más adecuada para cantar ciertos papeles y menos para otros. La
Marie la canté una sóla vez, hace muchos años -sonríe,
como el que se excusa- ¡en 1949!, y creo que era entonces, con la
voz joven y aún no del todo formada, cuando me correspondía
hacerlo. Así pues, si he de responderle a esa pregunta concreta
le diré: Marie, entonces. De siempre, Kundry. Ahora, Yocasta.
De entre todos los personajes wagnerianos que ha interpretado ¿cuál prefiere?
Isolda, Kundry y Brunhilda.
No sabría cual escoger.
¿Desde cuando no ha cantado en Bayreuth?
Desde 1967, precisamente
cuando canté Wagner por última vez. Le aseguro que es difícil
para un cantante wagneriano acostumbrado a actuar allí -y yo lo
hacía de forma ininterrumpida desde 1951- cantar después
obras wagnerianas en otro lugar. Es un mundo completamente aparte.
¿Cuál es su opinión acerca de la calidad actual de los Festivales de Bayreuth?
Es muy sencillo. Mientras
vivía Wieland Wagner, la calidad no sólo se mantenía,
sino que iba en alza. Wolfgang Wagner no ha logrado mantener esa calidad
y el Festival decae. Para mí, es un problema eminentemente de personas,
de espíritu director, o de su defecto, en este caso... Tal vez también
de amplitud de miras, de elevación espiritual.
Así, su impresión sobre el futuro del Festival ¿es pesimista?
¡No, en modo alguno!
El Festival está vivo y siempre lo estará. Hay algo en Bayreuth
que está en el aire y lo abarca todo: artistas, escenario, público...
Al paso de los años, el Festival puede tener altibajos, tal vez
esté pasando ahora por una alternativa desfavorable; pero seguro
que volverá a ver tiempos mejores.
¿Cree usted que faltan hoy buenos cantantes y directores wagnerianos?
Sí, pero no es sólo
una opinión mía. Me gustaría que pudiese hacer una
encuesta entre las grandes personalidades musicales, y vería cuantas
opinan lo mismo que yo, recuerdo haber oído más de una vez
a Karl Böhm expresarse en ese sentido. Le pondré otro ejemplo
revelador: es muy difícil encontrar ahora una Brunhilda para representar
toda la Tetralogía. Normalmente se escoge una distinta para cada
una de las jornadas.
Hablemos ahora un poco de sus preferencias personales ¿compositores?
¡Wagner!
¿Y después de él?
Beethoven y Strauss.
¿Obras?
El ocaso de los dioses, Fidelio,
Ariadna en Naxos, Electra, El caballero de la rosa.
¿Directores?
Desde luego no me gustaban
Bruno Walter ni Toscanini. Cite a Kleiber, Mitropoulos, Furtwängler,
Knappertsbusch, von Karajan y Böhm, pero no me pregunte cual es el
mejor pues no podría escoger a ninguno de ellos, y tal vez la cuestión
no tenga sentido, ¡como si se tratase de ganar un campeonato o de
batir un "record"! Cada uno de ellos es -o era- por sí mismo una
gran figura, y de hecho no se pueden comparar entre sí.
La entrevista
se prolonga aún. Martha Mödl habla de tiempos pasados con innegable
nostalgia, pero no se trasluce en ella tristeza, sino más bien satisfacción,
como la que -se me ocurre mientras la escucho- se puede sentir ante un
deber cumplido o ante una obra bien hecha.
Cuando la
abandono, se queda hojeando una de las revistas que le he llevado, la dedicada
a Wagner-Bayreuth 1974. Hasta la vista, y que sea pronto.