GURNEMANZ CONVERSA CON
WAGNERIANA: KURT RYDL
Por
Xavier Nicolás
EN DOS o tres ocasiones he tenido la oportunidad de conversar con este gran bajo vienés, Kurt Rydl, pero siempre debido a la premura del tiempo no habíamos podido hacerlo con calma y en forma de interviu.
Por fin la ocasión se ha presentado y hemos hablado de varios temas, entre ellos el de Gurnemanz. Este papel es el que le ha consagrado internacionalmente, y por el cual se le ha designado como el "Gurnemanz más espiritual de nuestra época".
Su gran técnica
vocal, su profunda voz de bajo con un dominio sonoro impresionante y
su gran naturalidad, hace que su efecto sobre el papel de Gumemanz
salga totalmente redondo, acompañado todo ello de unos gestos
solemnes y una interpretación escénica magistral.
Xavier Nicolás: Hábleme de su interpretación de Gurnemanz.
Kurt Rydl: Bien, Gumemanz es efectivamente mi rol favorito, no sólo en cuanto a los roles wagnerianos que canto, sino en general. Es el papel con el que mejor me siento, y con el que mejor me identifico. Realmente podría decir que me transformo en Gurnemanz, soy Gurnemanz en el escenario.
X.N.: ¿Le pasa eso con otros papeles operísticos también, o sólo con el de Gurnemanz?
K.R.: No, tan sólo me pasa de esa manera tan efectista con el papel de Gurnemanz.
X.N.: ¿Es importante vivir los papeles que se van a cantar?
K.R.: Creo que es fundamental, es difícil cantar bien si no se mete uno en el personaje que interpreta. Naturalmente hay papeles y papeles, pues hay personajes muy superficiales donde recitarlos es suficiente, no es necesario sentirlos o vivirlos. Y precisamente Gurnemanz, o en general los roles wagnerianos, son más de ese estilo, de los que hay que estar atentos y transformarse con ellos.
X.N.: ¿Cómo es Kurt Rydl/Gurnemanz?
K.R.: Es algo muy especial. Resumiendo podría decir que personalmente cuando canto este papel, yo mismo asumo que estoy haciendo la celebración de la Pascua Cristiana. La emoción que siento en esos momentos es indescriptible, especialmente hacia el final de la obra, y a veces incluso me cuesta dominarme.
X.N.: ¿Cuándo empezó a interesarse por Gurnemanz?
K.R.: Curiosamente desde otro personaje wagneriano de la misma obra. Yo había estado cantando siempre el Titurel, y desde esta óptica observaba el otro personaje. Fue interesándome cada vez más, hasta que finalmente me metí de lleno en él.
X.N.: ¿Cuál es su segundo papel favorito?
K.R.: Creo que Hagen. También me gusta, es un papel muy comprometido y asimismo profundo.
X.N.: ¿Podríamos afirmar que Wagner es el compositor con el que usted se encuentra más a gusto?
K.R.: Indudablemente así es. Wagner es el músico más completo e importante no ya del mundo de la música, sino de todo el arte, y personalmente es donde me encuentro a mis anchas. Yo he cantado en la totalidad de sus obras y no hay nada comparable.
X.N.: ¿También para escucharlo como oyente?
K.R.: Desde luego. Desgraciadamente no tengo mucho tiempo libre, pero es fascinante escucharlo también.
X.N.: ¿Otros buenos compositores que le guste oir en casa?
K.R.: Bueno, hay muchos. Quizás elegiría a Bruckner, y en general los conciertos para piano, también soy un apasionado del "Palestrina" de Pfitzner.
X.N.: Siguiendo con la música, ¿qué hay de la música clásica/contemporánea?
K.R.: Bueno aquí hay que hablar siempre entre comillas, puesto que se habla demasiado del tema y se aceptan demasiadas cosas hoy en día.
Creo que el problema estriba en que ya no existen reglas en el mundo de la música, se han roto, y por ello hay demasiada libertad musical, por decirlo de alguna manera. De todos modos hay compositores que para mí son aceptables como Berg o Hindemith.
X.N.: De la música moderna a los escenarios modernos...
K.R.: Cuando un director escénico hace algo agradecido y fiel a la música, entonces está bien, el problema llega cuando se produce la infidelidad con la música o el texto, entonces no. He cantado mucho a Wagner y he visto de todo, unas con gran aceptación y otras muchas sin tanto éxito.
X.N.: ¿Dónde está el mejor Wagner?
K.R.: Sin dudar en sus dos obras más geniales: "Tristán" y "Parsifal". No sólo de Wagner sino de toda la música. No hay mejor compenetración entre música y texto como en estas dos bellísimas óperas. Es imposible hacerlo mejor.
X.N.: Usted que ha pisado tantos escenarios, ¿estará también asistiendo como el resto del público a la desaparición del "Heldentenor"?
K.R.: Algunos jóvenes barítonos creen poder llegar a ser "Heldentenor" y llega un momento en que la voz se extingue por forzarla demasiado. Se ha de preparar muy lentamente e ir madurando poco a poco, sin prisas, pero los resultados nunca son extraordinarios, porque la gente quiere correr.
X.N.: Para acabar ya, tenemos la costumbre Sr. Rydl, de preguntar sobre alguna anécdota que le haya pasado sobre los escenarios operísticos, ¿se acuerda de alguna en concreto?
K.R.: Bueno pasan infinidad de cosas divertidas allí arriba, pero me acuerdo de una que estuvo realmente bien.
Fue en Viena, donde yo cantaba el papel de Sarastro en "la flauta mágica" de Mozart en dos teatros diferentes (el Volksoper y en la Staatsoper) de un día para otro. La cosa fue que el primer día en la Staatsoper, yo esperaba en una escena concreta a Tamino que entraba por la derecha y antes de que hiciera aparición yo señalaba hacia allí con mi brazo cantando un aria concreta y decía "Tamino..." y entonces el entraba. Bien, pero al día siguiente, en la Volksoper, yo repetía la escena, y al extender mi brazo derecho, vi por el rabillo de mi ojo izquierdo que Tamino venía en este teatro por ese otro lado. La confusión fue terrible, pero mi improvisación fue rápida: mientras seguía cantando extendí también el brazo izquierdo, en posición entonces de brazos en cruz, luego los junté lentamente, en posición de rezo, y giré solemnemente todo mi cuerpo hacia el lado izquierdo para hacer una larga reverencia a Tamino que por allí venía.
El director de escena me dijo luego cuando le conté la confusión por lo de la Staatsoper, que había estado genial y que nunca había visto nada tan elegante.
X.N.: Muchas gracias Sr. Rydl y hasta la próxima.