EL WAGNERIANISMO COMO
CONCEPCIÓN DEL MUNDO
Por
Ramón Bau
No dedicamos este artículo
para alabar al mejor músico (que horror llamar
simplemente músico a Wagner) de nuestra historia,
ni para hablar de su obra.
No
es Wagner el objeto de este trabajo, sino en tanto el arte wagneriano
es el camino inigualable para llegar a un objetivo, a la consecución
de la Persona, al desarrollo completo que lleva a un ser humano a
convertirse en Persona, dentro de nuestra concepción global
del mundo en la que el derecho a ser Persona viene dado
por el deber de merecerlo.
No se trata pues meramente de pretender alabar la música wagneriana y mucho menos promover la ópera o la música clásica, aunque esto sea muy positivo, sino de comprender el objetivo que buscamos y el camino para alcanzarlo
EL DESARROLLO DE LA PERSONA
Si un ser humano
busca sólo el placer y la felicidad en su vida, si el objetivo
es vivir placidamente logrando satisfacer las necesidades físicas
y psicológicas en su mayor nivel posible, en ese caso de poco
nos puede servir seguir leyendo estas líneas.
La visión
utilista del hombre visto como máquina
económica (incluso considerando la palabra económica
no sólo dinerariamente sino en su sentido de satisfacer
necesidades), que pretende obtener los medios para vivir feliz,
reproducirse y obtener el placer, está absolutamente en otro
camino al nuestro.
El Mundo como Representación, diría Schopenhauer, es el mundo de la apariencia, de lo superficial y material, que tiene como cúspide a la Ciencia, el conocimiento más perfecto de lo Representativo. Pero tras el Conocimiento se esconde la Utilidad, primera escalera inevitable hacia lo inferior, en plena representación ilusoria de la realidad, para caer por fin en la Felicidad y el Placer como fin único capaz de alcanzarse en ese camino de lo aparente.
Cuando a alguien se le pregunta cual es su objetivo en la vida, cada vez son más los que contestan ser felices y la esencia de esa felicidad es la ausencia de dolor, el cumplimiento de las necesidades (las utilidades) y la Posesión de elementos representativos, materiales, capaces de dar ese placer. Y en todo caso satisfacer necesidades psicológicas como seguridad y autoaprecio, sin ninguna referencia a cumplir algún Deber o mejorar su Calidad humana.
Frente a ese camino al centro de lo material, hay otra forma de entender el desarrollo personal, lo que Schopenhauer llamó La Voluntad, que implica la comprensión de lo perecedero de todo lo Representativo, y pretender una acción trascendente, algo que nos eleve sobre lo humano. Es la Lucha como camino Heroico, no egoísta ni útil.
Cuando un humano acepta que
su vida tiene como objetivo su elevación a Persona, acto jamás
acabado, una lucha permanente entre las tendencias al Placer de lo
superficial, y la Voluntad de Sobrehumanidad, es en ese momento donde
se necesita a Wagner.
Héroe
no es quién acomete actos extraordinarios sino quien acomete
su propia vida como un acto contrario al Egoismo utilista. El acto
heroico es un desplante de la Voluntad a la Utilidad, y siempre es un
acto TRÁGICO.
El Sentimiento y el Arte
forman ese camino a la esencia real interna, frente a las apariencias
de los hechos materiales.
Así
pues podemos asumir en nuestra vida un objetivo normal,
representativo, o bien pretender asumir la construcción
de la Persona, el camino heroico contra el poseer y el
placer material, y de alguna forma ,en ese caso, asumir la Tragedia
como esencia de la vida superior.
Para
quien recuerde Sigfried, Fafner posee el Oro,
y esa Posesión le hace feliz, duerme y descansa
porque lo tiene todo en su posesión de lo
material. Esa es la felicidad humana del que no busca ser
persona.
LA TRAGEDIA COMO ESENCIA DE LA PERSONA
Hoy en día lo
heroico no es el acto singular de valor sino asumir la
vida como un acto Trágico. De alguna forma el debate está
entre lo Vulgar y lo Trágico, entre la Utilidad y lo Heroico,
entre Representación y Voluntad.
Una
persona actual tiene la posibilidad de orientar su vida a lo util,
o sea a esforzarse en cumplir sus necesidades y deseos. El Sentido
Trágico de la Vida es superar esa tentación y orientar
la vida contra el egoismo, en la seriedad y la superación. Y
este camino es una Tragedia en sí mismo.
No hay que entender lo trágico como triste o pesimista, significación salida precisamente de la visión utilista de la vida. Para el utilismo todo lo que es heroico es doloroso, implica una renuncia al placer inmediato de lo material, de alguna forma es triste y pesimista. Lo Trágico siempre significa en parte Dolor, renuncia al placer que da la Posesión y cumplimiento de los egoismos. Pero no significa tristeza en absoluto.
Calderón escribe
jocosamente: Bienaventurado el que vive engañado,
que es la expresión máxima de la Representación,
de la utilidad. Quien asume la esencia y no se deja
engañar por la representación superficial, aparente, de
la vida, está condenado a no ser féliz, a
sufrir, pues la felicidad de lo vulgar se basa
fundamentalmente en vivir engañado (en el dormir
de la posesión de Fafner), en no profundizar, en engañar
la esencia de la persona con argumentos de utilidad superificial.
Una vez me decía un
amigo Si mi esposa me engaña no quiero saberlo, pues así
no tendré sufrimiento. O dicho más duro: Si no
conozco lo trágico podré disfrutar de lo
cómico. Si bloqueo mi sensibilidad profunda podré
disfrutar de las apariencias alegres de los bienes, de los placeres
instantáneos que da la posesión frente a la tragedia
que da el Sentimiento.
Poseer
da un instante de placer, sentir da una esencia superior, pero a la
vez abre la conciencia al sufrimiento, a lo trágico. Placer
frente a Deber, lo Cómico frente lo Trágico.
