SIEGFRIED WAGNER O LA
IDENTIDAD PERDIDA
Por
Xavier Nicolás
LA APARICIÓN de Richard Wagner en el mundo musical trajo consigo una auténtica revolución en todos los aspectos musicales, culturales y artísticos. Pero si bien todo ello produjo efectos positivos, desencadenó al mismo tiempo un efecto-muelle negativo: la corriente anti-wagneriana posterior hizo sucumbir a muchos músicos románticos de su escuela.
Entre ellos, su propio hijo, Siegfried, iba a ser, probablemente de los más cruelmente olvidados. Tener un padre llamado Richard Wagner, un abuelo llamado Franz Liszt, y un preceptor llamado Engelbert Humperdinck, no le ayudó precisamente tampoco mucho.
Siegfried vino al mundo un 6 de junio de 1869 -este año se celebra pues su 125 aniversario-, fruto del amor (esplendor de la relación Cósima/Richard) y la música (la composición del Siegfried y del Idilio de Siegfried). Sus padres elaboraron para él una cuidadísima y esmerada educación, un exhaustivo plan de lecturas, audiciones y visitas culturales, que irán perfilando y puliendo al joven Siegfried, el cual llegaría al mundo del Arte en bandeja de plata.
Su primera e innata vocación fue, sin embargo, la de arquitecto. En su libro autobiográfico Erinnerungen (Recuerdos), él mismo describe con amplitud sus primeros bocetos y sus fantasías artísticas y arquitectónicas, fascinado especialmente por la exhuberante Italia, país tan frecuentado por él y sus padres desde su niñez.
1883 fue un duro golpe para
él. Con apenas 14 años iba a perder un padre y guía
a la vez; aquel 13 de febrero iba a desaparecer su principal apoyo,
su mentor, aparte de padre. Y ello en cierto modo le ayudo a madurar
y a fortalecerse. Se dedicó intensamente a su trabajo. Su vida
a partir de entonces iba a estar rodeada de todo aquello que su padre
amaba:
música,
buenos amigos, viajes, conciertos, etc... Humperdinck fue su
verdadero introductor en el mundo de la ópera, y le abrió
los ojos a la composición.
La era Cósima iba a reinar en Bayreuth, y Siegfried comenzaría a acostumbrarse al mundo de la tramoya wagneriana desde un primerísimo plano. De tal manera fue introduciéndose la música en él, que la arquitectura fue relegándose a un segundo plano, quedando de su dueño olvidada.
Hizo viajes por el extremo Oriente, Africa y Europa, fo-mando ese espíritu romántico que luego plasmaría en sus obras. 1895 sería el inicio de su carrera como compositor, con 26 años. La concreción sería un poema sinfónico llamado Sehnsucht, seguido por una serie de Lieder que desembocarían en su primera ópera y su éxito más fulgurante. Der Bärenhäuter en 1898.
La prensa elogió al joven compositor y le auguró un notable futuro musical. Se podría afirmar que fue el inicio y el climax de su carrera, ya que, inexplicablemente, el resto de su producción no iba a tener el mismo éxito de público.
Con 39 años, en 1908, dió uno de sus pasos decisivos: ponerse al frente de los Festivales de Bayreuth, dada la precaria salud de su madre Cósima. Su labor como director de orquesta fue remarcable también, llegando a ser mejor considerado y más aplaudido como director que como compositor.
De ello tuvimos un claro ejemplo en nuestro país, y más concretamente en Barcelona, donde vino allá en el año 1907 para dirigir obras propias y de su padre. El escenario fue el Gran Teatro del Liceo, y la "Associació Wagneriana" de entonces se encargó de la recepción y acogida del compositor. La crítica barcelonesa elogió sus dotes como director y como compositor, y el público agotó las localidades. Siegfried Wagner visitó los locales de la "Associació Wagneriana", de la mano de Joaquim Pena, y fue obsequiado con un presente que debía ser depositado en la tumba de su padre: una rama de laurel con el escudo de Catalunya y un lazo de plata, con la consabida inscripción wagneriana.
La obra de Siegfried Wagner es, si no extensa, si al menos intensa, y en eso también siguió los pasos de su padre. Compuso una quincena de óperas, aunque acabadas tan sólo 13 (como su padre), cuyos títulos paso a comentar:
* Der Bärenhäuter, (El holgazán), en 1898. Basado en un cuento de Grimm, y que divulgó la imagen de Siegfried Wagner como narrador de cuentos, primer éxito mundial.
* Herzog Wildfang (El duque Wildfang), en 1900. Ya de carácter más simbólico, y calificada por los wagnerianos de un símil de los Maestros Cantores paternos.
* Der Kobold (El duende), en 1903. Narra la problemática entre la educación paterna y la culpa expiatoria de los hijos.
* Bruder Lustig (El hermano alegre), 1904. Distendida ópera de tono costumbrista y popular.
* Sternengebot (Mandamiento de las estrellas), 1906. Opera de tema fantástico y astrológico.
* Banadietrich, 1909. Sobre la vida de un cazador salvaje.
* Schwarzschwannenreich (El reino del cisne negro), 1910. Obra transcendental y probablemente una de las mejores de su producción, donde el tema de la redención wagneriana llegaría a su culmen.