Unamuno escribió El Sentido Trágico de la Vida, un libro para expresar este camino la vida es tragedia, y la tragedia es perpetua lucha, sin victoria ni esperanza de ella. De alguna forma la muerte marca el fin de lo trágico la vida es tragedia pero la muerte es la confirmación del valor de la Tragedia frente a lo Cómico. Si no aprovechamos ese destello de vida entre dos vacios, si no tenemos Voluntad de Poder en ese segundo de vida personal, el significado de esa vida es jocoso, es Cómico, somos nada y vamos a la nada. Sólo el sentido Trágico, el esfuerzo por ser Sobre-Hombres puede dar sentido a ese instante de vida. Darle sentido por el placer y la utilidad de lo representativo es rebajar nuestra calidad humana.
Para Schopenhauer el sentido trágico se resume en la renuncia, en eliminar los deseos egoistas. Para Nietzsche en la Voluntad de Poder, en superarse mediante la Voluntad. El egoísmo para Nietzsche no es imponer la voluntad propia sino orientar esa voluntad a lo bajo y miserable en vez de usarla para un Poder y una superación. Para la Religión la Tragedia es la Compasión por el dolor del mundo. Cada cual trata de buscar una solución a su tragedia personal. Es en este sentido que la Tragedia es la esencia pura del Arte, es la forma extrema de hacer surgir los sentimientos más profundos y menos egoistas, menos útiles.
Y la Política, no la política miserable de lo inmediato, debe ser un acto Heroico para dar a todos la posibilidad del Arte de lo Trágico. O sea establecer las condiciones materiales y sociales que permitan a cada hombre de la comunidad poder desarrollar, si quiere, su personalidad y rebelarse contra el dominio de su placer material, despertar su sentimiento frente a su deseo de poseer, alcanzar por el Arte la sobre-humanidad.
En lo trágico se narran los desplantes de la voluntad sobre el devenir de los hombres. En la Tragedia el Héroe se levanta y mira a la Voluntad que le insulta y lo persigue, está dispuesto a renunciar incluso a la voluntad de vivir por su Honor (su Voluntad de superación). El Héroe con ello no sólo redime sus culpas individuales, sino que combate además el rebajamiento vulgar de la humanidad, nos enseña el camino de redención.
EL ARTE TRÁGICO
Todo lo que hemos expuesto
hasta aquí nos lleva a entender que es lo que buscamos: una
forma de alcanzar esa sensibilidad esencialmente humana que nos eleva
y nos separa del egoismo utilista y que nos permite superarnos, ser
sobre-hombres. Y ese camino está en el Arte, sólo en el
Arte.
Si el
acto heroico es político tiene un función
social, puede ser útil para que otros lleguen al
Arte, pero en sí no es el objetivo sino el medio. Lo Político
es un medio para lograr lo Trágico en cada persona, dar
oportunidad a la Tragedia.
El Arte Trágico es
pues pura Voluntad, pura Sensibilidad. ¿Dónde
encontramos ese Arte sublime que habla al espíritu
directamente?. Fundamentalmente en la Música.
La música
inunda el espíritu humano de dulcísimas imágenes
oníricas, arrastrándole a una vida diferente,
ultraterrena, donde encuentra refugio de las deprimentes penas de
este mundo escribió el compositor E.T.A. Hoffman.
La Música no
es como las demás artes, una representación de las
ideas o un grado de objetivación de la voluntad, sino que
representa a la voluntad misma, directamente obra sobre la Voluntad;
esto es, sobre los sentidos, los sentimientos y la emoción del
auditorio (El Mundo como Representación y
Voluntad, de Schopenhauer).
En
la sucesión de armonías, y en la denominada melodía,
la voluntad se revela con total inmediatez Nietzsche en El
nacimiento de la Tragedia.
Emana
de la música una fuerza que se adueña de todo y que
nadie es capaz de explicar, Goethe.
La
música, aun siendo un lengüaje incomprensible según
las leyes de la lógica, contiene en sí misma una fuerza
persuasiva para hacerse entender, como no la tienes las mismas leyes
lógicas (La música del Porvenir de
Wagner).
Vemos así que el camino al arte Trágico, o sea al arte que habla al espíritu directamente, capaz de emocionar y de elevar a la persona, tiene en la Música el elemento más directo, puesto que no precisa de una representación intermedia, no precisa de pasar por el intelecto, por la Razón, sino que va directamente a la voluntad, a lo sensible. No tiene soporte representativo en la razón.
De ahí inicia todo,
de este concepto de música y razón. Voluntad y
Representación. Dionisio y Apolo.
Ya
sabemos como hablar al sentimiento directamente, pero necesitamos
además decirle cosas, no sólo hacerlo
vibrar en sí mismo. La Tragedia es Razón y Sentimiento.
Si el artista quiere
hacernos sentir y además explicarnos el porqué de las
cosas, debe usar la música pero también la palabra, que
es la que nos dirá el cómo y el por qué.
La Poesía es la
expresión Representativa más directamente unida a la
música. Examinando la poesía de Pound nos daremos
cuenta de lo que nos falta en nuestra poesía actual. Porque sí
el esqueleto de la dicción poundiana podría ceñirse
efectivamente a una conversación entre personas
inteligentes, la mano del poeta se ocupa de poner en ella todo
lo demás. Yo diría que todo ello podría venir a
resumirse con una palabra: Música. Pound supo que habría
que buscar la música allí donde su divorcio con la
poesía se había iniciado, entre los trovadores. Los
trovadores supieron presentar la música en el momento en que
ésta empezaba a desaparecer como compañera de la
poesía. (Estudio sobre la Poesía de Ezra Pound).
Y Schiller nos dice sobre
su forma de componer poesía, en una carta a Goethe en 1796:
El sentimiento carece en mí, al principio, de un
objetivo determinado y claro; éste no se forma hasta más
tarde. Precede un cierto ánimo musical y luego le sigue la
idea poética.
El
cículo está empezando a cerrarse: el Arte Trágico
se inicia con la música dentro de la Poesía, como la
unión entre Sentimiento y Razón, ambas al servicio del
Arte. Cuando todas las funciones del Hombre se ponen al servicio de
la expresión artística, cuando la persona se siente
identificado con el Arte ,y el Arte con la Comunidad, cuando la
religión, el arte, la inteligencia, todo es parte de una
intensa vivencia artística, entonces tendremos el Arte
Trágico.
TEATRO DRAMÁTICO: EL INICIO DE LA BÚSQUEDA
Wagner a los 13 años ya había leído mucho Shakespeare, tanto como para escribir un drama titulado Leubaldo y Adelaida inspirado en éste. Y a los 15 años había traducido los 12 primeros libros de la Odisea y tratado de imitar algunas tragedias de Esquilo y Sófocles, devorando la biblioteca de un tío suyo.
Durante varios siglos la máxima y más profunda sensibilidad de había recluido en la música por una parte y en el teatro dramático por otra. Desde Calderón a Schiller o Ibsen, de Bach a Beethoven, el arte de la poesía dramática y la música evolucionaban cada cual por su parte. Wagner dudaba, ¿ser dramaturgo o músico?. ¿Expresarse por la palabra o por la música?. ¿Ir al intelecto y exponerle los problemas íntimos del ser, como Hamlet hace o bien hacer sentir directamente el alma como lograba Beethoven?. Si Shakespeare nos hacía vibrar por su expresión del drama humano, Beethoven nos llenaba de sentimientos puros.
Aquí y allí, en el Teatro dramático se entreveía una forma incipiente de algo extraordinario. Shakespeare escribe en versos yámbicos que ,bien leídos en su inglés primitivo, adoptan una musicalidad increíble. Calderón nos muestra obras de una profundidad mística pero envuelta en una poesía bellísima, en una musicalidad poética que hace que al acabar de oir alguna de las obras calderonianas, sigamos, durante un tiempo, tratando de hablar con esa misma musicalidad. Hay diálogos de Hamlet en los que no se sabe si es más bello lo que se dice o cómo se dice. Y lo mismo pasa con otros pocos dramas poéticos. ¿Qué importa haber visto ya a Hamlet, cada vez que se acude a verlo es una vivencia, no por la novedad del argumento sino por la belleza de su conjunto dramático. Y que importa que El Gran Teatro del Mundo de Calderón tenga un argumento conocido y previsible desde el inicio (marcado por el conocimiento de la religión católica) sin sorpresa alguna posible, no es una obra de intriga, es la belleza de una Tragedia mística, musical y profunda.
Discurso o melodía, concepto o música, este debate inquietaba al joven Wagner, que al fín, por motivos personales se inclina por la música. Trata de triunfar como músico hasta que su exilio en Suiza le da tiempo para pensar, meditar sobre el Arte, y comprender que el Arte Trágico no es la Música ni la Poesía sino el tronco común de ambas, la Poesía hecha música y la Música con poesía: La Tragedia, lo que él llamará Drama Musical.
En 1849 escribe Arte
y Revolución donde por primera vez y de forma clara
expone el Arte Trágico en su concepción global, el
camino hacía el Arte capaz de llevar al hombre a ser Persona.
No podemos hacer una
investigación seria de nuestro Arte sin observar la conexión
con el Arte de la antigua Grecia. En realidad nuestro Arte no es sino
una cadena formada por la evolución artística europea y
el punto de partida de esta evolución se encuentra en los
griegos ("Arte y Revolución" de Wagner).
Se rebela contra la música
pura, como camino incompleto. Por la música buscan crear
unos efectos que sólo pueden alcanzarse por la palabra clara e
inteligible de la poesía dramática (Opera y
Drama de Wagner).
Ha
nacido el Arte del Porvenir, y nace como Ave Fenix sobre las cenizas
de la Tragedia Griega. La inspiración sobre donde estaba el
origen del arte popular y sagrado, el que debía ser el camino
perfecto, queda definida perfectamente en Arte y Revolución:
La Tragedia Ática.
Wagner arremete contra la
Opera, la concepción de la voz humana como un
instrumento de la orquesta, contra el divismo del cantante y la
subordinación de drama al gusto lacrimógeno,
a la novela musicada.
Escribe
Opera y Drama que es el entierro definitivo de la
concepción operística de sus obras, de
forma que nunca más se confunda a Wagner con un músico,
ni su arte con la ópera alemana.
LA TRAGEDIA ÁTICA GRIEGA
¿Dónde ha
existido un Arte entroncado en el sentimiento de un Pueblo, enraizado
en su misma vida, un arte alegre en lo trágico, sentido,
vivido, asumido por todo el pueblo, que buscara la sensibilidad, no
la diversión, la belleza y la espiritualidad, no la Idea o
filosofía
. ¿Dónde ha existido un Arte en
el que Poesía y Música estuvieran unidas, en el cual
hablase la razón para el sentimiento y no para el discurso
lógico?. Un Arte religioso, espiritual, unido a las preguntas
más profundas del sentimiento comunitario, pero que a la vez
no sea ultramundano, sino apegado a los problemas del
hombre.
Este
milagro sólo se ha dado una vez. En la Tragedia Griega
antigüa, la Tragedia ateniense, ática.
Es
imposible entender el Arte del Porvenir sin entender que fue ese
milagro ,su porqué y cómo degeneró, pues su
plenitud es el camino que buscamos y su degradación es el
reflejo de nuestra degradación.
Grecia tuvo desde sus origenes la idea clara de que el Arte era la conjunción de dos fuerzas, la Belleza y Perfección por una parte, y el Sentimiento salvaje e irracional. Para ello tenían dos dioses: Apolo y Dionisio. Apolo, dios de la Belleza y el conocimiento perfecto, el Sol Resplandeciente, el Sereno. Y Dionisio, el salvaje, la alegría de la primavera y el sentimiento onírico. Las fiestas dionisíacas eran la reconciliación del Hombre y la Naturaleza, donde los animales y las flores rodeaban al hombre en su estado natural.
Mientras para los asiáticos
(y más tarde para nuestra civilización decadente)
Dionisio se convertía en la justificación de la orgía
inferior, en el deseo desenfrenado de placer y de lo meramente
físico, los griegos supieron entender que el lado natural y
sentimental, salvaje y poderoso del hombre es parte del camino a lo
superior, a lo divino, no un camino de rebajamiento y decadencia.