* Sonnenflammen (Las llamas del Sol), 1912. Sobre la vida de un cruzado de Franconia que pierde en Bizancio su honor y muere en las llamas de un reino imperial que se derrumba mientras que su amada es salvada. De nuevo el tema de la redención.
* Der Heidenkönig (El rey de los paganos), 1913. Versa sobre el problema de la transición en la prusia del siglo XVI al cristianismo durante la reconquista polaca.
* Der Friedensengel (El ángel de la paz), 1914. Obra surgida del drama del inicio de la Primera Guerra Mundial, y cuya moraleja final es el Arrepentimiento por la redención en un transfondo político religioso de vida y muerte desde una visión concreta cual es el hecho de un suicidio y sus consecuencias.
* An allem ist Hütchen schuld (En todo es Hütchen culpable), 1914. Otra de las óperas-cuento de Siegfred Wagner, en el más puro estilo Humperdinckiano y donde transcurren más de 40 historias.
* Der Schmied von Marienburg (El herrero de Marienburg), 1920. Primera ópera tras el paréntesis de la guerra, casi cinco años después de la anterior. Se empieza a notar ya una plena madurez dramática, en esta ópera, que transcurrirá entre caballeros andantes del siglo XV.
* Rainulf und Adelasia, 1922. Tragedia amorosa en tiempos del Kaiser Enrique VI, siglo XII, con transfondo sobre la felicidad y el destino de los humanos. Nunca se llegó a estrenar.
* Die Heilige Linde (El tilo sagrado), 1927. También título de la revista de la Asociación Siegfried-Wagneriana, y tampoco estrenada. Esta vez nos transporta a la época del Imperio Romano, donde el rey Arbogast hace cortar el Tilo sagrado venerado por su pueblo, por presiones romanas. Luchas internas y conflicto entre el mundo romano y pagano.
* Walamund, 1928. Opera inacabada de la que sólo se conserva el texto.
* Das Wahnopfer (El sacrificio de la ilusión), 1928. Asimismo inacabada, de la que se conservan el texto y dos actos musicados.
* Das Flüchlein,
das jeder mitbekam (La maldición que cada cual
recibe), 1929. Última ópera-cuento de Siegfried Wagner,
de la que resta el texto y la obertura.
Aparte
de su producción operística, Siegfried Wagner compuso
bastantes lieder, un concierto para violín y otro para flauta,
varios poemas sinfónicos, un par de sinfonías, una obra
coral y otras piezas menores orquestales.
Su estilo es una mezcla del dramatismo wagneriano con la chispa romántica de Marschner y Lortzing, pasando por la exquisitez de cuento de hadas Humperdickiana. Pero de este apetitoso cóctel, surgirá una música de sello indefectiblemente Siegfriedwagneriano. Indudablemente cuando se escucha asiduamente su música, se puede afirmar que tiene un estilo totalmente propio, marcadísimo. Su sello es imborrable, y sus trazos geniales, de un romanticismo desbordante, que nos hace empequeñecernos ante tamaña música.
Fragnemtos de su sinfonía en C, o la obertura de Heilige Linde y su poema sinfónico Sehnsucht, por detallar algo, delimitan un estilo purista y propio, donde los violines hablan y transmiten una serenidad y deleite, poco usual en el panorama musical al que estamos acostumbrados.
Siegfried Wagner hizo posible convertir en realidad el sueño romántico que todos llevamos dentro: caballeros andantes en pos de lances de honor, fantásticas historias de bosques humbríos, árboles que se convierten en cruces por la fuerza de la redención, el mundo de las estrellas y el firmamento, los gnomos y elfos y trasgos, el transcurrir de la vida medieval, etc... Todo ello lo ha traducido en escena y música. La ficción de todas estas sagas romáticas, de estas leyendas épicas, de todos estos cuentos de hadas, los ha transcrito Siegfried Wagner con una maestría difícil de describir y con una belleza fácil de descubrir.
En españa tan sólo
en aquella ocasión se tuvo la oportunidad de escuchar en
directo y de su propia mano, música de este gran genio, cuyo
único pecado, como diría Schoenberg, fue ser hijo de
Wagner y nieto de Liszt. Probablemente de haberse llamado Müller
o Schmidt, a estas horas su nombre estaría inscrito entre los
grandes compositores, no ya de este siglo, o del romanticismo, sino
de la historia de la música. Pero un tiempo llegará en
el que los velos de la bruma que cubren su pedestal se descorrerán,
y entonces, y a los acordes de su magistral música, aparecerá
ante nosotros la música de Siegfried Wagner en toda su
grandeza y majestuosidad.
Obras publicadas
y encontrables de Siegfried Wagner:
- Sinfonie in C. RSO Berlin, dirigida por H. Hollreiser. Koch Schwann / Musica Mundi. CD-311031 H1.
- Glück,
poema sinfónico.
Und
wenn die Welt voll Teufel wär, scherzo.
Sehnsucht,
poema sinfónico.
Delysé
Records. Alborg Symphony Orchestra. Director, Peters Erös. CD
SLL-3.
- Der Bärenhäuter. Rudolstaddter Orchestra. Director, Konrad Bach. Marco Polo CD 8 223713-4.
- Schwarzschwannenreich.
Grabación completa en cassettes de esta obra no
comercializada, junto con el libreto en alemán/español.