Apolo complementaba el
éxtasis de Dionisio. Y el Arte griego tuvo en la Tragedia la
doble fuente de Razón y Sentimiento.
Homero
es el ejemplo primero del arte apolíneo, mesurado y bello.
Arquíloco es el lírico de Dionisio, exaltado y
sensible, canta con pasión su amor y sus desesperos. Y la
música era parte de este Arte, Aquiles era cantado con la lira
en la Ilíada, y la lírica siempre estaba unida a la
música.
De
este origen remoto nace la Tragedia.
Quizás
la obra de Eurípides Las Bacantes es una de las
que muestra más claramente el culto dionisíacos y como
los que lo combaten con la inteligencia son culpables.
Penteo razona contra Dionisio, y el dios de la orgías nos
expone perfectamente cuan distinto es el sentido de la orgía
griega a la actual:
-
Penteo: ¿Que te parecen las orgías?
-
Dionisio: Está prohibido conocerlas a los mortales no
iniciados. Las orgías de Dionisio se ocultan a la impiedad.
Penteo trata de acusar de
fomentar el vicio al culto dionisíaco, y Dionisio le indica
claramente que la Impiedad y el vicio no saben nada de Dionisio, que
es otro el fondo de las bacanales. Dionisio era lo vital y la
alegría de vivir en la Naturaleza, no el vicio material.
El que actualmente compra un libro con los dramas de Sófocles y los lee no entiende nada de lo que era la Tragedia griega, y por ello no logra captar su importancia y su profundidad. El pueblo ateniense iba al teatro con un espíritu religioso, de plenitud, solemne, cada espectador participaba absolutamente del drama como algo que le afectaba a su vida y del cual iba a sacar provecho como persona. Los actores eran voluntarios del pueblo, no cobraban, era un honor para ellos ser elegidos. La Tragedia se componía de una serie de elementos coordinados para obtener el efecto de Arte-divino. El coro y sus cantos exponían el sentimiento del pueblo ante el drama, la opinión religiosa. La danza y la música marcaban el ritmo del poema: verso, melodía, ritmo, música, danza, todo estaba coordinado para mostrar los sentimientos del drama.
Y lo más importante: la Tragedia no trataba temas vulgares, no tenía en absoluto la idea de presentar una intriga, o sea un argumento donde interesase lo que pasa. En absoluto, los temas eran míticos, casi elementos religiosos teniendo en cuenta que para un griego la religión eran sentimientos e ideas, pasiones y vivencias, temas humanos bajo símbolos divinos. Cada dios tenía en el griego una representación vivencial humana, representaba una parte de su vida y de la Naturaleza. Por eso es difícil de captar la totalidad de una Tragedia, pues en el texto cuando se nombra un tema mitológico nosotros no logramos captar (si no leemos un texto comentado a fondo por un especialista) lo que quería decir y captaba el espectador griego al oir ese dios o ese hecho. Y leer el texto no era el objetivo, sino lograr sentir la tragedia.
El argumento
era bien conocido por el espectador desde el inicio de la obra, no
había pues interés alguno en saber el desenlace,
sino en admirar el Arte, el cómo, y en sentir el
dolor y la enseñanza del héroe.
Para
reforzar esta orientación Eurípides ya ponía
siempre un prólogo a la obra donde un dios explicaba todo el
desenlace, marcaba las razones y problemas de la obra, de forma que
eliminase el interés por el que pasaba a cambio
del por qué y cómo pasaba.
Los
grandes Trágicos de los que quedan obras abundantes fueron
Esquilo y Sófocles, ellos fueron las cumbres de esa época,
hombres de la Polis ateniense, que habían luchado contra los
persas y que eran además respetados por el pueblo. Sus
tragedias eran clases de ética y de sentimientos. Sófocles
fue nombrado general (responsable político) en
honor a sus Tragedias
.que diferencia con el mundo actual.
Tratemos de ver unos pocos ejemplos de esa Tragedia con Sófocles.
Su Ayax es una obra donde se expone como la fuerza sencilla y pura, incluso con la mejor intención, es burlada por el engaño y el destino (en forma de la voluntad de los dioses), de forma que nos expone perfectamente que ni la inteligencia ni la fuerza son puras ni aceptables en si mismas, ni prometen nada. Es el Destino, lo dionisíaco, la tragedia del hombre lo que al final lleva nuestro barco de la vida a mares siempre indeseados. Ayax busca inocentemente y con valentía la gloria, pero es burlado por el destino hacia la humillación. Su Honor le obliga a ir a la muerte ante el deshonor no merecido. Los dioses le castigan por su orgullo de creerse fuerte, y los inteligentes muestran ruindad al no ser además nobles.
Antígona
refleja el mismo tema: dos inteligencias ofuscadas por su logos
van conduciendo un tema solucionable de forma razonable hacia lo
trágico. Una vez más la inteligencia no sirve cuando
las pasiones y el destino marca su camino. Lo justo por
razonable es un camino de perdición si se enfrenta a los
dioses (o sea a la Naturaleza y la voluntad).
Y
sin duda la mejor obra de Sófocles, Edipo Rey,
donde se critica absolutamente la inteligencia, el
conocimiento, frente a la voluntad y lo dramático. Edipo es
inteligente y actua con sabiduría y bondad, pero precisamente
cada paso suyo honrado y lógico le llevan paso a paso hacia la
perdición. El drama está más allá de la
sofía. Las fuerzas de la realidad son superiores a
nuestro orgullo de sabiduría. Abatido por la desgracia pese a
sus esfuerzos, Edipo se arranca los ojos, demostrando que su error ha
sido ver, saber, cuando debería haber
hecho más caso a su sentido humano y menos a su lógica.
¡Como no recordar a
Wottan fiando de la inteligencia de Loghe en El Oro
del Rhin, como esa inteligencia no hace más
que llevar a la tragedia!.
Todo el Arte Trágico está centrado en el sentimiento y la belleza, las razones humanas. Pero esta edad de Oro cae en la decadencia más absoluta a partir de Sócrates el primer griego feo como diría de él Nietzsche. Es la gran revolución de la Filosofía contra el Arte. Sócrates impone la idea de que el Conocimiento es la Felicidad, que lo bello es lo Cierto. Con ello Grecia entra en el camino de la Filosofía y abandona la pureza de su búsqueda del Hombre por el Arte. El Hombre se convierte en Pensador y los sentimientos en irracionales. Lo Feo es Verdadero y lo Bello es superficial. La Tragedia nueva ya no se parecerá en nada a lo visto y el arte dejará de ser el centro de la belleza y la vitalidad para ir al Diálogo, a la Trama.
Veamos las consecuencias de
este cambio lamentable:
Los
argumentos pasan de ser elevados a tratar temas vulgares primero,
para luego ser bajos y amenudo escabrosos. El centro de la Tragedia
pasa del Sentimiento a la Diversión o pasatiempos. De sentir a
distraerse. Ser actor pasa de ser un honor dado a voluntarios del
pueblo, a ser una profesión pagada, el Arte se convierte en
Oficio. De ser una fiesta religiosa de formación humana a ser
el pasatiempos de un hombre que trabaja y quiere pasar un rato
agradable. De ir todo el Pueblo a ir los que tienen dinero para pagar
la entrada. Del Arte Comunitario al Espectáculo Individual.
Los finales trágicos
se acaban, el que paga para distraerse pide finales felices. La
intriga para mantener el interés de un público sin
estilo se convierte en lo principal, por ello desaparece el Prólogo
que exponía el nudo de la obra. El Corifeo desaparece, pues la
voz del Coro era el espíritu del Pueblo griego, la voz moral
de su conciencia, y eso no interesa al nuevo público
mercantil. Los tipos humanos de hacen estereotipos para ser
comprendidos por ignorantes.
Y tras ese cambio de
espíritu está la destrucción de la Tragedia como
Unidad artística. La música desaparece del teatro
y en adelante poesía, música, danza serán
caminos separados, egoistas cada uno en su tendencia, pues falta el
impulso de un pueblo que quería todo unido para dar sentido
global a su Arte. La Utilidad se convierte en lo vital frente al
Sentimiento profundo.
Cuando
leemos esto, ¿No podemos pensar en el Teatro actual?
lo
que ahora se llama teatro es la sublimación de ese camino a lo
inferior, la cumbre de la bajeza artística iniciada entonces.
El Teatro es ahora un Espectáculo para individuos sin
aspiración alguna de espiritualidad. Incluso ahora es peor, se
pretende normalmente aplaudir los defectos y las limitaciones éticas
en el escenario. El teatro político es un paso aun
más degradante, es un intento de justificar publicamente la
degradación absoluta del utilismo inmediato.
Desde Grecia a nuestros
días el arte Trágico, esa necesidad de espíritu
y de totalidad artística, ha ido deambulando de arte en arte,
tratando de buscar en la música pura, en el Drama teatral, en
la literatura, en el ballet o la escultura, su camino, su hilo
conductor, buscando ese origen de totalidad artística y
vitalista.
Pero
desde Grecia el mando ha estado más en la Filosofía, la
Política (un grado por abajo aun de la Filosofía), la
Ciencia (un paso menos todavía) y la Economía (ya el
paso definitivo a lo inferior y miserable) que en el Arte.
Es interesante constatar
que cuando la decadencia se inicia sale Aristófanes, el gran
Cómico. Porque donde acaba lo Trágico se inicia lo
Cómico. La visión de las pretensiones por copiar las
formas trágicas pero sin profundidad, provocaron las ácidas
burlas de un Cómico-trágico como Aristófanes, un
Tradicionalista que se burlaba porque ya no podía
llorar.
La
Tragedia surge de la fuente de la Compasión y es
pesimista por naturaleza dirá un Nietzsche en sus
primeros años schopenhuerianos. El Diálogo y el Logos
es optimista porque busca sólo lo lógico y no capta el
sentimiento y el dolor ilógico, íntimo, no tiene
compasión sino razón.
La
música desaparece
ya Sócrates tenía
remordimientos por haber dejado la música (ver Fedón
de Platón donde Sócrates se acusa de ello), pero el
Diálogo y luego la intriga iban a matar todo lo
sensible y lo musical.
LA RENOVACIÓN DEL ARTE TRÁGICO
Los grandes intentos de
renovar esa idea de espiritualidad global, de Arte para la
sensibilidad, han estado siempre en torno a la poesía y la
música.
Durante
siglos las Artes se fueron separando, especializando, creando su
propio egoismo y perdiendo su integración con las otras
manifestaciones artísticas.
Cumpliendo
su egoísmo cada faceta artística se
desarrolla para expresar lo que puede en su máximo
nivel, pero cada arte se enfrenta al mismo tiempo a sus propias
limitaciones, una barrera que cada una sóla no pueden
traspasar.
Por
otra parte la Tragedia se ha convertido primero en Drama y luego en
Espectáculo, para ultimamente, en esta desgraciada época,
acabar como telenovela. El Pueblo artista se convierte en Público,
un público que desea divertirse o distraerse, no pensar y
meditar. La gente busca emocionarse con una sensibilidad
de folletín, en vez de sentir su capacidad de emoción
en elevación de espíritu.
Ahora,
cuando vemos una Tragedia griega no podemos imaginar en absoluto lo
que significaba para el pueblo ateniense. Nos ha llegado sólo
el texto, sin la música ni la danza que lo acompañaban,
sin el escenario y la gravedad de su interpretación, y además
el texto está repleto de referencias que no entendemos (llenas
de notas de pie de página explicándolas) pero que eran
inmediatas en su comprensión para el ateniense.
Wagner ya advertía
que quien quiere sólo distraerse no necesita un arte elevado.
Nietzsche nos recuerda que el griego no iba al teatro a evadirse de
su aburrimiento sino a participar en un acto sacro de elevación
comunitaria.
La
poesía sigue siendo el arte razonable más
elevado, el que menos se basa en el Logos, pero le cuesta grandes
esfuerzos lograr esa emoción íntima a través de
la mera palabra. La música emociona el espíritu
directamente pero no logra transmitir el por qué y para qué
de esa emoción íntima, deja demasiadas preguntas por
responder.
La música trató
de unirse a la palabra de una forma artificial, usando la voz como un
instrumento más, un sonido de la orquesta. Sólo
poco a poco aparece la Opera dramática, en la cual se pretende
dar un espectáculo dramático junto a una música
brillante. Pero la Opera nace con un lastre enorme: la música
es el centro del espectáculo, que va dirigido a amantes de la
música, siendo la voz aun sólo un divismo orquestal
más, y el drama, el argumento, es como una obra aparte
del conjunto musical, que pretende la mayoría de las veces
emocionar por lo novelesco y dramático, no por el mensaje
sacro o elevado. La novela es la base del libreto operístico,
la Opera es una música con una novela adjunta.
El espectador operístico
trata de escuchar la música y ,cuando la música
baja de nivel, trata de entender el argumento de la
novela, de su desenlace.
Sería
injusto no reconocer que hubo en la poesía trovadoresca de la
Caballería mediaval, cantada al laud y representada a menudo
en teatros populares, un intento serio de alcanzar esa sensibilidad
elevada y popular. Pero los tiempos y los medios de una época
dura y turbulenta no permitieron un desarrollo mayor, quedando a un
nivel estético muy limitado.
El romanticismo inicia por
primera vez una búsqueda profunda de este camino hacia la
Tragedia. Al centrar otra vez al hombre en la sensibilidad frente al
Logos y la mera Belleza, al incluir Dionisio otra vez
junto a Apolo, despreciando a Sócrates, se acerca mucho más
al centro de la solución. Pero aun así el romanticismo
tenía el peligro de lo sensiblero, de la tontería
sensible. Era preciso unir Apolo a Dionisio también, dar
belleza y perfección a la sensiblidad. El camino es difícil,
si vemos una obra como El cazador Furtivo de Weber y el
Tannhäuser de Wagner, podemos ver que el argumento
tiene temas parecidos pero mientras en Weber la música
describe lo exterior, el ambiente y lo popular, en Wagner busca
expresarnos los sentimientos internos del hombre. Y si tomamos Aida
veremos una bella música a un espectáculo
pegada.
Ibsen
supo exponer Ideas en sus personajes, hacer un Teatro sensible e
inteligente, pero la palabra era un medio escaso para expresar esos
sentimientos en su totalidad.
Beethoven
trató de exponer los sentimientos más íntimos en
su música, pero cuando quiso exponer su canto gozoso supremo,
tuvo que recurrir por primera vez a la palabra: La poesía de
Schiller en su final de la 9ª Sinfonía.
En este momento de búsqueda
sincera es cuando Wagner medita en su exilio suizo, y allí
intuye la solución: El Drama músical.
La
unión total de todas las artes para expresar la Tragedia, un
retorno al espíritu de Grecia pero con los medios actuales. La
Plástica, la Danza, la Música, la
Poesía, la Idea, todo unido en una sola
dirección, todo al servicio de un ideal artistico. Y
para ello ignorar los temas novelescos, no tratar de exponer en la
Tragedia un desenlace, ni una idea personal,
sino centrarla en Valores Humanos, en el Mito, en la Religión
(tomando con ese nombre el sentimiento Sobre Humano).
Feuerbach escribe en su
obra El Apolo Vaticano a este respecto: No es de
extrañar que, dadas sus afinidades, que tienen unas raices
profundas, las artes particulares acaben fundiéndose de nuevo
en un todo inseparable, que es una nueva forma de Arte. Los juegos
olímpicos reunían en una unidad político-religiosa
a las ciudades griegas separadas. El Festival Dramático se
parece a una festividad de reunificación de las artes
griegas.
Mientras Weber compuso la
música de su Euryanthe antes de tener incluso el
texto de esa obra, Wagner iniciaba sus obras por la lectura del
Poema, y ese Poema nacía de una sensibilidad y una percepción
sentida a través de una vivencia, que quedaba reflejada en un
poema, no nacía de relato o una historia,
trataba de contar un argumento. Escribe Wagner en La
Música del Porvenir: Con el Holandés
Errante y todas las siguientes obras abandoné para siempre el
campo de la Historia en el argumento, penetrando en el dominio del
Mito o Leyenda. El Mito, que es también el centro de las
Tragedias de Sófocles y Esquilo o los cantos de Píndaro,
penetra directamente en lo sagrado, que para un griego
era lo humano en su profundidad última, en el
Ideal humano, no en el Ideal del Logos (en la Sabiduría) sino
en la Belleza y la Sensibilidad, las Pasiones y el Destino.
Wagner es el primero en
comprender la grandeza de la Tragedia ática, su unidad
sensible y poética, su base religiosa y su unión total
con el pueblo en un camino de elevación, no en un intento de
rebajar el arte al pueblo.
Un ejemplo de esa mirada de Wagner a la Tragedia griega puede encontrarse incluso en la forma de composición de una de las obras magnas wagnerianas, la llamada Tetralogía. Una obra que fue tomando la forma de una gran Trilogía Griega con su Prólogo. El Oro del Rhin es en sí un gran Prólogo que resume la base de la obra, sus leitmotiv y su razón de ser, el Oro y el Amor enfrentados, los dioses, gigantes y enanos, todos representaciones cuasi-religiosas en el sentido griego, o sea paradigmas de valores y de sentimientos. Los griegos solían agrupar las obras en Trilogías completas y de ahí esa gran creación de la Nueva Tragedia en Wagner con su Trilogía del Nibelungo, junto a su Prólogo-resumen en El Oro.
Alejandro, Palamedes y Las Troyanas forman la famosa Trilogía de Eurípides sobre el drama de Troya. Se presentaban las tres tragedias de forma conjunta en las fiestas Dionisíacas, de forma que era importante asistir a las tres para comprender todo el drama en su conjunto, pero de todas formas en Las Troyanas, por ejemplo, se inicia la obra con un largo diálogo entre Poseidón y Atenea donde se explica el resumen de todo lo acontecido anteriormente que es bien parecido a lo que hace Wagner a su vez en su Tetralogía.
Es interesante exponer que
de la misma forma que las Olimpiadas, festividad extraordinaria y
mística en Grecia, se han convertido ahora en
competiciones/espectáculo de bajísima calidad humana y
nula elevación, en un acontecimiento deportivo
para masas con afán de distracción y centradas en el
dinero de la publicidad; de la misma forma que nos es imposible ahora
entender lo que sentía un griego en una olimpiada viendo lo
que actualmente significa ese mismo nombre, algo similar pasa con la
Tragedia. Es difícil comprender su esencia originaria a base
de leer su texto y comprenderlas con la mentalidad del teatro
actual.
La
Opera es una mala copia simiesca de la Tragedia, como las Olimpiadas
de Samaranch y Cia. (Negocios Olímpicos Sociedad Anónima)
son una mala copia mercenaria del Juego Olímpico griego.
LA REBELIÓN DE LOS FILÓSOFOS
Con el Logos, la Razón, empieza en el mundo el reinado de lo Representativo. Sócrates, y tras él Aristóteles, mataron en Grecia la Tragedia y el instinto, el sentimiento de alegría Natural, la vitalidad de lo irracional, para concluir en El Pensador como Ideal de Belleza.
Nietzsche fue sin duda el
gran denunciador de esta tiranía, de lo feo pero sabio
frente a lo Bello y Vital. De lo racional frente a
Apolo-Dionisio.
Todo
el futuro postsocrático es una cadena que forja la Filosofía,
mientras el Arte quedará en segundo plano, subyugado al
pensamiento, como una actividad de lujo, segundaria,
diletante para espíritus ociosos.
Por eso cada Arte se va a
desarrollar cerrado en sí, explorando sabiamente sus
posibilidades técnicas, pero descuidando cada vez más
su origen como expresión de un sentimiento vital y mítico.
En el mundo actual este
camino del Arte hacia lo Útil ha
llegado a su culminación absoluta con el arte-decorativo, o el
arte-conceptualista, la expresión de ideas o
colores, de abstracciones y políticas, al arte-basura de la
economía de Mercado.
A
la Filosofía y no al Arte pertenecen los 2.000 años
transcurridos desde la decadencia de la Tragedia griega hasta
nuestros días (R. Wagner en Revolución y
Arte).
Y es que la Filosofía va poco a poco degradándose en Ciencia (La Crítica de la Razón Pura y el Marxismo son dos intentos de reducir el Logos a Ciencia) y la Ciencia se convierte de forma inmediata en Tecnología, en Utilismo, y a la postre en Economía. El arte¿? actual es el resultado de la expresión de un mundo económico, material, donde se expresa el estilo de un Banco y se decoran edificios de negocios.
La Filosofía
Utilista es lo que se llama ahora Política:
Lo
político es tener siempre predisposición sólo
para lo inmediato y posible, ya que sólo así resulta
posible el éxito, y sin éxito la actividad política
contituye un sinsentido (Wagner en su carta a Roeckel 1862).
El éxito en lo
inmediato es el Valor de lo económico, y a la postre es el
nacimiento del hombre-económico, el fin del Super-Hombre.
Toda la degradación
de la Humanidad nace de olvidarse de su camino hacia lo Trágico
para seguir el camino de lo Útil. Del Arte a la Economía.
Por eso nuestra lucha es
por volver a lo Vital, a lo Sensible, a lo Humano, no como reflejo de
Derechos e Ideas, sino como desarrollo de potencialidades superiores,
anímicas y sensibles.
Y
Wagner es el camino único que nos lleva a Monsalvat, el
refugio del Graal, del Espíritu o del Sobre-Hombre.
Primero Schopenhauer, luego
Nietzsche y Feuerbach o Kierkegaard han sido los primeros en romper
el maleficio del Logos como opresor de la Persona, y devolver el
vitalismo y la Voluntad a su puesto de reinado cooperante con la
Razón. Han vuelto a ese dúo Apolo/Dionisio que jamás
debió romperse. La Belleza en Acción es Arte
dijo Wagner, o sea: Apolo junto a Dionisio.
Mientras
Descartes, Kant, pero sobre todo Hegel y Marx representan la vía
contraria, el continuo intento de reducir al Hombre a un
Logos-económico, a un utilismo de la razón.
Pero si bien Schopenhauer
o Feuerbach piensan sobre la tiranía del
pensamiento, y Nietzsche fundamenta intelectualmente en El
nacimiento de la Tragedia lo que Wagner está meditando y
componiendo en su exilio, sin embargo SOLO Wagner es capaz de
CONSTRUIR ese nuevo mundo, ese Arte del Porvenir.
Wagner no es un filósofo,
es el realizador máximo de la realidad de un camino artístico
para la Redención del Hombre.
Allí donde un
día acabó el Arte, se inició la Filosofía
y la Política. Allí donde ahora acaban el político
y el filósofo debe empezar el artista (Wagner en
Revolución y Arte). Esta es la gran Revolución,
la Regeneración de la Tragedia, un porvenir de sensibilidad y
vitalidad para una humanidad redimida de materialismo y utilismo
razonable.
Wagner
no sólo es el descubridor del camino de la
Redención por el Arte Total trágico, sino que además
logra lo más difícil: producir la cumbre suprema de
este Arte, los dramas más extraordinarios, cuajados de una
música excelsa y de un poema profundo.
Ni
una sola de las obras wagnerianas posteriores a El Holandés
tiene una sóla concesión a la vulgaridad o a lo
superficial, a la música ni a la fama o al público.
Cada obra es un resultado perfecto de un Ideal llevado al extremo,
con un poema extraordinariamente construido, una música al
servicio de los sentimientos expuestos en ese poema, una plástica
teatral cuidada y expresiva, en fin, una obra de Arte Total sin
fisuras ni altibajos.
Esto
es lo que no pueden perdonar a Wagner los seguidores del Oro, los que
renuncian al Amor en favor de la Utilidad. No pueden combatir a
Wagner porque no son sus ideas lo que deben combatir sino
su Arte, y éste es invencible en su calidad.
NIETZSCHE CONTRA WAGNER
Es de todos sabido que
Nietzsche fue el primer pensador de importancia que apoyó a
Wagner de una forma absoluta, total. Wagner era ya bien conocido,
pero estaba exilado en Tribschen, donde ya había madurado
totalmente las bases de su Arte Trágico, pero no había
logrado aun en absoluto ninguna repercusión pública
entre los medios filosóficos y universitarios alemanes de su
idea del Drama Musical. Era aun despreciado por la sociedad
intelectual aunque ya era conocido como artista. En ese momento
crucial el único apoyo radical absoluto e importante que
recibe por parte de un intelectual de fama es ni más
ni menos que el de un Catedrático de Filología en
Basilea, famoso por ser uno de los más jóvenes de
Alemania (24 años), un brillante joven conocido en el mundo
académico alemán y respetado como helenista: Friedrich
Nietzsche, quien contra todos los consejos de sus protectores
(especialmente tuvo que enfrentarse a Ritschl quien le había
apoyado para lograr la cátedra), en 1870 se lanza a una serie
de conferencias universitarias (El drama musical griego y
Sócrates y la tragedia) para defender la visión
artística de Wagner.
Wagner
le anima a escribir un libro global que fundamente su idea dramática.
Y Nietzsche en 1972 edita El nacimiento de la Tragedia
que es la base filosófica y erudita para sobre ella situar las
ideas wagnerianas al respecto.
A Niezsche le va a costar este libro una serie de ataques brutales de todos los helenistas alemanes, y un combate largo contra profesores que veían revolucionarias sus ideas, las de Wagner en realidad. Pues si bien el ambiente intelectual alemán podía aguantar que un exilado en Suiza, sin títulos ni formación helenística, plasmase una teoría artística apoyada en una concepción de la tragedia griega, no podían en cambio aceptar que ésta se convirtiera en una propuesta intelectual. Una vez más aparece aquí la idea socrática: el Arte es segundario, lo importante es controlar el Logos. A Wagner podía dejarsele desvariar artisticamente, pero fundamentar con el Arte una lucha contra el Logos, contra la Razón en favor del sentimiento, eso nunca!.
Durante años
Nietzsche fue amigo constante de Wagner, pero era imposible que esta
situación durase mucho. Nietzsche no era Schopenhauer, tenía
una visión mucho más radical, iba a llegar a la muerte
de dios, o sea a las últimas consecuencias del
vitalismo, enfrentandose totalmente a la idea de Redención que
Wagner exponía en sus obras.
Obras
como Genealogía de la Moral reflejan ya el estado
absoluto de ruptura entre un arte trágico y un pensamiento
trágico. Dos caminos que empezaron juntos pero que cada cual
siguió su destino.
Pero
Wagner era fiel a su concepción: Arte Trágico como base
del camino redentor. Por ello no prestó la más mínima
atención a los cambios posteriores de Nietzsche, puesto que su
problema era basar la renovación artística con
realidades artísticas, no debatir (el Logos otra vez) sobre
filosofía.
Nietzsche en cambio arremetió brutalmente contra Wagner en varios libelos del peor estilo, hasta que más tarde, dejó ya de ocuparse del caso Wagner. Los libelos anti-wagnerianos de Nietzsche hay que verlos dentro de la prespectiva psicológica de Nietzsche: Este había sido un fiel y humilde wagneriano (su camello según dirá el propio Nietzsche en Así hablaba Zaratrusta), había encontrado en Wagner, y su entorno, amistad y calor vital (el mismo reconoció siempre que sus años de visitas a Tribschen habían sido los más maravillosos de su vida), romper con esas cadenas sentimentales le iba a costar mucho trabajo los libelos anti-wagnerianos son brutales porque reflejan la lucha interna, el dolor y la dureza del combate entre la fidelidad a su pensamiento por un lado y la amistad , el placer de estar con Wagner por otro. La ruptura por parte de Nietzsche fue dolorosa y radical, fue un rugido de León según el propio Nietzsche. Mientras Wagner no tenía nada que dolerse de esa ruptura, no dependía en nada de Nietzsche.
Wagner muestra el camino del hombre sencillo y sensible, que tiene en el Amor y en la Piedad la base de su Dinamismo, su vitalidad combativa no es agresiva ni radical sino en tanto es elevada y sensible. Wagner es Apolo junto a Dionisio, pero a un Dionisio controlado por lo apolíneo, como lo estaba en la Tragedia Griega. Nietzsche es un pensador desesperado, es la Radicalidad, Dionisio puro, libre de ataduras, es la explosión de lo dionisíaco, y como tal es una medicina peligrosa y radical: mata o cura, sin intermedios y con muy poca variación en su dosis.
No creo en la elección entre uno u otro, pero sin duda nuestra Revolución tiene mucho más de Wagner que de Nietzsche, más de Arte que de Filosofía, más de Redención por la Sensibilidad que de llamamiento al nihilismo vitalista, incluso matizado por esa idea de Super-Hombre, de camino a la elevación del hombre, que une un tanto a Nietzsche con el camino a Montsalvat wagneriano.
CONCLUSIÓN
Espero en este texto haber
transmitido el origen y el destino del wagnerianismo dentro del Arte
y su valor como máxima expresión del Renacer artístico.
El Arte como expresión
de Sentimientos, de Belleza y Pasión, de valores humanos, como
camino de lo genéricamente humano hacia la Persona.
Como desde un Arte elevado
y Comunitario, espiritual y sensible, vital y serio, como desde Apolo
y Dionisio en perfecta comunión y convivencia, se ha ido
deslizando la humanidad hacia "la razón", la
Ciencia, lo Útil para acabar en "lo económico".
El Arte como espectáculo, como defensa de los valores
materiales, como degradación a lo económico, al placer
y a la utilidad... cuando no a la pura degradación y
corrupción infrahumana.
Ojalá el "Arte
del Porvenir" logre ese renacer del espíritu que nos
devuelva una Humanidad superior, orientada a los valores
sobre-humanos, a la Persona, a los sentimientos y la Belleza,
abandonando para siempre el basurero de la decadencia materialista.